lunes, 23 de marzo de 2015

Crítica: BLUE RUIN (2013)

JEREMY SAULNIER













Interesante thriller de poderosa dirección y buena atmósfera al que quizá le falta una vuelta de tuerca de guión y que tiene algún problema de ritmo, pero que cumple con su cometido. Un buen título de cine negro moderno en la onda de Jim Thompson y con la venganza como leit motiv esencial de los personajes.

Un pacífico vagabundo se entera de la salida de la cárcel del asesino de sus padres, por lo que emprende una espiral de venganza y violencia que no podrá parar.


El retrato de la vida del vagabundo Dwight (Macon Blair) es magnífico, con breves pinceladas y en pocos minutos. Sus incursiones en casas ajenas para bañarse, su coche como hogar, sus expediciones por los cubos de basura para comer… Un hombre que vive ajeno a la sociedad considerada normal, algo que aparece perfectamente resaltado visualmente con esa huida de la casa cuando llega la familia o esa feria donde todos se divierten a la luz de los neones mientras él en la sombra busca comida en la basura…




Otro ejemplo de esto lo tenemos cuando intenta rompe el seguro de un arma robada y una familia normal y corriente aparca su coche al lado del de nuestro protagonista, la normalidad siempre de manera tangencial hasta desaparecer por completo cuando Dwight y su omnipresente Pontiac se sumerjan en una simbólica niebla.

El aviso de la agente de policía de la liberación de un asesino relacionado con nuestro protagonista desencadenará la trama, donde al principio creeremos que Dwight huye del lugar, pero en realidad va a buscarle para vengarse, ya que mató a sus padres.



La dirección de Jeremy Saulnier es rica en sugerencias y ciertos simbolismos en esta primera parte, y sabe crear atmósferas de manera notable, manteniendo una tensión constante durante todo el metraje y logrando algunas escenas francamente conseguidas con un gran suspense. Un ejemplo de esta sugerencia que sumamos a esa idea de poner en paralelo al protagonista junto a la sociedad que lo ignora, lo tenemos en ese plano del parquímetro que casi oculta a nuestro protagonista, un hombre que parecía en stand by, pero al que le ha llegado la hora de actuar.


Todo parece indicar que pretende huir y protegerse, pero en realidad los movimientos de ese aparentemente inofensivo vagabundo se dirigen hacia la venganza, desde ponerse en camino para seguir los pasos del preso a punto de salir hasta comprar o robar un arma con el que poder matarlo.

La escena de la supuesta venganza muestra todas las virtudes del film y la dirección de Saulnier. Buen pulso para el suspense, la atmósfera y resolución seca y sin concesiones. La desastrada huida de Dwight, perdiendo las llaves de su coche y viéndose obligado a robar la limusina que recogió al ex convicto, debiendo, por tanto, renunciar a las pertenencias que guardaba en su automóvil, es coherente con la falta de experiencia en esas lides, su nerviosismo y temeridad. Entrará en el negocio del supuesto asesino de sus padres a pesar de estar lleno de familiares y amigos suyos, sorprendiéndole en el baño. Violencia explícita y casi como consecuencia lógica de la tensión acumulada en las escenas.





La presencia del chico en la limusina puede parecer una excentricidad, pero también tiene carácter simbólico. Vimos que se negó a salir del vehículo a saludar al preso a la salida de la cárcel y luego descubriremos que es hermanastro del protagonista, hijo del padre de Dwight y la madre de esa familia que acude a recoger. Es decir, al verlo cerca de esa familia pero aparte se nos pretende indicar que no es un miembro de pleno de derecho o que al menos él no se lo considera, dentro de esa familia.

Dwight cambiará de look para enfrentarse a su hermana y las hijas de ésta, para ello entrará en otra casa a acicalarse y coger algo de ropa.




