sábado, 14 de abril de 2012

Crítica: ¡OLVÍDATE DE MÍ! (2004) -Última Parte-

MICHEL GONDRY









Desde luego aparte de cuestiones más o menos filosóficas “Olvídate de mí” es un adulto y maduro retrato del funcionamiento de una pareja, desde el idealismo y felicidad iniciales al deterioro paulatino con el paso del tiempo. Nada idílica, vemos a la pareja en los peores momentos decirse cosas de tremenda crueldad en toda su crudeza, lo que da una autenticidad asombrosa a todo. Fascina la incomodidad de la pareja en su reencuentro amnésico. Esta incomodidad está muy bien mostrada desde el montaje, espléndido durante toda la cinta, por ejemplo en el momento que Clementine propone a Joel subir a su casa para tomar algo y arrepentirse, avergonzada, en el mismo momento ante la breve indecisión de Joel. Mediante una elipsis vemos a Joel ya en la casa de Clementine, se nos ahorra la discusión y explicaciones que llevan a la aceptación de Joel, ya que no es importante en lo que se quiere transmitir. Se muestra la incomodidad de los dos y a la vez su profunda atracción, víctimas de esos hilos invisibles que no pueden ignorar sin saber por qué. Gondry apuesta pues por transmitir sensaciones, emociones, antes que por la narración.


Esto entraría en relación con lo profundamente poética que es la cinta, el uso de las metáforas visuales, todas intensamente emotivas y con contenido, imágenes fascinantes que impactan por su ilógica y conectan con el subconsciente. Ejemplos hay miles, la escena de Clementine y Joel bajo las sábanas y la historia de la muñeca, de una intimidad y sinceridad maravillosas y de imágenes que van del más auténtico romanticismo hasta casi el terror. La lluvia dentro de la casa como alusión a otro recuerdo lejano. La que logra en gestos nimios como coger un trozo de pollo del plato del otro cuando apenas se conocen (Joel dice “fue tan íntimo, como si ya fuéramos amantes”).


Al hilo de esto dos escenas casi mágicas. La del último recuerdo, cuando Clementine pretendía pasar la noche en una casa ajena el primer día que se conocieron, casa que se va destruyendo, como su recuerdo, ante la indiferencia de Joel que se sincera de forma absoluta consigo mismo, mostrando sus sentimientos a flor de piel, sin miedo a su vulnerabilidad, recordando cómo se fue sin decir nada aquel día, cómo un simple comentario con cierto tono le impulsó a ello (Clementine en el recuerdo de Joel dice “¿Y si esta vez te quedas? Vuelve y al menos inventa una despedida…finjamos que la tuvimos.”)

La otra es, seguramente, uno de los planos más recordados y está presente en los carteles de la película. La escena en el hielo en el reencuentro (también en otros momentos), metáfora emocionante, el hielo como el amor, inestable, impredecible, variable, mutable, frágil, que da miedo en muchas ocasiones, pero tremendamente bello… Lanzarse a él es como un acto de fe, de valentía. El hielo, la nieve, siempre aparece en momentos felices, como en el plano final. Memorable. Joel dice “Podría morir ahora mismo Clem… Me siento tan feliz… Estoy justo donde quiero estar.” (Muy goethiano también).


Esa autenticidad, esa sinceridad descarnada en el tratamiento y reflexiones produce una intensa emoción y la revelación de que esa honestidad con nosotros mismos, esa vulnerabilidad, si se pone de nuestra parte, reconociendo los propios errores, nos mejora indudablemente.

La estructura de la película es caleidoscópica, como el funcionamiento de nuestra cabeza, que emite pensamientos variados e inconexos lógicos sólo para nosotros, y con un juego en el uso del flashback francamente brillante. Esto se acentúa en el comienzo y la voz en off del protagonista que lanza múltiples pensamientos sin aparente relación unos con otros. Un funcionamiento de la memoria semejante a los post-it.


Son muchos los cambios de tono de la cinta, desde el drama a la comedia o la pura ciencia ficción pasando por momentos terroríficos. Estos últimos están relacionados con el sentimiento de pérdida, esa aparente sensación de que no hay vuelta atrás se muestra en todo su horror, con una imaginaría surrealista y siniestra muy acertada (rostros que no se ven, pasillos claustrofóbicos, huida constante, evaporación del ser querido…).

La infancia también es mostrada con acierto, nada falla en la película, se presenta como el refugio, el lugar donde se forja todo, el cobijo al que recurrir. Pero también en ocasiones como un lugar cruel de inseguridades y miedos (la historia de la muñeca de Clementine).

El guión es una maravilla, de estructura circular y con innumerables vericuetos en su desarrollo, tiene momentos y frases memorables, como las citadas u otras como “la arena está sobrevalorada, no son más que piedrecitas diminutas” o el casi goethiano “éste no, déjame sólo este recuerdo”… Momentos brillantísimos y un sentido del humor algo nostálgico pero muy divertido y nada vulgar.

El proceso de eliminación de recuerdos irá de los más recientes, que son los más dolorosos a los más lejanos que son, por el contrario, los más queridos.


Todas las historias secundarias son imprescindibles y alguna tan emotiva como la principal. La historia de Mary y el descubrimiento de su retorno a lo vivido producen una tremenda desazón. Sirven además para complementar la historia principal y enriquecerla, así tendremos otra gran reflexión sobre la intimidad, sobre la esencia de uno y el conocimiento que de los demás llegamos a tener. La intimidad cómo algo casi exclusivo de uno mismo, sólo compartido o llegado a comprender por el resto en breves instantes, sobre todo por la preponderancia que del propio ego tendemos a tener haciendo inaccesible nuestro interior a la gente que queremos y nos quiere. En este sentido es extraordinaria la escena donde Stan (Mark Ruffalo), Mary y un anestesiado Joel, comparten cama en aparente intimidad y donde la pareja de Stan y Mary parecen ajenos, casi con desprecio, a todo el tumulto interior que está viviendo Joel en ese momento, pero un tumulto que no es exclusivo de él, ya que descubriremos que tanto Stan como Mary albergan otro tumulto en su interior. O la escena donde Clementine reprocha a Joel lo poco que se comunica y éste responde con otra gran frase, “hablar sin cesar no significa comunicarse”.


La escena final es otro momento sublime, una declaración de amor sincero como pocas veces se han visto, especialmente en el cine reciente, en esa aceptación de volver a repetir la experiencia aunque se esté convencido de que se volverá a sufrir o exista esa posibilidad. ¿Se puede hacer una declaración de amor mayor?




Los aspectos técnicos y artísticos son inmejorables, el montaje ya mencionado, la dirección, el maravilloso guión oscarizado, pero haremos mención especial a las interpretaciones, espectaculares todas, Kate Winslet, que casi siempre está bien, encantadora, divertida, chispeante, los más secundarios Mark Ruffalo, Elijah Wood, Kirsten Dunst o Tom Wilkinson… Pero el que se lleva la palma es Jim Carrey, su mirada triste y llorosa y la variedad de matices en la que es, sin duda, su mejor interpretación hasta la fecha, conmueve y transmite toda la emoción de la película. Magnífico.


Evidentemente también es lícita la lectura negativa, esa que nos impulsa a repetir errores, la que nos condena a repetirlos de forma casi irremediable y la que nos hace valorar las cosas una vez las idealizamos y olvidamos lo malo...

En definitiva es una invitación a no olvidar nada, ni siquiera el sufrimiento del cual se aprende, nos mejora y nos evita ciertos errores, o al menos si los volvemos a cometer no será por no estar advertidos.

Quizá, al fin y al cabo, aunque sepamos que vamos a sufrir nos compense vivir esos buenos momentos de nuevo...



La música de Jon Brion es maravillosa y se adecúa al tono triste y casi resignado de la película como un guante, destacando el tema principal “Everybody’s got to learn sometime” escrita por James Warren cantada por Beck y producida por el propio Brion.




Una de las mayores obras maestras del cine reciente. Imprescindible.

¡Qué feliz es la suerte de la vestal sin tacha!
Olvidarse del mundo, por el mundo olvidada.
¡Eterno resplandor de la mente inmaculada!
Cada rezo aceptado, cada antojo vencido.


Dedicada a Ángel, que sólo dio buenos momentos.





7 comentarios:

  1. Bufff!!!…
    Creo q voy a buscarla Ya!!!
    Cuánto m interesa lo que cuenta y qué bonito lo explicas!!!

    Solo espero olvidarme de q Carrey es Carrey…

    Mil gracias sensei…

    Esa dedicatoria al final hace que tenga q poner toda mi concentración en buscar mi menor sonrisa…

    Besos!

    R

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  2. Me alegro que te haya gustado la crítica R, si te fijas en las fotos de Carrey se le ve completamente distinto. Seguro que te sorprende.

    Sí, ÁNGEL tendrá siempre aquí un lugar y un recuerdo.

    Un besazo.

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  3. Buenas, míster

    Andaba yo dejando enmohecer desde hacía semanas esta película en el escritorio del Mac del curro, cuando, voilá, vas y le haces un hueco en el blog, y nos vendes la crítica en twt. No obstante, he preferido verla antes de leer tus argumentos, no tanto para que no mediatizaras mi juicio como para comprobar, a posteriori, todo lo que no capté y a ti no se te pasa. Para variar.

    Reconozco que me pierdo en filosofías, y que la película me pareció rara, pero también que me gustó ese desmontaje que realiza de las relaciones amorosas, y ese aferrarse a los recuerdos más allá del resultado final de la relación. Y sí, la escena final es sublime. Daría para una charla de horas bien regada en un bar.

    Más que aceptable también este improbable Jim Carrey, del que esperas la mueca en cada plano. Contenido y muy emotivo, pese a reservarse para sí la (para mi gusto) innecesaria escena de su niñez, de una comicidad más acorde con el resto de sus trabajos.

    De la Winslet no digo nada más que lamento mi descreimiento en sus inicios. Con el mismo ojo con que en su día no capté la calidad de Marcelo miré yo el talento de Katie. Qué vista, oye.

    Sigue así, crack.

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  4. Muchas gracias Dienekes. Genial que te hayas decidido tan pronto al coincidir con mi crítica y espero que te haya servido. Sí, el tema de las filosofías puede asustar jejeje.

    Carrey tiene el problema que dices, su pasado. Yo le odiaba, mucho, era el típico payaso que sólo hacía chorradas, películas chorras para su lucimiento pero además cargantes... Hasta que vi El Show de Truman. Fui sin ninguna expectativa y fue la vez que más entusiasmado salí del cine. Esas pelis, Truman... Olvídate... The Majestic... Corresponden a la época en la que buscó quitarse un poco esa etiqueta de chorras y demostrar que sabía actuar. Lo consiguió, la verdad, pero lo que comentas es irremediable.

    La Winslet es mucha Winslet jajajaja y Marcelo también jajajaja

    Me ha gustado el proceso de visionado que has hecho.

    Intentaremos seguir Crack. Un saludo.

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  5. Me ha encantado tu crítica. Acabo de ver la pelicula sin ningún prejuicio aunque reconozco que Jim Carrey me apasiona físicamente :). Me ha parecido tan maravillosa que he buscado en la web comentarios y me topado con tu blog. Gracias por saber escribir tan absolutamente bien las sensaciones que me ha producido. No tengo palabras

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  6. Me ha encantado tu crítica. Acabo de ver la pelicula sin ningún prejuicio aunque reconozco que Jim Carrey me apasiona físicamente :). Me ha parecido tan maravillosa que he buscado en la web comentarios y me topado con tu blog. Gracias por saber escribir tan absolutamente bien las sensaciones que me ha producido. No tengo palabras

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    1. Muchísimas gracias por tus palabras, Marta. Me alegra que te gustara esta magnífica película y el análisis, me llena de orgullo. Un abrazo fuerte.

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