lunes, 17 de octubre de 2016

Crítica HOLLYWOOD AL DESNUDO (1932)

GEORGE CUKOR










Aquí traigo un desconocido título de la primera época de uno de los más grandes directores clásicos de todos los tiempos, un indiscutible Top 10. Rey del drama, la comedia y el musical, uno de los mejores directores de actores y, sobre todo, actrices, que ha dado el celuloide.

No es una de sus grandes obras, ni siquiera se acerca, esta aproximación al mundo de Hollywood donde una camarera es descubierta por un director alcohólico y un millonario productor para ir subiendo escalones en sus propósitos interpretativos. No es una de sus grandes obras pero sí pionera.

Es una especie de esbozo de lo que sería “Ha nacido una estrella”, esquemático y simple, tópico, poco original, pero que se adelantó a la primera versión de aquella que rodó William Wellman en 1937, de la que el propio Cukor hizo un excelente remake en 1954. De hecho, las posteriores “Ha nacido una estrella” podrían ser consideradas tranquilamente remakes de esta que aquí analizo, ya que las claves y elementos básicos de la trama son los mismos: Camarera que conoce a una gran estrella y cuando su carrera sube como la espuma la de su pareja mengua, llevándole a la autodestrucción.



Cukor apuesta por el dinamismo en la puesta en escena, con un ritmo de comedia y mucho movimiento dentro de los encuadres, tanto desde la planificación vertebrada en el montaje, como en la del plano secuencia con los actores moviéndose con libertad.

Maneja con una solvencia extraordinaria la puesta en escena, dotándola de un ritmo endiablado, cualidad por la que puede contar todo lo que cuenta en un metraje que no llega a la hora y media. Ejemplos los tenemos con la primera secuencia en el bar donde trabaja Mary, en la conflictiva cena con el playboy millonario o en la boda.



Uno de los recursos más usados dentro del plano general es el caos donde un grupo habla a la vez, con diálogos muy rápidos, que no dan descanso al espectador. Un ejemplo: la discusión en la piscina con el grupo creativo…

La picardía y la sutileza también priman. Me hizo especial gracia la escena del primer encuentro en el partido de polo entre el galán y la actriz, cuando él dice que imagina un montón de cosas placenteras y ella responde pidiendo un cigarrillo. Maravilloso.



El estilo es invisible, sobrio y bastante depurado, sin excesos ni una brillantez reseñable, donde el plano general se utiliza para presentar la escena y los planos y contraplanos se suceden con rigor en las conversaciones. Cukor gusta del plano general o el medio para que los actores se desenvuelvan como buenamente crean, logrando esa fluidez y ese dinamismo comentados.


Se recurre a los tablones de actualidad y cotilleos periodísticos como recurso episódico narrativo.

El retrato de una joven que sueña ser estrella es fácil que identifique a millones de chicas y chicos, que imitan los ademanes de sus ídolos, copian sus looks y peinados y en soledad reviven el dulce néctar de la fama a través de revistas y espejos. Esa foto de Clark Gable en una revista...



Una presentación perfecta de la discreta vida de la chica, una trabajadora, camarera, que vive en un pequeño cuarto con cama plegable. Trabaja en un restaurante que frecuenta mucha gente relacionada con el cine, lo que posibilita una oportunidad.


Todo esto contrastará con la vida de Max Carey (Lowell Sherman), famoso director, que vive en una lujosa mansión y no escatima en absolutamente nada.



Cukor retrata con acierto ese ajetreo con diversos ejemplos: productores, los bocazas fanfarrones, ex taquilleros, presuntuosos chantajistas y alguna que otra verdadera estrella.

Max Carey, borracho y excéntrico director, va por la vida con pose de estrella, como debe ser. Tiene una borrachera divertida. No tardará en hacer buenas migas con esa camarera que no duda en pelotearle para trepar, aunque él parece hacer buenas migas con todo el mundo. Ella es una chica decidida, nada remilgada, que hará lo que tenga que hacer, acosando a ese director, para llegar al estrellato, algo que le costará poco gracias a su belleza… y talento.




Carey pone el toque de comedia en este desenfadado título en el que se va inmiscuyendo el drama poco a poco, pero no termina de encajar nunca bien.



