martes, 6 de diciembre de 2016

Crítica RUTA SUICIDA (1977)

CLINT EASTWOOD










Entretenida película de acción de uno de los más grandes directores del cine moderno, fiel heredero de las esencias y virtudes clásicas, que en sus inicios se entregó desde la dirección a los géneros en los que se había encontrado más cómodo también como actor, el western y el thriller.

Clint Eastwood estaba en la primera parte de su carrera, aunque ya contaba con bastante experiencia y venía de hacer una joya como “El fuera de la ley” (1976), pero que aquí apostó por un thriller sin mucha enjundia, un mero entretenimiento no muy afortunado, pero reconocible en su autor y personaje protagonista. Un Eastwood director que parece claro está más cómodo en el western que en el thriller, así lo dice la calidad de los títulos que realizó en uno y otro género. No es necesario entrar en las constantes con esta película. Los signos más evidentes los tenemos en el personaje que interpreta Eastwood, algo paródico de sí mismo, pero no es un título reseñable dentro de su filmografía ni el director lo tomó especialmente en serio, aunque logra entretener.

Un policía tiene orden de recoger a una presa y llevarla a una comisaría en Phoenix para testificar en un juicio, pero lo que se pretendía un sencillo trabajo se convertirá en una rocambolesca aventura cuando el agente Ben Shockley descubra que nadie quiere que ni la chica ni él lleguen con vida. Una trama manida y muy utilizada en los 70 y 80, con referencias a otras historias de décadas anteriores, sobre todo en el western.



Hay una querencia al western, un western motorizado en zona fronteriza, con tiroteos, motos en lugar de caballos, el tren y el cuestionamiento de la ley. No es cierto que sea una obra de inmadurez, porque Eastwood ya había realizado varias obras de arte, alguna absolutamente maestra, en los 70, antes de la que aquí trato. “Infierno de cobardes” (1972) o “El fuera de la ley” (1976), por ejemplo.

La película sólo puede entenderse desde un prisma comercial. Una obra alimenticia absolutamente desmadrada y surrealista, exagerada y que tiene tintes irónicos en esa exageración. Los tiroteos salvajes a coches, casas o autobuses están pasadísimos de rosca voluntariamente. Un Eastwood que, manteniendo las constantes de sus policías clásicos, añade determinadas diferencias, como la torpeza y limitación de su protagonista masculino y la brillante lucidez del femenino, que contradice los clásicos prototipos del genial director.


Clint interpreta a Ben Shockley, un competente y sobrado agente al que se la sudan las normas, como siempre ha sido y será. Esto perturba a sus jefes, que le ven sin afeitar y sin arreglar, esos detalles donde Eastwood demuestra su rebeldía...

Presenta una amistad con un compañero con el que vivió muchas aventuras y al que han ascendido, que también se preocupa por su aspecto. Un fiel amigo interpretado por Pat Hingle.





Travellings de seguimiento y panorámicas dando agilidad a la puesta en escena en algunas de las conversaciones (a pie o en coche). También planos y contraplanos si las conversaciones tienen a los personajes sentados o sin movimiento. Da gusto ver al Eastwood de estilo depurado, clásico, seguro, sosteniendo los planos, dedicando silencios a sus personajes sin temor, sin corte. Hay una escena hacia el final, en el viaje en autobús de la pareja, donde se encuadra a ambos personajes que se cuentan sus sueños futuros juntos. En un momento dado, ella se interrumpirá, guardará un largo silencio y volverá a intervenir… En esa escena se plasma toda la complicidad de la pareja, su irrompible vínculo a esas alturas, además de alimentar el aliento épico ante una aventura de incierto final.

La película se vertebra en dos pilares. La tensión y la acción que da la misión, donde se insertarán las escenas de acción y suspense intentando que Easwood no cumpla su objetivo de llevar a esa chica para que testifique; y la relación del agente y la presa, que en principio será complicada y con malos modos para poco a poco, y en base al mutuo entendimiento y a ese cariño que se forja en toda aventura, terminar en afecto y amor.




Ella tratará de deshacerse de él, engañarle. Acertará en sus advertencias aunque no siempre atinará en sus interpretaciones, mientras que Eastwood deberá mantenerse en guardia por partida doble: ante los asesinos que los persiguen y ante la chica.

Clint interpreta a un personaje que podría confundirse con otros muchos suyos. Un policía chulo y descarado que es pura eficiencia y tiene sus propias normas. Obediente en principio, pero en cuanto vea que lo que tiene que obedecer no es justo o lógico, antepondrá su opinión a la de sus superiores. El individualismo, respetuoso de jerarquías cuando es menester, contra el manipulador entorno que pretende controlarlo.





Se lo pasará pipa en varias escenas, por ejemplo la del grupo de moteros, a los que atemoriza él solo con su pistola a pesar de estar rodeado, vacilándoles a conciencia.

-Motero: ¡Escucha! ¡Estas motos son nuestras!

-Ben: Y esta pistola es mía.





Esa será su evolución. Es el perfecto funcionario obediente que escarmentará. Gus será la voz de la conciencia, la que eche abajo ese mundo jerarquizado y ordenado en el que Ben estaba a gusto, haciéndole ver su realidad y la del podrido mundo en el que estaba perfectamente integrado. Es una underground, una prostituta, la que vendrá a dar luz en ese mundo de corrupción, el pequeño atisbo moral de alguien que conoce esa podredumbre a la perfección.




-Ben: Hago sólo lo que me mandan.

-Gus: Eso lo hace cualquier imbécil.

Se maneja muy bien el suspense, haciendo evolucionar con acierto a la película desde su sencillez. Una misión en apariencia sencilla que se va tornando imposible, con elementos que van intrigando al protagonista y a nosotros, creando una atmósfera que generará la tensión futura. Las advertencias de la presa, las apuestas en contra del cumplimiento de la misión encubiertas en unas carreras de caballo… Todo hasta llegar al coche concertado para evitar problemas y que este estalle.




Es un claro truco de guión que sea el conductor de la ambulancia el que ponga en marcha el coche una vez llegan a su destino. ¿Por qué él, una vez han llegado? Lo normal sería que dejara ahí al policía y la chica y se fuera, pero no es así, lo que permite la huida de los protagonistas para desgracia de los malotes.

El personaje de Eastwood es puramente hawksiano, un profesional de pura cepa que tomará como un reto personal que se cuestione si va a cumplir su trabajo. Un tanto machista, sus desprecios a la chica y su profesión serán habituales (ella es prostituta, o era). No será el único, todos los personajes masculinos la despreciarán, pero ella se elevará sobre esa inmundicia dignificándose categóricamente. Gus (Sondra Locke) es mucho más inteligente que su protector.

Poco después del cuarto de hora la acción se dispara, con esas pequeñas licencias tramposas de guión. Una persecución y peleas varias entre los dos protagonistas ponen la directa.


Es evidente que nuestro protagonista debería sospechar que alguien le está engañando desde dentro, desde el cuerpo de policía, porque si el coche que sólo él sabía dónde estaba y que usaría y la casa donde dice a su jefe que se oculta son víctimas de atentados, es para sospechar… La misma chica sospechará, advertirá que llamar para pedir ayuda a su jefe, el mismo al que llamó antes de que un ejército de policía apareciese para acribillar la casa en la que estaban, es arriesgado, pero el bueno de Eastwood es bastante ingenuo. El espectador puede que sospeche incluso antes de todo esto, pero Ben Shockley no se da por enterado… Por supuesto, la chica tendrá razón, y de una casa acribillada pasaremos a un coche acribillado, aunque por fortuna Ben hizo caso a modo de precaución y dejaron solo al policía que conducía.



La parte con el policía bocazas es buena, aunque éste es bastante cargante. Acabas deseando que lo aten, amordacen y dejen en la carretera, llevándose el coche y dejando ese lastre atrás. Un lascivo psicópata sin filtros al que Ben da excesiva cancha. Menos mal que está la chica para ponerle en su sitio.




Simpática broma con ese cartel que dice que "Dios da la vida eterna" tras ver cómo acribillan el coche de policía del bocazas.




La aparición de un helicóptero asesino no está justificada, al contrario que las anteriores, delatadas por el comisario Blakelock (William Prince), jefe de Ben. Como truco de guión es la afortunada aparición de los moteros para sacar a los protagonistas del desierto... Una escena de acción sacada de la manga (la del helicóptero), bien rodada, aunque arriesgada para nuestros protagonistas, saliendo a campo abierto y solitario para recibir los disparos desde el aire… Sería de esperar que si planean matar al agente desde el aire, el tirador fuera medianamente diestro, pero es un absoluto desastre, no dará una y mira que lo tiene a tiro… Por si fuera poco le acompaña un piloto medio ciego, que se come unos cables eléctricos para poner punto y final a la persecución.