La interpretación de Macon Blair es magnífica. Su cara de bueno, su cansado y hastiado lenguaje corporal, sus dificultades para hablar por la falta de costumbre, su emoción, sus recuerdos, su nula ambición… quedan magníficamente escenificados y explicados en la bella escena junto a su hermana en el bar. El momento donde Dwight relata que vio a su hermana pero no le dijo nada por su desastrado aspecto con lágrimas en los ojos es muy emotivo y Blair está sensacional. Una de las grandes escenas de la película. Dwight es un hombre con pasado pero sin personalidad definida, ha renunciado a ella y con la venganza emprende el viaje final hacia su desaparición. Él ya sólo será su venganza. Hay algo contradictorio en él, su apatía vital contrastada con su radical decisión para la venganza, así como sus cansadas pero decididas ansias protectoras.


Aquí se dará cuenta de que acaba de comenzar una guerra ajena a la sociedad, ya que la familia que atacó no ha comunicado el asesinato a la policía, como comprueba en las noticias. Nos hemos introducido, como mostraba la niebla que mencioné antes, en “El corazón de las tinieblas” de Conrad.


Saulnier nos lleva a un viaje a la América profunda, esa que tan bien retrataba Jim Thompson, donde la venganza y los ajustes de cuentas rurales están a la orden del día. Cuando Dwight confiesa a su hermana que ha ajustado las cuentas al asesino de sus padres será consciente de que la ha puesto en peligro a ella y a sus hijas, por lo que nuestro protagonista ejercerá de protector, quedándose en casa de ellas y obligándolas a alejarse de allí, en lo que es el inicio de una guerra sin posible retorno.




Eres débil”.

La nocturna escena en el piso de la hermana de Dwight, donde el protagonista espera que lleguen los vengativos familiares de Wade Cleland, es el mejor ejemplo de las virtudes de la dirección de Saulnier. Atmósfera, pulso, tensión, suspense, grandes movimientos de cámara y logrados encuadres para sacar el máximo partido a la tensa escena, jugando muy bien con los segundos planos... Sensacional el momento donde primero vemos la calle desierta, luego el coche de Dwight aparcado, el que perdió tras su asesinato, con gente dentro, y por último el coche sin nadie ya en su interior, preludio de la tormenta que se avecina en la casa. Dwight planificará todo con esmero e inteligencia, aunque choca el temperamento cerebral y tranquilo en ese hombre…  Con todo, es la mejor de la película.


Hay un toque casi documental en la película, mostrando concienzudamente toda la planificación y ejecución de los planes y aventura de Dwight, apostando por un punto de vista subjetivo excepcionalmente riguroso, una de las grandes virtudes del film.

Saulnier dedicará muchos encuadres a objetos sin la presencia de los actores o con los personajes usados de manera funcional viéndoseles una parte, sujetando dichos objetos o subordinados a los mismos. Este uso sirve al director para describir y plantear las escenas.

No escatima truculencias Saulnier, a las escenas de violencia seca y explícita citadas, tendremos otros momentos, en esa aspiración casi documental, repulsivos, como la escena donde Dwight intenta quitarse la flecha que tiene hincada en la pierna, además de desinfectarla… La cosa terminará en el hospital, de donde se irá pronto.

El pasado tiene gran presencia en la cinta, un pasado sugerido y al que Dwight se ha propuesto renunciar. Le veremos examinar cajas con fotos y recuerdos en el piso de su hermana y pedir a su amigo, el pistolero, que destruya una foto en la que sale junto a él y una streeper. Dwight revisará cosas del pasado, pero no quiere dejar rastro, renunciar a él para poder acometer su viaje de no retorno, por eso pedirá que se destruya esa foto con la streeper, además de para proteger a su amigo. Un pasado destructor en el presente. Los planos finales de objetos y recuerdos inciden en esa idea, el abandono por un pasado destructor que los convierte en recuerdos olvidados. Una pretendida invisibilidad. Divertido el robo de la batería a la furgoneta del amigo.

Dwight saldrá airoso de la acometida de los dos familiares de Cleland, incluso se llevará a uno en el maletero a pesar de resultar herido por una ballesta.

