domingo, 21 de diciembre de 2014

Crítica: MAGIA A LA LUZ DE LA LUNA (2014) -Última Parte-

WOODY ALLEN













Estilo Allen.

-El Woody Allen actual es un fino estilista, un pulcro director que parece haberse alejado por completo de su estilo natural y fresco de décadas anteriores, con una cámara inestable y fluida que daba una radical fuerza, vigor y naturalidad a la puesta en escena. Lejos de ser un estilo descuidado estaba absolutamente medido. El Allen actual gusta del encuadre esmerado, la fotografía preciosista y los movimientos de cámara cuidados y precisos. En este sentido debemos destacar dicha fotografía, muy bella, de colores ocres, casi onírica, mágica, ensoñadora, muy en consonancia con el tema de la cinta, y que vemos a menudo en el actual cine del genio neoyorquino. Los azules filtrados del sur de Francia y los dorados son un lujo visual.



 -Una de las grandes virtudes del cine de Allen, de las que más me han entusiasmado siempre, son sus diálogos, sus réplicas brillantes, sus frases deslumbrantemente ingeniosas, sus diálogos mordaces... Hace tiempo que el nivel de este indispensable elemento en su cine ha bajado alarmantemente, con bromas repetidas y un talento que sólo salía a la luz ocasionalmente. Desde el comienzo del nuevo mileno han sido pocas las películas que destacaran en este sentido con fuerza, y desde “Si la cosa funciona” (2009), película que parecía recobrar ese vigor en cierta medida, esos diálogos y frases hilarantes aparecían como un Guadiana de poco caudal. Aquí, su último trabajo, podemos disfrutar de este ingrediente con notable satisfacción, especialmente con las líneas de diálogo del gran Colin Firth.

¿Ectoplasma? ¿No es una sustancia lechosa parecida al yogurt?"

-El plano secuencia sigue siendo una de las columnas vertebrales del estilo del gran Woody Allen. Veremos muchos, unos más llamativos que otros, con travellings lujosos o virtuosos, como el que presenta a Firth entre bambalinas o el que lo recibe a su llegada a Francia junto a su tía. Lo mismo vemos en el encuentro con los parientes de la supuesta estafada. Habrá otros planos extensos sin movimientos de cámara, estáticos, como ese donde vemos a la madre de Sophie, interpretada por Marcia Gay Harden, muy preocupada por la fundación que la millonaria está dispuesta a subvencionar y los ingresos que dará.


El mayor defecto de la película está en su desesperante previsibilidad. Una vez Stanley ha sido convencido tan pronto de que Sophie es verdadera, no queda otra que recorrer el camino del descubrimiento, el camino inverso, el de la decepción y el desenmascaramiento. Incluso cuando ha descubierto el engaño se sabe que queda la vuelta de tuerca romántica…



La pareja aprovechará, castamente, es una sorpresa poco corriente en el cine de Allen que no haya infidelidades explícitas, la semana que Brice (Hamish Linklater), el enamorado de Sophie, pasa, oportunamente, fuera. Música, bailes, paseos bajo el sol, agradables estancias en calas, en el mar…




Particularmente me parece muy bello el momento en el que Stanley es capaz de decir la hora del día concreta a la que Sophie está más bella, las 8 y 20 en verano para los más curiosos, aunque no sea esa la intención y el mediocre galán termine por convertirlo casi en un insulto.









Tesis verbalizada.

La evidente tesis de la cinta está en la asunción de lo intangible, de la magia, de la ilógica como esencia del ser humano, pero Allen entra en contradicción cogiendo por la calle de en medio y decidiendo que ilógicas y magias valen y cuáles no. Al fin él se queda con el amor como la única magia ilógica a aceptar, porque le gusta a él, no porque logre defenderlo con algún argumento coherente… o ilógico. 

Este es el conflicto interior ante el que se despierta Stanley, cuando se da cuenta de su ilógica atracción y creciente amor ante esa encantadora estafadora, con la que su relación sería absurda, sobre todo comparándola con la sensata y lógica que tiene ya con su prometida. La declaración de Sophie quita el velo que cegaba al mago, que abruptamente entiende lo que sentía y le ocurría, pero que no acertaba a concretar, feliz en su nueva burbuja.

