jueves, 15 de octubre de 2015

BAD COMPANY: Bad Company (1974)











Todo aficionado al Hard Rock y en especial al Hard Rock melódico debe tener este disco y a este grupo entre sus indispensables, porque estamos ante el germen del género que luego triunfaría y se definiría en los 80, ese Hard Rock melódico y el Hard AOR.

Paul Rodgers, uno de los mejores cantantes que ha dado el Hard Rock, conocido por ser el líder de los también indispensables “Free”, fundó “Bad Company”, banda a la que bautizó así en honor a una película, un western protagonizado por Jeff Bridges, “Pistoleros en el infierno” (Robert Benton, 1972), junto al guitarrista Mick Ralphs, a los que se sumaron el batería Simon Kirke y el bajista Boz Burrell. Músicos virtuosos y talentosos para una de las bandas de más calidad de la época.

Rodgers contó con Simon Kirke, que fue junto a él fundador de los “Free”, con lo que la cosa quedaba en casa y marcaba un tanto lo que podía ser el sonido del nuevo proyecto. Paul Rodgers ha estado de actualidad en los últimos años por ser el vocalista de “Queen” en las giras que el mítico grupo británico ha realizado. Una asociación que funcionó muy bien, donde se tocaban éxitos tanto de “Queen” como de las bandas de Rodgers. Siendo un vocalista distinto a Freddie Mercury, lo cierto es que Rodgers no tiene nada que envidiar a nadie. Su portentosa voz, llena de potencia, melodía y sentimiento blusero, es una de las mejores del panorama rockero, sin lugar a dudas.



Aunque el Hard Rock melódico se define, crea, desarrolla, depura y lleva a la excelencia en los 80 con grupos como Bon Jovi, especialmente, Europe, Poison y compañía, el germen de ese estilo, su primera semilla, está aquí, con el debut de “Bad Company”.  De hecho, la evolución de “Bad Company”, con los cambios en la formación y demás, llevó al grupo a un estilo de Rock melódico claro en los 80, aunque siempre manteniendo su autenticidad de esencia blusera.

El Rock melódico de teclados y sintetizadores y el AOR tenían exponentes como Journey, Foreigner, Toto, Survivor… Esto se mezcló con la esencia hardrockera primigenia, el peso y la raíz de los Led Zeppelin, sus ritmos y riffs, la raigambre blusera, fusionándose con esos sintetizadores, la apuesta decidida por la melodía como elemento esencial, el lirismo y la comunión armónica de guitarras, teclado y voz principal. Un Hard Rock más universal y accesible. Eso es lo que trajeron Bon Jovi, Europe y cía, que lejos de ser esos grupos que no aportaron nada, fueron los creadores de un nuevo estilo que marcó toda una década en el Rock y que se mantiene fresco y vigente.



Bad Company” no dio ese paso, pero conservando la esencia pura del Hard Rock, la raigambre blusera, esa desnudez estilística y en la base musical, apostó decididamente por la melodía, haciendo de ella algo tan esencial como la base rítmica. Puro Hard Rock melódico, setentero sí, pero perfectamente reconocible, aunque faltaran muchos de los elementos que redondearían y definirían el estilo. Melodía incluso en los temas más movidos. Un primer paso, en suma. Es por ello que este “Bad Co.” hay que considerarlo un disco pionero, antecedente de todo un género. Hard Rock clásico con muchísimos toques melódicos, insinuación de lo que vendría.



Este debut de “Bad Company”, que no puede ser mejor, “Bad Co.”, tiene absolutamente todo lo que se pide a un buen disco de Hard Rock melódico. Desnudez, riffs de guitarra, himnos imperecederos, melodías perfectas, estribillos adictivos, temas duros, baladas, un cantante portentoso, esencia blusera, melodías accesibles…

Un disco corto, de tan solo 8 temas, pero donde no sobra absolutamente nada y todo es de la máxima calidad. Si “Bad Company” es un grupo mítico e indispensable en la historia del Rock se debe en gran medida a esta obra maestra, un disco legendario.

Paul Rodgers a las voces, Mick Ralphs en las guitarras, Boz Burrel al bajo y Simon Kirke a la batería.





