miércoles, 6 de abril de 2016

Crítica ARENAS DE MUERTE (1957)

HENRY HATHAWAY











Despreciada por algunos, esta película de exóticas aventuras de Hathaway me resultó muy entretenida y atractiva por múltiples motivos. Una pareja protagonista casi imposible, la brillante dirección de Hathaway, entornos bellos y aventuras en las que sumergirse.

De nuevo recurre el director a la estructura de viaje que tanto usó en este tipo de películas, como en  “La hechicera blanca” (1953), “La rosa negra” (1950) o “El príncipe valiente” (1954), aunque también en westerns como “Valor de ley” (1969), “El jardín del diablo” (1954) o “Del infierno a Texas” (1958).




Joe January (John Wayne) es contratado por un francés, Paul Bonnard (Rossano Brazzi), para buscar una mítica ciudad perdida en las arenas del Sahara… y a su padre. Una prostituta (Sophia Loren) se sumará a la expedición.

La fotografía es sencillamente deslumbrante, un punto común en todo el cine de Hathaway, especialmente el más épico. Un maestro de los exteriores, como bien saben los seguidores del blog.

Entornos exóticos africanos, entierros, mucha arena y estupendos decorados en la ciudad que da inicio a la acción. La presentación de los personajes es funcional pero se integra bien en la muestra de ese entorno, algo que se hacía en el cine clásico con una facilidad y naturalidad pasmosa. Magnífico escote de la gran Sophia Loren, como ladronzuela ocasional, en su presentación.

Tugurios y la noche africana, estamos en Tombuctú, perfectamente retratados también, anticipan la presentación del personaje interpretado por John Wayne, encarcelado.


La dirección de Hathaway es, como siempre, impecable. Su escritura es cristalina y su seguridad absoluta. El uso que hace este hombre del plano general es una auténtica delicia, con ellos muestra cada entorno y cada estancia, describiendo a la perfección la escena y dejando claro con asombrosa sencillez donde está cada lugar y cada personaje sin que el espectador se pierda nunca, perfectamente orientado.



Lo mismo ocurre con las conversaciones, cómo escinde los encuadres incluyendo a los personajes que le interesan o dejándolos fuera según convenga, como en la planificación del viaje una vez han soltado a Joe (John Wayne).

Se plantea rápido un interesante triángulo amoroso donde Joe se divierte con Dita (Sophia Loren), la prostituta a la que recurre para saciar sus apetitos, y donde Paul aparece como figura idealista y romántica que promete redimir al resto (dando el dinero a Joe para largarse por fin de allí y dando el cobijo y el amor que saque a Dita de su mundo).



Paul es un seductor, prometerá y hablará de cosas que obnubilan a la chica, acostumbrada a otra vida, como en esa noche que pasan en vela charlando. Los hombres del triángulo supondrían una especie de bicefalia donde uno sería la carnalidad y lo mundano y el otro lo espiritual e idealizado para Dita.


Ella sufre por lo que es y por lo que hace. Joe se lo recuerda. Paul sería la huida.

La larga travesía por el desierto servirá a Hathaway para exponer aspectos narrativos y motivaciones de los personajes, pero sobre todo para desarrollarlos tanto a ellos como a sus relaciones. Así descubriremos en Paul a un teórico (dice saberlo todo del Sahara) y en Joe a un práctico (se lo ha pateado en primera persona).


Largos paseos, oasis, contraste de personajes, historias, la noche, el viento que mece suave o salvajemente la arena, espejismos… búsquedas del tesoro. Joe bebe de más, es impertinente y maleducado, su complemento y opuesto es Paul también en esto. Ambos personajes son opuestos en todo, como ven, pero su evolución les irá llevando a una progresión paulatina que tendrá algún punto de encuentro antes de volver a separarse, cuando uno logre la redención y la recomposición y el otro se pervierta por la ambición.

Paul busca una ciudad con un tesoro, pero sin ambición personal en el reto en un principio, como homenaje a su padre. Hathaway reflexiona con ello sobre la idea de los conceptos abstractos y el idealismo predicado y la realidad tangible, que hace titubear esos antiguos principios y que define el verdadero carácter.

Joe es como un guardián celoso, siempre vigilante para puntuar cada acercamiento entre Paul y Dita, hacer su comentario despreciativo, socarrón, insultante o cínico.

-Dita: Desde que vine no hace más que insultarme y llamarme de todo.

-Joe: Sólo una cosa… Dita.



Como narrador inteligente que es, Hathaway salpicará el vagar de los personajes con elementos de suspense y episodios aventureros que amenicen las conversaciones y discusiones reflexivas de estos. Por ejemplo con las apariciones de los tuaregs. Es a través de ellos como tendremos la reaparición de Dita, que se presenta ante los dos machos en un magnífico encuadre realizado por Hathaway, justo en medio de ambos, definiendo la estructura dramática de la historia.

Una ciudad perdida y una mujer chiflada”.



Hathaway se quejó de que parte del metraje con escenas de conversaciones entre los personajes en travellings fue eliminado, otro de los motivos por los que la película tiene mala fama, seguramente.




La relación entre Joe y Dita es dura, llena de reproches y acusaciones injustas. Él insiste en los “pecados” de ella mientras que ella se defiende retratándole como alcohólico insultante. Ambos necesitan una redención y un perdón, aceptarse tal y como son, renunciar a focalizar en el otro su frustración y la que les provoca el entorno que lo vició todo. Los dos se niegan el uno al otro pero su atracción es irremediable y va haciéndose cada vez menos disimulada.

¿Estás malo? ¡No me has insultado en todo el día!"