En definitiva, Allen viene a decir que la ilusión y la mentira son necesarias para vivir, si esto está focalizado en el arte, más aún. El carácter positivo de la mentira, muy infravalorada. El problema es que el director se muestra selectivo con las magias…y reincide en los temas.

Buen personaje.

-El gran personaje de la película es el de Stanley, (Colin Firth), petulante, egocéntrico, misántropo, prepotente, cínico, descreído… Una especie de Oscar Wilde neurótico e irónico, o lo que es lo mismo, un Oscar Wilde fundido con el propio Woody Allen, un alter ego del director.

-Es pura contradicción, se gana la vida con el engaño a los demás, concertado, la apariencia, pero que encuentra su mayor satisfacción desenmascarando a otros magos o médiums. Así mismo cree en la ilusión ilógica que provoca la magia, se enamorará irracionalmente, pero será inflexible e intransigente con otras cuestiones “sin sentido” que a él no le satisfacen. 

“… es todo falso. Del espiritismo al Vaticano”.


-La evolución de Stanley (Colin Firth), aunque correcta, se antoja algo superficial y apresurada, poco creíble y concluyente en función de lo que vemos. Vale que quede hechizado de amor, pero la supuesta inteligencia deductiva que se le supone no aparece, salvo al final y de manera gratuita. Ya a su llegada dejaría una posibilidad al mundo espiritual al hablar con su tía.

“…y si lo hubiera no sería una gitana americana la bendecida”.

-Colin Firth está espléndido en su cinismo y descreimiento, es un portento de clase, sutileza e ironía, de expresividad.


-Para Stanley todo tipo de creencia en lo que no sea tangible radica en la desesperación. Así, en la presentación de la insigne vidente, nuestro protagonista se mostrará todo lo cínico que pueda, dando rienda suelta a su sarcasmo al estilo Oscar Wilde, con una bella muchacha de ademanes exagerados y estrafalarios que harían sospechar a cualquiera de su falsedad. El caso es que no logrará pillarla en un renuncio, para su frustración. Emma Stone está simpática, poniéndose en trance, como ida, acertada. Firth deberá recurrir a la mentira, en hipócrita pose, para desenmascarar la supuesta de Sophie (Emma Stone).

¿Le vibra la cabeza?”. “Es un buen lugar para abrir un restaurante”.


Entre chiste y chiste, Stanley se verá afectado por las revelaciones que Sophie va haciendo sobre él, la de su difunto tío Charles, que murió ahogado, le perturbará especialmente.


-Stanley cobrará un extraordinario impulso vital, disfrutando de una pequeña aventura que le permite saborear lo bueno de la vida, que jamás hubiera podido vivir con su prometida. Es por ello que Stanley pasará de ser un observador vital a ser un sujeto activo, así lo veremos participar en una sesión de espiritismo, cuando antes observaba, o bailar, cuando antes miraba tomando algo…


-El mayor problema en la gestación del personaje es que Stanley tiene pies de barro. Es supuestamente brillante e inteligente, un superdotado para desenmascarar farsantes, pero jamás le vemos hacer nada, ni indagar de ninguna manera para descubrir el posible fraude. Más allá de pedirle un par de veces que haga revelaciones y observar durante una sesión espiritista, no hace nada más, con lo que su conversión se resiente, desvelando los siguientes pasos de la trama por previsibles… descubrir el engaño para su decepción y su posible redención… Jamás da un argumento satisfactorio ni se muestra duro o firme en sus postulados. Es una de las claves narrativas por las que la película acaba resultando tan lamentablemente predecible.

-En cambio, uno de los rasgos que engrandecen el personaje, es que siendo un gran egocéntrico no es orgulloso, y demuestra una sincera humildad cuando reconoce su equivocación con Sophie, aceptando que hay algo más que lo aparente. Ni siquiera hay vergüenza o resquemor, hay satisfacción en su equivocación porque le hace disfrutar y sentir la vida en plenitud. Sería fácil que apelase a un irracional orgullo, pero jamás cae en ello.

