miércoles, 11 de enero de 2017

Crítica STEVE JOBS (2015) -Parte 1/2-

DANNY BOYLE










Más que aceptable película de Danny Boyle con guión de Aaron Sorkin, uno de los actuales genios televisivos, aunque no fue todo lo bien recibida que cabía esperar, en unos casos porque esperaban una especie de “Ciudadano Kane” informático y en otros por la manera de retratar a ese otro genio que fue Steve Jobs, con sus grises, sus blancos y sus negros.



Lo más destacado de la película de Boyle está en su texto, aunque posiblemente también en la estructura de guión se encuentren sus mayores debilidades. Tanto el texto, con brillantísimos diálogos, de esos que cuesta encontrar ahora en la gran pantalla, como el montaje y las interpretaciones, son los grandes alicientes de la película para elevarse por encima de la media. En cambio, la estructura en actos, al estilo del teatro griego, aristotélico, definiendo al personaje y su obra a través de tres presentaciones de sus productos con pequeñas transiciones informativas, obliga a aglutinar información y usar muchos trucos para que no se escape nada, por lo que en muchas ocasiones los temas que se tratan o sacan no están integrados con naturalidad, se antojan evidentemente forzados por esas limitaciones estructurales. Los actores sacan todo el partido a esos brillantes diálogos recitándolos con pasión y dinamismo, con gran ritmo.

Sorkin lo escenifica todo como si de una obra en tres actos se tratara, entre bambalinas, antes de la actuación, literalmente.

Comenzaremos con una introducción en la que se nos anuncia el futuro, la sociedad con computadoras personales, la información al alcance de la mano con internet, la interactuación de millones de personas en todo el mundo, el acceso a todo el ocio y a toda gestión o trabajo desde casa, desde nuestro Pc, para dar un salto hasta 1984, a una presentación de Apple de la mano de Steve Jobs.



Un personaje excepcional.

Lo que más me satisface del relato es que Jobs jamás se muestra fanático. Defiende con dureza y pasión sus argumentos e ideas, pero tras el debate, si considera que lo que le replican es justo, cederá, como comprobaremos en muchas ocasiones, especialmente en los asuntos concernientes a su hija. Del mismo modo, se impondrá en otro buen número de ocasiones… pero lo que engrandece al personaje son sus motivaciones ocultas, ligadas a su corazón y emociones, a su ambición y su hija. En este sentido, el final de la cinta es una maravilla emotiva.

El retrato de Jobs es excelente en el transitar de estos tres actos, el camino de una redención. Si en un principio lo vemos obstinado, frío, cínico, un ser casi sin escrúpulos en lo más alto de la ola de su ego, poco a poco esto se irá matizando. Un retrato realmente rico. No sé hasta qué punto es fidedigno, ¿quién lo sabe?, pero es indiscutible que es un personaje rico y fascinante, de extraordinarias facultades y virtudes, pero también con lados oscuros. Ese icono de la modernidad y la tecnología que es Steve Jobs.

Su seguridad, su obstinación, su carácter inflexible, que explica sus logros, se exponen desde el mismo inicio, con su pertinaz decisión de que el ordenador que va a presentar diga “Hola”, a pesar de la imposibilidad anunciada de los técnicos, concretamente de su compañero Andy Hertzfeld (Michael Stuhlbarg).



¿Quieres intentar ser razonable, sólo… no sé… para ver qué se siente?” “No venderemos un millón en los primeros 90 días".

“… porque aún tenemos media hora. Podemos rediseñarlo”. “Tú mírales las caras cuando vean lo que es”. “No sabrán qué están viendo ni por qué les gusta, pero sabrán que quieren uno”.

Cuando el público escuchó La Consagración de la Primavera, arrancó los asientos del teatro, pero no compró el disco”.

Nadie ve el mundo como lo ves tú”.

Un hombre que teme mostrar debilidad, y para ello no duda en ser cruel o drástico. No es maldad, es liderazgo en la mayor parte de las ocasiones, salvo en lo personal, con su hija, donde sí llega a serlo por cobardía o culpa. Su carácter, finalmente, logra sacar lo mejor de los que le rodean, su máximo rendimiento. A pesar de ese carácter tan particular, logrará conservar y reconducir grandes amistades.



 “Es una coincidencia”.

Jobs (Michael Fassbender) vive atormentado por su origen, su adopción, que él interpreta como rechazo, en vez de valorar la elección de sus padres adoptivos. En el acto final volveremos al pasado, a una cena junto a Sculley en el restaurante del padre biológico. Es interesante, porque se hablará de Sculley (Jeff Daniels) como una especie de figura paterna para Jobs, que se sentirá traicionado.



Es egocéntrico y cínico, provocador y prepotente. Tozudo, concienzudo. Brillante, exigente. Consciente de su talento. Todo esto se escenifica en esa escena donde exige una camisa blanca con bolsillo para poder meter un disco en él (lo tiene todo pensado, hasta el más mínimo detalle, o con ocurrencias repentinas). Por supuesto, lo conseguirá. Como conseguirá que el ordenador diga “Hola”, aunque tenga truco.



Los dos acontecimientos más importantes del siglo XX. Los aliados ganan la guerra… y esto”.

No quiero caerle mal a la gente. Me es indiferente si le caigo mal”.

La relación con su hija y la madre de la chica es muy interesante. