miércoles, 14 de septiembre de 2016

Crítica: UNA PANDILLA ALUCINANTE (1987)

FRED DEKKER











Típica comedia de aventuras y terror que se daba en la década de los 80 y que nos encantaba de pequeños. Se la ha comparado con "Los Goonies" (Richard Donner, 1985), "Indiana Jones" (Steven Spielberg, 1977), “Exploradores” (Joe Dante, 1985) o "Regreso al futuro" (Robert Zemeckis, 1985), y aunque es divertida y cumplió con su propósito en su día, dentro de lo que cabe, queda lejísimos de aquellas.


Cuenta con unos efectos especiales eficaces y resultones y una agilidad e imaginación que conecta con todo espíritu infantil a pesar de sus incoherencias (muchas) y gratuidades (incontables) de guión. Los cinéfilos apreciarán los homenajes a las películas antiguas de terror de los 70 y a las criaturas míticas del fantaterror. Sin más cometido que entretener y hacer pasar el rato, con un metraje que no llega a la hora y veinte, es una película entrañable más de nuestra época, que se ve muy bien a pesar de los pesares. Aunque hay que ponerlo todo de nuestra parte, ya que en realidad es un desastre.


Muy lejos queda también de otra cinta con ciertos parecidos como es “Noche de miedo” (Tom Holland, 1985). Una cinta juvenil, más madura y seria, muy interesante en su acercamiento al tema vampírico. Aquí tenemos una película puramente infantil, poco lúcida y brillante, aunque original en su planteamiento.

Las comparaciones son odiosas y esta no le llega ni a la suela de los zapatos a sus más claros referentes, a ninguno, se piense en el que se piense. Porque el guión y la trama son absolutamente desquiciados, sin sentido y con multitud de incoherencias y lagunas imperdonables y absurdas.





Estética gótica y tenebrista en ese prólogo en el siglo XIX. Impactante y poderoso, que se aleja de lo cómico para mantener la tensión, pero donde todo resulta confuso. Una virgen que se lleva un agujero negro, un Drácula que aparece en las catacumbas para no volver a aparecer, un Val Helsing que lucha con un esqueleto y del que no sabremos que fue de él… Es decir, ¿qué leches pasó?




A la pandilla protagonista le falta carisma, son mucho más infantiles que otras tan legendarias como “Los Goonies”. Una pandilla aficionada a los monstruos daba para mucho, pero todo se simplifica en demasía. Un diálogo donde un maestro con malas pulgas (imprescindible cliché) les dice que tienen que estudiar más ciencia y dejar los monstruos para horas no lectivas resulta algo ridículo, incluso en aquellos años. El humor funciona regular también por esa candidez infantil.




Horace, “El Cebao” (Brent Chalem), el chico gordito de toda pandilla, remedo de “Gordi” de “Los Goonies”. Rudy, el malote con pinta de motero rockero (Ryan Lambert), defensor del pobre “Cebao”, víctima de bullying cuando no se llamaba bullying. Sean (Andre Gower), el jefecillo. Patrick (Robby Kiger), el subalterno chistoso. También hay una niña, Phoebe (Ashley Bank). El chico que se mete con Horace es Jason Hervey.



La pandilla tendrá un nuevo amigo, un alemán que vive al lado (Leonardo Cimino), lo que viene de perlas, porque el diario de Van Helsing está escrito, precisamente, en alemán. Muestra su tatuaje que indica estuvo en un campo de exterminio. Esto no lo esperabais, ¿eh?

Sutil broma con esa profesora con cabeza de gato, que nos remitiría a “La mujer pantera” (Jacques Tourneur, 1942). Stephen King en la camiseta de uno de los chavales, películas de los 40, “Rambo” (Ted Kotcheff, 1982), “Godzilla”, “Viernes 13” (Sean S. Cunningham, 1980)… son algunas de las referencias que aparecen en la película. Hay multitud, sobre todo referidas a monstruos.


