miércoles, 31 de octubre de 2012

Crítica: ABRAHAM LINCOLN: CAZADOR DE VAMPIROS (2012)

TIMUR BEKMAMBETOV









Mientras esperamos el “Lincoln” de Steven Spielberg, la película sobre el décimo sexto presidente de los Estados Unidos, nos toca conformarnos mientras con ésta otra aparición de tan ilustre personaje.

Mediocre cinta de acción y fantasía donde se ha convertido a uno de los presidentes más grandes de la historia de Estados Unidos, si no el más grande, en un cazador de chupasangres. La originalidad al poder. Esta vía da para mucho, quizá veamos a un Papa cazando zombis o a un pacífico Mahatma Gandhi intentando domar hombres lobo.


El mayor problema de la cinta es que no logra congeniar los aspectos históricos con los fantásticos en ningún momento, no encajan, el espectador no acaba de entender qué tiene que ver el contexto histórico y el tema de la esclavitud, por ejemplo, con toda la trama vampírica… y lo que es peor, que si intenta buscarle sentido puede acabar molestándose por la estupidez de todo, historia y personaje.

Hay una evidente simplificación y superficialidad tanto en lo que corresponde al contexto histórico, la esclavitud etc. como con respecto al personaje, pero esto, en una cinta de este tipo, es completamente secundario o intrascendente.


La película la disfrutarán todos aquellos que gusten de la acción “adrenalítica”, los salpicones de sangre y la violencia exagerada, eso sí, se trata de un gore light y una violencia muy asumible.

El otro gran defecto de la película es que lejos de lanzarse y explorar sin temor su estrafalario argumento, un Abraham Lincoln cazando vampiros, se toma todo demasiado en serio, lo que provoca el descacharre total. Un Sam Raimi en su estado más gamberro podría haber hecho con este argumento algo muy potable y divertido, potenciando el humor que la propia historia podría provocar, pero se ha preferido ir sobre seguro, timoratos, hacia una cinta tópica y mil veces vista sobre vampiros y sus cazadores.



Escenas de acción que, siendo lo mejor de la cinta, no llamarán especialmente la atención, recurriendo al manido efecto bala y cámaras lentas para dar un “look chulo”, humor ocasional bastante pobre, trasfondo frívolo e incoherente, progresión dramática completamente fallida en un guión poco elaborado y esquemático, personajes planos y sin fuerza, especialmente el protagonista (Benjamin Walker), y ni asusta ni tensa ni crea emoción.

Es decir, que mucho rollo pero no hacía falta usar el nombre de Lincoln para esta película, ya que no se aparta ni un ápice de cualquier otra similar del género donde un tipo se dedica a cazar vampiros, “Van Helsing” (Stephen Sommers, 2004), por ejemplo.

Ejemplos de mala progresión dramática y guión deslavazado, pues en las motivaciones del protagonista, se inicia como una persecución al asesino de su madre que se generaliza al resto de vampiros por la amenaza que suponen, pero se da el paso a la actividad política del personaje sin mayor desarrollo ni explicación, sin que se entienda nunca en qué influye todo eso en su lucha contra los vampiros y si aparte de dicha lucha contra los chupasangre le importa verdaderamente otra cosa al bueno de Lincoln. Eso sí, tiene un amigo negro de la infancia, al que ya defendió en su niñez, que lo muestra como un hombre que lucha contra las injusticias y suponemos contra la esclavitud, aparte de todo. Muchos saltos y trompicones en una historia que se sustenta, básicamente, en la sucesión de escenas de acción y encuentros con vampiros.



Los efectos especiales son buenos y tiene una notable espectacularidad, lógica por contar con un buen presupuesto, además tiene algunos aspectos interesantes de puesta en escena, pero nada especialmente reseñable.


La estética gótica, que tiene ciertos ecos al bueno de Tim Burton, productor de la cinta, es bastante potable, se relaciona en el inicio a los vampiros con las sombras, en clara referencia al expresionismo y al “Nosferatu” (1922) de Murnau.

 
Los golpes de efecto están a la orden del día, como es de suponer, sustos y apariciones repentinas como recurso habitual en este tipo de películas, como la aparición del primer vampiro tras ser disparado por Lincoln en un ojo.



Resulta interesante, de los aspectos dramáticos más rescatables de la cinta, la relación entre Lincoln y su amigo vampiro Henry Sturges, bien interpretado por Dominic Cooper. Un vampiro que lucha contra los vampiros como puede, ya que entre ellos no se pueden matar, y del que nuestro protagonista desconoce inicialmente su verdadero ser. Este aspecto resulta simpático ya que desde el principio sabemos que el bueno de Sturges es un vampiro, y en la escena en su casa las pistas salen por todos lados mientras nuestro ingenuo protagonista no se entera de nada. Veremos sólo su sombra al iniciar el descenso por la escalera, beberá ansioso un líquido rojo, que no resulta vino (momento subrayado por la música), y cuando apure su copa el ansia cesará, se pondrá protector solar… Vamos, blanco y en botella. Tras alguna conversación el mentor se decidirá a entrenarle, oponiendo poca resistencia  a las peticiones de Lincoln, bien es cierto. La relación es interesante porque ambos tendrán continuos choques y formas distintas de ver las cosas desde que Lincoln emprenda su caza a los vampiros, el mentor acabará por no dar ni un solo consejo bueno, hasta el punto que Lincoln irá a su bola prácticamente desde el inicio, sin que por ello se pierda la fidelidad entre ambos personajes.



