miércoles, 28 de septiembre de 2011

Crítica: AL FINAL DE LA ESCALERA (1980) -Parte 1/2-

PETER MEDAK






En 1980 se realizaron dos de las más brillantes cintas de terror del cine moderno, “El resplandor” de Stanley Kubrick y ésta “Al final de la escalera”, que además tienen muchos aspectos en común. En ambas la trama va de fantasmas y su desarrollo se aleja de lo convencional, mucho más en “El resplandor” por supuesto, además en ambas se aprecian rasgos estilísticos parecidos y se fundamentan en crear de un lugar un personaje más con vida propia, en la cinta de Kubrick sería el hotel Overlook y en la protagonizada por George C. Scott la casa que éste alquila, entre otras muchas similitudes.
1980 es, por tanto, una alegría para los aficionados al terror, un género siempre denostado y poco valorado, algo lógico porque su propia dificultad crea demasiados tópicos y estereotipos que acaban vulgarizando un gran número de propuestas, lo que ha llevado injustamente a la generalización.
Pero lo cierto es que el género de terror es el más poético. Un género donde las atmósferas, lo abstracto, son su principal fuerza, las nieblas, los pasos, los ruidos, los sonidos, lo sugerido visualmente, los espacios vacíos que parecen llenos, son algunas de sus herramientas habituales. Un género visceral, donde priman las sensaciones y la manera de lograrlas por encima de cualquier otra cosa y de cualquier otro género, lo que lo emparenta de forma evidente con la poesía. Un género donde la forma es el contenido, la forma, lo visual, lo vacío, está totalmente lleno de sentido, es su esencia misma.
Al final de la escalera” es una historia clásica de casa encantada. Los referentes son claros, pero a la vez es una película que ha sido realmente influyente y original en la manera de tratar el tema, en el manejo del suspense y los elementos de terror. “La mansión encantada” de Robert Wise, 1963; “La mansión de los horrores” de William Castle, 1959; “La caída de la casa Usher” de Roger Corman, 1960; “Los intrusos” de Lewis Allen de 1944… son algunos de los antecedentes con casas encantadas de la que nos ocupa. En todas ellas fantasmas, o la casa en sí, resultan amenazantes y buscan descansar en paz, pero aunque todas ellas tengan lógicos aspectos en común, “Al final de la escalera” da un giro en todos los sentidos al género de casa encantada, desde la dirección a aspectos temáticos, sin recurrir a efectismos, y basándose en la atmósfera que no siempre es lúgubre ni sombría, al contrario.
Si bien la cinta de Wise es más psicológica y el terror viene dado por la laboriosa y esmerada labor de dirección, a través de encuadres e inclinaciones de cámara así como por la iluminación, en otras se juega más con los golpes de efecto y sorpresas. En la que nos ocupa todo es atmósfera, no se pierde en divagaciones psicológicas y tampoco hay apenas efectismos.
 El pasado, como en muchas de las otras, vuelve a ser primordial, uno de los temas que vertebra la trama, un pasado oculto, lamentable, vergonzoso, sórdido, truculento… que lucha por ser descubierto.
Un músico pierde a su familia en un absurdo accidente de coche, su depresión le lleva a dejar su hogar e irse con unos amigos que le ayudan a encontrar nueva casa. La casa en cuestión es muy grande pero a él le convence porque podrá dar rienda suelta a su música sin molestar a nadie. De forma paulatina empieza a notar cosas raras en su nueva vivienda, ruidos, situaciones extrañas, lo que le llevará a investigar en el pasado de la mansión.
Por supuesto, como toda película de casa encantada y fantasmas que se precie, en “Al final de la escalera” hay una escalera mítica, donde arriba nunca se sabe que nos espera, de hecho en esta película hay dos, la principal y la que lleva a la habitación del niño, más pequeña y más inquietante aún.
El inicio ahorra todo el engorro psicológico en el que caen otros títulos. Nuestro protagonista vaga por la vida como un fantasma, después de la desaparición de su mujer y su hija parece haber perdido todo interés por la vida, un fantasma que se encuentra con otro fantasma en esa mansión. Ese inicio explica toda la forma de actuar del protagonista. Muchos plantearán que por qué no huye, que por qué actúa de esa forma. Eso es algo que se explica y justifica perfectamente con el prólogo, es más, la naturalidad con la que el personaje interpretado por George C. Scott acepta y asume las situaciones extrañas y los sucesos paranormales es uno de los mejores detalles de guión de la cinta. Muy a menudo las películas de terror se pierden en disquisiciones sobre la coherencia, la lógica o la credibilidad que se deben dar a sucesos extraños que vamos viendo, aquí nada de eso ocurre. John Russell (George C. Scott), siente después de la muerte de su familia que no tiene nada que perder, su falta de miedo, su atrevimiento es muy coherente en un personaje que de alguna forma parece muerto en vida, esto no significa que no se atemorice o sorprenda en ocasiones, pero acepta las cosas sin conflicto en absoluto.
Los exteriores nevados del comienzo, así como su realización con diversos travellings por la casa, recuerdan a “El resplandor”, cinta, como comenté, del mismo año. El look de la película es una inquietante mezcla de estética televisiva y acertadísima atmósfera de terror basada en una iluminación muy clara, lechosa. El prólogo está muy bien rodado y se siente la tensión desde el mismo inicio donde se presiente que algo va a pasar, esta sensación se mantiene en todo momento, es el gran acierto de Medak, logra transmitir miedo e inquietud durante todos los segundos del metraje, la genialidad viene dada en que lo logra sugiriendo, no mostrando, y con elementos mínimos, el terror minimalista donde una pelota, una tecla de un piano, una caja de música o una silla de ruedas producen un intenso y profundo terror.
Medak recurre a la dolly para seguir a sus personajes o para describir los entornos, recurso estilístico que acrecienta la tensión y la sensación de inquietud, recurso que usaría Kubrick también en su “Resplandor” pero con la steadycam mucho más marcado y expresivo aún. Además Medak, con ello, resalta la soledad del personaje principal como en la escena en que abandona su apartamento, con todo preparado para la mudanza y espacios vacios, algo que también sirve para mostrar el interior del personaje, hundido y destrozado, vacío y desolado, como el decorado. Grandes espacios que con ligeros picados y contrapicados y usando un gran angular son realmente eficaces en este propósito.



7 comentarios:

  1. Recuerdo que en mi familia (hermano, primos) esta película nos impresionó de pequeños. Era distinta a las películas de miedo que habíamos visto antes. Supongo que la vimos por primera vez no en 1980, sino algunos años después. La tenía como película de culto en mi memoria y cuando la volví a visitar tiempo después no me decepcionó, como suele pasar.

    Esa pelota botando escalera abajo...

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  2. Me pasó algo similar, la volví a ver hace poco y sigue intacta, escalofríos por la espalda con las escenas cumbres. Mañana más y... estará la pelotita jajaja

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  3. Por cierto, que a ver si te hago una petición. A ver qué se me ocurre :)

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  4. Jaja clarooooo, pide. Seguro que es interesante, pedís bien jaja.

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  5. :o A mi me impresionó la escena en la que la mujer ve la silla de ruedas al final de la escalera... su cara no tiene precio.

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  6. Cierto, coincido. Mañana comentaré otras muchas cositas. Ése es uno de los grandes momentos.

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  7. porque es fantastico esa cosa al final de la escalera

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