martes, 10 de enero de 2017

MY CHEMICAL ROMANCE: The Black Parade (2006)











Buen pelotazo dieron estos chicos de New Jersey, cuna de talentos de todo tipo, especialmente rockeros (Bruce Springsteen, Bon Jovi), a principios de 2000, llegando a su máximo apogeo en 2006 con la publicación del disco que nos ocupa, “The Black Parade”, una magnífica y original obra de Rock dramático, excesivo y ampuloso.

Luego la cosa decayó, hasta que en 2013 anunciaron su separación.

My Chemical Romance” realizan una fusión muy interesante y rica de la ampulosidad, lirismo y orquestación de unos Queen hipervitaminados y hardrockerizados, mezclados con el Modern Rock de unos Simple Plan o Muse y el Punk-Pop o Power Pop de Offspring o Green Day, desde una visceralidad exacerbada y un sentido del exceso dramático y las armonías extraordinario.



Mezcla de melodías y ritmos, armonías instrumentales y de coros, superposición de líneas melódicas, cambios de ritmos ligados a cambios de género... Una riqueza musical y melódica de amplio espectro rockero. Un barroquismo musical, un estilo gótico, incluso en su look, que está muy logrado. Un estilo grandilocuente y barroco de épica orquestal y ampuloso aliento sinfónico.

Sus grandes melodías encuentran su éxito y razón de ser, su misma esencia y triunfo, en el exceso orquestal. Un estilo muy teatral, de Ópera Rock, muy acorde con la propuesta y concepto del disco.

The Black Parade” es un disco conceptual, como lo eran los anteriores, que narra la historia de un enfermo de cáncer llamado “El Paciente”, que reflexiona sobre su vida cuando ve aparecer a la muerte en un desfile. En un principio, el cuadro barroco “La caída de los condenados” de Rubens iba a ser la gran inspiración del álbum, pero el concepto infernal cambió para convertirse en una reflexión sobre la vida y la muerte.



Los Queen, Pink Floyd o unos Valentine en ese sinfonismo, junto a sus reconocidas influencias MC5, Black Flag, Morrissey, Misfits o Teenage Fanclub... Muchísimo más ricos que unos Simple Plan, que lideraron el Modern Rock a principios de 2000, ligados más a unos Muse que a aquellos, son algunas de las múltiples referencias que pueden venir a la cabeza al oírlos, en una mezcolanza y amalgama que funciona bastante bien en su estilo.

Con “The Black Parade” alcanzaron la cima de su éxito, con más de 3 millones de discos vendidos y el beneplácito de la crítica, aunque su mayor accesibilidad les granjeó más detractores (pasa siempre con el éxito). Incluso el cantante, Gerard Way, llegó a decir que quizá había cedido a las masas con el álbum. Lo cierto es que supone la sublimación de un estilo.

Las variantes melódicas sobre la melodía principal son un aspecto muy usado por el grupo. Hay mucha producción, clave para lograr esa ampulosidad y relleno sonoro característico del grupo. Los finales con coros en armonías o definiendo la melodía sin más son habituales.



La edición en Cd es soberbia, guardando perfecta coherencia con el estilo del disco y su esencia, que se mantuvo en los videoclips. Un blanco y negro tétrico y a la vez festivo. Un vestuario en negro que se asemeja al de los Beatles en Sgt. Peppers Lonely Hearts Club Band.

La recuperación de los temas, es decir, cuando la canción se toma una pausa y va retomando la intensidad, es uno de esos detalles que merecen mucho la pena en las composiciones del grupo.

Una gran obra de descarada creatividad y ejecución, donde juventud, madurez y riqueza de influencias se dan la mano en perfecta comunión. Un disco atrevido que no teme a su exceso, que se encuentra cómodo en él.



Gerard Way a las voces, Ray Toro en la guitarra principal, Frank Lero en la guitarra rítmica, Mickey Way al bajo y Bob Bryar en la batería. Como curiosidad, mencionar que Liza Minnelli es vocalista invitada en el tema “Mama”.



