sábado, 16 de enero de 2016

Crítica: LOS ODIOSOS OCHO (2015) -Última Parte-

QUENTIN TARANTINO











Una voz over que nos saca del relato y hace patente el artificio, describiendo cómo quedan los personajes y lo que hacen, de manera innecesaria en la mayor parte de las ocasiones, es protagonista en el cuarto capítulo.

Jennifer Jason Leigh siempre me ha parecido bastante repulsiva, y aquí se deleita en ello. Está magnífica en su papel. Un papel complicado, ya que en la mayor parte del metraje es una mera oyente. Le dará premios su interpretación.


La de golpes, desprecios y humillaciones que se lleva la pobre son incontables, y los sobrelleva de una manera portentosa, siempre impertinente, provocadora y con un punto perturbado cercano a la inconsciencia de la locura… Vamos, que se acaba ganado cada golpe.


Ya nos la presentan con un ojo morado, síntoma de que Ruth la atizó antes de comenzar la narración, pero luego le propinará un codazo en la cara y le abrirá la cabeza…

Tenemos que fijar un sistema de comunicación. Cuando te de un codazo fuerte en la cara, significa: Cállate. ¿Entendido?


Warren le meterá un puñetazo cuando escupa sobre su preciada carta de Lincoln, en una hilarante escena.




Si la dan un codazo que la hace sangrar, ella se quejará un poco de inicio y luego sonreirá, se lamerá la sangre y guiñará un ojo… Cuando se descubra que la carta de Lincoln, que guarda con devoción Warren, es falsa, Domergue no podrá contener una estruendosa carcajada, que lleva a la frustración a su custodio John Ruth, decepcionado con la revelación, con lo que la estampará el plato de comida en la cara…




Luego le vomitará sangre en la cara al haber sido envenenado (sí, como leen), pero Domergue no es escrupulosa, aunque la ponga perdida…





Estos desprejuiciados maltratos a las mujeres no se ven en el cine actual. Tarantino se va al pasado para moverse con libertad y no ponerse ningún límite, especialmente cuando ha elegido una época tan salvaje y machista como el lejano oeste.

Kurt Russell está impecable y entrañable, a la vez que despiadado, en su rol. Su momento nostálgico con la carta de Lincoln que le pide a Warren es francamente simpático.

Tim Roth hace una estupenda encarnación también en un tono elegante que recuerda a los trabajos de Christoph Waltz para Tarantino. Cínico y taimado.

Extraña, por absurda, la excusa de no querer entrar esposado en la ciudad de la que ha sido nombrado sheriff que pone Mannix… Con liberarle antes de bajar del carro… También extraña la torpeza de los personajes cuando deciden señalar el camino hacia la letrina con unos grandes clavos, haciendo paseos de más por no llevarse todos juntos según van clavándolos, regresando a por el siguiente al punto de origen… Quizá Tarantino quiso representar su estupidez, pero es raro…




Existe también un excesivo esquematismo en la presentación de personajes, demasiado rígido y poco natural, yendo de uno en uno, en plan entrevista, para que nos cuenten algún aspecto de su vida, aunque sea mentira… También en esos diálogos.



Así pasamos de Mobray a Gage (Michael Madsen), un escritor con dinero que va a visitar a su madre por Navidad, según nos cuenta, aunque no hay manera de creérselo, y de Gage al general que interpreta Bruce Dern.

La tensión explota tras el relato de Warren al general sobre lo acontecido con su hijo, algo inevitable. Un anciano sobrepasado por las circunstancias, por la presión y por la provocación, que se protege infantilmente con una manta, esa que Warren negó a su hijo, según relata. Él será la primera víctima que veamos, aunque no la primera cronológicamente en el relato como descubriremos posteriormente, y da el pistoletazo de salida a la clásica, aunque minimalista, espiral violenta tarantiniana. Un baño de sangre que ya parece casi una concesión comercial que otra cosa…


Con el cambio de punto de vista para que veamos el envenenamiento del café, se genera un magnífico suspense, que nos hace partícipes a los espectadores, informados como Domergue, pero a la vez convertidos en detectives, intentando encontrar al culpable del envenenamiento. Veremos cómo O.B. y John Ruth toman el café envenenado, pero Gage y Mobray se nos hacen invisibles, lo que les convierte en principales sospechosos.



