viernes, 12 de diciembre de 2014

Crítica: FUERZA BRUTA (ENTRE REJAS) (1947) -Parte 1/2-

JULES DASSIN













Una sensacional joya es la que nos entrega el gran director americano Jules Dassin, un referente de la intriga, el thriller y el drama carcelario. Un retrato de la vida en la cárcel como se han visto pocos en el cine, atrayente, atractivo, intenso y profundo, una de las grandes obras del director. Películas de tanto éxito como “Cadena perpetua” (Frank Darabont, 1994) le deben mucho a esta monumental “Fuerza bruta" de Dassin.



No han sido pocas las obras maestras o títulos francamente excepcionales que ha entregado Dassin, que en el cine negro y la intriga alcanzó sus más altas cotas. “Nazi agent" (1942), una magnífica cinta antinazi, un thriller con la 2ª Guerra Mundial de fondo de los que tanto proliferaron en la época. La casi documental y excepcional “La ciudad desnuda” (1948); esa pequeña joya que es “Mercado de ladrones” (1949); la deslumbrante y soberbia “Noche en la ciudad” (1950), con un descomunal Richard Widmark; la obra maestra incontestable que es “Rififi” (1955), una de las mejores películas de robos que se han hecho nunca... Otras más desconocidas son “El que debe morir” (1957) o “Nunca en domingo” (1960), más alejadas de su anterior estilo. “Topkapi” (1964), otra entretenida cinta de robos, es uno de sus últimos títulos destacables.

Dassin tiene una extraordinaria capacidad para retratar entornos opresivos, entornos en general. La ciudad opresora en “Noche en la ciudad”, la ciudad espía y documental en “La ciudad desnuda”, el mercado corrupto en “Mercado de ladrones” o la cárcel en la que nos ocupa, son buenos ejemplos de esto. Del mismo modo esos entornos parecen guiar a los personajes a un destino fatal que es imposible evitar, como vemos en “Noche en la ciudad”, “Mercado de ladrones”, “Rififi” o esta que nos ocupa.




Aquí Dassin cuenta con un guión del gran Richard Brooks, otro indiscutible de Hollywood, basado en una historia de Robert Patterson.




La ambientación inicial que usa Dassin es sencillamente perfecta y marca el tono no sólo de la película sino del lugar donde se nos sitúa, el sentimiento que provoca en los personajes que allí habitan. Una penitenciaría, la noche, la lluvia… Amanece la vida en la cárcel a las 6 en punto, una grúa nos situará en la celda de los protagonistas. Dassin utiliza muchos contrapicados y picados en este inicio, uno de estos últimos presenta a Burt Lancaster, que interpreta a Joe Collins, regresando de un castigo.

El puente que mira Lancaster situado a la salida de la cárcel y que vimos en los planos iniciales con los títulos de crédito, es el sinónimo del tránsito y la libertad, así lo resalta la mirada nostálgica y anhelante del personaje. Esa puerta que se abre y ese puente que facilita la huida de allí lo hacen para que se lleven un cadáver, con lo que esa mirada de Lancaster casi vincula la libertad y la muerte, haciéndola preferible a la vida de preso, sin libertad. Todo bajo una intensa lluvia, que cae torrencialmente mientras Dassin sigue con un gran travelling a Collins (Burt Lancaster) y los dos guardianes que lo custodian, uno de ellos otro de los grandes protagonistas de la función, el Capitán Munsey, interpretado por Hume Cronyn. Un deleite visual, me encanta la lluvia en las cintas clásicas y en blanco y negro.



El preso cantarín, Calypso (Sir Lancelot), actúa casi como un pregonero, narrando o sirviendo de apunte dramático a lo que acontece en un buen y natural recurso. Como si fuera un personaje de fábula o cuento. Habrá otra referencia a los cuentos en un comentario del doctor cuando dice: “Al final ellos viven felices para siempre”.



Burt Lancaster da otra lección de interpretación, un actor total que no tenía límites, uno de los más grandes con una cantidad de registros ilimitada. La determinación de su mirada casi define por completo a su personaje, una mirada que también es sinónimo de libertad, su único objetivo, y de la que ya vimos un ejemplo en su presentación, como comenté. De hecho, las miradas de Lancaster en esta película, más allá de su determinación, esa nostalgia y anhelo  que desprenden, ese deseo casi incontrolado de libertad, dicen más que cualquier línea de texto. Excelso como siempre.

Retrato de una vida en la cárcel.

Uno de los mayores hallazgos narrativos de la cinta es cómo Dassin muestra hasta el último rincón de la cárcel a través de la vida en presidio, mostrando cada lugar con completa naturalidad, sin forzar las cosas, y como motivo para hacer avanzar la historia y desarrollar personajes y trama. Pasaremos por el comedor, el taller, la cocina, el periódico, el lugar de trabajo en el exterior… Todos los recovecos de la cárcel y todos ellos serán importantes o esenciales narrativamente para la gestación del plan de fuga, las relaciones o dar claves y elementos necesarios a nivel narrativo, no hay nada gratuito. Un recurso narrativo tan natural y brillante que es una de las grandes claves y cualidades de la grandeza de la cinta. Dassin fusiona narración, trama y desarrollo de personajes con descripción de entornos a la perfección. También se desarrollan y escenifican las peculiares reglas y los códigos de la cárcel. Dassin describe la prisión siguiendo el transitar de Lancaster en busca de la libertad. Un majestuoso fresco.

El comedor.

El comedor será, aparte de las celdas evidentemente, lo primero que veremos. Allí se describirá el desprecio al soplón, forma de ir desgranando las leyes y reglas de la cárcel, un microcosmos con unos códigos particulares. También las jerarquías entre presos, donde tenemos líderes o pequeños jefes, que protegen o mantienen una buena reputación, guías del resto de presos o enlaces con los guaridas… Gallagher (Charles Bickford) es uno de estos hombres con “prestigio”.


  


Munsey (Hume Cronyn) es el jefe de los guardias, un matón que utiliza la amenaza, la violencia o la manipulación, el miedo en definitiva, para mantener el orden, mostrar su jerarquía. Eso hará con Gallagher. Dassin va de planos más amplios a otros más cortos ante la advertencia de Munsey, al que siguió con un travelling para retratar su supuesto poder, su ego y prepotencia. El retrato de este villano es magnífico, como el de todos los personajes, hasta el punto de que siendo un acomplejado y un psicópata, en un principio sus actitudes no parecen tan maniqueas, protegiendo a un preso de un guarda que le agrede tras un choque fortuito… Esto además tiene un detalle irónico ya que se produce tras una contestación de Gallagher citando La Biblia.






El despacho del doctor.

El doctor, al que ya nos presentaron con un simpático diálogo, es uno de los personajes positivos de la cinta y nada plano. Todos los personajes están muy bien dibujados. En su despacho, un lugar de paz, oiremos al preso cantarín hablar sin cantar por primera vez. El doctor es un borracho, usa la bebida para evadirse, se ha rendido ante lo que ve a su alrededor, pero algo de lo que fue queda en él. Bondad. Su reivindicación de la borrachera es muy divertida.




El despacho del Alcaide.

El despacho del Alcaide será el lugar de los planes, la falsedad y también la sinceridad y exposición de las distintas posturas. La prisión tiene problemas funcionales internos. Veremos una reunión entre el Alcaide, un mandamás burócrata, Munsey y el doctor Walters (Art Smith). El jefe de los guardias, Munsey, y el doctor son dos de los pilares de la prisión y son cuestionados por el burócrata. Dassin pondrá su cámara en ligero picado para el duelo entre el doctor y el burócrata. Lo mismo con las invectivas del burócrata al acobardado Alcaide. El alcaide explica las dificultades en la gestión, la dificultad de la reinserción, de ocuparse de los presos, de los prejuicios en el exterior… El ambicioso Munsey se mostrará ambiguo, defiende al Alcaide con la boca pequeña pero su rostro delata satisfacción ante la amenaza burócrata de despedirle… Ve ahí su oportunidad de ocupar su puesto. El doctor es el más claro y sus opiniones las más sensatas, lúcido a pesar de su aparente y continuo estado etílico. Moralmente es el más fuerte aunque se sienta débil. Debilidad por todos lados es la que tiene el Alcaide, que ve como su política de comprensión y reinserción es lenta y no da soluciones inmediatas como busca el burócrata, que simplemente no quiere problemas y se dedica a cuestionar y amenazar cuando hay algún disturbio en la prisión. Como he dicho, Dassin dedica tiempo a todos sus personajes, dibujándolos con precisión, aquí veremos al Alcaide y su miedo a ser despedido de un puesto que ya lo define como persona, le ha absorbido. Un cuadro de Lincoln presidirá toda la escena.





La sala de visitas.

La planificación de Dassin, tanto a nivel visual como estructural, va de lo general a lo íntimo, extraordinariamente fusionado en ocasiones. También usará el travelling como método descriptivo. Así lo hará en la sala de visitas, un travelling que pasa por varios casos distintos hasta centrarse en el drama personal de Collins (Burt Lancaster), que tiene una mujer enferma que no quiere operarse si no está él junto a ella, pero él no quiere confesar que está en presidio.







La zona de trabajo.

