martes, 24 de septiembre de 2013

Crítica: EL DIABLO Y YO (1946)

ARCHIE MAYO











Original comedia protagonizada por Paul Muni, un magnífico actor que quizá no tuvo toda la suerte que mereció. Ganador de un Oscar en 1936 por su interpretación en "La tragedia de Louis Pasteur" (William Dieterle, 1935), será siempre un mito para cualquier cinéfilo de pro por su personaje en "Scarface, el terror del hampa" (Howard Hawks,1932) de Tony Camonte o por su papel en "Soy un fugitivo" (Mervyn LeRoy, 1932), que le valió una nominación al Oscar.


















Tuvo cuatro nominaciones a lo largo de su carrera. En esta ocasión interpreta a un gángster, Eddie Kagle, que recién salido de la cárcel es traicionado y asesinado por su socio. Esto nos lleva al infierno, destino de Eddie, como no podía ser de otra forma, donde Mefistófeles, un magnífico Claude Rains, hace un trato con él. El diablo quiere utilizarle por su gran parecido con el juez Parker, ya que éste goza del apoyo de Dios y puede quitarle muchas almas por sus nobles intereses. En contraprestación dará la oportunidad a Eddie de vengarse de su asesino.


Este planteamiento dará paso a situaciones divertidas y malos entendidos potenciando su carácter de comedia. Eddie poco a poco se irá transformando hasta llegar a la redención a través de sus sentimientos por la esposa del juez, interpretada por la estupenda Anne Baxter. Cabe achacarle a Muni un exceso de histrionismo en esta película, en su incorporación de ese personaje sin modales y acostumbrado a la violencia, pero que resulta eficaz en su vertiente cómica. Una interpretación muy del cine mudo.



La película mezcla así varios géneros, desde el cine de gángters a la comedia fantástica, pasando por el drama y la comedia romántica. Una fascinante mezcla que llega a buen puerto haciendo pasar al espectador un rato sumamente agradable.






La recreación del infierno al comienzo de la película es estupenda y más considerando que estamos ante una serie B. Un infierno donde los condenados se preguntan las causas de por qué están allí y se extrañan del olor y la temperatura con divertidas ocurrencias. Las interpretaciones son de gran nivel con la matización antes mencionada sobre Muni.



Son muchas las bromas y guiños al infierno y a su todopoderoso jefe, el Diablo, como ese genial momento donde Rains y Muni ascienden desde el subsuelo junto a un cargamento de pan y los encargados de recogerlo hacen comentarios sobre las cenizas y el olor a huevos podridos…




No se escatimará en juegos lumínicos expresionistas, sobre todo relacionados con el personaje demoniaco y a la vez seductor que interpreta Rains.

Su director, Archie Mayo, es bastante desconocido, cabe mencionar su trabajo en películas como "El bosque petrificado" (1936) o "Una noche en Casablanca" (1946) de los hermanos Marx. Tocó la comedia, el cine negro e incluso el terror y en "El diablo y yo" tenemos una mezcla de todos estos estilos. La gran virtud del film es que en ningún momento esa mezcolanza hace que el resultado final se resienta.



El diablo y yo” es una película sobre segundas oportunidades y redención, un criminal deseoso de venganza acabará convertido en alguien noble gracias al amor. Postulados muy rousseaulianos se intuyen en la cinta, donde el entorno acaba siendo definitorio de las bondades o maldades del protagonista. En este sentido es interesante la relación a tres bandas entre el juez, su inconsciente mujer y el gángster que posee el cuerpo del primero, ya que ella se enamorará también de la personalidad del redimido forajido.

Uno de los momentos más significativos de la evolución de Eddie (Paul Muni), es cuando Mefistófeles deja en bandeja que mate a su asesino y cumpla su venganza, pero él se niega a hacerlo con el otro dormido para que todo acabe con un accidente, con Smiley (Hardie Albright), el asesino, cayendo por la ventana. Esto frustrará a Mefistófeles, ya que ese acto condenaría al juez y en cambio lo que hace es redimir un poco a nuestro protagonista.