-The End: A modo de introducción, este tema marca las pautas de estilo del disco. Un sonido de máquina de hospital que toma las constantes hace renacer a unas acústicas y una melodía que mezcla lo desnudo con lo grandilocuente, cambios de ritmo, ampulosidad festiva y garra rockera con coros barrocos. Una perfecta toma de contacto yendo de lo acústico a lo eléctrico, de la solitaria voz a los coros, de la melodía desnuda a la orgía sonora…

-Dead!: Y sin solución de continuidad pasamos a un trepidante y vibrante tema rockero de ritmos desenfrenados y una guitarra solista abriendo paso a la voz. Juegos de voces característicos y estribillo a coro gozando de su festivo barroquismo dramático y lúdico a la vez. Modern Rock de primera categoría, muy superior a lo que harían luego “Simple Plan” de un modo más básico. Festivo es también el solo de guitarra, una particularidad que no suele darse en el Modern, que nos presenta otro cambio melódico de barroco jolgorio y armonías vocales con coros entremezclándose, una de las características más llamativas y gustosas del grupo. Un gran final.

-This Is How I Disappear: Otro gran tema enérgico y lleno de intensidad dramática. Menos lúdico que el anterior, más dramático, como digo, y con todas las constantes de estilo del grupo. Siempre manteniendo ese sonido Modern. La latente intensidad con una batería deseosa por estallar revienta en unos trepidantes riffs guitarreros y una percusión histérica que te hará saltar. Los ritmos se mantienen pero las guitarras rebajan su fuerza para ceder protagonismo a la voz principal. Gran juego de los ritmos guitarreros. Estribillo pletórico y largo con toda la ampulosidad sonora típica del grupo. Tras el segundo estribillo pasamos por una estrofa suave de transición con final chillón y desgarrado que desemboca en una magnífica estrofa en forma de variante sobre la melodía principal, otro rasgo distintivo. En los estribillos del clímax recuperamos los juegos y armonías de coros con melodías superpuestas. Estupendo.

-The Sharpest Lives: Un tema muy melódico, aunque inundado de la típica producción recargada del grupo. Impaciente inicio, latente. Percusión acelerando ladinamente en una progresión incesante camino del estribillo rockero de estupenda melodía. Juegos vocales en el reinicio de las estrofas, el puente y la recaída en el estribillo. Solo agudo y psicodélico de guitarra acompañado de coros y mucha producción. El estribillo se desboca hacia una parte final trepidante con la voz principal dejándose llevar y definiendo la melodía del tema en otra estupenda conclusión.

-Welcome To The Black Parade: El gran tema del disco y uno de los grandes temas rockeros de la década de 2000, elogiado hasta la saciedad y que está en lo más alto de las listas realizadas por las revistas más conocidas. Una de las canciones con las que se recordará al grupo. Cambios de ritmo, lirismo orquestal, acompañamiento recargado, superposición de coros y armonías de todo tipo… Un piano suave inicia la preciosista y sensacional melodía de este barroco, recargado y extraordinario tema que sublima el estilo del grupo. Batería casi militar se añade. Una guitarra y el sintetizador. Todo crece. La orquestación haciéndose cada vez más barroca hasta que la batería se desfoga una vez definida la melodía y los coros se desgañitan. Majestuosa introducción. Preludio para un brutal cambio de ritmo que de la solemnidad y el lirismo nos lleva al Modern Rock. Ritmos acelerados y melodías lindantes con el Punk-Pop y el Modern Rock que se sublima en un esplendoroso y glorioso estribillo. Unos Queen punkerizados. Tras el paso por el segundo estribillo entramos en una estrofa igualmente trepidante y alternativa, que descansa en la solemnidad del principio y el solo de guitarra haciendo armonías. De nuevo en el estribillo con los teclados por todo lo alto llegando a un final realmente lírico y extraordinario repleto de armonías y coros entrelazados. Un espectáculo.

-I Don’t Love You: Un tema más lento, entre el medio tiempo y la balada poprockera. Acompañamiento melódico de guitarra y cadencia lenta de ritmos. Estrofas sucediéndose y creciendo en fuerza hasta llegar al sentido estribillo en el que no faltan sutiles coros. Gerard Way lo da todo, como de costumbre, en su exagerada interpretación. Solo de guitarra tras el segundo paso por el estribillo y parón con recuperación drástica del tema para rematarlo con una desgarrada ejecución del estribillo. Una bonita canción, más contenida que otras por su tono más tranquilo y sentimental, pero que conserva el estilo característico del grupo.

-House Of Wolves: Un tema macarra y Punk, con sus dosis de melodía gamberra en el estribillo y el desenfreno habitual con una entregada ejecución. Así vamos pasando de estrofas a estribillo, que se alarga cada vez más, enriquecido con armonías de guitarra punteando frenéticamente. Un trallazo sin concesiones en tres minutos.