Las vomitonas de sangre de los envenenados nos remiten a “Posesión infernal” (1981) y “Terroríficamente muertos” (1987) de Sam Raimi, con Tarantino desbocado y pasándoselo en grande.


La alianza de Warren y Mannix se vertebra en que Ruth salvó a Mannix y además no era un asesino, ya que pretendía llevar con vida a Domergue hasta el verdugo, y que O.B. (James Parks) era un completo inocente que se limitaba a conducir la diligencia. Es en este punto donde Warren se transforma completamente en un Poirot del oeste, haciendo agudas deducciones detectivescas y ejecutando sin piedad a los que cree que ocultan algo, como Bob, por el asesinato de Minnie, la dueña de la mercería… El racismo delator, Minnie no podía ver a los mexicanos.


La violencia apoderándose del relato con la sorprendente aparición de un nuevo personaje oculto, en la parte baja del recinto, Jody (Channing Tatum), el hermano de Daisy Domergue. Un tiroteo a cámara lenta que comienza con este Jody disparando a las partes de Warren desde abajo. Habrá otro tiroteo posterior también a cámara lenta en la parte final. Un baño de sangre ya clásico en el cine de Tarantino.




Es evidente que Tarantino no siente el más mínimo cariño ni respeto por ninguno de sus personajes. A Jody se lo cargará en cuanto enseñe la cabeza. La venganza de Warren por haberse quedado sin su “miembro negro”. Es previsible el destino de Jody. Hay ciertas similitudes con la estructura de “Abierto hasta el amanecer” (Robert Rodríguez, 1995).

Con todo, y aunque desprecie a sus personajes y los maltrate a conciencia, encontrando una sádica diversión en ello, los retrata inteligentes, esgrimiendo argumentos elaborados y planteando pruebas, con mención especial para Warren, nuestro Poirot del oeste interpretado por Samuel L. Jackson. Se plantearán retos intelectuales a resolver unos a otros, y cuando no son ellos será el azar el que lo haga, como cuando Mannix pierde el conocimiento con un arma en sus manos, dejando a Warren sin escudo protector.



La muerte de Daisy Domergue es cruel y contundente, cumpliendo con la legalidad y rindiendo tributo a ese desprecio continuo de Tarantino por sus personajes. Ahorcada a cuatro manos entre Mannix y Warren, que se ríen de su agonía y sufrimiento mirándola a los ojos. Una muerte muy sugerente y alegórica en realidad.




La película concluye con un significativo plano, una grúa en retroceso desde los heridos Warren y Mannix dejando entrar en cuadro a la ahorcada mientras leen la falsa carta de Lincoln. Un Mannix redimido en cierta medida y que se define como el personaje más positivo de la película.

Mentiras.

Tarantino juega al ratón y al gato con el espectador, generando ambigüedad o dejando en el aire determinados aspectos sin confirmar. No sabemos si Mannix es, efectivamente, el sheriff que dice ser. De la falsedad de la carta de Lincoln nos enteramos porque a Warren le da por reconocerlo. No sabemos si, efectivamente, Minnie no podía ver a los mexicanos. Gage mentirá en su navideña historia maternal, Mobray podría no ser un verdugo, la historia de Warren sobre el hijo del general podría contener un falso flashback, no sabemos si la historia amenazadora sobre la banda de Domergue que espera en la ciudad a la que se dirige Mannix es verdadera, Bob miente sobre Minnie




En este sentido John Ruth sería el tipo más claro y honesto, que queda especialmente defraudado cuando se entera de la falsedad de la carta de Lincoln, que salva la vida de Mannix antes de morir y se niega a matar a Domergue por cumplir la justicia y un personal código moral.