Asistiremos a estrenos, esas masivas presentaciones, los cotilleos de la prensa, curiosearemos por los estudios y los decorados, vagaremos entre bambalinas observando el desarrollo de algunos rodajes, la sala de proyecciones… mientras seguimos el periplo de Mary Evans (Constance Bennett). Las primeras pruebas, el vestuario, la dirección, las primeras decepciones, los ensayos para mejorar… La veremos de estrella, con números musicales para su lucimiento, entrevistas periodísticas… El Oscar…




La fase de planteamiento es trepidante y eficaz, a pesar de su esquematismo, pero una vez se sitúa a la chica en el estrellato y con el desarrollo dramático de las historias de amor, la cosa decae. El encuentro con el jugador de polo, Lonny Borden (Neil Hamilton), es artificial, aunque la escena de la cena, digresión para el desarrollo de esa relación, es divertida. Al final todo acaba rápidamente en boda estelar, por lo que el gran defecto vuelve a ser el esquematismo.

Mary Evans se presenta como una caprichosa a la que la fama no tarda en subírsele a la cabeza, aunque su retrato es errático.

-¿Qué no durará?

-Mi hígado… y el matrimonio de las estrellas.

La película carece de conflicto y también de intensidad dramática. El conflicto se empieza a sugerir en el último tercio, cuando la estrella Mary se obnubila con su marido, comprometiendo su trabajo para pesar de su director.








Un conflicto de intereses que se supone pretende describir el sufrimiento de la joven actriz, pero no hay quién se lo trague. Un marido que parece entrometerse, en su lúdica vida, en el trabajo de su mujer, en una extraña incomprensión.

Se le entiende más al pobre hombre cuando Carey irrumpe en su casa a molestar con sus borracheras, pero sorprende la poca paciencia… El citado esquematismo provoca que no se entiendan bien las relaciones ni los insinuados conflictos ni sacrificios que unos personajes hacen por otros, que se tenga que dar todo por supuesto. Se entiende, pero carece de entidad dramática.







Es por ello que tras una discusión se divorciarán, lo que se hace francamente incomprensible visto lo visto, esas reacciones y decisiones, culpa del esquematismo.

Además, llegada esta parte, poco nos importa la relación amorosa de la pareja, lo mismo que las circunstancias del borracho director y sus injerencias en la vida de la actriz, que sigue sacándole las castañas del fuego.


Dicho esto, el personaje más interesante, quizá el único, es el director borracho que toca fondo. Lo toca desde la cima, pero al que el giro dramático y resolución tan negra, el suicidio, tan drástica, no le beneficia, encaja mal con el tono general de la película.

Es interesante el plano en eco que define la decisión de Carey, ante un espejo. El primero es al inicio de la película, el día que conoció a Mary, en tono jovial. El segundo será en ese final, tras salir de la cárcel y haber llegado al fondo del abismo, al no reconocerse, o al reconocerse como alguien tóxico, sobre todo para su adorada amiga.







La resolución es tan repentina y gratuita como buena parte de los hechos importantes que acontecen durante la narración, todo para llegar a un final feliz muy forzado de nuevo.

La fugacidad y fragilidad de la fama, su vacuidad, expuestas en una historia que tiene esas mismas características. Una fama ante la que es fácil sucumbir.




Tiene muchos defectos, pero es innegable la influencia, poco reconocida, de esta película en cintas posteriores, que la mejoraron indudablemente.



5 comentarios:

  1. Pues no será una gran cinta, pero resulta francamente agradable ver la elegancia del vestuario, ese aire retro (con ojos actuales) y muy interesante constatar q en ese ambiente cinematográfico, los conflictos q se derivan o incluso la marcha del entorno de esa profesión es muy parecida (salvando las distancias) al de la actualidad…
    Me gustan mucho las pelis metalingüísticas del cine, con sus diversos aspectos, q ha dado grandes títulos. Y siempre me vienen a la cabeza pelis como El crepúsculo de los Dioses, aparte de las q mencionas, q han tenido mil adaptaciones. No hizo una de ellas Barbra Streissand? Tb recuerdo The Artist, q me encantó ver después de leerte, pudiendo disfrutar de los detalles…
    Mil gracias!
    Bss

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    1. Sí, Barbra hizo una en 1976 de Ha Nacido Una Estrella. Y se habla de una nueva versión con Clint Eastwood y Benyoncé que no sé si sigue en marcha... ¡Un no parar!

      Besos, Reina.

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    2. Por lo que parece Eastwood se habría caído y retomaría su labor Bradley Cooper en la dirección.

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  2. Marededéusantíssima. Ora pro nobis.
    Jajaja

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    1. Un remake cada 5 años va a tener este título jaja

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