Comprenderemos las motivaciones de Sturges cuando mediante un flashback nos cuente la desgraciada historia de su amada, muerta a manos de un estupendo Rufus Sewell, que además fue quién le convirtió en vampiro.


El verdadero poder no viene del odio sino de la verdad”.

También tendremos el obligado componente amoroso, Lincoln se enamorará y casará contradiciendo, como tantas otras veces hará, a su mentor, del que se alejará cuando conozca su secreto. Con todo tendremos chorradas de guión como ese arrepentimiento de su relación con Mary Todd (Mary Elizabeth Winstead), una vez está enamorado, en vez de anticiparse a la jugada…
Veremos esos pequeños apuntes biográficos que nos regala la película… ejem, como los estudios de derecho de Lincoln, algo de lo que intentará sacar partido su amigo negro, Will Johnson (Anthony Mackie), en su reencuentro. Nuestro futuro presidente va logrando un fiel grupo para sus propósitos. Guardará el hacha y se dedicará a las palabras. Y del derecho… derecho a la política.


Supongo que una de las escenas que más llamará la atención será la de la venganza de Lincoln con el asesino de su madre, Jack Barts (Marton Csokas), rodeados de caballos en estampida, caballos sobre los que se cabalga, se salta, se  tumban o saltan, a los que hay que esquivar o incluso a los que se puede lanzar estilo boomerang contra el enemigo… Completita y desfasada. Interesante fotografía en dicha escena.


Rufus Sewell realiza una buena interpretación, sacando partido a ese rostro tan inquietante que tiene sin mayor dificultad.

Otro personaje interesante es el del empleador de Lincoln, el que le contrata y da un lugar donde alojarse, Joshua Speed (Jimmi Simpson), un personaje que apesta a traidor, que el director se esmera en que parezca un traidor, con esos pequeños desplantes que Lincoln le hace (menciona a todos como “su familia” menos a él etc), para luego mostrarse como el más fiel de sus aliados. Hará las veces de deus ex machina en alguna ocasión, como en la escena en la que el malísimo Sewell, Adam, quiere convertir en vampiro a Lincoln.




Visitaremos Nueva Orleans.

Siempre me ha gustado ver lugares y edificios clásicos o no, antes de su creación o en proceso, lugares reconocibles por todos donde en esa máquina del tiempo que es el cine podemos verlos a medio construir. Hay una magia especial en todo ello y en esta cinta puedo disfrutar de algunos ejemplos, como con El Capitolio. Parece que han estado ahí siempre, pero hubo un tiempo donde no estaban. Lo mismo siento con el reloj de “Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985), y ni siquiera es un edificio famoso.

Buena escena la del asesinato del hijo de Lincoln, sin voz, con sólo una suave música, planificada de forma similar a la escena de la muerte de la madre. Escena pudorosa.

Como es de recibo la palabra “libertad” estará en la boca del bueno de Lincoln en todo momento durante la película.

Hasta que todos los hombres sean libres, todos somos esclavos”.


Las diferencias del matrimonio tras la muerte del hijo se mostrarán en ciertos detalles de puesta en escena, como esa larga mesa donde cena la pareja con cada uno de ellos en una punta. Esa lejanía se corregirá posteriormente para mostrárnoslos juntos en la cama, una vez reconciliadas sus diferencias. 

La parte final es para el derroche de acción, la recuperación del hacha del protagonista, su reinicio del entrenamiento… Ambos líderes, Lincoln y el vampiro Adam, serán mostrados en un encadenado con la misma postura, los puños sobre una mesa. El duelo mediante ese vínculo.




El clímax será exageradísimo, como mandan los cánones. La muerte de los dos vampiros principales, Adam y su chica, Vadoma (Erin Wasson), será a manos de los dos protagonistas respectivamente, Lincoln y su mujer, que usarán objetos personales e íntimos para llevarlas a cabo, el reloj familiar de Lincoln y la cadenita con la espada del juguete del hijo asesinado.


Acción, fantaterror light, salpicones de sangre, exageración y excentricidad para los menos exigentes.



6 comentarios:

  1. Pues esta para una tarde de domingo sin nada mejor que hacer, me motiva. No hay que pensar, se puede dormir uno a la hora de la siesta y si hace mal tiempo no está mal el plan.
    Al tiempo.

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  2. Para eso creo que es ideal Pablo jejeje

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  3. Estoy de acuerdo con la critica. Encuentro de muy mal gusto utilizar el nombre del presidente. Podian haber cogido otro nombre.
    Y por otro lado que he visto muxas peliculas de vampiros y esta deja muxo que desear. Saludos:)

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    1. Un saludo Anónimo, gracias por el aporte.

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  4. Una de esas películas sin las que puedo seguir viviendo.....

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