Can’t Get Enough: Mítico riff de guitarra para el puro Hard Rock con sabor añejo. Ritmos ágiles y Rodgers surcando melódicas estrofas, puente donde la percusión aumenta la intensidad y llegar al estribillo, que nos deleita con su sencilla melodía, recitando el título del tema varias veces, sin variar el tono. Transiciones con el riff y la batería y reanudamos nuestra estructura. Tras salir del segundo estribillo llegamos a una parte instrumental melódica que torna en un punteo melódico y reiterado. Todo crece. El tono en el estribillo, que se había mantenido estable con respecto a las estrofas, ahora cobra vigor y fuerza, con Rodgers, ahora sí, subiendo también el tono y empezando a meter improvisaciones. Puro sabor hardrockero con una percusión exquisita y llena de feeling. El último tercio es excelencia musical, improvisación vocal lanzada y la guitarra acompañando en armonía con sus punteos melódicos. El sabor del Blues y el Rock clásico con melodía. Cambio de ritmo final y más improvisación. Un clásico excelso, imprescindible y majestuoso. Una gozada.

Rock Steady: Desde el mismo inicio del tema nos zambullimos en el Hard Rock de pura esencia blusera. Tanto el riff como la sabrosa batería de ritmos pesados entroncan con el Blues de forma indiscutible y buscada. Se saliva sólo oyendo esa batería y el riff. Rodgers sigue esa misma tendencia con su intervención en las primeras estrofas. Cambio de ritmo para el puente, que define una melodía mucho más clara, para romper en un breve estribillo que recita el título del tema, estribillo clásico del Hard. Coros se incorporan en las nuevas estrofas, sumando elementos al sabor hardrockero y blusero del tema. Tras repetir estructura por segunda vez salimos al solo de guitarra, un solo que es puro sentimiento blusero. Sensacional el acompañamiento de la batería de Kirke. El puente y el estribillo, unidos sin casi diferenciación, aparecen de nuevo hasta el final del tema, donde volvemos a disfrutar de las improvisaciones vocales virtuosas de Rodgers. Uno de los temas menos melódicos del disco y que muestra su esencia blusera con más claridad.

Ready For Love: La primera balada del disco sigue la senda anterior, una balada muy blusera. Sensual y sugerente inicio con platos predominantes. Bellas primeras estrofas y aparición del piano. Puente y estribillo sencillo, igual que los anteriores, recitando el título de la canción y con algo más de brío hardrockero. Exquisitas estrofas de vuelta, sutil piano ocasional, puente y regreso al estribillo con apuntes de órgano. Parte instrumental muy atmosférica y embriagador piano que te mece delicadamente. Como despertando del trance volvemos al puente y al estribillo, ahora con otro apoyo vocal y donde las improvisaciones de Rodgers comienzan a hacer de las suyas. Los platos vuelven en el último tercio a cobrar protagonismo junto al piano y los sutiles quejidos de Rodgers como despedida perfecta.

Don’t Let Me Down: Una balada indispensable. Un regalo para los oídos. Puro sentimiento. Hay un toque religioso, eclesiástico, en ese inicio con los coros femeninos, el piano, la expectante percusión y la atmósfera… Rodgers va destapando las primeras y hermosísimas estrofas, pura melodía llena de peso y sentimiento con un eco especial. El estribillo irrumpe suplicante, como si de una plegaria fuera. Un estribillo sencillamente perfecto, bellísimo, donde la melodía lo es todo, ya que la letra se limita a recitar el título, salvo un añadido al final del todo. Un estribillo con coros femeninos además, acentuando ese aire religioso. Apuntes de guitarra se inmiscuyen entre los coros, la sutil base de ritmos y la voz de Rodgers en las nuevas estrofas. De nuevo en el estribillo con una base rítmica esplendorosa y muy melódica, acompañando a la línea principal a la perfección. Fase instrumental con duelo entre el saxo de Mel Collins y la guitarra de Mick Ralphs. El impaciente estribillo vuelve a aparecer antes de que el solo de guitarra termine para introducir improvisaciones de Rodgers a los coros femeninos que ejecutan Sue y Sunny. Placer supremo. La parte final, con esa portentosa batería de ritmos solemnes, como si de un himno se tratara, es la culminación a esta joya maravillosa. Uno de los grandes temas de este disco sin fisuras.

