lunes, 24 de noviembre de 2014

Crítica: EL HOMBRE QUE NUNCA EXISTIÓ (1956)

RONALD NEAME













El thriller bélico, la intriga bélica, el suspense con la 2ª Guerra Mundial de fondo, ha dado una innumerable cantidad de joyas al Séptimo Arte, tantas que es fácil encontrarse con muchas desconocidas o no conocidas del todo por el gran público, e incluso con algunas conocidas pero que al ser tanta la cantidad pasan de largo.

El hombre que nunca existió” es un título más que respetado de intriga bélica, en la 2ª Guerra Mundial, que demuestra a la perfección esto que digo. Un título conocido sin ser de los más destacados en listas y referencias, pero de una calidad indiscutible.


El hombre que nunca existió” no destaca por el virtuosismo de su puesta en escena a nivel conceptual, ni por los alardes de autor de Ronald Neame, ya que no existen. La película, planificación y puesta en escena, es escueta, sencilla al máximo, llevando las ideas fordianas de dirección invisible al máximo, sin metáforas ni elementos simbólicos en el decorado… Pero dónde sí observamos los rasgos de virtuosismo en el director y el guión es en la absoluta precisión y detallismo con que se elabora y desarrolla la trama. Ahí es donde Neame saca todo lo que tiene dentro con un pulso narrativo firme, seguro y brillante.


Neame no es un director excepcional, pero sí interesante, al que merece la pena seguir, que ha tocado varios géneros y ha dejado títulos tan destacables como “Odessa” (1974), “El millonario” (1954) o “Los mejores años de Miss Brodie” (1969), además del que nos ocupa, por poner algunos ejemplos.

Esta película es detalle hecho celuloide, la planificación, ejecución y desarrollo del plan británico y el contraataque alemán para comprobar la veracidad de todo, mantienen pegado al espectador desde que empieza la película hasta que acaba. Además siempre es un placer ver al gran Clifton Webb, en un rol no del todo habitual, pero sin perder su elegancia característica en ningún momento.


En un desesperado intento por apoderarse de la estratégica Sicilia, los británicos idean un plan casi surrealista, hacer pasar por un soldado con importantes documentos secretos, falsos, a un cadáver cualquiera para distraer la defensa alemana de la zona.



Esta historia, aunque cueste creerlo, es completamente verdadera, verídica. Es la historia de Glyndwr Michael, que se suicidó tomando una dosis de veneno para ratas…

Un cadáver mecido por las olas y una voz over presentando la película, que veremos repetido a mitad de metraje. Estamos ante una cinta homenaje. William Martin, un hombre desconocido, un héroe.

Londres, 1943.

Una panorámica en picado nos presenta la ciudad en un notable plano introductorio con otra voz over. Acto seguido se nos explica la idea de distraer fuerzas alemanas para atacar Sicilia, lograr que reduzcan sus fuerzas en la isla para atacarla, y se nos presenta a nuestro protagonista, Ewen Montagu (Clifton Webb).

De forma casual, como una simple ocurrencia al ver unas maniobras y un paracaídas que no se abre, se generará el plan que se llevará a cabo para alejar a los alemanes de Sicilia.






Montagu (Webb) tendrá la inestimable colaboración de George (Robert Flemyng), Pam (Josephine Griffin) y Lucy (Gloria Grahame). George es la mano derecha de Montagu, Pam la secretaria y Lucy la compañera de piso de ésta última. 



Hay que resaltar que la actriz con más cara de vicio que se ha paseado por una pantalla, Gloria Grahame, no está muy favorecida en esta película. Eso sí, su cara de vicio sigue intacta, y que la primera vez que la veamos sea besando apasionadamente a su novio coherente con ella. 

Es muy interesante, y divertido, ver cómo los británicos tenían en justa consideración y admiración las virtudes nazis en la guerra y en la ciencia, tanta como poca tenían en las nuestras, las españolas. En la película nos dejan bastante regular al respecto, incapaces de hacer una autopsia medianamente decente.




Detallismo puntilloso.

Las cuestiones, investigaciones, consultas técnicas, médicas y científicas, son constantes para lograr que el plan no tenga ninguna fisura, y Neame nos lo muestra todo con exigente precisión. Es aquí donde Neame se luce y dedica todo su clasicismo y estilo invisible a mostrar paso a paso la gestación del plan. Rigor total.

El cuerpo debe aparecer en la costa de Huelva, en Punta Umbría, así que nuestro país tiene mucha presencia en la cinta. Menciones al estrecho, Huelva, Madrid y lugareños onubenses participando en algunas escenas.




