martes, 29 de abril de 2014

Crítica: SIETE PECADORES (1940)

TAY GARNETT












Insulsa película dirigida por el director de “El cartero siempre llama dos veces” (1946), Tay Garnett, que cuenta la historia de Bijoy (Marlene Dietrich), una explosiva cantante que revoluciona a los hombres allí por donde pasa. Este talento lleva a los responsables de las islas donde exhibe sus encantos y virtudes a expulsarla, hasta que regresa al “Café Siete Pecadores”, un lugar que ya padeció su paso, donde tiene muchos amigos y enemigos y donde conocerá a un imponente teniente de la marina, Dan Brent (John Wayne) que llamará su atención.



La presentación de Bijou es buena, rodeada de ese mundo masculino al que perturba y los estragos que causa su presencia. Un mundo masculino enloquecido o que enloquece al ver a Bijou. Garnett prepara muy bien ese aura mítica de la cantante antes de que veamos su presencia. Una descarada reina de Saba.




El reparto de “Siete pecadores” no puede ser mejor, Marlene Dietrich, John Wayne y Broderick Crawford.

Nuestra protagonista tendrá siempre a su lado a dos fieles protectores y escuderos, el sibilino ladrón y “mago” Sasha (Mischa Auer), y el fornido, bruto, violento y honesto ex marino Ned (Broderick Crawford).




La película nunca logra centrar el tono ni siquiera sus tramas secundarias, con personajes irrelevantes que aparecen pero ni se les desarrolla ni da conclusión en muchos casos. Esto ocurre con el médico que Bijou conoce en el barco o la chica que sale con Dan, el bueno de John Wayne, llamada Dorothy (Anne Lee). Los supuestos momentos de comedia no hacen gracia, resultan artificiales y forzados, muy poco inspirados. Con todo, la película es Dietrich y su fascinadora presencia.

La relación entre el doctor Martin (Albert Dekker), del barco que la lleva deportada, y nuestra protagonista plantea escenas iniciales que no parecen muy trascendentes aunque poco a poco se desarrollará dicha relación. El problema es que resulta superficial y no aporta nada a la historia en general, una especie de flirteo y enamoramiento intrascendente que termina sin más y se recupera sin sentido alguno en la última escena de la película. Una de esas tramas secundarias absurdas, poco trabajadas, que no aportan nada a la narración y básicamente sobran. Lo cierto es que la historia que se nos cuenta es vaga, dispersa y si ningún peso ni definición.



Con el doctor se sincerará y hará el juego del centavo, lo que implica un vínculo afectivo sincero. La declaración amorosa del doctor será ante una Bijoy con velo, sensual, pero que implica decepción.

 

Bijou siempre aparecerá rodeada de hombres, ya son tres los que merodean a su alrededor, sus guardianes y el doctor. Pronto se sumará el personaje que interpreta Wayne y el villano Antro (Oskar Homolka).

Justo después de dejar al doctor tendremos la presentación de Dan (John Wayne), rodeado de cabras, como un príncipe encantador al que Bijou ficha… No tarda mucho en varias sus afectos…


 


El “Café Siete Pecadores” sería como un retorno al pasado, aunque esta idea ni está desarrollada ni bien mostrada ni tiene incidencia alguna. Estamos en un entorno exótico, en lo que podría ser un anticipo de “Casablanca” (Michael Curtiz, 1942), aunque las comparaciones crean bochorno. El pasado de su éxito en ese Café la precede, mostrado a través de un nuevo personaje, el regente del garito, Tony (Billy Gilbert), personaje desfasado y excesivo, un tanto ridículo, que resulta cargante en sus esfuerzos por hacer reír. Esto último es común a todos los intentos de comedia, con gags a menudo infumables, un ejemplo ver a Ned (Broderick Crawford) y Sasha (Mischa Auer) reaccionando como estúpidos ante un cartel que anuncia apagones, que además tiene un montaje absurdo.



Bijou es egocéntrica, necesita de continua atención, especialmente masculina. Sus números musicales son lo más apreciable de la cinta, como es lógico, sobre todo ese con un varonil uniforme que le queda muy bien… Una oda a la marina que supone un nuevo contacto con Dan (John Wayne). Bijou no es el colmo de la sutileza, desprende sexualidad por cada poro, como Dietrich.





Antro, el villano dotado de un supuestamente amenazante cuchillo, es un personaje surrealista, sabemos que conoce a Bijou de un tiempo pasado, pero no se explica ni dónde, ni cuándo, ni por qué actúa como actúa. Tampoco cual fue el carácter de su relación ni qué pinta en la historia o la película. Un personaje ridículo que se supone debe plantear un conflicto dramático forzando un triángulo amoroso, pero que no tiene sentido ni desarrollo ni el más mínimo rigor. No entendemos a que vienen o se refieren sus amenazas porque tampoco lo explicarán, ni por qué Bijou las acepta y teme… Tampoco se explica de dónde saca su influencia en ese lugar ni su poder con el dueño del local, si por lo que parece también es nuevo allí… 48 horas dice que lleva… Me lo expliquen.