-Stanley, como he comentado, es una contradicción andante, en su progresar a lo largo del metraje empezará a dudar de sus rígidas creencias. Una vez que se ve impotente para desenmascarar a la espiritista, la médium, se abrirá el debate sobre la posible existencia de Dios, con un exceso de verbalización explicativa. Un hombre que manipula la realidad con su trabajo de mago, pero que se niega, con fundamentos algo limitados, a asumir que esa “realidad” tenga infinitas dimensiones inexploradas y que esté en continuo crecimiento, como la propia ciencia demuestra.

-En las últimas escenas, Stanley incorporará a su vocabulario de forma apasionada y habitual palabras como alma, química, magia…

El baile nocturno de luz lechosa será un momento indispensable en la evolución de Stanley. Volverá a apreciar la belleza de Sophie, tendremos escenas silenciosas, muy raro en Allen, dedicadas a las sensaciones del baile, ya sea de la pareja o con tía Vanessa (Eileen Atkins), para desembocar en la declaración de amor romántica de la chica. Una escena divertida, donde Stanley parece esconder su enamoramiento creciente en perturbación, desconcierto y presunta indiferencia. Son estas cosas las que hacen interesante el personaje de Stanley, coces sin miramiento cuando menos se lo espera nadie.






Siempre supe que no eras de mi sexo, si a eso te refieres”.


Es divertido observar que el entregado Stanley, embriagado de amor, locura e ilógica, está dispuesto a rezar por salvar a su tía, pero finalmente reaccionará al darse cuenta de que a tanto se ve incapaz de llegar, apelando a su descreimiento y descubriendo el engaño de Sophie y Howard. Se niega al reconfortante sentimiento de una vida tras la muerte. La plegaria interrumpida será rodada en un solo plano. Y encima la tía se salvará.


La felicidad no es la condición natural humana”.

Declaración de amor, de matrimonio y decepción, momentánea, para un egocéntrico descreído que recibe una lección de vida y madurez. Una escena donde las posturas filosóficas se tornarán y será ella la que apelará al raciocinio y la lógica mientras que él apostará por el amor romántico y sin sentido. Es graciosa la torpeza de Stanley en asuntos de amor, disculpándola incluso aunque ella no se lo pida… Es inteligente, salva en cierta medida y por unos minutos la previsibilidad que ella no acepte de primeras, que pase el tiempo. Él romperá su compromiso con Olivia (Catherine McCormack), reflexionará, disculpará a su amigo… y entonces Sophie llegará a él. La fotografía en la escena de la petición de matrimonio simula casi un jardín del Edén. 



Un travelling comenzará la citada escena para luego pasar al plano y el contraplano como planificación, sin estar en cuadro juntos casi en ningún momento, y cuando lo están mantendrán las distancias, escenificando visualmente el rechazo. Esto contrasta con la siguiente secuencia, la reconciliación con su amigo Howard, rodada en un plano general que se va acortando, sin cortes y con ambos juntos en el plano, escenificando visualmente esa reparada amistad.


La idea de la reunión amorosa es excelente, sellada con una broma que incide en el cambio y evolución del protagonista, que se comunica con un supuesto más allá que le declara su amor a golpes en la mesa, como si fuera una sesión de espiritismo. Un bonito final.




Uno de los grandes problemas del último Allen y que también observamos en este último trabajo, es el exceso de verbalización, pero no referido a que sus personajes hablen mucho, algo que siempre ocurrió en su cine, sino a esa manía por explicar con pelos y señales las tesis de la cinta, las conclusiones, explicarlo todo para dejarlo mascado aunque haya quedado meridianamente claro en el desarrollo de la historia. La moraleja verbalizada que desemboca en simplismo didáctico.


En cualquier caso, el mayor problema de la película radica en su desesperante previsibilidad, vamos anunciando casi cada paso durante todo el metraje, hasta el punto de que cuando llegan las supuestas sorpresas, que se ven a la lagua, el bochorno llega con ellas.

Bonita y decepcionante. “Magia a la luz de la luna” es romántica, es bonita, es correcta, consigue en cierta medida centrar sus postulados creando cierta ambigüedad, pero no puede evitar resultar algo manipuladora, superficial y, sobre todo, lamentablemente previsible. Jamás logra elevarse a la altura esperada. Una agradable golosina sin más… lo que no es poco.




 




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