Devin Ratray interpreta a Ben, un amigo de Dwight aficionado al Death Metal y a las armas, que lo ayudará en su desquiciado viaje de venganza y muerte. Actuará de Deus ex machina tras darle un arma, aleccionándole sobre lo que debe ser su proceder. Incluso habrá un homenaje al “Equipo A”. Un amigo majo y con experiencia en esto de matar gente… Siempre es una suerte conocer a alguien así por si ocurren cosas como esta…


La escena donde Ben salva a Dwight deja algunas revelaciones por parte del tipo al que nuestro protagonista pretende matar, la verdadera identidad del asesino, que no fue el que Dwight mató. En su intento de huida estará a punto de matar a Dwight, pero se quedará sin cara gracias a Ben, en otro ejemplo de violencia seca y bestial. No hablar, disparar. Hablar ablanda y hace dudar.





En el clímax se aprecian con claridad esos problemas de ritmo que tiene la película ocasionalmente, ensimismándose en la nada y buscando crear un tono y una atmósfera que, aunque funcionen, le resta fluidez al conjunto. Baches narrativos. Dwight volverá a ser metódico, registrará la casa de sus futuras víctimas en un solo plano, hará desaparecer las armas, aunque es de suponer que si sus enemigos vuelven de cazar tendrán alguna, buscará el mejor sitio para tender la emboscada desde dentro… El problema viene cuando Saulnier nos hace pasar todo un día en esa casa sin que pase nada esperando a que llegue la familia… Crea tensión, se acentúa la enfermiza atmósfera, pero se pierde ritmo, fluidez e intensidad. Es cierto que evita la previsibilidad inicial, pero la resolución es irremediable, con lo que se alarga en balde.




Meadas en la tumba de Wade, el temporizador de la luz dando unos suaves sustos, creando un bunker, llamando por teléfono…

Todo tiene una concepción similar a la escena en la casa de la hermana, aunque tendrá un final trágico. Una oportuna luz antecede la llegada de la familia. El juego con los segundos planos y las divisiones de pantalla con elementos del decorado está muy logrado, y se alterará el punto de vista brevemente para generar el suspense, mostrando al chico que nos presentaron en la limusina que robó Dwight entrar en la casa sin que nuestro protagonista se percate. El chico, William, es hijo del padre del protagonista, por eso dejará a su suerte a todos una vez dispare contra Dwight y lo deje mal herido, pero aún capaz de defenderse.



Conflictos familiares, infidelidades, amores y embarazos mal vistos, asesinatos vengativos… la América más profunda desvelándose dificultosamente al final. El pobre Dwight acaba la cinta hecho una piltrafa. Las hermanastras de William tienen una cara de brujas que no pueden con ella y Dwight acabará con el único hombre del trío que ve aparecer como precaución inicial. Una de las hermanastras conseguirá un arma del único sitio donde Dwight no debió mirar, y que además le pilla justo enfrente, artificio afortunado de puesta en escena, como que la luz se encendiera justo al llegar gracias al temporizador. Nuestro amigo es un poco lento para disparar, pero habrá una matanza en off, donde las tres personas a duelo caen.

La venganza y la fatalidad, un clásico del cine negro, muy en la onda de las historias del gran Jim Thompson en la América profunda, como he comentado. Caminos predestinados de odio y muerte que los protagonistas parecen obligados a seguir, incapaces de renunciar a ellos. Dwight hace cierto amago de abandonar esa senda, pero sabe que sólo existe para llegar al final, que no puede hacer otra cosa. El tema “No regrets” de los títulos de crédito es especialmente simbólico en este sentido.

Blue ruin” es un aceptable thriller, simple, sin vueltas de tuerca ni complejidades, pero eficaz. Le hubiera venido bien algún giro, alguna modificación en su transitar, pero lo apuesta todo a una buena dirección y una estupenda y tensa atmósfera. La interpretación de Macon Blair es digna de elogio, aunque su personaje está algo desdibujado.

Una buena opción, cine negro independiente y competente.




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