miércoles, 8 de agosto de 2012

Crítica: GRUPO SALVAJE (1969) -Parte 3/4-

SAM PECKINPAH







Los tiempos han cambiado”.

Con un encadenado pasamos del grupo de Pike al de Thorton, y éste nos mostrará su total admiración por el personaje interpretado por William Holden. Un Holden con muchos problemas con el alcohol, que fue lo que le acabó llevando a la muerte.

El encadenado posterior une los rostros de los dos antagonistas y amigos, otro detalle magistral que anticipa al flashback donde se nos contará algún importante episodio de la amistad y relación que ambos tuvieron. Este recurso del flashback, y su forma de usarlo, es muy de Leone, un director que salpicaba sus obras con flashbacks que definían a los personajes y daban claves básicas para la película. Flashbacks y encadenados sobre los rostros para remarcar un vínculo irrompible entre estos dos personajes, condenados a enfrentarse.


Asistimos en el flashback a la detención de Thorton, Ryan, y a la huida de Pike cuando los dos disfrutaban del dinero de un golpe. Thorton tenso y desconfiado, Pike tranquilo. Sorprendidos.

Magnífica reflexión sobre el orgullo entre Dutch y Pike, una conversación que pasa de planos medios cuando hablan en general y se permiten verlo como defectos de otros, a primeros planos cuando hablan de sí mismos y aplicarse el cuento. Siempre me admira el sencillo talento de los grandes maestros.


En México tenemos un tiempo de reflexión, de pausa, de preparación, el descanso del guerrero preparándose para la gran batalla final. Pike hizo cambiar la forma de hacer las cosas a los del ferrocarril, se siente orgulloso de ello, pero ahora se enfrenta a la que quiere que sea su última aventura.




Pike verá su liderazgo cuestionado en la escena de la caída de los caballos por una duna, al romperse un estribo al montar. Pike ve como se ríen de él en ese momento y mencionan su edad. Justo antes él había reivindicado la importancia del grupo, de mantenerse unidos, cuando uno de ellos está a punto de matar al más veterano por ser el causante de la caída de los caballos. Pike se recompondrá, subirá a su caballo y tendrá toda la solidaridad de Peckinpah, primero con la admirada mirada de Dutch y luego manteniendo un plano con un zoom a su espalda mientras se aleja.



En una escena posterior veremos una situación con muchos paralelismos cuando, en esta ocasión, es Thorton el que ve amenazado su liderazgo por la panda de inútiles que tiene a su mando y las bromas que le hacen. Una vez más paralelismos entre los dos personajes principales en detalles brillantísimos de puesta en escena y guión.

El código de honor de esa gente sin aparentes valores es resaltado en la conversación entre el veterano Freddie Sykes, interpretado magníficamente por Edmond O’ Brien, y Pike cuando le pregunta por su nieto. Pike cae en la cuenta de que ese nieto es el psicópata, que vimos al inicio, que dejó como custodio de los rehenes, al cual casi sacrificó, sintiéndose algo mal por ello. Lo único que le importará al anciano es si su nieto se portó valerosamente y no huyó. Ahí está el código de honor y de pertenencia a un grupo, casi su única guía. Un breve flash nos mostrará a quién se refiere Sykes.


Agua Verde, el pueblo de Ángel presentado con un plano de un escuálido perro que se abre en un zoom de retroceso. Se inicia aquí una de las escenas más recordadas y míticas de la película. Allí el grupo de Holden será informado de los conflictos políticos que asolan México, con Pancho Villa como protagonista. La llegada del grupo será observada, como en tantas ocasiones durante el film, por la mirada curiosa de una niña.


Un pueblo feliz, inocente, alegre… que tiene la esperanza de luchar contra la injusticia en la revolución que tiene lugar. También veremos a Ángel como un atormentado romántico que añora a su amor, que lo traicionó en cuanto pudo. La desmitificación del romanticismo.


Ángel sueña con el amor y Mapache se come el fruto”.

Todos soñamos con volver a ser niños, incluso los peores de nosotros… tal vez los peores más que nadie”.

Peckinpah presenta al pueblo mejicano como un refugio, un lugar idílico, paradisiaco, casi onírico e irreal.

La golondrina.


El momento de la despedida de Agua Verde es el momento más recordado de la cinta. Pura poesía de un lirismo extraordinario, donde la despedida acaba significando algo más que un adiós a unos amigos. De alguna manera sentimos que nuestro grupo se va para no volver jamás, que se dirige hacia una aventura de la que no regresarán. Esa magia intangible que produce la escena sitúa por si sola a Peckinpah en el Olimpo de los grandes.






Un paseo triunfal donde nuestros rudos protagonistas reciben gestos de cariño a los que están poco acostumbrados. Ver su turbación ante ellos no tiene precio. Nacidos en la violencia, estos gestos sensibles les tocan el alma a la vez que los desconciertan. Los gestos de la chica dándole una rosa a Dutch o el de la madre dando comida a Ángel son impagables. Todo enmarcado con la canción de “La golondrina”, una neblina y un entorno verde que hace tangible la magia, lo onírico.




El plano de una madre dando el pecho con una canana puesta y un zoom de retroceso que nos muestra el nuevo entorno donde se van a desenvolver nuestros protagonistas, es un brusco contraste con la escena que acabamos de contemplar. La presencia de un automóvil, otro signo del irrefrenable progreso que ha dejado fuera del mundo a esos pistoleros, nos sitúa aún mejor en la acción.