Tarantino alegórico.

Tarantino traza toda una reflexión sobre el tema racial en América tras la Guerra de Secesión. Un Tarantino mordaz e irónico. Juntará a negros, blancos neutrales, blancos racistas y sudistas, mexicanos, negros racistas…

Una Guerra de Secesión donde la Unión salió vencedora y donde Lincoln impuso sus ideas y postulados, pero que no significó la solución inmediata ni el cambio de mentalidad en América, donde muchos blancos seguían odiando a los negros y viceversa, donde el rencor, el odio, la injusticia, la violencia… seguían plenamente vigentes. Lo que sí se inició fue el proceso para que todo eso cambiara y se corrigiera...



Así vemos en este micromundo que propone Tarantino a mexicanos odiados por negros, que prefieren a los perros antes que a ellos (Minnie). Negros que mataban blancos sádicamente, incluso de su propio bando, por mero placer y venganza racista (Warren). Blancos asesinos de negros porque se creen con el derecho natural y autoimpuesto sobre ellos, porque se creen superiores y la raza negra debe estar a su merced (el general Smithers, Mannix)…



La película reflexiona así sobre la guerra y sus fundamentos últimos, sobre el arduo trabajo que quedaba por hacer para cambiar una ecléctica sociedad en conflicto, donde el racismo y todos sus componentes estaban profundamente arraigados.

El ahorcamiento de Domergue supone, de alguna forma, el triunfo de la ley sobre el fanatismo, como exponía el Mobray interpretado por Tim Roth. Un ahorcamiento simbólico ejecutado por las manos de un negro y un sudista, que se odiaban a morir, pero colaboran juntos para defender esa ley y anteponer sus diferencias para cumplir una sentencia contra la líder de una banda de asesinos. La superación de los prejuicios y diferencias, fin último.


Ellos son tan despreciables como cualquiera y tienen un pasado despreciable, pero se redimen de alguna forma, por tanto Tarantino, aunque los deja diezmados, les dedica el final.

El detalle maestro es incluir la lectura de la famosa falsa carta que supuestamente Lincoln habría escrito a Warren, escrita en realidad por éste último. Warren esta vez sí dejará leer la carta a Mannix, que les une de alguna forma incluso en su falsedad, por lo que la figura del presidente suponía, colocándose por encima de cualquier otra consideración… Es, sencillamente, una genialidad.



Debemos destacar la música de Ennio Morrione, flamante ganador del Globo de Oro por ella. No es una banda sonora larga, ya que buena parte de la misma son retazos de otras creaciones anteriores del maravilloso compositor italiano. Sin ser de sus más grandes composiciones funciona muy bien. Retazos de creaciones anteriores de Morricone, realizadas para otras películas, como “La cosa” (John Carpenter, 1982), que escuchamos en un sensacional guiño, mientras la diligencia atraviesa la tempestad y la nevada, una nieve que atraviesa nada más y nada menos que Kurt Russell, viejo conocido de la nevadas porque fue el protagonista, precisamente, de la película de Carpenter.


La otra película para la que Morricone compuso y de la que podemos oír algunas notas aquí es “El exorcista 2” (John Boorman, 1977).

Luego tenemos varias canciones: “Apple Blossom” de White Stripes; “Jim Jones At Botany Bay”, que es la canción que toca a la guitarra Jennifer Jason Leigh en forma de pulla musical a Kurt Russell y que concluye con la mencionada guitarra destrozada; “Now You’re All Alone” de David Hess; “There Won’t Be Many Coming Home” de Roy Orbison, sacada de la película “The fastest guitar alive” (Michael D. Moore, 1968), que protagonizó el propio cantante...


Una película tremendamente inteligente y, por lo señalado, una de las más alegóricas de su director. A pesar de todo no está entre sus mejores títulos, pero satisface, sobre todo si gozas con los universos, el tono, pulso y ritmo que Tarantino suele dar a sus films.





