jueves, 22 de diciembre de 2011

Crítica: HITLER'S MADMAN (1943)

DOUGLAS SIRK






La fuga de talentos que se produjo en Alemania con la subida al poder del partido nazi fue numerosísima, unos lo vieron venir y se fueron cuando nada había pasado y otros tuvieron que hacerlo ya con la cosa caliente. Todos ellos estaban en contra y cuando llegaron a Europa o América sintieron la necesidad de liberar lo que llevaban dentro, casi como un exorcismo, y dar su punto de vista sobre lo que acontecía en Alemania. Aprovecharon para ello, con mayor o menor fortuna, la gran cantidad de títulos que con intención propagandística se hicieron en Hollywood.
Este que nos ocupa es uno de ellos, la primera cinta americana del gran Douglas Sirk, que sin ser una obra excepcional ya deja intuir el inmenso talento de su director y una calidad superior a muchas de su mismo estilo.
La película tiene una primera parte muy difusa, poco cohesionada, dispersa, que parece no saber muy bien a donde va, y una segunda donde acaba centrándose y logrando un nivel muy notable.
En esta primera parte se van presentando de forma superficial y muy escueta los principales personajes que nunca se acabaran de desarrollar, meros arquetipos sin personalidad que en muchos casos se abandonan a mitad de la narración. Se comienza con una voz en off que reivindica el esfuerzo de la gente de Lidice para forjar su pueblo.
Los hechos que se cuentan son totalmente verídicos, si bien muchos de los elementos de la narración son inventados.
Personajes como el supuesto héroe que se tira en paracaídas, llamado Karel Vavra (Alan Curtis), en su pueblo natal para ejecutar un plan que no queda nada claro cuál es, apenas están esbozados, es heroico y decidido y está enamorado de Jarmilla Hanka (Patricia Morison)… poco más podemos decir de él. Además carece de progresión y no sabemos en qué acaba su historia, algo realmente sorprendente.
Jarmilla Hanka, es la hija de Jan Hanka, un respetado miembro de la comunidad, ella está enamorada de Karel, eso nos queda claro, pero tampoco podemos definir más de su persona.

Su padre, el mencionado Jan Hanka, es el único que tiene un amago de evolución, primero se muestra cauto en la rebelión y planes de sabotaje que plantea Karel a los miembros más importantes de su comunidad, para después de asistir a la ejecución del cura del pueblo a sangre fría erigirse en principal ejecutor del atentado contra el “protector” Reinhard Heydrich. Una evolución en la forma de ver las cosas que no en su personalidad, que también queda indefinida.
Como comenté todo son hechos verídicos.
Reinhard Heydrich (John Carradine) es el despiadado nazi que irá salpicando de asesinatos y crueldad el metraje de la cinta. La interpretación de Carradine es sobresaliente, de lo mejor de la película, si bien muchos de los actos para remarcar su sadismo son burdos (especialmente la escena de la escuela donde irrumpe, una escena típica y tópica vista demasiadas veces). Desde luego no se huye del maniqueísmo.

Así pues en los personajes no vamos a encontrar grandes valores en esta cinta, su fuerte está más en la historia, que como comento, divaga, en parte por la dispersión de personajes sin personalidad que tampoco se acaban de integrar en una historia clara y definida. Así tenemos otro personaje reseñable, Nepomuk interpretado por Edgar Kennedy. La presencia de éste último también desnaturaliza el tono de la cinta que de la intriga pasa a una comicidad extravagante que resulta fuera de lugar, deslavazada, como toda esta primera parte.
Las escenas de acción están rodadas de forma muy convencional, en parte por la falta de medios. Anodinas.
Poco a poco la película se va entonando y Sirk mostrando su categoría, retomando el pulso de la narración y con imágenes potentes y líricas, que fluctúan entre el desgarro y la poesía, todo ello muy acertado, en la segunda parte del film.
Entre las imágenes desgarradoras tenemos la escena donde se entrega el ataúd del marido muerto, un minero que fue detenido por los nazis, a su mujer e hijos, sin palabras, ella cae desmayada mientras los hijos, casi ajenos a todo aquello, aprovechan para comer. Impactante.

