martes, 20 de enero de 2015

Crítica: EL ÚLTIMO BOY SCOUT (1991) -Parte 2/4-

TONY SCOTT














Marlowe familiar.

Uno de los aportes más significativos de esta película a los tópicos habituales del género negro en su vertiente de detective clásico, es la incursión en la vida personal y rutinaria del personaje, su vida en familia, que en los modelos era inexistente en líneas generales. Momentos cotidianos que siguen definiendo personajes y relaciones. Hallenbeck cuestiona la educación que Sarah da a su hija, así como hará una demostración de su competencia detectivesca descubriendo al amante en tiempo récord. Una tapa de váter levantada, vaho de la ducha pero el pelo seco de ella…




Por Dios, Sally, le dejas ponerse tanto maquillaje que parece una puta cebra”.

-Sarah está encuadrada en esta escena en múltiples espejos de manera constante para retratar su falsedad y sus mentiras, especialmente mientras niega la presencia de un amante. Bajará la mirada reflejada en ellos ante las acusaciones y los datos. De hecho, Willis deducirá que el amante está en el armario, que es de espejos también, símbolo del engaño. Claro y conciso con arma en mano, su amigo Mike (Bruce McGill), el que le ofreció el trabajo por teléfono poco antes, no tardará en salir…




-Joe: … Y para tu información, a un montón de gente sí le hago gracia.

-Sarah: ¿Ah sí? Pues vive con ellos.

-Joe: No me tientes.

¿Calentándomela un poco, Mike?”. “Te has tropezado, te has resbalado en el suelo y por accidente se la has metido a mi mujer”. “Arriba o abajo”.



Un tenso plano general anuncia el nuevo impacto, el coche de Mike entrando el plano, Willis y un perro al fondo del encuadre, la explosión y la pelotita que perseguía el perro chamuscada en un gran detalle elíptico… En un cuarto de hora múltiples golpes de efecto muy seguidos, la locura de la estrella del fútbol americano, los cuernos, la explosión del coche de Mike, una sucesión frenética de hechos que resultan desconcertantes y mantienen pegado al espectador a la pantalla. Sorpresivos.




-Sarah mostrará su preocupación por Joe, no por su amante, un gran detalle de guión, y ambos mantendrán una conversación sobre lo acontecido que será un impecable cebo que tendrá un maravilloso eco al final de la cinta.

Scott encuadra a los dos en plano inicialmente pero según avancemos cambiará la planificación y aislará a los personajes, dejándoles solos en los encuadres en sus réplicas. Ella buscará el acercamiento, el contacto, la reacción de él, con lo que Scott volverá a incluir a ambos en el encuadre, pero desde la planificación de plano y contraplano.



Le han puesto una bomba”.

-Sarah: Nunca estabas en casa, me sentía sola.

-Joe: Cómprate un perro.

-Sarah: Yo no te odio, Joe, eres tú el que te odias.

-Joe: Claro, y consigo soportarme 24 horas al día.


-La resolución al conflicto familiar, su recomposición, es ejemplar. Esta la tendremos en la última escena de la película, tras el clímax, en una relajada secuencia donde se afianzan las relaciones. Un detalle es clave, el momento en el que la madre confirma la autoridad de Hallenbeck al corregir a su hija por hablar mal, algo inédito hasta ese momento, donde la mujer usaba a la cría como arma contra su padre, captándola como aliada y beneficiando las faltas de respeto a su padre que vimos. Es la recomposición familiar definitiva, tras la reconciliación materna, definiendo la jerarquía de la misma.




Trazos del thriller moderno.

Aparte de la citada estética típica del thriller de los 80 y 90, Scott recoge otras convenciones que se hicieron célebres en el género en esas décadas, en especial la del compañero novato de personalidad radicalmente distinta, como complemento y contraste que desarrolla una relación de amistad, camaradería, de tono entrañable y humorístico, fundamento último de las famosas “Buddy movies” (pelis de colegas), que tiene a “Arma Letal” como su principal referente.

No sólo aquí veremos esos retazos del thriller de la época, el jefe de policía comprensivo, que abronca y mima al protagonista, es otro ejemplo.


La película que Darian (Danielle Harris), la hija de Hallenbeck (Bruce Willis), ve en la televisión es, precisamente, “Arma Letal” (Richard Donner, 1987), para que veáis que no me equivoco con las relaciones… De hecho, el guionista de ambas películas es el mismo, Shane Black. En la escena que vemos, Mel Gibson está siendo torturado por Al Leong, que participó en “Jungla de Cristal” (John McTiernan, 1988) junto a Bruce Willis… Todo está relacionado. 


El colega de Hallenbeck será Jimmy Dix, interpretado por Damon Wayans, y su presentación será similar aunque más glamurosa que la de nuestro protagonista. De hecho ambos personajes tienen muchos paralelismos. Una persona acabada, un juguete roto que antes fue importante y ahora se siente vacío, un don nadie, al ser despedido de su equipo. Esta presentación será ante un espejo, tras acostarse con una chica que no es su novia, consumiendo pesada y culposamente drogas y hastiado de sí mismo. Es un Quijote, como Hallenbeck, defensor de causas perdidas, de damiselas en apuros… es otro boy scout. Él se siente ”el mejor lanzador de la liga profesional”, pero ha sido expulsado del equipo por asuntos de apuestas y drogas.





