lunes, 11 de abril de 2016

Crítica MISERICORDIA (LOS CASOS DEL DEPARTAMENTO Q) (2013)

MIKKEL NORGAARD










Las editoriales en los últimos años han apostado por promocionar trilogías o sagas, booms mediáticos que ponen de moda alternando géneros para extender ese éxito varios años. Un filón que está bastante emparentado con el cine. Comenzó con las películas de “El señor de los anillos”, que llevó a gloriosas reediciones de los libros de Tolkien, que siempre se han vendido maravillosamente; continuó con “Las crónicas de Narnia”, otro clásico, y luego se desvirtuó con otras de otro tipo. Franquicias infantiles como “Harry Potter”, adolescentes como “Crepúsculo” o “Los juegos del hambre”, novelas eróticas con “50 sombras de Grey”… y novela negra, con la trilogía “Millenium”…



La trilogía escrita por Stieg Larsson puso de moda la novela negra escandinava, a pesar de no ser precisamente su mejor exponente, lo que debe reconocérsele y valorarse, ya que permitió al gran público conocer e interesarse por otros autores y novelas del estilo aún mejores. Algunos ya eran muy conocidos en todo el mundo, como Henning Mankell (fallecido el 5 de octubre de 2015), pero tanto él como otros se colocaron entre los más vendidos habitualmente, ocupando puestos preeminentes en todas las librerías de España. Asa Larsson, Camila Läckberg, Jo Nesbo, Liza Marklund, Leif GW Persson, Kjell Ola Dahl, los clásicos Maj Sjöwall y Per Wahlöö






A esta tendencia corresponden las novelas del danés Jussi Adler-Olsen y su “Departamento Q”, que ya va por la sexta entrega. Un estilo muy en la onda Mankell, con detective muy nórdico, seco, amargado y con dificultades para compaginar vida personal y vida laboral. Esta “Misericordia” (Mikkel Norgaard, 2013) adapta “La mujer que arañaba las paredes”, mientras que “Profanación” (Mikkel Norgaard, 2014), el siguiente título que llegó a la gran pantalla, hace lo propio con “Los chicos que cayeron en la trampa”.

La película de Mikkel Norgaard, que ha dirigido episodios de la prestigiosa serie danesa “Borgen”, tiene una buena atmósfera, captando la esencia de la novela escandinava. Una película de fotografía blanquecina y grisácea, clara (es una cinta diurna), gélida, en sus exteriores. Esto contrasta con los interiores o momentos de más suspense, donde todo se hace más oscuro y aparece el uso de ocres, como el despacho del detective Carl Morck (Nikolaj Lie Kaas). Esa fotografía tan clara remite también a muchas series televisivas.




Entornos grises y marrones que retratan a la perfección la vida de Carl, incluido su atuendo, con esa gabardina marrón.



Un buen manejo del suspense y la atmósfera, que nos remite al cine de David Fincher, “Seven” (1995) o la serie “True Detective”, lo tenemos con la primera secuencia, la del error policial del protagonista, que se precipita y provoca que uno de sus compañeros muera, el otro quede postrado en una cama y a él le dejen herido, lo que le apartará del “Departamento de homicidios” para ser recluido en el “Departamento Q”, de casos sin resolver. Un entorno lúgubre, sucio, con la luz del exterior filtrándose y rompiendo la tenebrosa iluminación del interior de la casa. Diurna con momentos de tenebrismo.



Ya empieza a describirse aquí la personalidad del protagonista, muy clásica en la novela nórdica. Un hombre de carácter difícil, poco comunicativo, obcecado, cabezón, taciturno, amargado… de difícil vida personal. Separado y descastado, poco involucrado en la vida de su hijastro, que se presentará repentinamente en su casa para estar con él. Nadie quiere trabajar con él porque nadie le aguanta. Una penosa vida personal y una penosa vida profesional. Caótica. Un solitario.




Es un hombre muy competente y obsesivo con su trabajo, es lo más importante que tiene en su vida. Considera, en su fuero interno, que nadie tiene esa capacidad, que nadie está a esa altura porque él renuncia a todo lo demás. No acepta la incompetencia. Desde su recuperación, Carl parece tener ciertos temblores en la mano.