A las investigaciones y consultas médicas hay que añadir las burocráticas y militares, debates, decisiones y planes elaborados y muy pensados descritos con absoluto detalles por Neame.

La dirección es rígida, convencional, académica, no presenta interés en su puesta en escena, pero en su exhaustivo detallismo logra que lo que importe sea lo que se cuenta, hipnotizando al espectador en su laboriosidad a la hora de explorar paso a paso la evolución del plan. Parece un documental dramatizado, especialmente en esta primera parte. En la segunda habrá más elementos de cuidado suspense.





Hay dos historias que se desarrollan de forma paralela y están destinadas a cruzarse por medio del personaje de Pam (Josephine Griffin). La del plan militar y la de Gloria Grahame y su enamorado piloto.

La búsqueda de un cadáver se plantea como una cuenta atrás…


Cambió de opinión y el hombre sobrevivió… No se puede confiar en nadie”.

Mi hijo era escocés y estaba muy orgulloso de serlo”.

La conversación entre Webb y el padre del cadáver que por fin encuentran está rodada con total sobriedad, con el simpático detalle de la reivindicación escocesa del padre del difunto ante el entusiasta comentario reivindicando a Inglaterra de Webb. Una discreta escena sin cortes, en penumbra y en ligero contrapicado. Este uso del contrapicado lo tendremos en otra escena donde Neame detiene la película para hipnotizarnos y fascinarnos en su búsqueda de exhaustividad, es la escena en la que se viste al cadáver y se le colocan todos los elementos y documentos para hacer creíble la farsa. La muerte, por tanto, en contrapicado.




Creando una farsa, una vida ficticia, un plan falso, con todo lo que ello conlleva. La mentira salvadora, como el cine.

La identificación que sufre Grahame con la historia que se va creando para el cadáver acaba resultando clave para que el plan funcione. Su paulatino enamoramiento y su posterior compromiso la sitúan como la mejor colocada para hacer creíble la amorosa carta de una supuesta novia que quieren incluir entre el “equipaje” falso que se quiere colocar en el cadáver, en William Martin

La mencionada preparación del cadáver tendrá como fondo sonoro la guerra, alarmas, disparos, bombas, explosiones… El entorno con el que se pretende acabar en la intimidad de esa sala médica, combatiendo desde otro frente, donde el conflicto en sí suena y se ve siempre de forma tangencial.

La misión está preparada.

La segunda parte del film va aumentando en suspense e intensidad, así como en interés, más si cabe. El submarino cargará con el cadáver y lo lanzará al mar, previo funeral marítimo. Aquí volveremos a ver el plano inicial de la cinta, con el cadáver en una playa, a punto de ser, por fin, descubierto. El anzuelo lanzado.



Es en este momento donde, por fin, se reúnen todos los protagonistas de la historia involucrados de una forma u otra en el plan, las dos historias mencionadas, la de Webb y la de Grahame, cuando van a ver una función.


Lucha burocrática para conseguir el cadáver, los dos consulados en busca de él, con el peligro de que el británico lo logre antes de que los alemanes investiguen y revisen el cuerpo. La precisión sobre los pasos a seguir es total, metódica.




El consulado británico se hará con el cuerpo, lo que es una desgracia ya que supondría que los alemanes no han tenido tiempo de morder el anzuelo. Por fortuna, los alemanes, siempre eficientes, lograron conocer todo lo que necesitaban sin que se notara. Una eficiencia perjudicial.






Una vez los alemanes lean los documentos querrán saber si son verdaderos. Una de las virtudes de la cinta de Neame es el gran respeto que muestra a las capacidades de los alemanes, en ningún momento hace parodia ni los trata como si fueran tontos, al contrario, siempre son brillantes y capaces, algo que indudablemente demostraron.










Ahora el exhaustivo detallismo que se mostró en el plan británico se convertirá en un detallado diálogo investigador, con los alemanes para pillar en un renuncio la farsa británica y los británicos para evitar que eso mismo suceda. Unos para descubrir mentiras, otros para tapar posibles lagunas…

Un travelling, uno de los pocos alardes de Neame, nos mostrará la estación de Londres que recibe al enviado alemán, Patrick O’Reilly (Stephen Boyd), así como el procedimiento para permitir la entrada, en un nuevo ejemplo de la filosofía detallista del director en la cinta.



Es un elemento interesante a nivel narrativo y estructural, además de natural y coherente según se desarrolla la historia, que otro de los personajes claves de la cinta aparezca pasada la hora de metraje, para el último tercio. Un espía no del todo disimulado que irá siguiendo los rastros de William Martin de forma lógica, metódica y hábil. Por ejemplo, buscando sus cuentas bancarias, aunque que quiera que se las den así por la cara resulta un tanto cuestionable.


En la última media hora el suspense crece de forma exponencial con los intentos de O’Reilly por localizar a la supuesta novia de William Martin, o sea Grahame, que no es su novia ni se le parece, pero es una foto suya la que se colocó en el cadáver junto a una carta de su supuesta prometida. Si se entrevista con ella la farsa caerá, ya que Grahame desconoce el plan.



Aquí hay algunos momentos forzados o algo tramposos, como la llamada a la puerta y la telefónica que nos hacen pensar que pasará lo que no pasa, el encuentro entre O’Reilly y Grahame. También la resolución de la entrevista entre O’Reilly y Grahame, una vez esta se produce. Se nos cuenta la tragedia del novio de Grahame vinculándolo con el seguimiento de O’Reilly mediante el montaje, ese momento tramposillo citado, y luego en el diálogo entre ambos donde la destrozada chica habla refiriéndose a su difunto novio, logrando la confusión en el espía alemán, que piensa que se refiere a Martin porque todo encaja, como es lógico. Momento un tanto forzado, de logrado suspense, momentos de gran tensión, aunque bastante inverosímiles.


La historia de Grahame coincide de forma simétrica con la de nuestro cadáver, ella escribió la carta inconscientemente y prestó su rostro, pero no es suficiente para hacerlo del todo creíble. Por fortuna todo encaja convincentemente para O’ Reilly.

La llegada de Pam a su casa, cuando se encuentra con O’ Reilly, tiene algún problema de fotografía, algunos planos luminosos parecen indicar que estamos de día y otros más oscuros que está anocheciendo. En la calle hay planos de mucha claridad, pero en casa y a través de la ventana observamos que está oscureciendo.



También es absurdo y forzado que deje la puerta abierta al entrar, no hay motivo salvo para justificar el encuentro con O’ Reilly y la posterior conversación con Lucy (Grahame), que llegará en el momento más inoportuno.

O’ Reilly tiene su plan, hábil e inteligente. Si lo arrestan demostrará que Martin es falso, ya que él mismo reveló su identidad y el lugar donde se hospeda. Lo veremos santiguarse, incluso. Por fortuna, Webb es igualmente brillante y descubrirá el farol. Extraordinarios momentos de suspense y tensión creciente para un espléndido clímax que rubrica una película pausada, detallada, fascinante y adictiva.






En el epílogo, y como corresponde a una cinta a la que no se le escapa ningún detalle, Webb cumplirá con la difícil promesa al padre del heroico cadáver, dándole cristiana sepultura y dejándole como homenaje la medalla con la que fue condecorado. Un bello y emotivo detalle.


Sin rasgos estilísticos reseñables ni ideas visuales mencionables “El hombre que nunca existió” tiene un pulso narrativo y un gusto por el detalle y la precisión francamente notables.

Todo el reparto está magnífico, desde las chicas Josephine Griffin y, sobre todo, Gloria Grahame, al fiel Robert Flemyng o el espía alemán que encarna Stephen Boyd. Pero por encima de todos está el enorme, elegante, carismático y brillante Clifton Webb, realmente excepcional. 

Tuve anoche un sueño dantesco. Más allá de la isla de Skye vi a un muerto ganar una batalla… y creo que ese muerto era yo”.



2 comentarios:

  1. La Grahame!! :-D
    Gracias por traer esta peli, desconocida pero, por tu análisis, interesante, gran observador, con los detalles de iluminación q no hubiese apreciado…
    Me gusta q los enemigos sean enemigos listos, y no se les ridiculice. Las victorias saben mejor, cdo los rivales son de altura. Así es en todo. Hay q ser justos!!
    Peli a la lista de "si la pillo la veo". Además de la gracia de q salga Huelva!!
    Gracias por tu trabajo, sienpre resulta interesante acudir a tu casa.
    Un beso.

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    1. La viciosa Grahame jajaja. Es una historia muy curiosa y pasó aquí. Es una buena peli, creo que te gustará!

      El menosprecio que se intenta con los nazis se confunde, debe ser ideológico pero no histórico, eran muy brillantes, y en muchas pelis se les trata como tonticos.

      Como siempre, si la ves, ya me contarás.

      Mi casa, que es la tuya. Un beso.

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