-Cancer: Bonita balada a piano, que desgrana su primera parte sin más acompañamiento. Luego la percusión, los coros y el resto del potencial melódico del grupo van incorporándose, elevando y haciendo crecer en intensidad al tema, convirtiéndolo en una bella y corta Power Ballad. Emotiva canción.



-Mama: Inicio vacilón y creciente, que estalla en otra bomba dramática y melódica en el poderoso estribillo. Estrofas muy teatrales y originales, que le dan un toque muy especial y a la vez coherente dentro del conjunto al tema. Los estribillos son rupturas drásticas con el resto de las estrofas, potentes y contundentes de ritmos pesados. Pasada la mitad del tema todo cambia, las estrofas se hacen salvajes, los ritmos cambian, se hacen pesados y psicodélicos para una transición realmente contundente. Variantes melódicas en el último tercio de un tema alocado y cambiante, característico del grupo, que escenifica el carácter dramático y teatral del mismo y su estilo, vagando de la comedia al drama. Curioso y acertado.

-Sleep: A pesar de los chillidos enfáticos de Way, sí tiene un deje nocturno esta canción que empieza con un suave piano y un sonido radiofónico. Una oscura épica tiene su melodía. Ritmos entrecortados marcan el cambio junto a las trepidantes guitarras. Primeras estrofas, puente con mayor acompañamiento y otro estribillo bastante conseguido, donde esos ritmos entrecortados sobresalen junto a unas poderosas guitarras. La calma llega tras el segundo estribillo, sucedida de una excepcional recuperación que nos lleva de nuevo al estribillo, sencillo y desgarrado. El final, con sonidos distorsionados y gritos desaforados, es puro desgarro, entregados al acompañamiento instrumental. Certero.

-Teenagers: Guiño al Rock más clásico con un tema que vuelve a acertar con el tono y la atmósfera. Asombra la facilidad del grupo para ello manteniendo su estilo. Tono jovial, lúdico y casi frívolo en homenaje al mundo juvenil. El estribillo es un éxito. Pura diversión. De nuevo en estructura creciente. La voz junto a una guitarra llamando a la percusión, subiendo el tono y con el acompañamiento en pleno sumándose. Estribillo pletórico cantado a coro. Sentimiento gamberro de juventud desenfrenada. Calma retomada y nueva ruptura para otro estribillo. Solo rockero a la vieja usanza, Way desgañitándose, parón con predominante percusión y recuperación con el estribillo repitiéndose para nuestro deleite y el de nuestras caderas. Subiendo, subiendo y el estribillo creciendo. Divertido y conseguido tema.

-Disenchanted: Una preciosa balada de Modern Rock, sentida y desgarrada, con su sentimental espíritu juvenil predominando. Unas acústicas, poco vistas en el disco, despiertan el tema para las primeras estrofas. El arranque con toda la electricidad y la percusión, funciona realmente bien. Los coros enriqueciendo las estrofas junto a un lírico sintetizador para alcanzar el magnífico y melódico estribillo. Poderosa melodía guitarrera de ritmos contundentes y lirismo sentido. El juego de los coros en el puente es excelente. Tras el segundo estribillo tenemos una estrofa alternativa con punteos guitarreros y quejidos vocales limpios y melódicos. Sinfonismo orquestal y el estribillo a todo tren para rubricar el tema con armonías guitarreras y épicas. De forma circular nos despedimos con las acústicas. Precioso tema.

-Famous Last Words: Espectacular tema para concluir el disco. Un estribillo descomunal y una contundencia sin fisuras. Intensidad dramática y épica lírica con cambios de ritmo guitarreros y el barroquismo y estilo gótico característico del grupo. Latente y agresivo inicio que desea estallar. La cosa sube con la entrada de la percusión hasta el estallido definitivo con los riffs de guitarra y toda la ampulosidad melódica del grupo desgranando estrofas camino del portentoso estribillo, de los más brillantes e hímnicos del disco. Un trallazo auténtico de puro Rock melódico. Tras pasar por segunda vez por el sublime estribillo, una tormenta de decibelios cae sobre nosotros con desenfrenados punteos y desgañitadas voces. Parón y estupenda recuperación con armonías vocales y coros, marca compositiva de la casa. Estrofa de melodía alternativa sobre la principal, muy lírica y brillante, y final épico y excelso con armonías de coros y líneas melódicas y vocales. Un temazo perfecto.



Intensidad, dramatismo, talento compositivo y riqueza musical en el que es el mejor disco de la banda. Si te gustan los referentes y quieres escuchar algo realmente potente, personal, grandilocuente, descaradamente ampuloso y vibrante, rico, este álbum no te defraudará.




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