jueves, 16 de julio de 2015

DON WINSLOW: Salvajes

LITERATURA










Tras sorprendernos a todos, especialmente a los amantes de la novela negra, con la muy documentada y escalofriante “El poder del perro”, muchos lectores esperan con especial interés las obras de Don Winslow, pero lo cierto es que el escritor nacido en Nueva York está abonado a la decepción de la que esta “Salvajes” es buen ejemplo.

En “Salvajes” se eliminan casi todas las virtudes de su buque insignia, “El poder del perro”, y se subliman sus defectos, que los tenía, pero quedaban diluidos por la potencia y brillantez de la historia y la gran documentación que la vertebraba.

Ben y Chon fabrican la droga más sofisticada y de más calidad del mundo, forman un trío perfecto junto a O. (Ophelia), su compañera en la vida, la cama y el negocio. Todo va bien hasta que el cártel de Baja pretende hacerse con su negocio y para ello incluso cortarán cabezas. Cuando secuestren a O., Ben y Chon deberán aceptar las condiciones del cártel, pagar 20 millones por el rescate o ingeniárselas para rescatarla enfrentándose a tan poderoso enemigo…

Winslow da la impresión de buscar constantemente el chascarrillo, o pasar por inteligente con una supuesta ironía, pero su humor es evidente, redundante y reiterativo, sin gracia en la mayoría de los casos, funciona mal de manera irregular.

Hay muchos guiños a la cultura americana, bromas y comentarios que si no conoces los lugares o dicha cultura pueden dejar frío, un humor enraizado en la cultura autóctona, castizo, sobre lugares y costumbres que pueden tener gracia si se comprenden en su plenitud.

Salvajes” es una historia de drogas, crímenes brutales, narcotráfico, sexo, dinero, vida lujosa, amistad, desvarío, locura hedonista… y dispersión digresiva.

La narración es tremendamente dispersa, enraizada casi por completo en la pura y dura digresión con ese supuesto humor como columna vertebral, con lo que la narración no atrapa en ningún momento ni interesa. La historia no avanza, uno sobrepasa la mitad del libro y no ha pasado nada, todo es exposición de circunstancias, anécdotas o descripción de personajes. Todo apenas planteado. El libro peca de reiterativo en ocasiones, repitiéndose circunstancias.

Ese humor y tono rezuma cierta prepotencia, una prepotencia de insufrible superioridad injustificada ya que todo está escrito con brocha gorda. Pretende ser sardónico, transgresor, en todo momento, de forma constante, en una orgía de la confusión sin fuerza, y no porque la trama sea compleja, que no puede ser más sencilla ni estar más alargada, sino por la incomprensión de sus divagaciones. Es como si sintiera la necesidad de dar su opinión sobre todo y rebusca y estira ideas con la única excusa de dar esas opiniones…

Además la novela tiene un clímax muy regulero y poco convincente. Oliver Stone rodó una adaptación en 2012, “Salvajes”, protagonizada por Taylor Kitsch, Blake Lively, John Travolta, Benicio Del Toro y Salma Hayek entre otros.

Todo esto da al libro carácter de inmediatez, de ocurrencia repentina, de presente digresivo que quiere guiñar al espectador con detalles metalingüísticos, pero todo ello rezuma falta de autenticidad, incluidas las referencias culturales que coloca.

Winslow padece cierta inseguridad, lo que le lleva a la redundancia y repeticiones no sólo de situaciones y esquemas, sino a la excesiva explicación de cosas que habían quedado claras, por ejemplo sus chistes…

Su “progrerío” vacuo y rancio termina por aburrir, una locura ideológica que acaba llegando desde no se sabe muy bien dónde al nihilismo a medida…


Winslow entrega una novela dispersa y difusa que reivindica la amistad en medio de una despiadada crítica a la vacua ambición de la sociedad capitalista desvirtuada. No la puedo recomendar salvo que te guste mucho el autor o seas un fanático de la novela negra… como es mi caso.


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