sábado, 28 de septiembre de 2013

Crítica: AFTER EARTH (2013) -Parte 1/2-

M. NIGHT SHYAMALAN











Shyamalan es un caso clásico, un director que adquiere gran prestigio y del que se esperan grandes cosas, pero que llegado un punto no para de decepcionar. Los cinéfilos mantienen siempre la esperanza de que en su nueva obra regrese la inspiración, sus seguidores más acérrimos siempre ven cosas interesantes y dignas de elogio y el resto se va desencantando paulatinamente hasta perder el interés. Así está el director en estos momentos, sólo defendido por sus más entregados seguidores y con la mayoría del público decepcionado con su obra en general. Con “After Earth” nos vuelve a decepcionar, una cinta insustancial, insulsa, que repite muchos de los conceptos que están lastrando parte de su obra y esquemas de películas que no están entre las más destacadas. “After Earth” calca la estructura de “El bosque”, que si bien no es lo peor que ha hecho el realizador, tampoco es lo mejor, ni mucho menos. “El bosque” en versión scifi. Un calco que podría se extensible a otras obras más inspiradas en ciertos aspectos, pero esto ya lo comentaré. El hecho es que la cinta es un entretenimiento con ciertas ínfulas que se olvida pronto y deja con mucha hambre. Insatisfacción plena.



Dicho esto hay que seguir manteniendo que si bien Shyamalan es un guionista discreto, como director tiene indudable talento, indudable talento visual del que deja constancia casi siempre. “After Earth” no es una excepción.



Volvemos a entrar en un mundo futuro donde la Tierra es un paraíso destruido. El hijo de Will Smith, Jaden Smith, interpreta a Kitai Raige, y será su voz over la que nos introduzca en dicho mundo. Esto nos lo cuenta en un estado casi de inconsciencia, tras el accidente que veremos posteriormente, con lo que la introducción nos lleva a un flashback. Aquí volvemos a ver una de las constantes del último cine de Shyamalan que ciertamente lo hace algo cansino y demagogo, sobre todo por la brocha gorda que aplica, ese ecologismo insistente. La naturaleza, su defensa, está muy presente en el último cine del director, algo muy loable, pero que resulta pesado en esa insistencia donde simplemente se limita a decir que nos estamos cargamos el planeta y todo lo malo que pasa es por culpa de ello. Lo que no puede negarse es lo bien que filma esa naturaleza. “El incidente” (2008), “El bosque” (2004), “La joven del agua” (2006), “Airbender, el último guerrero” (2010)… La naturaleza a veces será positiva y otras amenazante, pero siempre bella. Los planos donde vemos como las hojas se retraen para guarecerse de la helada son buena muestra de esto.


Así que la humanidad se ha visto obligada a emigrar a otro lugar, guiados por los rangers, para poder subsistir. Nova Prime. Allí nos encontraremos con unos alienígenas que tenían unos monstruos ciegos, Ursas, para acabar con nosotros, una nueva amenaza que cesó gracias a Will Smith, Cypher Raige. Los monstruos son ciegos pero nos detectan por las feromonas que segregamos al tener miedo, como Raige no lo tenía en absoluto mostró el camino para acabar con ellos. Fantasmación. Para un Ursa es invisible. También habría que debatir sobre quiénes eran los alienígenas en Nova Prime, si los que nos lanzaban los Ursas o nosotros mismos.


Ya de inicio Shayamalan se pone trascendente, la ausencia de miedo es la clave para acabar con los enemigos, con lo que el viaje de iniciación y maduración al que vamos a asistir tiene unas coordenadas claras.

Tres años después retomamos la historia que será el grueso de la narración. Kitai es un aspirante a marine, concienzudo y aplicado, sobresaliente en las clases pero al que la instrucción no se le da del todo bien. Su mayor aspiración es homologarse a su padre, situarse a su altura, ya que es el icono más respetado de los rangers, el primer hombre que se hizo invisible a los Ursa. De esta forma pretende conseguir su aceptación y sobre todo su interés. 

La rigidez en las formas militares, la disciplina y la obediencia, sobrevuelan todo este inicio, rigidez que también se aprecia en la puesta en escena. Todo esto vendrá personificado en el personaje que interpreta Will Smith, recto y casi robótico.


La decisión del instructor de no hacerle ranger todavía será un foco de conflictos en casa de los Raige. Allí se sentarán los fundamentos de esta relación padre-hijo. El hijo presumirá de sus logros, se comparará y desafiará a su padre, pero se frustrará por no haber conseguido su propósito con el que pensaba se acercaría más a él. El tono robótico del padre contrastado con la visceralidad de su hijo. Todo ello no oculta la evidente y enorme admiración del hijo hacia su padre, de ahí su lucha por ser como él. La relación entre padre e hijo es simpática en el contraste, uno seco y serio, el otro más alegre y emotivo.