El episodio de la muerte del cura a manos de Heydrich nos introduce en la segunda y notable parte del film, una gran escena.
El sacrificio, algo que comentaré después, es el tema principal de la cinta.
La muerte del cura y la noticia de la muerte de los dos hijos del caricaturizado alcalde acaban desembocando en una única línea narrativa, cuando la mujer del alcalde da el chivatazo a Jan sobre la hora y la ruta que seguirá el coche de Heydrich, posibilitando el posterior atentado. Todo acontece en una iglesia.

El atentado en sí está bien resuelto con planos generales que sirven para ubicar muy bien a los personajes y el escenario en el que se desenvuelven. Esta escena desencadenará los hechos de la última y excelente parte de la película.
Los nazis decididos a vengar la muerte de Heydrich y los protagonistas intentando huir. La huida de Jarmilla y Karel está resuelta con poca fortuna, quizá la falta de medios o cierta incomodidad de Sirk en las escenas de acción sea la causa, pero tanto el descubrimiento de los nazis a la pareja como la resolución del tiroteo final van desde lo poco creíble de lo primero hasta lo sumamente convencional de lo segundo mencionado. Después de la resolución de ese tiroteo no volvemos a saber más de Karel, aunque es una escena que vuelve a incidir en el pesimismo y en el sacrificio de forma efectiva.
La mejor escena de la película, la agonía de Heydrich, es impactante, con una fuerza visual extraordinaria, estremece, perturba, sorprende y repele. La interpretación de Carradine alcanza momentos brillantísimos y escalofriantes. Su conversación con Himmler está magníficamente resulta, con sombras y luces, casi una escena de terror, muy expresionista. En ella tenemos un plano característico como rasgo autoral de Sirk, el uso de los espejos, donde Himmler habla por teléfono con Hitler. Éste le explica las últimas palabras de Heydrich mirándose en un espejo y mintiendo totalmente sobre el sentido de las mismas, contando que Heydrich se había mostrado esperanzado y convencido de la victoria final de los nazis. Una vez cuelga se peina y acicala mirándose en el mismo espejo. El espejo en Sirk, como símbolo de la mentira y la falsedad.
La muerte de Heydrich desemboca en la decisión de exterminio del pueblo de Lidice, unos últimos minutos escalofriantes, y excelentemente resueltos por Sirk, con momentos de gran lirismo e intensidad. La deportación de mujeres y niños y el asesinato de los hombres mayores de 16 años, así como la total destrucción de todo el pueblo y sus construcciones.
En esta escena requieren mención especial el momento del fusilamiento, donde Nepomuk comienza a cantar un himno checo que todos siguen a coro mientras esperan ser fusilados, y que no cesan en su canto incluso cuando están siéndolo, una emotiva escena muy imitada y vista muchas veces pero del todo efectiva, o la presencia simbólica de la figura de San Sebastián, el mártir que no renunció a su fe y que por ella fue asaetado y tras sobrevivir fue muerto con posterioridad al presentarse ante el emperador. Murió azotado.
Todo en la película, más la presencia, especialmente en el final, de San Sebastián, es una reflexión sobre el sacrificio, sobre qué lo motiva y por lo que merece la pena hacerlo. Las ideas, las creencias, el amor, la gente querida, los principios… Jarmilla muere por seguir a su amor, su padre acaba muriendo, creemos, en la cárcel por enfrentarse a los nazis finalmente, la actitud final del pueblo asumiendo su sacrificio para que sirva de ejemplo a otros, la muerte del cura a manos de Heydrich defendiendo su fe… Son muchos los ejemplos de esto, lo que da una mayor profundidad a la cinta y su propuesta, que por ello acaba trascendiendo el mero film de propaganda.

Los planos finales con la estatua de San Sebastián y las reivindicaciones de los espíritus de los muertos de Lidice dan una enorme fuerza a esta película que se alza de manera notable en la parte final.
De menos a más, una cinta de indudable interés que va más allá de la película de propaganda sin ser excepcional.



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