miércoles, 3 de agosto de 2011

Crítica: LO QUE EL VIENTO SE LLEVÓ (1939) -Parte 3/4-

VICTOR FLEMING



Entre las escenas memorables tenemos la conversación que padre, el oscarizado por “La diligencia” (John Ford, 1939) Thomas Mitchell, e hija mantienen sobre las tierras de Tara, que será el legado familiar y por lo que Escarlata luchará siempre. Todo culminado con un memorable plano de tonos rojizos, algo imprescindible en la reconocible estética del film y que suele siempre indicar futuros inciertos, aunque siempre lo son, propósitos. En el plano general que se aleja veremos un frondoso árbol que contrastará con el escuálido que veremos en la escena donde Escarlata pone a Dios por testigo. Esta escena tiene un salto de eje que ahora es muy moderno pero que en el cine clásico se consideraba un error de dirección.




Me gusta mucho el momento de la boda entre Escarlata y el hermano de Melanie, la mirada desconsolada y distraída de ella hacia Ashley en un plano general es de una naturalidad perfecta. También la aparición de Rhett tras el lanzamiento de un jarrón por parte de Escarlata, al ver frustradas sus intenciones seductoras.


Los soberbios planos generales y la puesta en escena en la desbandada general de Atlanta ante la llegada de los unionistas. Asombrosa y de una calidad que hace muchos años que no se aprecia en ninguna película por épica que sea. El manejo de multitudes y extras en la época dorada de Hollywood aún hoy sorprende, fascina y pone los pelos de punta.


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Toda la parte de Atlanta y la vuelta a Tara es absolutamente maravillosa, en una película donde la gran mayoría de escenas se han hecho míticas por derecho propio.



La huida de Atlanta y el incendio de ésta es otro de los momentos inolvidables de la cinta. El juego cromático de rojos chillones, la intensidad, la dirección y la fecha de realización de la película son algunos de los ingredientes que provocan la admiración incondicional al ver la escena entre los que aprecian esta obra maestra…y, seguramente, entre los que no. En ella veremos a Rhett Butler con traje blanco erigido en salvador, casi como un ángel beatífico. El beso en la despedida de Rhett, al decidir alistarse como auténtico defensor de las causas perdidas, y Escarlata es otro momento iconográfico de la historia del cine. Un beso envuelto en rojizos colores que vuelven a remitir a un futuro incierto, en ese momento más que nunca.



Más escenas inolvidables. Escarlata bajo un cielo anaranjado poniendo a Dios por testigo y su silueta junto a un árbol otrora frondoso y ahora sin hojas. El plano se aleja, la sublime música de Max Steiner sube y nosotros nos emocionamos y entusiasmamos sin reparo alguno.

La música se aplica como leitmotiv tanto de personajes como de conceptos u objetos, cada uno tendrá su tema, como la guerra o Tara. De hecho, el tema que suena en la escena anteriormente mencionada, y que sonará siempre que alguien la mencione, es el de Tara.

La integración de lo épico, el contexto histórico, lo general, con lo pequeño, lo íntimo, lo concreto, lo humano, es perfecta, de lo más grande con lo más pequeño, con lo difícil que es de conseguir.
Una película que habla de infinitas cosas. Además de las mencionadas, es una cinta sobre la confusión, la confusión a todos los niveles, la que crea la guerra, la que la produce, la que contamina sentimientos, la que los equivoca. La escena final, llena de niebla en el camino de Escarlata a casa, es espléndida. La niebla lo invade todo, confundiéndolo, pero de alguna forma es liberadora, purificadora, ya que es precisamente en ese momento cuando todo parece más claro. Es clarificador de esto la pesadilla que tiene Escarlata una vez se ha casado con Rhett, explica que busca algo pero no puede encontrarlo por la niebla, una niebla que lo inunda todo, y pregunta a su marido si alguna vez logrará saber qué busca. Al final, cuando corre a través de la niebla, sabe perfectamente lo que busca, busca al mismo que la acunó en sus brazos el día que tuvo aquella pesadilla.
Una película de contrastes entre personajes y situaciones, ejemplificado además en escenas como la boda seguida del duelo a su primer marido por parte de Escarlata, el luto de la protagonista en medio de una fiesta en la que acaba bailando…
Podemos ver también a actores como Ward Bond, un habitual de John Ford, o Richard  Farnsworth, que protagonizaría “Una historia verdadera” (1999) de David Lynch justo antes de morir.



 






4 comentarios:

  1. Una película llena de escenas memorables, es muy difícil elegir, dos de las que más me gustan son la conversación que nombras de Escarlata con su padre sobre la tierra roja de Tara y la otra es cuando se eleva la grua y vemos ese suelo repleto de soldados destrozados, memorable

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  2. A mí me acojana la peli entera...

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  3. Con acojonar te refieres a que ¿te gusta entera, que te da miedo o no te gusta nada?

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