lunes, 19 de noviembre de 2012

Crítica: CORAZONES INDOMABLES (1939) -Parte 1/2-

JOHN FORD










John Ford, posiblemente el director más grande que ha dado el cine por repercusión, influencia, innovación… y principal referente del estilo clásico, el estilo paradigmático y más completo del cine, plenamente vigente, nos regala su primer título a color. Una obra muy correcta, lejos de sus grandes títulos, pero repleta de talento.

Un western ambientado en la Guerra de la independencia americana (1775-1783), en 1776, el western cronológicamente ambientado más primitivo de Ford. Un marco perfecto para que el director siga desarrollando su viaje por la historia americana. Aquí nos muestra las vicisitudes y dificultades, la lucha sin cuartel, de un matrimonio de pioneros, los que gestaron la nación. Esto le servirá para hacer una apasionada defensa patriótica, al carácter de aquellos pioneros y a su bandera. Una oda a la colonización y los valores tradicionales, como siempre en Ford.



En la cinta se pueden apreciar casi todas las constantes del director, que iré desgranando.


La primera secuencia, la de la boda, define perfectamente el preciso, depurado y clásico estilo de Ford. Varias posiciones de cámara, ni un solo movimiento de la misma, encuadres absolutamente perfectos, sin saltos de eje, mostrando lo necesario en cada momento para sacar el máximo partido a todas las reacciones y situaciones. Así, un plano detalle del ramo de flores que sostiene la novia, Claudette Colbert, se abrirá para mostrar el contexto de la situación, la boda. Ese travelling de retroceso es el único movimiento que tiene la escena. Planos generales que engloban a los novios, el reverendo, los familiares y asistentes, se mezclan con primeros planos de los novios al dar su consentimiento, el perfecto uso del primer plano para un momento esencial. Veremos un plano general frontal donde se encuadrará a los padrinos para que veamos su situación y su reacción ante los acontecimientos, un plano en el que se omite a los niños que están presentes frente a ellos y que veremos en un plano posterior, como si ese momento fuera desde su punto de vista. La boda transcurre en el este, en Nueva York.




Ford, aparte de su talento visual, conceptual y para las emociones… bueno para todo, es un fino observador de lo que le rodea, así se aprecia en el cuidado a sus personajes y sus comportamientos, como la timidez de los novios al iniciar su andadura como pareja.

La película presenta algunos defectos, una narración algo deshilvanada, en exceso episódica, y que no acaba de hacer confluir los sucesos históricos con las peripecias personales de los personajes. Falta algo de desarrollo o exposición del contexto histórico en el que se engloba la historia de los protagonistas (aunque bien es cierto que Ford no pretende hacer un fresco histórico, sino un homenaje). Es decir, les ocurren cosas por la guerra pero no se trata ni se explica qué provoca todos esos conflictos. Ford apuesta por el tono de western y aventura, así como por el retrato íntimo y costumbrista de esos colonos, pero la narración parece pedir algo más de profundidad. Esto se hace especialmente patente con el personaje de John Carradine, sin ningún tipo de desarrollo. Desde su presentación lo vemos misterioso y parece encarnar al antagonista, como así es, pero lo único que vemos de él es que se la tiene jurada al grupo de colonos liderados por Fonda sin más. Dice apenas tres frases sin trascendencia. Un maniqueísmo que hace cojear la película un tanto desde ese punto de vista. No hay una confrontación de motivaciones. Esto puede dar cierta sensación de que no es del todo compacta.



Por el contrario, uno de los aspectos más notables de la cinta es la evolución y desarrollo del personaje femenino protagonizado por Claudette Colbert. Un retrato de mujer típicamente fordiano. Fuerte, decidida, tan dulce como dura, capaz de soportar con total entereza las desgracias que sobrevengan, que puede curar y cuidar a su marido de la misma forma que hacer frente a cualquiera que amenace a los suyos rifle en mano. Un personaje que evoluciona desde su rechazo a su nueva vida por estar acostumbra a las comodidades a, tenazmente, ir adaptándose a ella, una vida mucho más modesta, y convertirse en una dura y tierna mujer del oeste. Un gran trabajo de guión y dirección. En la escena donde se encuentran con el misterioso hombre del parche, John Carradine, la mujer expresará sus pensamientos amorosos, que nada tienen que ver con la política, previos a lo verdaderamente importante, su noche de bodas.



En esa defensa por los valores tradicionales e intentando huir en cierta medida del maniqueísmo, Ford nos presentará a un fiel indio cristianizado, Blue Back (Chief John Big Tree), que aunque asustará a Lana (Colbert) e incluso aconseje zurrarla al bueno de Gilbert (Fonda), será un aliado en todo momento. La escena donde facilita un palo a Fonda para que dé buena cuenta de él con su mujer es muy divertida. Este uso del humor como contrapunto, como distensión, cambiando tonos, es uno de los rasgos característicos de Ford. El ataque de histeria que sufre Lana, y los intentos de consolarla y hacerla entrar en razón de Gilbert, que le hará desear volver a Nueva York, está rodado en un solo plano a la espalda de ambos de inicio, muy clásico de Ford, tan solo habrá un inserto del indio en su regreso.


Fonda es el clásico héroe fordiano, fuerte, decidido, un pionero abriéndose paso y camino por lo desconocido, abriendo nuevas vías, creando… y para ello tendrá a su lado a una mujer fuerte, que le dará aliento incluso cuando él mismo dude.

Aparte de la épica, Ford siempre se interesará, en otro de sus rasgos característicos, por la vida cotidiana y el costumbrismo de los entornos en los que se fija. Así veremos cómo es la vida en el fuerte, en el interior de las casas de esos pioneros, nos introduciremos en sus fiestas, sus rutinas, su trabajo… Uno de los grandes aciertos de Ford en la cinta... y en todas sus películas. En el fuerte conoceremos a Adam Hartman entre otros, interpretado por un imprescindible del cine de Ford, Ward Bond, fijo de su compañía.



Allí tendremos más ejemplos del uso del humor como distensión, como anticlímax. Lo cotidiano y costumbrista toman el protagonismo de la narración, nuestros protagonistas entablando relaciones sociales, darán a conocer que esperan un bebé para jolgorio de los presentes. Ese momento está magníficamente rodado por Ford, como es costumbre. De los planos más cortos con la confesión a otro general perfectamente encuadrado y moviendo a los personajes en él con precisión y naturalidad. La perfecta puesta en escena fordiana.

En el fuerte se marcarán las pautas para defender sus territorios, lograr la independencia en lucha contra los ingleses y los indios que éstos han convencido. La lucha de Nueva York y las 12 colonias por la independencia.


De la organización militar pasamos a la laboral y vital. Los colonos trabajando en completa colaboración y camaradería. La reivindicación de Ford a esos pioneros y su valentía sigue su curso. Aquí el director se recreará en ese gusto por el detalle y análisis costumbrista, por ejemplo veremos las envidias que genera la chica del este, Lana, en otras que procuran presumir de sus tesoros ante ella. En las escenas de labor Ford nos deleitará con su espléndida puesta en escena, repleta de figurantes y extras haciendo el trabajo de colonos, construyendo un nuevo mundo. Nuevo mundo que será atacado por los indios comandados por Caldwell, el maléfico John Carradine. Atacado y destruido. Todo lo construido y los progresos hechos tirados por tierra por los indios y los ingleses. Aquí es donde se pondrá a prueba el carácter de los pioneros, eso que tanto le gusta mostrar a Ford, con la buena de Lana liderando moralmente al grupo. Es el inicio de una batalla.




Los cambios de tono de Ford son legendarios, del drama al humor o de la acción al drama. La llegada al fuerte tras la persecución a los indios que atacaron su poblado será rodada con una iluminación apagada, nocturna, hasta los movimientos de los actores están acorde.







 






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