Aquí tendrá lugar el planificado crimen como cumplimiento a una de las leyes de la prisión contra los soplones. Un nuevo travelling, ahora más siniestro, presentará el lugar. Dassin modula perfectamente el suceso que anuncia de alguna manera Collins en su conversación con el doctor Walters. La escena del asesinato, el castigo al soplón, es excelente, rubricada de forma perfecta. La panorámica al reloj que marca, precisamente, las 10:30 con la muerte en off del soplón Wilson.





Wilson, a las 10 y media”.

No lo preguntes, Wilson”.

El encuadre que sitúa al condenado Wilson (James O’Rear) entre dos cintas es brillante, está atrapado. A las 10 y media se cumplirá la sentencia mientras Lancaster tiene una coartada perfecta hablando con el doctor, que es plenamente consciente. Magnífica resolución.








El periódico.

El periódico de la cárcel está dirigido por Gallagher (Charles Bickford), que será perfectamente descrito. Allí Collins intentará captarle para su plan de huida, pero Gallagher no está por la labor y expondrá sensatos argumentos. Collins hace gala de la iniciativa que parece faltarle a otros. Gallagher evolucionará en su proceder. Cuando se entere del cambio de opinión sobre su puesta en libertad se acercará a Collins. No es una evolución en su personalidad, sino un simple cambio en sus decisiones y forma de actuar debido a las variaciones de las circunstancias.



El plano del foco del patio exterior aparece de forma recurrente para hacer el tránsito entre escenas, unas veces nocturno, otras diurno…


El hospital.

Aquí Lancaster, como si de un investigador privado se tratara, recibirá claves para poder ejecutar su plan de huida. Un número. 633.



La cocina.

Pasaremos por ella brevemente, allí veremos cómo se encarga un sándwich para ocultar un papel con un mensaje. Un nuevo lugar, perfectamente descrito con un travelling, que sirve y ayuda en el plan de huida. De ahí iremos al patio, que además será testigo del clímax final. Veremos las puertas de la prisión abrirse, como al inicio de la película, y una mención al puente levadizo que es el símbolo de la libertad, aunque en realidad iremos al foso por el momento.




En picado veremos la vía del tren en construcción, un nuevo símbolo de esa esperanza de libertad que avanza, pero se trunca. La mina es otro lugar de exploración más.



La capilla.

Un nuevo lugar de la prisión, lugar de libertad, secretos y esperanza, de comunión total. Aquí se definirá el plan de huida por completo y Gallagher se unirá al mismo. Una panorámica nos la describe. Biblia y planes de huida. Una liberación transgresora y poco piadosa.



Amén”.

El taller.
Es el lugar del ensamblaje del plan, cada lugar interviniendo de forma esencial, como he explicado, pero además perfectamente buscado según las fases de dicho plan. Aquí se colocan las piezas en su lugar, como corresponde a un taller. El periodista será el medio para ir transmitiendo información entre los involucrados, de un sitio a otro. Armas y bombas caseras ocultas en un camión, otro de los elementos indispensables en la fuga. En busca de dinamita o algo parecido.

Toda la cárcel, lugar de encierro, trabajando por la libertad de sus inquilinos.









2 comentarios:

  1. Jo!! Suerte q hay otra parte!! Me ha sabido a poquísimo!!! No conocía la cinta, me ha parecido estupenda!!! Los fotogramas iniciales, muy expresionistas, esas sombras, los siguientres, perfectos para ilustrar esas rutinas, espacios. Me encanta q pongas el acento en detalles para q entendamos pq están ahí. Una de las cosas q he aprendido aquí es a buscar objetos en las escenas, a valorar q pueden ser o representar. Raramente en una peli las cosas están puestas porque sí. Al menos en una buena peli.
    Q jovencito Lancaster!!! Y las miradas!! Muy bien explicado. Es in gran reto transmitir sin caer en lo sobreactuado. Creo q está estupendísimo!!
    Y Bickford!!! Le he visto como secundario muchas veces en grandes clasicos!!
    Ay espero la segunda parte!!
    Gracias Sambo!! Me gusta muchísimo!!
    Bss!!

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    1. Muchas gracias, Reina, te has fijado en todo lo que pretendía explicar!!!

      Sí, es una de las obsesiones del blog, ese ansia por el detalle y reivindicar a los grandes autores y artesanos del cine, que cuando ponen algo siempre es por algo. Poder observar con todos los datos posibles algo ayuda al mejor análisis y juicio, esa también es una apuesta de esto, porque lo que se ve por ahí en todo tema y asignatura es lo contrario...

      Lancaster es un actor fuera de rango, está magnífico, era poderoso sin necesidad de forzar nada, como dices.

      A ver qué tal la segunda! Debes buscar tiempo y rutina para verlas!

      Besos!

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