martes, 20 de mayo de 2014

Crítica: LA NOCHE DE LOS GENERALES (1966) -Parte 1/2-

ANATOLE LITVAK














Interesante thriller ambientado en la 2ª Guerra Mundial, con nazis, asesinatos y complots, protagonizado por el gran Peter O’Toole y que quiere abarcar tanto que acaba cojeando en cierta medida. Una película que va de más a menos de buena calidad y elementos muy interesantes.

El asesinato de una prostituta inicia la investigación del Mayor Grau (Omar Sharif), que le llevará hasta las más altas instancias del ejército, centrando sus sospechas en tres generales y corriendo en paralelo con la operación Valkiria contra Hitler


El productor Sam Spiegel y el director Anatole Litvak se unen para presentarnos este ambicioso thriller que va de más a menos y peca de pretenciosidad y querer abarcar en exceso. La estupenda música de Maurice Jarre nos acompañará a ritmo militar.



La primera secuencia de la cinta es excelente, perfecto juego con el punto de vista, el testigo mirando escondido por la rendija y viendo un pantalón de uniforme con una franja roja, aspecto clave, la escalera, los siniestros pasos… El tiroteo del exterior a la llegada del inspector que interpreta Sharif, breve pero excelente, muy bien rodado, la propia presentación del inspector, mostrando los aspectos esenciales de su personalidad con sencillez y agilidad, la descripción del truculento asesinato de la prostituta, que además es aliada alemana, con más de 100 puñaladas centradas en su mayoría en los genitales, un crimen sexual…Aquí hay cierta confusión, ya que oímos los quejidos de la mujer y enseguida salir al asesino de la habitación, con lo que las 100 puñaladas debieron ser en tiempo récord, no se corresponde lo que vemos con lo que se dice posteriormente. En cualquier caso es un inicio francamente sensacional y adictivo. 






La personalidad del inspector nazi que pretende descubrir al asesino es muy interesante, sensible, como muestra su reacción al ver el cadáver. Su mayor propósito es la justicia, descubrir la verdad y al asesino, sea quien sea, por eso será el único que cree el testimonio del testigo cuando el resto de oficiales pretende ocultarlo o denigrarlo. La pista clave es la franja roja del pantalón, perteneciente a un general del ejército y que vimos a través de la rendija. Un estupendo elemento en la descripción del Mayor Grau (Omar Sharif). Un personaje decidido, tenaz, tozudo, íntegro, no se andará con contemplaciones en su persecución al asesino ni con los testigos, a los que amenazará con contundencia si no dicen la verdad. Un oficial alemán que reivindica la justicia.




La estructura narrativa es interesante, con saltos al futuro y al pasado sucediéndose, para que veamos la investigación en dos épocas distintas. Este salto al futuro nos situará 22 años después y el inspector que retoma el caso, Morand (Philippe Noiret), será presentado reflejado en un espejo. El grueso de la narración será en el pasado donde se inició la película, recreando lo que sucedió a través de la investigación e interrogatorios de Morand en el futuro. Un apasionante inicio el de este thriller, lástima que poco a poco pierda fuerza.








Tres generales son los sospechosos, el General von Seidlitz-Gabler (Charles Gray), el General Kahlenberge (Donald Pleasence) y el General Tanz (Peter O’Toole). Todos ellos quedarán perfectamente definidos, pero se hará especial hincapié en el personaje interpretado por Peter O’Toole, poseedor de una personalidad como mínimo peculiar. No parecen tener coartadas. La presentación del General Tanz (Peter O’Toole) es excelente, le veremos agigantado, en ligero contrapicado y con un zoom que se acerca a él, tendrá un bastón, símbolo fálico de poder, que no para de mover… una forma perfecta de retratarlo. Nuestro perfecto nazi psicópata no mostrará especial interés por las mujeres en apariencia, aunque esto tendrá recorrido. Tampoco por los halagos.


Un travelling paseará junto a su coche retratando el ego del personaje. Su generoso y calculado gesto con los niños da una buena muestra de su frialdad e inteligencia. Además es un maniático, un obseso de la limpieza, escrupuloso, de evidente carácter psicopático.




