jueves, 25 de abril de 2013

Crítica: PROHIBIDO EL PASO AL NOVIO (1952)

DOUGLAS SIRK











Correcta comedia que básicamente va de la frustración de un marido por no poder tirarse a su esposa con la que se acaba de casar. Una multitud de surrealistas situaciones impiden que la pareja consume su matrimonio. Protagonizada por el estupendo Tony Curtis, que interpreta al desesperado y salidísimo marido Alvah Morrell, la cinta puede ser en ocasiones algo irritante, como suele pasar en las películas con este tipo de estructura donde se pretende algo que una y otra vez se trunca, la estructura de “el coyote y el correcaminos”, sólo que en comedia y con final feliz, por supuesto. 




Una pareja de recién casados se prepara para pasar la noche de bodas con urgencia, ya que él se va a ir a la guerra a la mañana siguiente. Un repentino sarampión provoca que Alvah tenga que irse al hospital quedando pospuesto el romántico y sexual encuentro. A su vuelta se sucederán todo tipo de circunstancias que impedirán a la pareja estar a solas un mínimo de tiempo deseable.




Piper Laurie interpreta a Lee Kingshead, la mujer de Alvah, un personaje poco decidido, interesado y totalmente abducido por su madre, resulta francamente desagradable en ocasiones de hecho, la pobre chica.

En líneas generales la película se ve con agrado y tiene momentos divertidos, pero en ocasiones produce irritación y da la sensación de que navega sin decisión y sin centrarse en un objetivo, vamos de la comedia más surrealista a ciertas ínfulas moralistas sobre la ambición y los monopolios, pasando por las referencias a la sociedad posterior a la guerra de Corea. Falta de cohesión o valentía para asumir un tono con lo que se queda a medias en todo.




Douglas Sirk, que comenzó su carrera en Alemania, llegó a Estados Unidos para realizar películas de intriga o negras, algunas de buena calidad y donde ya se insinuaba su talento para crear personajes complejos y de profunda psicología, con especial atención a los femeninos. Hizo sus pinitos en la comedia, para la que mostraba ciertas actitudes, aunque no hizo ninguna verdaderamente reseñable, como es buen ejemplo la que comentó. Luego pasaría a la historia como uno de los grandes directores cuando encauzó su carrera hacia el melodrama.

No room for the groom”, la película que nos ocupa, dista de ser una de las más personales, pero sí tiene algunas de las que serían señas de identidad, al menos en lo temático y en la concepción de los personajes, del autor.



Los personajes protagonistas de Sirk suelen luchar contra un entorno que les oprime y lleva la contraria, contra lo establecido y bien visto. El protagonista tendrá que mantenerse firme en su decisión ante la opinión contraria de todos. Aquí este aspecto está presente en un sentido más abstracto y surrealista. Tony Curtis se enfrenta a la familia de su esposa y a hacer lo que todo el mundo piensa lógico, vender su casa por un buen precio. No renunciará a sus principios y se mantendrá firme, algo que unas veces llevará al éxito y otras a la perdición en las películas de Sirk, según sea la posición del protagonista. Aquí siendo una comedia el resultado está claro.


 

La comedia empieza en tono ligero y llama la atención la falta de pasión de la chica, algo que sorprende en no pocas ocasiones en estas películas. Tony Curtis también se sorprende, de hecho parece un conejo cuando le dan las largas cada vez que se enfrenta a su chica y ésta se escabulle. Piper Laurie es una chica muy guapa con unos labios carnosos, se entiende que Curtis ande alterado.

La falta de decisión de Alvah para imponerse a la familia de su mujer y para dejar claro a ésta su lamentable actitud, se contrapone con su firme decisión de no vender su casa. Firme hasta el final, viendo que todo el mundo está en su contra, se rinde sin remisión, momento en el cual, como por arte divino, todo se soluciona. Son varios aspectos donde el destino o la mano divina se dejan ver. Una, en ese mencionado final que parece hacer entrar en razón a su mujer cuando Alvah se ha rendido, y otra en los momentos donde Alvah no logra estar a solas con Lee y cuando parece que van a poder compartir un momento íntimo rompe a llover. Lo cierto es que dicha lluvia no impide el encuentro, pero si propicia la búsqueda de la pareja, que es descubierta por un insufrible niño.




Los momentos en la casa de Alvah, esa casa invadida como si de una fuerza colonizadora se tratara por la familia de Lee, son en muchas ocasiones divertidos, pero de alguna manera en general se tiene la sensación de que se pudo sacar mayor partido, que se ha cedido a una falta de riesgo.


El personaje de la madre (Spring Byington), a la cual se coge manía bastante pronto, es un buen personaje, despreciable y egoísta y a la cual también le falta un punto para ser decididamente brillante. Su castigo, que no es tal, sabe a poco. 




Los momentos de enredo son lo mejor de la película, que en cuanto divaga con los embrollos sociales y la trama de la expropiación pierde bastante interés, e incluso te pone decididamente en contra de la mujer de Alvah, Lee.


Alvah en realidad sólo encuentra el apoyo de la tía Elsa, que parece la única sensata en aquella casa.

Por supuesto tendremos conversaciones de la pareja protagonista y la madre en una escalera, tan queridas a Sirk.



En definitiva, agradable, simpática, pero irregular. Al menos al final el bueno de Curtis logra consumar…




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