Drácula (una especie de Ramón García en busca de vaquillas) será el primero en aparecer. Es un tipo sin complejos, que se pasea con su traje de Drácula del siglo XIX por las calles sin problema alguno. Luego el "Hombre lobo" (Carl Thibault), "La Momia" (Michael Reid MacKay), que también va con sus vendas y esas cosas que se ponen las momias, el Monstruo del Pantano, que saca la caja con Frankenstein del agua… Vamos, que Drácula (Duncan Regehr) también forma su pandilla de monstruos, pero para hacer cosas de adultos, como traer las fuerzas del mal al mundo.


Frankenstein (Tom Noonan) le saldrá rata a Drácula. Mira que tenía monstruos en su pandilla para elegir, pero le dio por encargarle la misión de recuperar el diario al más sociable y fan de los niños de todos. El caso es que los momentos del monstruo con la pandilla son muy entrañables y simpáticos. Recuerdan a “E. T. El Extraterrestre” (Steven Spielberg, 1982) en varias escenas, por ejemplo cuando lo ocultan de los adultos y la niña lo disfraza. Tal es la amistad que pillan, que los chicos acaban llamándole “Fran”.



El amo quiere matar a los niños”. Aunque amable y tal, nadie dijo que Frankenstein fuera la alegría de la huerta, y en cualquier momento te puede soltar frases tan divertidas como ésta.

El "Hombre lobo" también le saldrá regulero. Lo delatará a la mínima de cambio en su forma humana, aunque nadie le creerá, claro.

Es simpático el homenaje al Frankenstein (1931) de Whale con la escena de la niña en el lago.




Escenas de importante interés narrativo: "La momia", que se escapó del museo, aparece en el armario de un pequeño. No pregunten para qué se metió ahí ni por qué espera a que el padre esté a punto de pillarlo… Eso sí, acto seguido se las “pirará”. Estas cosas, que buscan la complicidad de la chavalería y la sonrisa, quedan absurdas.


Sean, que es muy lúcido, con un par de pistas sacadas de la manga, deduce en 6 minutos y 34 segundos que algo pasa con un grupo de monstruos…

A pesar de sus “defectillos”, estas películas saben captar siempre a la perfección sutilezas del mundo infantil, esas relaciones entre hermanos pequeños y mayores, los crecientes intereses sexuales en los que se acercan a la adolescencia, las pandillas y el frikismo, los matones y abusones y sus víctimas… Las bicicletas, las casas en el árbol, los walkie-talkies…



Malos rollos paternos con el duro trabajo de policía. La madre, para aumentar los paralelismos, es Mary Ellen Trainor, o sea, la misma que en “Los Goonies”. Por una de esas casualidades, el diario de Van Helsing cae en manos de Sean, porque su madre lo vio en una librería, en La Casa del Libro o el Fnac, una de esas, en su sección de antigüedades. Además Drácula sabe que lo tienen unos niños, pero nadie sabe porqué Drácula sabe eso. Valga el trabalenguas.




Al plan de Drácula se le ven lagunas. Se va a vivir a una casita con jardín y sin vecinos, trasnocha, pero espera hasta el último momento para buscar el amuleto que está, precisamente, en esa casa. Lo descubre por intuición u olfato, pegando el oído a las paredes y dando unos martillazos. Una vez abrió agujero pensó que lo mejor era colocar dinamita para reventar el resto de la pared… Lo más discreto y eficaz, esta claro.



El caso es que, según dicen los chicos, Drácula sabe que han entrado en esa casa, de noche además, porque los chicos saben mucho de monstruos, por lo que con toda esa información deciden ir de noche, que es cuando Drácula es menos peligroso y el Hombre Lobo no corre peligro de transformarse con la luna llena… En fin.




Ante esa temible amenaza de cuatro chavales acobardados y con Frankenstein en fuera de juego, Drácula decide esperar sin hacer nada. Huirán del Hombre Lobo propinándole una patada en sus lobeznas partes mientras él grita mucho y mueve los brazos en al aire, y escaparán cuando estén rodeados de unos parsimoniosos vampiros, incluido Drácula, y el propio Hombre Lobo, ya recuperado, moviendo una manivela al activarse el sentido arácnido de Sean… Lo bueno es que caen justo donde Drácula había abierto el agujero con la dinamita, lo que les ayuda mucho a conseguir el amuleto sin tanta parafernalia. Además darán una lección a Drácula con una pizza de ajo… Una pizza así es algo que todos llevamos siempre a mano por si acaso.