8 comentarios:

  1. Pues gran final. Me da mucha pereza la orgía sangrienta de Tarantino, porque es repetitiva, pero bueno, cosas de Quintín.
    Lo he disfrutado y he aprendido!!
    Gracias!!
    Bss

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    1. A mí también me da jejeje. Gracias a ti, Reina!

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  2. La cruz del principio es como la que sale también en el prólogo de 'Uno rojo: División de choque' :)
    Y la escena final recuerda bastante a la misma escena final de 'La cosa'
    Un estupendo análisis. Al salir del cine me han venido a la mente dos pelis que más o menos son similares en su planteamiento: El bosque petrificado y Cayo largo. Parece todo un remix de esas dos pelis junto con La ratonera, que bien comentabas antes, además de nieve, western y sangre.
    En general es una peli notable aunque tal vez algo larga y puede que algo menos de metraje no le vendría mal. Pero también te deja la sensación de que es todo una obra de teatro, con diálogos bien ejecutados y esas transiciones son más propias para un formato como el cine.

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    1. Un dato estupendo, siendo de Fuller fijo que Tarantino la vio. Yo ni la recordaba. Creo que el punto genial es que sea un Cristo congelado, remata la idea jeje.

      Tienes razón, esa misma idea de Cayo Largo que además tiene tempestad, o encierro con Horas desesperadas.

      Totalmente, el final es muy LA COSA!

      Muy de acuerdo con tu valoración, don Javier. Un placer verte por aquí.

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    2. Incluso de Fuller coge lo de 'Marauders', ya sabes, el título original de 'Invasión en Birmania' es 'Merill´s Marauders'. A mi estos detalles, de referencias a otras pelis es una de las cosas que más me gusta de QT.

      Si, son ideas similares pero QT las desarrolla de otra manera. A la peli ya la defino como 'La ratonera desencadenada'.

      Incluso es un final, en ambas pelis, como abierto. Sabes que después puede pasar cualquier cosa: que mueran ahí, que vengan los bandidos/La Cosa ....

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    3. Hay un entretenido western llamado THE MARAUDERS del 55, que traje aquí precisamente.

      Sí, Tarantino es absolutamente novedoso y entendió pronto esa idea de que lo original es absurdo buscarlo, que está todo inventado, que en la referencialidad está la clave para crear un discurso propio, una forma de contar las cosas distintas. Además tiene unas influencias tan eclécticas que muchas pueden llegar a ser insondables.

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  3. Un punto que destaco bastante es, aparte de todas las referencias frikis y homenajes al spaghetti western de Tarantino son esos disparos a cámara lenta. Puro Peckinpah, para mi el último gran director de westerns clásicos (hasta que le dió por meter Rock'n'Roll en "Pat Garrett y Billy el Niño"). Si bien sus últimas películas se distancian cada vez más del trepidante ritmo de sus inicios, me parece tremendo como Tarantino va cargando cada vez más con la tradición clásica, con el western intemporal.

    Aparte de eso, otro pequeño apunte al final, visto el toque alegórico de la película: aparte de lo políticamente correcto de los dos enemigos acérrimos de ideología y raza juntando fuerzas para hacer lo moralmente correcto por encima de bandos y prejuicios, el final se podría interpretar también como un "así construimos nuestro país" de pitorreo: con mezcla de gentes, ideas y razas, con auténticas sangrías y con ídolos construidos no solo con méritos sino también con mentiras. Y a pesar de lo cáustico del mensaje, el director aún consigue transmitir orgullo por el resultado final.

    Un genio, Quentin.

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    1. Tiene usted toda la razón, amigo Eselsdistel. En realidad Tarantino no da predominancia a las frikadas antes que a las referencias clásicas, están todas muy mezcladas. Las de Peckinpah que citas, como las de Leone o Fuller, siempre son recurrentes en su cine. Muy bien por traerlo aquí.

      Lo que comentas sobre el aspecto alegórico, totalmente de acuerdo y cierto, lo expongo en el análisis y así es. Una reflexión soterrada que engrandece la película.

      Muchas gracias por el aporte!

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