El narrador en over nos relata las circunstancias en 3ª persona, omnipresente, ajeno, en principio, a lo que se cuenta en la historia de manera directa. Litvak usa mucho bruscas panorámicas de distinta forma y con distintos propósitos, lo veremos de manera constante durante la película. En el tiroteo inicial las usa para dar dinamismo a la escena, transmitir la tensión del momento. En otros casos servirán para enlazar escenas, como la que nos lleva de ver a Tanz en el exterior a luego en el interior de una sala. Otras desconciertan, como la que hace tras presentar a Tanz



El General que interpreta Donald Pleasence se nos muestra mucho más humano, el más humano de los tres. Se escandalizará con los planes de Tanz y siempre abominará de las tropelías del nazismo y planes asesinos. Será uno de los cabecillas junto a von Seidlitz-Gabler de Valkiria. Gabler es un cínico, reirá las gracias a todos para quedar bien, admitirá los excesos que planea Tanz pero a la vez será uno de los conspiradores contra Hitler junto a Kahlenberge. Gabler es un mujeriego, infiel, y tiene una mujer algo violenta también, admiradora de los métodos de Tanz, interpretada por Coral Browne.


En esta escena es curioso el plano de Pleasence en el que su calva coincide a la perfección con parte del arco de la puerta que hay al fondo del encuadre cuando lo vemos en un plano frontal.

En esta fase se pretende que los tres generales resulten sospechosos, primero Gabler por su actitud preocupada ante el anuncio de la llegada del inspector Grau (Omar Sharif) y por las veladas acusaciones de infidelidad de su mujer. Una calculada ambigüedad ya que esa angustia puede deberse precisamente a que se descubra dicha infidelidad, algo que estaría muy mal visto por sus superiores... ya que cómo lo vea su mujer le importa menos.



Las sospechas vuelan hacia Kahlenberge con otra brusca panorámica. El pacífico general interpretado por Donald Pleasence se nos antoja muy sospechoso precisamente por no dar en apariencia el perfil, sobre todo cuando también se niega a ver al inspector, como Gabler, quema una misteriosa carta y oculta que usó el coche la noche anterior, la del crimen.

Acto seguido al visionado de esta actitud tan sospechosa en Kahlenberge se nos presentará otro de los personajes importantes de la película, el cabo Hartmann (Tom Courtenay), al que su primo pretende enchufar a través del general interpretado por Pleasence. Sigfrido; la música; el piano; Las Euménides, la obra de Esquilo; Wagner; Parsifal; Chopin… saldrán en esta conversación y en la siguiente con los preparativos de la fiesta… No está mal.



La fiesta.

En la fiesta se seguirán desarrollando los caracteres, con especial interés el de Tanz, el más peculiar. Un general que pretende escenificar la idea de pureza propugnada en el nazismo, rubio, de ojos azules y dedicado al trabajo, entregado por entero al mismo sin distracciones… Esa pureza le llevará a pedir agua rechazando el champagne… La cara del general Gabler (Charles Gray) es hilarante, casi de asco, al ver ese hecho.



Es muy divertido también el momento en el que Tanz pregunta sobre el perfume del inspector Grau, en una insinuación a una posible homosexualidad. También lo defenderá ante sus dos compañeros generales, dos aspectos que parecen querer reducir las sospechas sobre él.





Otro personaje reseñable, la hija de Gabler, Ulrike (Joanna Pettet), tan opuesta como similar a su madre, valores distintos en caracteres parecidos. Ella se enfrentará a lo que representa Tanz, poniendo al general contra las cuerdas en una divertida escena, desafiándole hablando de la muerte, de los muertos. El inspector Grau será atento observador de todo cuanto acontece en la fiesta. Una escena con buenos diálogos.

Conmigo nadie se pudre”.

