martes, 14 de enero de 2014

Crítica: TRANCE (2013)

DANNY BOYLE











Danny Boyle peca un bajón tras los éxitos de “127 horas” (2010) y la oscarizada “Slumdog millionaire" (2008), con un thriller apañado pero intrascendente que acaba sepultado en un tour de force estético que le resta fuerza a un conjunto entre pretencioso y vacío.

Trance” no es una mala película, es ingeniosa y su apuesta estética, aunque excesiva, se amolda a la perfección al fondo de la historia. El problema es que se abusa tanto de esa estética y es tan marcada que acaba sepultando la fuerza que podría tener la propia historia, anestesiándola, de manera que sus numerosos giros pierden impacto y a nivel dramático la intensidad es casi inexistente, por lo que los sentimientos y conflictos enormes y trágicos de los personajes producen indiferencia, no llegan a emocionar ni afectar en ningún momento al espectador.


Simon (James McAvoy) trabaja en una casa de subastas, su puesto es clave para cometer un robo que tiene planeado con una banda de criminales. Tras quedar inconsciente durante el atraco no recordará, al despertarse, dónde guardó el cuadro, ni siquiera a base de torturas, por lo que recurrirán a una hipnoterapeuta (Rosario Dawson).


La apuesta estética de Boyle consiste en inundar la pantalla y los planos de cristales, espejos y entornos de colores muy marcados, usar planos inclinados, desequilibrados y desenfoques, para retratar la personalidad perturbada, difusa, falsa, especialmente del protagonista, pero también del resto de personajes.


Como digo, esta propuesta estará ligada de forma especial a Simon (McAvoy), un personaje sin personalidad, que no sabe quién es ni cómo es en realidad, al tener lagunas de memoria, lagunas que deberá ir rellenando, para conocerse a sí mismo, en un viaje que quizá no quisiera emprender.



Rembrandt y su “Tormenta en el mar de Galilea”, Goya y su “Vuelo de las brujas”, subastas, muchos espejos... Boyle tiene un estilo decididamente Pop, aquí en plan sofisticado, barroco y muy recargado. Su uso de la música es notable, por ejemplo durante el robo.

Boyle propone una película juguetona donde nada es lo que parece y cada acto de sus personajes tendrá que ser constantemente reinterpretado según consigamos información y nos adentremos en la psique del desgraciado protagonista. Así, una supuesta heroicidad de Simon deberá reinterpretarse como un truco, luego como una astucia y finalmente como una venganza incluso.

Vincent Cassel vuelve a hacer de ladrón como en “Ocean’s 13" (Steven Soderbergh, 2007).

En el mundo burbuja repleto de cristales y distorsiones, Boyle gozará moviendo su cámara y haciendo primeros planos silenciosos y trascendentes dentro de un ágil montaje. Boyle nos meterá, literalmente, con un plano en la cabeza de Simon, donde está la clave de todas las incógnitas de la película.

Es una dirección psicodélica, caleidoscópica, donde todo está desequilibrado, todos los personajes están al límite, no pertenecen a la sociedad, viven en su propio mundo, resaltado con esos cristales que los aíslan en la mayoría de planos, otro mundo burbuja, como mencioné anteriormente. Por ello el uso de los cristales, los espejos y los reflejos, que distorsionan rostros o entornos, son contantes. También habrá muchos monitores, cámaras o tablets enmarcando a los personajes, con especial interés en Simon, una vez más. El montaje discontinuo, con constantes saltos temporales y hacia distintos personajes, también es un elemento a añadir al entramado creado por Boyle en este retrato de una represión en la memoria que desvirtúa la personalidad.


Todas estas distorsiones nos recuerdan de alguna forma a “Arabesco” (Stanley Donen, 1966).

Rosario Dawson está espectacular en todos los sentidos, es lo mejor de la película, con desnudos francamente sensacionales incluidos. Un personaje realmente brillante e inteligente que manejará todos los hilos con lucidez, proponiéndose ayudar a Simon, aliándose con el resto de la banda para ello y resolviendo el asunto con suma competencia.



En esta narración caleidoscópica e impresionista habrá hueco para las sutilezas o los detalles, de hecho se presta bien a ello, donde a través de gestos, flashbacks o flashes de recuerdos se pretende generar extrañeza e intriga en el espectador, desconcierto, para que mantenga el interés en los que pasa. Por ejemplo tendremos ese gesto de Elizabeth (Rosario Dawson) al ver a Simon en su consulta, como si lo conociera, algo que se confirmará luego, o esos planos de Simon tras un cristal al que da toques llamando, precisamente, a una Elizabeth desnuda, un plano y un sonido, el de los toques al cristal, muy recurrente durante toda la película. Fugaces recuerdos o flashbacks.


Tras la sesión veremos a Elizabeth llorar, lo que parece confirmar que conoce a Simon o que algo que desconocemos la perturba.  

El uso del color, también mencionado, es interesante, el despacho de Elizabeth será de tonos blancos y celestes, transmiten la paz buscada. En otros casos se usarán rojos, por ejemplo en la azotea cuando Simon cuenta su pasado y adicción al juego a la terapeuta, abriéndose, explicando sus pasiones, debilidades y problemas con intensos rojos adornándolo todo. Los ocres y anaranjados representarán la seguridad, el acogimiento, la confianza, lo veremos en el apartamento de Elizabeth.


La sesión de hipnosis frustrada, donde Simon da rienda suelta a sus miedos, deja simpáticos momentos de humor, algo que no se le da mal a Boyle y que debería explotar más. Diseñando un plan junto a los flexibles y colaboradores matones. Eso sí, parecen algo ingenuos en ocasiones.


Fresa”.