El amor brilla por su ausencia, el único que se ve, y además es correspondido, es el de los amigos. La pasión y los celos provocarán un conflicto con el poder representado en Mapache.

Un funeral y la planificación de un robo de armas a un ferrocarril. Todo en el mismo lugar, lo grotesco muy presente. Nuestro grupo de mercenarios trabajará para México y el traidor Huertas, como lo llamó el sabio del poblado de Ángel. No hay patriotismo, ni respeto por la vida, ni generosidad, abunda el desprecio por todo ello y el egoísmo. Falta de escrúpulos, afectos, ideales y vínculos como norma… salvo entre nuestro grupo de amigos. Unos mercenarios que tras ser recibidos acogedoramente en el pueblo de Ángel se pondrán a las órdenes de los que aquellos odian. Luego jugarán a dos bandas en una amoralidad total.


Todo se redimirá en un final majestuoso.

Ángel, como es lógico, y ya vimos de su pasional romanticismo, será el único que mantenga un idealismo y logre convencer al grupo para que ayude a su pueblo en su lucha.

En casa de Mapache el grupo se purifica en un ritual de vino y sexo, pero también de agua y sauna, así comenzará su redención, aceptando ayudar a Ángel dándole una de las cajas de armas que piensan robar.


Ryan se las ve y se las desea para lograr un grupo competente que logre capturar al de Pike. También conoceremos un poco del pasado de Pike, de cómo fue disparado por un marido celoso.

Durante toda la película hay referencias al retiro, son veteranos que siempre ven en el último golpe el definitivo… pero nunca llega.

La escena del asalto al ferrocarril es simple y llanamente puro cine. Sin apenas palabras, con una dirección soberbia, perfectamente estructurada y regulada, no perdemos detalle de nada, se sabe perfectamente dónde está cada personaje en cada momento en ese tren, construyendo un suspense de primer nivel. Un asalto que es puro ingenio e imaginación en todos los sentidos, con una puesta en escena asombrosa. Se le saca buen partido a la acción, a la tensión que produce el sonido del tren. Eso sí, podían haber dejado corriendo el tren hacia delante para despistar en vez de volverlo por donde vinieron, hubieran ganado tiempo. La pasión por la destrucción del ferrocarril podía más.


Son asombrosas las perrerías que se les hacían a los caballos antes, aquí no hay más que ver la escena de la explosión en el puente.


Sensibilidad peckinpahniana, el mismo que se rió de Pike por caerse al montar su caballo, justo después de que, dolorido, su jefe vuelva a montar, se acercará para ofrecerle un trago, una botella que sirve como comunión al grupo, relajar las preocupaciones y celebrar el éxito. Risas catárticas. Por el contrario Thorton se muestra impotente por la incompetencia de su grupo.


Otro momento excelente, eliminado por la censura en su momento, como tantos otros en la película, lo tenemos en la batalla que los hombres de Mapache tienen contra los villistas.

Peckinpah demuestra un absoluto desprecio por los cazarrecompensas y por los del ferrocarril, no tiene el más mínimo gesto positivo hacia ellos, en cambio lo tendrá hasta con los traidores a la revolución, representados en Mapache. Una soberbia escena donde el general heroico demuestra su valor y esa hombría que tanto gustaba en el western y a Peckinpah, ante la mirada admirada de un niño, otra vez un niño y éste de especial importancia en la trama. Dibuja así a un personaje despreciable con rasgos admirables.

El anticapitalismo de Peckinpah es evidente en su mirada a la gente del ferrocarril, especialmente al personaje de Harrigan, interpretado por Albert Dekker. No tiene compasión con ellos.

Un barrido y unos prismáticos que actúan de zoom, veremos lo que ven y luego a quién los usa. Pike y los suyos vigilan los pasos de Thorton, multitud de líneas narrativas abiertas.



La desconfianza siempre está presente en la película, nadie se fía de nadie y sólo vemos lealtades en el “grupo salvaje”, y eso que hay múltiples tensiones dentro de él. La lealtad entre Dutch y Pike es innegociable. Curiosamente el mostrarse leales a alguien les llevará a la perdición, asumida y buscada, es por ello que esa actitud de desconfianza constante está justificada. Basándose en ello Pike planificará la entrega de las armas a Mapache de tal forma que puedan asegurarse el pago del general. Una escena, la del pago, con gran tensión y multitud de recursos para lograrla.

Ángel también se mostrará honesto con sus compañeros pudiendo apoderarse de todas las armas con la ayuda de los de su pueblo.

La fotografía y el partido a los exteriores son magníficos.


Dedicada a Kufisto y Rústico que seguro se emocionan con la escena de la golondrina.








4 comentarios:

  1. FELICIDADES MAESTRO¡¡¡¡

    Ojala sigas durante muchos años diseccionando tan fabulosamente bien las peliculas.

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  2. Muchas gracias Taillon, si logro mantener seguidores como tú, lo haremos.

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  3. Tercera parte y subiendo, jodío22 de agosto de 2012, 0:01

    ¡¡¡Qué preciosidad!!!
    Y seguro que costó menos que el prometeus de los cojones.
    La golondrina hecha por el maestro Sam con la punta del nabo debería sonrojar a todos estos pseudo directores de ahora.
    Es lo que le falta al enorme Tarantino: poesía. Intenta ponerle algo de lirismo a su violencia, pero no le queda bien. Pero al menos lo intenta.

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