Ulrike en cambio tendrá bastante complicidad con Kahlenberge, el más pacífico de los generales. Durante todo el metraje Litvak seguirá recreándose en todo tipo de recursos visuales, en esta escena habrá muchos ejemplos, los travellings y zooms sobre Omar Sharif mientras da los datos del crimen a los tres sospechosos, la panorámica sobre estos… Estos recursos si bien en algunos casos son efectivos y acertados en otras ocasiones resultan excesivamente recargados.



Tras el breve interrogatorio de Grau, Litvak se quedará con Kahlenberge. Así volveremos al futuro, con un gran plano que nos lleva desde una televisión que pone un western hasta mostrar la “floreciente Alemania” desde un restaurante mediante un pequeño travelling de retroceso, así como el restaurante al completo. Este nuevo narrador es el primo del cabo Hartmann, al que enchufó con su superior. Es él el que desvelará los secretos de este personaje, Hartmann, su relación amorosa con la hija de Gabler, Ulrike, y la falsedad de su heroico currículo. Hartmann es un farsante que se sincera entre polvos a su enamorada Ulrike. Aquí habrá otro recurso que Litvak usa en ocasiones, un desenfocado, como si fuera una ensoñación, un recuerdo del propio Hartmann. Tras esta escena la sombra de Kahlenberge iniciará otra, sombra siniestra ante la que el simbolismo queda en expectativa. ¿Su muerte? ¿Es un asesino? ¿Vendrá una escena dura?





Las maniobras militares violentas de Tanz (Peter O’Toole) nos dejan una de las escenas más brillantes de la cinta. Majestuosos planos callejeros, sensacionalmente ambientados, la prensa nazi manipulando y mintiendo, soldados sacando a la fuerza y sin contemplaciones a polacos y judíos de sus casas… Tanz cumpliendo las fases de su plan. Espectaculares ataques con lanzallamas, atisbos de resistencia entre los damnificados, estúpidas en ocasiones, como cuando vemos a alguna persona salir corriendo ¿a dónde iba? Estando rodeados y encañonados por decenas de soldados ¿qué pretenden?






La fase dos es aún más violenta, cañonazos sin misericordia, tímidamente contestados por algún disparo. Sorprende ver la sangre fría, tranquilidad e indiferencia de Tanz mientras le rozan las balas. Es aquí donde Grau (Omar Sharif) empieza a comprender el carácter psicopático, patológico, de Tanz. Denunciará su comportamiento y la misión, sus bombardeos gratuitos y asesinatos indiscriminados sin respuesta ni resistencia.



Más sospechas, Grau será ascendido por petición de Kahlenberge y con la firma de Gabler, una “patada hacia arriba” para que no husmee. Esto aumenta las sospechas sobre ellos, aunque este comportamiento se entenderá cuando descubramos su participación en el complot contra Hitler. En cualquier caso es un error táctico por llevar las sospechas hacia ellos y con un tenaz investigador como Grau no era algo recomendable. Hay muchos personajes con características similares a las de Grau, aunque no siempre aplicándolas hacia donde deberían.

He comentado que la película va de más a menos, de más interés y brillantez en su inicio a ir perdiendo cierta fuerza conforme avancemos en su metraje. Curiosamente la estructura interna del guión es la contraria, de menos a más, de un caso particular, un asesinato de una prostituta, a descubrir un complot contra las mismas estructuras del estado alemán, contra Hitler.


Retornaremos por tercera vez al futuro, un tercer narrador. Dueño de una fábrica de coches, un antiguo nazi, ex secretario de Tanz, que ahora es empleador internacional, italianos, portugueses… menos alemanes para los trabajos duros.

17 de Julio de 1944, Tanz (Peter O’Toole) anticipa su llegada en tres días, prevista para el 20, un devoto trabajador. Otra brusca panorámica nos lleva de Kahlenberge y Gabler conspirando contra Tanz al despacho donde ellos dos ya están con el tercer general obligándole a tomarse unos días libres. Los extraños comportamientos de Gabler y Kahlenberge siguen haciéndoles sospechosos. Extraña que conspiren contra Tanz. Más elementos de intriga bien llevados.


 




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