Una de las grandes escenas de la cinta es la íntima conversación que Will Smith mantiene con su mujer, Faia Raige (Sophie Okonedo). Uno manifestará su decisión de jubilarse para centrarse en la vida familiar y la otra la necesidad que tiene su hijo de un padre, no de un superior. Esto desembocará en el viaje que emprenderán padre e hijo con la intención de unir lazos. Es muy interesante como la mujer va bajando las defensas del robótico ranger, haciéndole entender.



Un último viaje antes de la jubilación. Sería eterna la lista de películas donde tenemos un personaje que acomete una última aventura, o caso, antes de su jubilación. Por supuesto Kitai quedará encantado con la idea, supone un orgullo y un reconocimiento, se siente aceptado, que su padre le vea digno de acompañarle en un viaje lo supone todo para él.






Shyamalan recurrirá a cierto expresionismo en el flashback que episódicamente vincula a un recuerdo de Kitai, la muerte de su hermana, Senshi Raige (Zoë Kravitz, hija de rockero Lenny Kravitz). Una puesta en escena algo rígida también y jugando con el segundo plano. Los flashbacks de la hija serán un vínculo y un recuerdo que une a padre e hijo, ambos la recordarán. La muerte de su hermana genera un sentimiento de culpa en Kitai, la raíz del miedo, su superación final será el paso definitivo en su madurez.


Moby Dick.

La obra de Herman Melville será recurrente durante toda la película, citándose en numerosas ocasiones y con paralelismos con la misma. Los hijos citan el libro para acercarse a su padre, como una forma de vínculo, ya que a Cypher (Will Smith) le gusta mucho el libro y además le recuerda a su hija. Un libro que leía con ella y que ahora es su hijo el que lo lee para acercarse a él.

La película desarrollará la evolución del personaje de Kitai, el personaje principal, su vulnerabilidad, miedo, progresión y paso a la madurez. El primer signo lo tendremos en su fracaso a la hora de ser ranger, su frustración, luego veremos como el Ursa que llevan en la nave en su viaje para practicar la fantasmación detecta su miedo enseguida. Una vez se llegue a la Tierra por un problema con la nave al verse inmersa en una tormenta de asteroides, un lugar inhabitable para los humanos ya, deberá  asumir un viaje de iniciación obligado, de madurez, donde de la debilidad y el miedo pasará al sacrificio, la lucha y la búsqueda de sus límite para lograr sus objetivos, salvar su vida y la de su padre.


El choque y el accidente dejan momentos de cierta espectacularidad. Tras el accidente la relación padre-hijo seguirá una evolución en dos vías, la emotiva por su relación de sangre y también la militar, por ser la más adecuada en esa situación. Allí tendrán que poner en orden sus circunstancias, su estado y definir la misión, algo de lo que se encargará Cypher. Su hijo debe ir solo para lanzar una baliza que se encuentra en la parte de atrás de la nave, situada a 100 kilómetros de distancia, para ello deberá llevar material y equipo adecuado, como unas dosis de inhaladores de filtración de aire, de las que se tiene que tomar una cada 24 horas, y que le permitirán adaptar su cuerpo a la atmósfera terrestre.



La estructura es un viaje multiplicado, el del inicio, el de la relación padre e hijo, el que emprenden con la nave y el que deberá acometer el hijo en solitario hacia la baliza.

Esencia de Shyamalan.

Es aquí donde los paralelismos con “El bosque” no es que se hagan evidentes, es que son calcados. Cypher (Will Smith) está inmóvil, las dos piernas rotas y una de gravedad, con lo que el joven está solo. Además el padre irá agonizando poco a poco, viéndose mermada su resistencia por la pérdida de sangre, que no logra contener. Los agonizantes son comunes en el cine de Shyamalan, Bruce Willis en “El sexto sentido” (1999), Joaquin Phoenix en “El bosque”, Will Smith en ésta o uno de los hijos en “Señales” (2002) por ejemplo.



Así, con este planteamiento entramos de lleno en lo que era “El bosque”, con la diferencia de que en aquella sólo se dedicaba la parte final y aquí es el grueso de la narración. Un joven debe intentar salvar la vida de su protector agonizante haciendo un viaje casi imposible para conseguir medicinas o lanzar un mensaje… Aquí observamos otra constante del cine de Shyamalan, el uso de la infancia y los niños. Esta estructura también se repite en “El sexto sentido” pero con un viaje y una salvación interiores para los personajes de Bruce Willis y Haley Joel Osment. Niños hay en “El sexto sentido”, “El bosque”, “La joven del agua”, “Airbender, el último guerrero”, “Señales”…


El que emprende el viaje siempre es el joven, puro de corazón, inocente y tremendamente vulnerable en apariencia, enfrentándose a un entorno hostil que aparentemente se le hace grande. Todos ellos además tienen una especial peculiaridad que les hará triunfar, haciéndose fuertes ante ese entorno hostil y esa misión imposible. Un ciega, un chico que ve muertos, un joven cadete de grandes cualidades… Estos jóvenes lograrán vencer al entorno que los amenaza y siempre lograrán su propósito, como si de un viaje iniciático o de madurez se tratara, cuentos en los que la infancia puede ser interrumpida. La infancia pervertida o interrumpida como tema del director, la pureza como vehículo de superación.


 




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