Eddie, enamorado, deberá hacer un acto de renuncia, un sacrificio abandonando a su enamorada, a la que ayudó y protegió para volver con Mefistófeles al infierno. Con ello permitirá que Barbara (Anne Baxter), pueda vivir su vida soñada, la que nos contó en la bella escena donde ven la casa de sus sueños y futura vida juntos.
Cabe preguntarse hasta que punto Barbara es consciente de la suplantación, si lo es o no y en caso de que lo sea qué personalidad prefiere. Una interesante ambigüedad aunque en teoría la buena mujer no debe saber qué ocurre con seguridad y achacarlo todo a un trastorno pasajero en su novio y futuro esposo. Al menos espero que así sea.

Anne Baxter está también estupenda en su papel de enamorada desorientada que mantiene la ambigua relación comentada con la doble personalidad del cuerpo de su novio. Angustiada por los cambios de su chico al inicio, pero luego saboreando dichos cambios con agrado. Grandes elementos de un guión con muchos detalles.

El final es espléndido, de un romanticismo exacerbado en el acto de renuncia del protagonista, que se funde con un excepcional sentido del humor, ya que el bueno de Eddie logrará tener la sartén por el mango para chantajear a Mefistófeles, que en el rostro de Claude Rains resulta de una ambigüedad y complejidad muy conseguidas, tan encantador como malvado, aunque en el fondo simpático. Eddie devolviendo el chantaje a su jefe. Este final renuncia a la redención definitiva que lleve a Eddie al reino de los cielos, lo que es un gran detalle de guión. Un guión conseguido y travieso.


El trabajo de Claude Reins es de lo más destacado de la cinta, realmente bueno, un extraordinario actor que hace una perfecta incorporación de Mefistófeles

Todos los aspectos técnicos están a un gran nivel y dan como resultado un producto que logra su propósito de entretener y divertir. Pero sería injusto tratar esta película de manera tan superficial ya que como mencioné todos sus aspectos están muy trabajados y conseguidos, ofrece mucho más que un mero entretenimiento. Una cinta sobre el perdón, la madurez, el amor, la renuncia, el sacrificio, las segundas oportunidades, la bondad y la maldad.



La evolución de Eddie hasta su redención está bien llevada aunque su tono trascendente en la parte final, como si adquiriera una sabiduría algo pedante, queda excesivo. La película, por tanto, no creo que defraude a nadie ya que es más de lo que podía suponerse.

Da gusto encontrar películas desconocidas con tanta originalidad, sin pretensiones, que aciertan en todo lo que proponen y hacen pasar un rato agradable lanzando mensajes con talento y sabiduría narrativa. Es el poder del cine clásico, que siempre tiene una joya tras la puerta, donde menos te lo esperas.

Muy recomendable.




4 comentarios:

  1. Y lo que me gustan los destalles expresionistas en B/N que consiguen crear con elementos muy humildes sensaciones adecuadas.
    La importancia del diálogo, del humor, del entretenimiento con inteligencia.
    Será B. Pero por lo q dices, b de buena.
    Gracias por traerla y comentarla con ese toque tan Sambo.

    Besos, sensei!

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    1. Creo que te gustará, si la ves ya me dirás!!! Besos Reina.

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  2. Hablando de peliculas romanticas si tal el genio de la lampera me concedes un deseo me gustariia que hicieses una critica de Peter Ibbetson la pelicula mas romantica habida y por haber, que hubiese podido ser de una cursileria insoportable sin el golpe de genio del productor que escogió para realizarla a un director de western y peliculas de accion (Henry Hathaway) el cual le dio la dosis de limon que requilibraba el almibar del escenario lo cual se tradujo una obra maestra.

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    1. Por supuesto JFM, apuntada queda y la haré. Esta película era muy del gusto de Buñuel y una de las obras de arte de Hathaway, director por el que tengo gran cariño, aunque creó que era un insoportable dictador en los rodajes jaja

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