viernes, 8 de junio de 2012

Crítica: PACTO TENEBROSO (1948)

DOUGLAS SIRK









Perteneciente a la primera época americana de Douglas Sirk, en la que nos regaló varios títulos de intriga y misterio, de cine negro e incluso propagandístico, “Pacto tenebroso” es una especie de “Luz que agoniza” (George Cukor, 1944), menor.

Allison (Claudette Colbert), se despierta en el compartimento de un tren, parece turbada y desorientada, no sabe ni qué hace ni cómo llegó allí. Tampoco recuerda cómo la pistola que descubre llegó a parar a su bolso. Cuando el tren llegue a su destino llamará a su marido (Don Ameche), que había llamado a la policía para iniciar las misiones de búsqueda.

Con este atractivo punto de partida se inicia una intriga que va de más a menos, bien elaborada y donde el talento de Sirk se aprecia a cada momento.

Ameche y Colbert habían coincidido en esa obra maestra que es “Medianoche” (Mitchell Leisen, 1939), además de alguna otra película, aquí el tono cambia con respecto a la cinta guionizada por Billy Wilder y de la comedia pasamos al terror psicológico, el thriller.

Tanto Colbert como Ameche trabajaron varias veces con Sirk, la actriz en “Tempestad en la cumbre” (1951) y el actor en “Slightly French” (1949), ambas posteriores a la que nos ocupa. “Tempestad en la cumbre” es la que más similitudes guarda con ésta, otra cinta de intriga bastante interesante.


Pacto tenebroso” es irregular, ciertos lastres de guión o que hubiera títulos precedente muy brillantes y de más enjundia no son aspectos que jueguen a favor de la cinta, pero independientemente de esto se disfruta enormemente.

Estos lastes de guión son los que hacen que la película pierda fuelle, la falta de ambigüedad, ciertos trucos e inverosimilitudes para crear la intriga, acaban afectando a la evolución de la historia, pero el poderoso inicio y la buena labor de Sirk, con un uso magistral de las sombras, logran llevar a buen puerto la cinta.


Desde la primera aparición de Ameche sospechamos de él. El plano en contrapicado de una tortuosa escalera en la casa de la pareja protagonista se nos relaciona con la retorcida mente del personaje.
Como he comentado en otras ocasiones las escaleras en Sirk son casi vitales, siempre simbólicas, siempre importantes, para mostrar las diferencias entre personajes, conflictos, o simbolizar el tránsito, aquí remarca el carácter perverso del protagonista.

Como ejemplo de conflicto en una escalera tendremos la escena de la modelo en el estudio fotográfico con el propio fotógrafo al comienzo de la película.


La casa es sí es un lugar asfixiante y claustrofóbico, bien recalcado por la dirección artística, esa multitud de cuadros que decoran las paredes, los juegos con las sombras y la mencionada escalera… todo ello subraya el aspecto opresivo del lugar.

Sirk recurre a elementos mínimos y muy sutiles, pero siempre efectivos, para crear tensión, misterio y un aura onírica muy acertada. Un plano sobre un reloj que marca las 12 en punto es seguido por un suave travelling que nos muestra a Colbert sentada tranquilamente en un plano general, un día lluvioso y una cámara que parece espiar y esperar algo. Ese algo es la llamada de un guante negro a la puerta, es el fotógrafo que se hace pasar por médico. Sirk no oculta nada, desde el mismo inicio nos indica que algo se trama contra la buena mujer interpretada por Colbert.


En la entrevista entre el falso médico y Alison (Colbert), Sirk usará esos claroscuros tan preciados al cine de suspense, una ráfaga de luz  resaltará los ojos de la actriz en penumbra mientras el médico parece querer atemorizarla. La conclusión de la escena retoma esa atmósfera onírica tan acertada que emplea Sirk.

Un plano encadenado del supuesto médico y el cuerpo de Alison da paso a la siguiente escena. Una magnífica forma de relacionarlas.

Sirk recurre a varias escenas donde los trenes están presentes, por ejemplo la inicial ya mencionada. Este uso reiterado implica el tránsito vital de la protagonista, la evolución en una investigación para descubrir la verdad y a sí misma.


Ni que decir tiene que la dirección es absolutamente clásica.

Pasado el primer tercio de la película todas las claves se desvelan, esto acaba suponiendo un error de guión, un guión que por otro lado carece de ambigüedad y sutileza, ya que al mostrar todas sus cartas tan pronto hace perder fuerza a la narración, ya no nos intrigan los sucesos, ahora la cuestión será cómo se descubrirá algo que sucede demasiado pronto. No es imprescindible que el descubrimiento sea el final pero al insistir en escenas de manipulación del marido hacia la mujer éstas no tienen la misma fuerza ni impacto. Es el gran debe de la cinta. Una manipulación psicológica para poder tener vía libre con su amante es lo que busca el marido.


La segunda parte de la cinta es mucho más oscura y tenebrosa, la noche se erige en protagonista, lo que ayuda a crear un clímax de suspense mucho más acentuado con el buen manejo de las sombras que hace Sirk.

La escena donde Richard Courtland (Don Ameche), susurra en sueños a su mujer para que ésta se tire por el balcón, medio sonámbula medio hipnotizada, resulta muy forzada e inverosímil.



Tras el asesinato inducido frustrado volverá la luz, un nuevo día, y la sombra de Courtland deslizándose por las paredes, claro símbolo de muerte o asesinato. El chocolate es lo que usa el marido para dormir a su mujer. El plano de él sosteniendo la taza con el chocolate caliente, sólo vemos la taza y la cuchara dando vueltas sobre una Alison sentada, resulta verdaderamente aterrador, como el vaso de leche que sube Cary Grant en “Sospecha” (1941) para que se lo tome la dulce Joan Fontaine, escena y película que seguro influyeron en Sirk para esta cinta.


Bruce (Cummings) seguirá a Courtland y entrará en el estudio fotográfico, allí descubrirá al falso doctor de gafas llamativas. Cuando se quede solo un tren pasará por la ventana, como ya sucedió en una escena anterior en el mencionado estudio. La investigación está llegando a su parada.

Como curiosidad hay que mencionar la presencia de Raymond Burr, el mítico protagonista de “Perry Mason” o “Ironside”, como un detective. También veremos al galán Robert Cummings.


En el clímax final seguiremos la sombra de Alison, sus manos, casi en una cámara subjetiva que sigue sonámbula las instrucciones de Courtland, una vez más presagio de muerte. Como no podía ser de otra manera en el clímax y con la resolución la escalera tendrá una presencia importantísima, será escenario de las muertes que se producen.


En cualquier caso y pese a los pequeños lastres (las motivaciones del protagonista, Cummings, para su investigación son vagos y poco convincentes, aparte de la mala construcción del personaje, la boda oriental aporta poco, el tema de la hipnosis no acaba de resultar creíble…), es una obra entretenida con un villano inteligentísimo que encuentra que los rivales no están a su altura... por eso decepciona un tanto la conclusión.
 
Claudette Colbert destaca por encima de los demás miembros del reparto, no en balde Sirk ha sido uno de los grandes directores de actrices que ha dado el cine.


Película que va de más a menos y que a pesar de sus irregularidades es seguro que entretendrá al que apueste por ella, es lo que tienen los grandes directores, sus películas menos magistrales también resultan interesantes, incluso hipnóticas.





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