La idea de ver a Simon en diversas “realidades”, en diversos formatos, que su identidad aparezca a menudo distorsionada o difuminada, con espejos, reflejos, tras cristales, en monitores o tablets, trata de resaltar su personalidad escindida. Es un hombre que busca encontrarse, definirse, oculto tras sus miedos, con una personalidad indeterminada, indefinida, que lucha por concretarse a través de sus recuerdos reprimidos. Cuando Simon reconozca a Elizabeth en sus recuerdos se disparará el clímax, destapará su relación, se revelará poco a poco su forma de ser, esa que ahora está reprimida gracias a un recuerdo secuestrado.


De esta forma la relación entre Simon y Elizabeth alcanza cotas de un romanticismo desbordado, postmoderno y trágico, que queda sepultado entre tanto recurso estético como para poder emocionar o lograr "empatizar" con el espectador. 

El personaje de Rosario Dawson además se hace ambiguo, ya que buscará una relación con Vincent Cassel, Franck, otro tipo poco recomendable, pero se ve que le va la marcha, aunque esto resulta poco claro, ya que parece una relación de interés para ganarse su confianza. Ya lo intentó en primera instancia, en su propósito de ayudar a Simon, pero luego parece mostrar verdadero interés hacia él. De hecho la relación sexual entre Cassel y Dawson será vista a través de un reflejo, por tanto no es una relación franca, su retrato no es directo, es oblicuo, sesgado, indirecto, poco auténtico... Ella se dará un baño depurador en una piscina que parece una pecera con ese abuso de los reflejos y los cristales, el agua tendrá presencia también en la parte final. 

Otro sutil detalle divertido con Dawson como protagonista lo tenemos en la mirada que lanza a la cosita de Cassel haciéndole sentir vulnerable, es una chica potente. Esta hipnotizadora seduce al que se pone por delante para seguir manejando la situación. El tema del morboso depilado que tanto excita a McAvoy es un detalle muy de Boyle. Aquí podremos disfrutar de un esplendoroso desnudo de la señorita Dawson.




Trance” es una película sobre la inseguridad, los complejos y el miedo, por ello Boyle nos introducirá en varias ocasiones en los sueños de Simon, que nos muestran sus temores. El más destacado es en el que vemos como oye a la banda liderada por Franck planear matarle y en el que acaba con todos ellos. Un momento aceptable. Boyle no engaña, ya que aunque pueda parecer real veremos en el sueño el mismo partido que veía Cassel el día que conoció a McAvoy, detalle delator, además resulta algo tópico y artificial que se pongan a hablar del asesinato, es una simple manifestación del miedo de Simon, una de las causas que le impiden liberarse.




Elizabeth contamina mentes en su beneficio, por lo que llegados a este punto todos parecen sospechosos de todo menos el protagonista, lo que le convierte en el principal sospechoso. 

Tú sabías lo que a mí me gustaba”.

Simon, una vez liberado, dará rienda suelta a una espiral violenta para protegerse, matando como en el sueño a toda la banda menos a Franck, por petición de Elizabeth. Con esta espiral comienza el clímax, donde Elizabeth confesará la verdad a Simon, su pasado juntos, cómo se conocieron en una sesión de hipnosis para tratar su adicción al juego, el hipnotismo para que la olvidara, sus maltratos, celos, miedos a perderla, agresividad, obsesión (que Elizabeth comentó de forma vaga a Franck), veremos en flashback como cada detalle extraño que vimos se corresponde con algo del pasado, flashes que aparecían en la cabeza de Simon, la hoja rota del libro, el vello púbico depilado de “La maja desnuda”… Toda una colección de complejos que se adecúan perfectamente a la tesis de la cinta y la descripción del personaje, que reprime recuerdos por miedo, al que el miedo y la inseguridad influye y motiva en todas sus acciones, manifestándose de forma agresiva, instintos homicidas (como la chica que asesinó y metió en el capó del coche)… Un personaje que necesita conocerse pero que haría mejor en no hacerlo, algo que como idea es interesante, así como la de convertir en alguien despreciable a través de los recuerdos a un personaje en principio afable y dubitativo.


Los espejos que muestran el rostro de Dawson multiplicado tras ser agredida implican el comienzo del plan de ella, su transformación y superación, su viaje hacia una escisión de personalidad. Ella es la diseñadora del robo. De igual forma que Simon inició su viaje de madurez hacia el olvido que acabó siguiendo la trayectoria de un boomerang.



El en clímax tendremos fuego expiatorio y agua depuradora, en este caso para Franck, que será tentado por ella, una vez eliminada toda carga, o sea a Simon, básicamente. Un clímax de trágico romanticismo.

¿Quieres recordar o prefieres olvidar?



Boyle ejecuta un ejercicio de estilo que queda asfixiado en su esteticismo, una colección y sucesión de sorpresas y giros de guión que pierden fuerza de forma paulatina en el exceso, aunque la propuesta tenga interés y sea rigurosa en su juego de fondo y forma. Plantea además ciertas ideas y tiene ciertos elementos estructurales interesantes, pero se queda en un quiero y no puedo algo vacuo y pretencioso.

Los actores están correctos, pero hay que hacer mención especial a Rosario Dawson, que está espléndida en todos los sentidos.

Una apuesta irregular.



3 comentarios:

  1. Uy q mareo…
    Me lo parece a mí o Rosario Dawson no es para nada un físico al uso pero una real hembra?

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  2. Jajaja sí, parece que lo tiene todo bien puesto, aunque en la película es una terapeuta muy competente.

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  3. El tema de la hipnosis dentro de esta película me trae a la mente la serie El Hipnotizador , una producción que ha rebasado fronteras y las expectativas de muchos, como yo, que creímos que este tipo de aspectos en una historia no sería exitosa. La recomiendo ver, igual.

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