lunes, 24 de octubre de 2016

NACHO, EL HOMBRE NORMAL

FÚTBOL








En la polarización acabamos despreciando la normalidad, nos acaba pasando inadvertida, la infravaloramos y caemos en la contradicción de anhelarla en la catástrofe cuando la ignoramos el resto del tiempo.

Damos muchas cosas por sentadas sin percatarnos ni preguntarnos por qué son así, disfrutando de ese estado de bienestar que sólo nos sacude cuando se perturba el statu quo, para incomodarnos, como cuando el metro no llega cuando normalmente lo hace o las calles dejan de estar limpias, como cuando éramos pequeños y la comida llegaba a su hora y todo estaba en su sitio sin que nos planteáramos mucho el trabajo que nuestros padres hacían, como los canes del kafkiano relato “Investigaciones de un perro”, que disfrutan de su alimento caído del cielo por un poder invisible. Cuando lo que damos por sentado se trunca la gente que está detrás de todo aquello parece hacerse presente, como los ecos lejanos de un legado perdido que deberíamos tener presente. Entonces entiendes el sacrificio que hay detrás, que aquello no llega por arte de magia, y te golpea la realidad de esos grandes valores. La normalidad y el trabajo.

Nacho, hoy sales de lateral izquierdo. -Sin problema.

Nacho, hoy vas a salir de central diestro. -¡Genial!

Nacho, hoy te necesitamos de central zurdo. -¡A sus órdenes!

Nacho, hoy juegas en banda derecha. -Me parece perfecto.

Aquí encontraríamos a Nacho Fernández Iglesias. Puro madridismo. Él es el hombre que está detrás, el hombre que siempre cumple sea cual sea su cometido, que no brilla en apariencia pero siempre realiza su trabajo con total pulcritud y depuración, sin innecesarios ornamentos, buscando el disfrute del resto. Ese hombre invisible que sienta las bases y sirve de pegamento en una plantilla hasta hacerla sólida. Así se forja un club. No inventará la penicilina, pero tendrá el laboratorio limpio y el reparto a tiempo para que sirva de algo.

Como aquellos jugadores que tanto gustaban a Bernabéu, Nacho es puro sentido común, profesionalidad y normalidad. Un sensato hombre de familia, casado con su novia de siempre y con dos hijos, estudiante de Ciencias de la Actividad Física y del Deporte (INEF), de esos pocos a los que Xabi Alonso se encontraba en sus viajes a la biblioteca de Valdebebas, y bien peinado y aseado, limpio y pulcro, sin estrafalarios adornos. Un hombre de club, de aquellos que se dice que ya no existen, porque la normalidad parece haber emigrado de este deporte y ahora aparece casi como una excentricidad. Un chico al que don Santiago admiraría.

Y en esa ausencia de foco, confetis y botellas de champagne estallando entusiásticamente, descubrimos a un profesional de primer orden, un ganador, un madridista de pura cepa que ha pasado por todos los equipos de la cantera, que subió al Castilla a 2ª División, que fue campeón de Europa con la Selección sub-17 y sub-21 y subcampeón mundial en 2017 también en categoría sub-17…. Que es internacional, a pesar de no ser titular con el Real Madrid, por derecho propio y merecimientos.



Además, Nacho debería ser considerado por el madridismo como un talismán. Con él, como con la venida de Mourinho, acabó la que prometía ser una larga travesía en el desierto, y junto con el entrenador portugués, que le hizo debutar en primera división, ganó la Copa del Rey en 2011 acabando con la sequía de títulos en el mismo estadio en el que debutó ese año, Mestalla. Aunque no sería hasta la temporada siguiente cuando pasó a ser integrante de la primera plantilla, también de la mano de Mourinho.

No sólo fue Mourinho quién aprobó las actitudes del canterano, para Ancelotti también fue un jugador indispensable en la plantilla, aunque no fuera titular. Así llegarían las Champions, de las cuales la Undécima vino junto a su segundo hijo, que nació pocas horas antes de la final.

Porque muchos con más talento se quedaron por el camino, casi todos, pero el silencio y el esforzado trabajo dieron sus frutos y lo llevaron a donde todos anhelan. Nacho hace de la parafernalia futbolera algo tan respetable y honesto como trascendental desde la absoluta normalidad y profesionalidad. Por eso no le sobra a nadie.

Incluso ha redimido a parte de la afición madridista, desnudando cierta madurez en ella que muchas veces permanece oculta, cuando ha puesto el acento en la labor de jugadores como él, esos que nadie parece ver porque no hacen regates vertiginosos, ni pierden el balón haciendo un imposible, ni meten goles por la escuadra, pero que siempre están para cumplir cuando se les necesita y para lo que se les requiere, porque indica que ven más allá del polvo de estrellas, que saben apreciar algo más que los goles y las victorias al día, que aprecian cosas que darán victorias que perduren, que valoran la profesionalidad.

Nacho es el hombre normal, el hombre natural, que tal y como están los tiempos parece una extravagancia. El profesional, un señor lobo sin prepotencia que desde el banquillo sólo resuelve problemas donde se le necesita.

Un fijo en todo entrenamiento voluntario, un fijo en Valdebebas cuando la plantilla tiene el día libre, un fijo en disponibilidad porque nunca se ha lesionado… y es que hay cosas que influyen en el rendimiento y tienen consecuencias… buenas consecuencias.


Y todas estas cualidades “normales” hacen de Nacho un jugador excepcional, distinto y extraordinario.



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