El sexo está presente en la cinta, generalmente relacionado con el personaje de Gus, la chica. El lascivo policía que les lleva, los intentos de seducción de ella, el intento de violación en el tren, los trapos sucios que pretende ocultar el jefe de Ben

Ben deberá tocar fondo. Aprender a confiar en lo que desconfiaba y a desconfiar en lo que confiaba. Un momento retratado en un desierto, a la intemperie, entroncando con la naturaleza. Ahí se darán claves sobre la trama. Ahí se desenmascarará al villano de la policía. Ahí se dará un paso en la relación de la pareja.




La película entra en ritmo desenfrenado con la persecución del helicóptero y la paliza de los dos moteros y su novia a Ben y el intento de violación a Gus en el tren. Gus provocará sexualmente a los moteros para que Ben se recupere y dé buena cuenta de ellos.

No le pegarás a un mujer ¿eh?” Esta chica motera no ha visto ninguna película de Clint Eastwood, está claro.





Tras estas aventuras se ablandarán los corazones, como es lógico, y habida cuenta de que lo mismo están ante la última oportunidad, la parejita tendrá una pasional noche de sexo desenfrenado.

Son interesantes las reflexiones sobre la policía que hace Ben, su desprecio en la juventud hacia ella y su paulatino respeto según fue creciendo, hasta el punto de meterse en el cuerpo, comprendiendo su función. Esto pretende hacer más comprensible su decepción. Un discurso sobre sueños rotos y mitificados. Al mismo tiempo ella hablará con su madre contándole una bonita historia... de sueños posibles…



Ben, que es más bruto que un arado, anunciará su ruta a su amigo para que se la desvele a su jefe, esa ruta suicida en Phoenix que piensa recorrer a las bravas hasta cumplir su misión y encararse con el corrupto comisario.

La obstinación de Ben, su afán por darse a valer, su carácter decidido, muy de los personajes de Eastwood, contagiará a su compañera, que le demostrará la confianza que nadie parece haber tenido en él nunca, apostando a favor de aquella yegua a la que todos daban por perdedora (100 a 1), que en realidad era una apuesta a la propia misión de Ben.





El último tercio es para el momento más recordado de la película, el clímax con ese autobús tuneado, al puro estilo “Equipo A”, y dispuesto para recibir todo tipo de munición en el esperado tiroteo que acontecerá a su llegada a Phoenix. Lo recuerdo con cariño, pero no hay por donde cogerlo.



Una buena pajarraca se arma, con espectacular tiroteo en el que a nadie se le ocurre pegar un tiro a las ruedas o cebarse con la zona del motor, mientras el autobús avanza a paso de tortuga. Todo es tan interesante como absurdo, ya que no se acaba de entender qué pretenden los policías… Si es matarle, ¿por qué no interrumpen su paso y toman el autobús? Si no es eso, ¿para qué acribillan dicho autobús con el riesgo para la integridad física de sus ocupantes? Un clímax bastante surrealista.





Es asombroso lo que aguanta ese autobús, que está protegido y tuneado en la zona del conductor, pero lo demás… El caso es que los miles de proyectiles no alcanzan ninguna zona básica del automóvil, que sigue su curso a cámara lenta además, como vacilando al personal.



Una vez el autobús llegue a destino, cesarán los disparos, Ben y Gus bajarán, un tanto renqueantes, pero ninguno de los cientos de policías los detendrá, y eso que un segundo antes intentaban acribillarlos porque les dijeron que eran unos psicópatas peligrosos. El villano se volverá loco y Ben usará al abogado de escudo. Blakelock matará al abogado, que estaba contándolo todo ante la amenaza de Ben, intentará matar al propio Ben y cuando se le acaben las balas recibirá un disparo de Gus… Bien, todo este tiroteo y estos hechos sucederán ante unos impertérritos agentes, cientos de ellos, que rodean la escena… Como en los patios de los colegios ante una pelea… Alucinante.


Así que, viendo esto, la pareja emprende rumbo al juzgado. Muchas debilidades… Toda la trama es surrealista.

Un mediocre título de Eastwood, que factura un thriller entretenido, con buenas fases, sobre todo inicialmente, una idea para el clímax interesante, pero con demasiadas lagunas y aspectos sin sentido.


En lo positivo es una película bien dirigida, con ritmo, buena música de Jazz y aceptablemente interpretada, con una más que destacable Sondra Locke.