Si me asesinan, prométeme que no te ocuparás de mi caso”.

-Assad: ¿Y por qué este trabajo?

-Carl: Porque es lo que sé hacer.




Su hijastro abandonará a su madre para irse a vivir con su padre, por aquello de tener más libertad, ya que Carl se preocupa poco. Acostumbrado a la soledad, aunque a veces le afecte, se verá algo limitado en su propia casa, sin ser capaz de comunicarse con su hijastro, aguantando su música estruendosa a todo trapo e interrumpiendo sus folleteos con la novia sin querer… Hay en la permisividad de Carl con su hijastro un anhelo de compañía, quizá.


Resulta muy interesante (aspecto que se pierde lamentablemente en la siguiente entrega del “Departamento Q”, “Profanación”), la relación de Carl con su compañero, postrado en cama tras la errada misión de la primera escena. Un hombre que vive un infierno y que parece el único amigo con el que es capaz de relacionarse. Como una forma de flagelación o un mecanismo para digerir su culpa. Además de por un afecto sincero.




Sin tu cabezonería vales… lo mismo que yo ahora”.


Las conversaciones con su amigo herido dejan los momentos más emotivos de la cinta. Otro policía que entiende a Carl a la perfección, que sabe que su renuncia a su vida es para salvar y mejorar la del resto… porque es lo que le queda. Estás conversaciones son redentoras para Carl.


En el “Departamento Q” conocerá al que se convertirá en su nuevo amigo, uno de los pocos. Assad (Fares Fares), hombre feliz y alegre, educado y complaciente, trabajador, contento con su trabajo olvidado de la mano de Dios, solitario y tranquilo, un trabajo que Carl considera un destierro para jubilados. Assad, su subordinado, un hombre absolutamente fiel. Assad es la bondad personificada, sólo un tipo así sería capaz de aguantar a Carl. Musulmán practicante del islam.



Dos líneas temporales se unirán. Un caso llama la atención de Carl, uno que intentó que le asignarán, pero que fue para otro detective finalmente, de hace 5 años. Esa curiosidad y la investigación que nuestro protagonista emprende se unen a un flashback sobre los hechos ocurridos, los hechos que constan en la investigación y los informes, pero que posteriormente se independizará de ellos cuando lleguemos al presente y descubramos la realidad de lo acontecido.

Es muy interesante cómo se juega con los puntos de vista durante la investigación, puntos de vista de los testigos que cuentan lo narrado en su día. Un planteamiento muy apreciable, sobre todo porque vemos cómo se va llegando a deducciones a través de este recurso, con los testimonios de los testigos que se conservan. Por ejemplo en el ferri al que la víctima, que es político, fue con su hermano deficiente, Uffe (Mikkel Boe Folsgaard), y de la que se piensa se suicidó allí. Un hombre con un chubasquero despertará las sospechas de Carl, que no ve lógico que ella fuera a un ferri con su hermano deficiente para suicidarse… La escena en el ferri resulta muy atractiva. Ella es una mujer brillante que ha renunciado a su vida privada casi por completo para dedicarse a su hermano deficiente. Puntos en común con Carl.





Flashbacks que no quedan claros, porque sólo respetan escrupulosamente los pasos de la investigación en ocasiones, mostrando otros aspectos, como esos planos espías en la casa de la víctima, que no pueden estar en la investigación, generando un suspense, pero resultando ambiguos narrativamente.



Carl deduce que debió ser secuestrada, es la única posibilidad lógica revisadas todas las pruebas. Cerca de la media hora descubriremos la verdad, en un estupendo giro de guión que convierte la narración en algo mucho más truculento y terrorífico. Mereth (Sonja Richter) sigue viva y, efectivamente, ha sido secuestrada por un psicópata, del que sólo oiremos la voz, y encerrada en una cámara hiperbárica. Allí la mantiene desde que la secuestró, cinco años atrás. Torturándola sin piedad.