Dan, el personaje interpretado por John Wayne, es el objetivo de Bijou, un objetivo decidido “porque sí”, quizá porque es el que se muestra más difícil, inalterable o lejano, aunque tampoco se aprecia mucho desde la interpretación de Wayne ni desde la dirección de Garnett, pero el hecho es que Bijou se convertirá en cazadora y Dan se resistirá poco. Lo único gracioso de la película es ver a la otra chica, Dorothy, como convidado de piedra molestando los coqueteos de Dan con Bojiu, otro personaje que no sabemos para qué está ahí ni qué pinta, ni cómo es, ni que nos quieren contar con ella, tal es así que de repente desaparecerá de la narración tras verla pasear o bailar con Wayne y tener unas diferencias con Bijou en el inicial viaje en barco, sin que la echemos de menos ni sepamos que fue de ella o en que concluye su aventura en la película… La verdad es que lo del guión es de traca pero con este personaje no puedes más que quedarte anonadado.



Parece que esta chica se interesa por Dan, de igual forma que este no se interesa por ella, parece también que nota su interés por Bijou, de igual forma que observamos no le importa mucho, luego desaparece y ya… Interesantísimo el personaje ¿verdad?


Los diálogos son para echarlos de comer aparte, especialmente los amorosos, y Wayne no parece del todo cómodo en esas escenas románticas. Tendremos alguna elipsis amorosa para las cositas que hará la pasional pareja, como es menester.


La escena del intento de violación de Antro (Oskar Homolka) a Bijou, que podía tener su morbo, termina resuelta de la forma más absurda, con un Ned (Broderick Crawford) actuando de surrealista Deus ex machina derribando la puerta sin sentido ni explicación alguna, entre otras cosas porque no sabe que están en esa casa ni lo que allí sucede, tras decirle Bijou que entre. La explicación es que "no podía abrir"… cuando en ningún momento lo intenta. Un despropósito continuo. En relación con el personaje interpretado por Crawford tampoco queda claro el por qué de ese repentino cariño hacia el personaje de Wayne, con el que coincide dos veces y por el que está dispuesto a abandonar a su imprescindible Bijou. La explicación sobre su amor a la marina y su posibilidad de volver está cogida por los pelos pero vale hasta cierto punto, lo que ya encaja menos es su desprecio por Bijou y desapego repentino por ella cuando ha estado babeando y obedeciendo como un perrito faldero desde que empezó la cinta. La única explicación es la de complicar artificialmente el posible matrimonio entre los dos protagonistas, Bijou y Dan, a través de la psicología de ella.







Por supuesto el matrimonio no es para Bijou, se frustrará, aunque nunca acabamos de ver un verdadero problema en lo que sucede si de verdad querían estar juntos. Un giro dramático en una comedia sin gracia que no encaja tampoco.


El guión no hay por donde cogerlo, un completo desastre de situaciones absurdas, personajes sin dibujar, que desaparecen o no aporta nada... Nunca queda claro qué es lo que nos quieren contar.

  


Lo mejor de la película, aparte de los números musicales de Dietrich, es la pelea final, una buena escena. Además el dueño del “Café Siete Pecadores” no muere, aunque esto no sé si es un punto positivo viendo lo cargante que puede llegar a ser.




Para remate la cinta termina de forma circular, más o menos, con Bijou volviendo a ser deportada y en un barco, donde se reencontrará, ¡tachán!, con el médico que vimos al inicio y desapareció. Un final que deja perplejo, ciertamente, y que apesta a final feliz artificioso, como para compensar la renuncia de amor de la generosa Bijou. Un personaje que no aporta nada y que aparece en un final lacrimógeno que no pega ni con cola con el resto de la película y su tono.


Nada funciona, una película tremendamente mal equilibrada, horrorosamente escrita, indefinida, de tono difuso, sin gracia cuando pretende ser graciosa y sin emoción cuando quiere ser dramática, gratuita desde que empieza hasta que termina y absurda. Crawford como cómico cumple, Wayne resulta muy blandito como galán romántico, Dietrich lo es todo en la película y el resto del reparto pasa sin pena ni gloria.

Un decepcionante despropósito. Un desperdicio, más teniendo en cuenta sus intérpretes.




4 comentarios:

  1. Marlene Dietrich y John Wayne: motivos más que suficientes para verla. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. No merece mucho la pena a pesar de eso. Jejeje

      Eliminar
  2. Wayne con uniforme!!
    Queda claro q es una pena de peli, pero la Dietrich…una mujer tan magnética…
    Gracias Sambo!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Está elegante e imponente jajaja

      Gracias a ti, Reina.

      Eliminar