Bad Company: El piano inicial, con sus breves notas, ya avisa un tema rockero. Con las teclas, alguna insinuación guitarrera y la voz de Rodgers se va definiendo la espléndida melodía. Un piano que también corre a cargo del gran Paul Rodgers. La siguiente estrofa añade elementos, una tímida percusión basada en los platos, que podría funcionar a modo de puente, ya que el estribillo llega con fuerza junto a la guitarra rítmica y la batería golpeando fuerte. Un estribillo basado en el título del tema y una frase extra pero de melodía muy definida. Estamos ante otro clásico imperecedero. De nuevo la suavidad en las estrofas con toques de platos y el piano de base. Es un tema muy bello a nivel lírico en sus estrofas. De nuevo en el estribillo, Rodgers y sus improvisaciones y detalles vocales nos deleitan. Solo de guitarra con distorsión manteniendo el ritmo y estribillo para encarar el último tercio. Puro Hard Rock con sabor clásico y melodía. Toda la parte final está ejecutada en éxtasis rockero, improvisando, dejándose llevar con la guitarra y la voz de Rodgers más un cambio de ritmo. Otro de los clásicos del disco.

The Way I Choose: Uno de mis temas preferidos del álbum, una balada impecable, el tema más largo de todos. Una balada clásica setentera y hardrockera llena de sentimiento desbordado, nostálgico y sincero. Puro lirismo con enjundia. Melódicas guitarras, tranquila batería y deliciosas estrofas llenas de autenticidad. El estribillo, en un tono más agudo, es una auténtica maravilla, el más melódico y largo de todos los del disco. Sencillamente perfecto, es difícil que no te emocione. El acompañamiento melódico, evocador, recuerda a pasados veranos, y su fusión con la excelente base rítmica de batería y bajo, son pura excelencia musical. La vuelta por las estrofas deja unos momentos de un lirismo exquisito, difícil elegir qué momento es mejor, si estas estrofas o el estribillo, que vuelve con eco en la voz principal y coro sutil. La parte instrumental corre a cargo de los saxos, a los que se superpone la extraordinaria voz de Rodgers con una intensa y emotiva estrofa. Delicado solo de guitarra, muy melódico, que sirve de transición para el nuevo estribillo, más intenso a la voz del gran Paul Rodgers. Una vez acaba llega la improvisación, con los saxos sosteniendo la melodía, la guitarra dejando apuntes y Rodgers sentidos quejidos. Imprescindible.

Movin’ On: Otro hit del disco. Latente batería que estalla para dar entrada a un impaciente Rodgers. Puro Rock clásico de estrofas alegres y estribillo divertido. Ideal para ir en coche, transmite alegría, fiesta y positividad. Para motivarse. Se encadenan las estrofas con el puente y el estribillo de forma absolutamente natural y fluida. La rockera guitarra acompaña con alegría. La guitarra será también la que sirva de transición para la repetición de la estructura. Coros fiesteros a mitad de tema y estribillo con arranques rítmicos e improvisaciones de Rodgers, así como apariciones de una guitarra que acto seguido se marcará un solo con wah wah. El ritmo sube y con él las ganas de brincar. Último tercio con Paul Rodgers pletórico a las voces improvisando por el estribillo. El tono de la percusión cambia para ir despidiendo este simpático y sabroso tema. Es la canción más cortita del disco. Una joyita más.

Seagull: El último tema es una balada acústica de suprema calidad. La guitarra abre el camino para que la voz de Rodgers recorra su senda. Un tema muy Folk. La voz de Rodgers, perfectamente afinada y melódica como siempre, nos lleva hasta un exquisito estribillo de reminiscencias celtas y ligero tono épico. Es una preciosidad de tema. En el segundo estribillo se añade una pandereta que eleva aún más el momento, la única percusión que oímos. Un estribillo que se alarga con estrofas extras, el otro estribillo largo del disco. Inmersos en este placer navegaremos hasta el final del tema, tristes ante el abandono de la acústica que significa el final del disco.





Un clásico indiscutible, un disco perfecto sin ningún tema flojo que por derecho propio debe estar en toda antología rockera. Con más de 5 millones de copias vendidas. Un álbum que convirtió al grupo en referente e icono, algo lógico ya que trabajos de esta calidad merecen colocar a sus responsables en lo más alto. Gracias a este disco “Bad Company” siempre serán recordados por los rockeros, aunque no es su único buen trabajo, la calidad de la banda por sus distintas fases siempre ha sido alta e incontestable. Una banda, un disco y un cantante que están merecidamente reconocidos y en lo más alto. No puedo deciros más, si aún no habéis escuchado este clásico de los 70 no sé a qué esperáis, además y por desgracia, dura poco más de media hora.


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