Nos reencontramos con “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) y su estética en el club de streap tease donde Hallenbeck se cruzará por primera vez con Dix. El encargo que Mike cedió al detective era un rutinario trabajo de guardaespaldas, la chica en cuestión, Cory (Halle Berry), es la chica del jugador de fútbol, precisamente. Música, neones, oscuridad, atmósfera neblinosa, duelo de miradas entre los machitos, Dix celoso al desconocer las intenciones de Hallenbeck, conversaciones varoniles y sensuales bailes de la Berry, el placer de ver a Willis encenderse otro pitillo… Bruce Willis es muy bueno.

  


El funky es una mierda. Te cobraré por aguantarlo”. “Las mujeres… tienen secretos… El agua moja, el cielo es azul, las mujeres tienen secretos… ¿A quién le importa?”. “Bah, era un cabrón”.

La conversación, en estricto plano y contraplano, con insertos del baile de Halle Berry, pasará a planos más cortos cuando se intuya un desafío, relajando la puesta en escena con un plano general cuando la tensión de ese momento disminuya. El veterano Willis provocará el joven jugador describiéndole y acto seguido le parará los pies demostrando quién manda.




He tirado mi copa de pis”.

Hallenbeck rememorará su pasado en un callejón, presidido por otro póster gigante, como el que vimos en su presentación, pero en este caso de un político al que protegía, un político al que agredió por pegar a una mujer, lo que le costó la carrera.




Una perfecta atmósfera para recrear un pasado perturbador, calles húmedas, humo, la noche, un lúgubre callejón, un detective solitario apoyado en un coche que recoge colillas del suelo, la violencia… Willis recogiendo una colilla antes de la agresión supone un gesto simbólico de su estado actual. Este entorno contrastará con el idílico en el que Dix está con Cory en ese momento, placer azul y “caricias pezoneras”, un paraíso para la pareja previo a la tragedia. Scott, el director de los azules y los naranjas.



Ella pretende darle un regalo de cumpleaños muy especial, devolverle su puesto en el equipo gracias a una peligrosa información que posee… Será la causa de su tragedia y el pistoletazo de salida a la investigación de la, aparentemente, incompatible pareja.




-Matón: No tengo nada contra ti.

-Joe: Eso te crees tú, tío. Anoche me follé a tu mujer.

-Matón: ¿Ah sí? ¿Y cómo sabes que era mi mujer?

-Joe: Me dijo que su marido era un chulo hijo de puta con sombrero.

-Matón: Estás muy gracioso para estar a punto de llevarte un balazo.

-Joe: Después de follármela me llevaría dos.




-Matón: ¿Dónde lo quieres, en el pecho o en la cara?

-Joe: Lo mismo me dijo tu mujer.

Con esta estética nocturna y tenebrosa la violencia tiene el caldo de cultivo perfecto y avecina un nuevo giro imprevisto, la muerte de Cory acribillada. Una puesta en escena algo forzada con todos los participantes en la matanza comportándose con torpeza. La violencia disparándose, el agua con especial protagonismo proveniente de una fuente rota, muy de los Scott, esteticismo, cámaras lentas para la acción…


Los agentes de policía completarán la historia y el pasado reseñable de Hallenbeck, su heroico proceder con el presidente y su quijotesco acto con el senador, mientras él se fuma un pitillo junto a Dix y charlan de banalidades afianzando lazos. Hallenbeck deduce que su amigo Mike le pasó el caso porque sabía que era peligroso, con lo que si moría él se quedaría con su mujer… Muy factible. En esta escena se completará el flashback que se inició en el callejón. Fragmentos de pasado para definir la personalidad de boy scout cínico y decepcionado, que no cambiará sus valores, del protagonista.




¿650 pavos por unos pantalones? ¿Y te los pones?”. “¡Qué viejo estoy!”.  Este diálogo proviene de una escena desechada de “Arma Letal” (Richard, Donner, 1987).

Eso lo ve todo el mundo”. “Porque sé cómo coño trabaja su mente, cada mentira tiene un 80% de verdad”.

Le partí cuatro dientes”.




Habrá otro flashback, tras el secuestro en su casa, donde veremos la escena en la que protege al presidente, algo que recuerda al atentado que sufrió Ronald Regan. En él se aprecia la admiración de su hija cuando era más pequeña, es el momento donde todo cambió, todo se truncó.








Aunque se negará a seguir con el caso, una vez muerta Cory su trabajo habría concluido, no podrá resistirse a lo que es justo, con lo que acompañará a Dix en su cruzada por saber qué ocurrió… Un boy scout hasta la muerte. Buen detalle que algunas fans interrumpan a Dix de vez en cuando. 



 






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