Luego veremos que Drácula arranca puertas de coches como vosotros y yo abrimos tapas de yogures, sin el más mínimo esfuerzo, y que en realidad no es Drácula, sino el bombero minero, que siempre lleva unos cuantos cartuchos de dinamita para explotar cosas. Para mí que es un Drácula valenciano.

Al menos matará a alguien, pero ¿a quién? Pues sí, al negro descreído. Encima racista.

Lo más positivo de esta colección de despropósitos es que es Horace, o sea, el “Cebao”, el que va acabando con los monstruos, dando la patada al Hombre Lobo y estampando la pizza de ajo en el rostro de Drácula. También se cargará al Monstruo del Pantano.


Rudy acabará con La Momia, muy desaparecida durante el partido, en una divertida escena con flechas que desenredan vendajes.




El padre, que ve cómo se las gasta Drácula, empieza a preocuparse, y su mujer, que estaba enfadada por lo mucho que trabaja su esposo, le pide que los salve a todos.


En este clímax alargado, los protagonistas correrán mucho en coche, mientras que los villanos van andando y con paso lento, como cuando llegas de borrachera y no quieres que se despierten tus padres, pero todos llegan a la vez a todos los sitios.




Al Hombre Lobo lo matarán explotándole otro cartucho de dinamita, pero como en “Terminator” (James Cameron, 1984), no tardará en reponerse. A los malos les falta pegada, está visto, dejándose vencer por unos críos que no van ni al gimnasio.


Las supuestas vírgenes resultarán no serlo tanto. Menos mal que está PhoebeDrácula es educado, es algo innegable. Con su descomunal fuerza, que mata policías como Homer Simpson come rosquillas, a los chicos les pide el amuleto por favor, en vez de cogerlo sin más. Claro, en estas pausas dramáticas, Frankenstein aprovechará para defender a la niña y estampar en una reja a su amo.

Observen que en la versión original, Drácula llama "bitch" a la niña, traducido aquí por "maldita". Cosas de la censura, aunque no franquista. 

Se repondrá, por supuesto, pero mientras es atraído por el agujero que ha logrado formar el ritual con la virgen, Sean, que para eso es el chico protagonista, lo volverá a clavar, esta vez con una estaca de madera, resistiéndose a la fuerza de quita y pon de Drácula y a la del propio agujero que lo absorbe todo (Sean resiste lo que no pueden ni Drácula ni Frankenstein…). Cuando vi aparecer a Van Helsing (Jack Gwillim) volando por ahí juro que me llevé la mano a la cabeza…





Cuando todo ha terminado llegan los militares, en un asombroso giro de guión. Nadie sabe para qué, pero ahí llegan, preguntan, se quedan perplejos y fin.

Muchas de estas inconsistencias lo más seguro es que sean achacables a mutilaciones en la sala de montaje, pero el hecho es que dejan un resultando con más agujeros que un queso gruyere.





Las actuaciones son muy mediocres, el guión es casi un completo desastre y la dirección, aunque tiene ritmo, carece de todo atisbo de brillantez, repleta de tópicos y clichés. Producción de Peter Hyams. Shane Black aparece en el guión y Bruce Broughton compone la música. Stan Winston está detrás de las criaturas y monstruos. Fred Dekker sólo dirigió tres películas: “El terror llama a su puerta” (1986), la que nos ocupa y “Robocop 3” (1993), tras la que no volvió a aparecer…




Una cosa es la nostalgia, el recuerdo de las diversiones de nuestra infancia, y otra obviar los desastres que presenta la cinta. Con todo, puede valer para los más pequeños, también para los nostálgicos, pero se hace complicado ir más allá.




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