La fotografía, tanto diurna como nocturna, es un deleite, deja momentos esplendorosos durante toda la película. Hay muchos ejemplos, mencionaré la espléndida y sensual tormenta de arena que deja los primeros atisbos de atracción entre Joe y Dita, evidentes pero ahora más explícitos, cuando el rudo guía proteja y roce sus labios con los de la chica bajo la lona que los cubre de la arena. La posterior acampada, con Dita dándose un refrescante baño desnuda y sólo oculta por un inoportuno burro que nos la tapa, provoca los desvelos de los hombres… Normal, la Loren estaba en aquella época para desvelarse bien a gusto.

Joe (John Wayne) intentará seducirla, especialmente cuando le vea las piernas desnudas, y es que las noches en el desierto son duras y solitarias… Ella lo rechazará. La divertida pelea de gallitos posterior rubrica la escena, con Wayne revoleando a la Loren indiscriminadamente antes de recibir un sartenazo que le dejará K.O.

En la parte central del film, los personajes van comprendiéndose y admirándose, llegando a un punto de encuentro, como dije anteriormente. Esto no durará, pero servirá para profundizar en sus caracteres y relaciones. Así Paul demostrará valor cuando se adentre inconsciente en una ceremonia ritual para curar a un agonizante hombre, lo que despertará la admiración de Dita, pero sobre todo de Joe, que elogiará su valor. Esto se suma al acercamiento entre el propio Joe y Dita.


Arena y sol, sed y calor, desesperación, frustración contra determinación y decisión. Así llegarán a la deseada y desconocida ciudad que el padre de Paul aseguró que existía, dando inicio a la segunda parte de la cinta. Una ciudad dedicada al emperador Trajano. Las escenas en sus ruinas son extraordinarias visualmente, Hathaway rueda como los ángeles. La ciudad a la que se refiere la película es la romana de Timgrad, aunque se rodó en la Leptis Magna, de Libia, que es donde se rodaron todos los exteriores. Los interiores, por el contrario, fueron grabados en los italianos estudios Cinecittá.




El descubrimiento de tres cadáveres, incluido el de su padre, en extraño crimen, resulta un elemento muy interesante en la trama que desestabilizará al personaje de Paul. Además descubrirá una carta que desmitificará completamente la imagen que tenía de su idealizado padre. Una decepción.

Búsquedas frustradas y aumento del alcohol, nihilismo creciente… El descubrimiento del tesoro en realidad empeorará la situación psicológica de Paul, que encuentra en él la determinación y excusa para asegurarse el amor de Dita, sin entender que los sentimientos no pueden comprarse. Su ambición, avaricia y deseo sexual crean un peligroso caldo del cultivo.

Es dura la escena donde trata de forzar a Dita, extrañado porque la chica no le corresponda, sin entender que a él lo ve de otra manera, no como a sus clientes. En su desesperación le ofrecerá riquezas, las joyas que encontró, rubricando inconscientemente la humillación al tratarla como los otros, pagando por sus placeres.

La parte final se convierte en un duelo: la locura del ser idealista contra la sensatez del tipo carnal y realista, protector de la amada esquiva.

Abandonados a su suerte en la ciudad: Paul robará los burros y huirá, con lo que Joe y Dita deberán emprender una aventura a pie, pasando sed. Es divertido el comentario de Wayne sobre la gravedad de la situación cuando pide que vacíe su botella de licor para llenarla de agua. El desierto se convierte en un enemigo aún más mortífero que Paul.

El retorno deja sufrimiento y trucos de guión para favorecer la supervivencia de la pareja, con oportunas latas de melocotones y caballos solitarios que aparecen cuando más se les necesita, sin que se explique muy bien los motivos de ello.



Un sufrimiento y un Dios piadoso que reafirmará el amor y vínculo de la pareja. Por si fuera poco encontrarán, andando como iban, al desdichado Paul, que tenía varios burros en su poder, tirado en el desierto. Para acabar de rematar la fortuna, encontrarán agua, aunque tendrán que cavar, cosa que Wayne hará con garbo tras pasarse el día entero en el desierto y arrastrando a Sophia Loren, que para eso es John WaynePaul le premiará apuñalándole por la espalda, porque Paul está sediento, pero sobre todo es desconfiado, momento en el cual la Loren decide coger las riendas, matar al loco y buscar ella el agua.



La redención será plena, con perdón y ausencia de rencor, con comprensión de las debilidades humanas… Final de un tránsito y madurez vital.

Una nueva coincidencia, una caravana que pasaba precisamente por allí, salvará la vida de la pareja…



Arenas de muerte” es un buen título, reflexivo e interesante, pero lastrado por un tercio final que no sabe resolver con acierto las dificultades en las que mete a sus personajes, recurriendo al Deus ex machina más perezoso y mediocre posible, una suma de coincidencias artificiosa y torpe que casi resulta risible, aunque no merma la satisfacción general. Sencilla y perfectamente narrada, aunque a alguno le pueda aburrir…



El trío protagonista está acertado, así como la evolución de sus relaciones está muy conseguida. Otra buena película de aventuras de Henry Hathaway con Ben Hecht de guionista.




4 comentarios:

  1. Qué guapa Sofía Loren…!!!
    Y Wayne siempre tan gallardo…
    Q saturación de colores no?
    Gracias Sensei!!
    Bss

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    1. Sí que lo era. Wayne era un héroe incontestable. La fotografía es hermosa y retrata muy bien el desierto, la verdad.

      Gracias a ti!

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  2. "Joe bebe de más, es impertinente y maleducado..."

    Vamos, que sólo le faltan el parche en el ojo, el chino y el gato. ;)

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