Mereth, no saldrás de aquí. Jamás”. “Volveré en un año”.


Hay interesantes rimas visuales que avanzan elementos o dan pistas, que cobran todo el sentido en la resolución. El mejor ejemplo es el uso de los focos de los coches. Unos de un camión deslumbrarán a Mereth en un viaje hacia su casa. Otros focos, en la cámara hiperbárica, la iluminarán intensamente… Esto tendrá todo el sentido cuando descubramos el accidente que traumatizó al psicópata.





El polen que vemos en algún sueño de Mereth en su encierro, también nos remite al día del accidente.

La rememoración del accidente es muy buena. Ahí veremos como un juego inocente de Mereth impide a su padre ver el camión que se aproxima, que incluso dará las luces, como el que vimos en la citada escena anterior. El germen de un trauma y su posterior venganza. Un magnífico flashback que nos mostrará las razones y motivos de la obsesiva venganza que emprende el psicópata y cómo la ejecutó. Un relato de abusos, amistad, determinación, obsesión, odio… Un psicópata que es absolutamente cariñoso con su madre, en silla de ruedas.



127 días de cautiverio, 2 de febrero de 2009, intentando no sucumbir a la locura, recitando  frases para ejercitar la memoria, recurriendo a recuerdos maternos. 147 días de cautiverio, 28 de febrero, misma rutina… Un psicópata que aumenta las atmósferas de presión año a año.




En la cámara hiperbárica tendremos escenas realmente desagradables, e impactantes, como la autoextracción de la muela por parte de Mereth. Ella se mostrará rebelde, pero todo acto de rebeldía caerá en saco roto. Frustrado.

La próxima vez que me veas, morirás”.



Assad, por su parte, intentará hacer reaccionar a Uffe, el hermano deficiente de Mereth, para ver si puede sacar algo. Regresará rutinariamente al hospital psiquiátrico donde está internado para que coja confianza en él. Además descubrirán que la chica tuvo una relación secreta con alguien que asistió a un congreso, lo que llevará a investigar las fotos del evento. Esas fotos son las que usará Assad para intentar hacer reaccionar a Uffe.





Ese momento del reconocimiento fotográfico de Uffe es uno de los mejores de la película. Gracias a ese reconocimiento buscarán a un tal Daniel Hale, pero descubrirán que está muerto… Aunque tenía un novio… Esto llevará la investigación de Dinamarca a Suecia. Y de Suecia a la suspensión.



El orfanato donde creció Daniel Hale dará las claves para la resolución del caso. Allí descubrirán el nombre de un amigo íntimo de Daniel, Lars Jensen (Peter Plaugborg), que perdió a su padre y su madre quedó en silla de ruedas en un accidente de tráfico… el mismo accidente en el que la chica secuestrada, Mereth, perdió a sus padres. Desde aquí todo se hace bastante previsible.





Los onirismos agonizantes, especialmente en flashbacks y recuerdos, volviendo al momento del accidente, tratados casi como momentos poéticos, restan fuerza y potencia al clímax, resulta excesivamente tópico.


El psicópata Jensen, que culpa de lo ocurrido a Mereth, resulta algo torpe si lo que pretendía era matarla finalmente una vez aparecen los policías a husmear. Que intente ahogar a Carl cuando está a su merced en vez de matarle con lo que sea directamente tampoco funciona del todo bien, sobre todo cuando llegue Assad, que fue herido por el propio Jensen con un destornillador, y le muestre la forma de hacerlo, apaleándole con un hierro.




Con todo, es visualmente efectivo y tenso este clímax que terminará con final feliz. Rescate, complacidas sonrisas y la reunión de Uffe con su hermana. Este éxito permitirá a Carl recuperar su anterior puesto, pero preferirá mantenerse en el Departamento Q junto a Assad, que, no nos engañemos, es un lugar que se amolda como un guante al taciturno carácter de nuestro protagonista.





Un clásico título noir escandinavo, con algunos momentos buenos y poderosos y una trama atractiva, aunque convencional en líneas generales, sin nada especialmente reseñable.



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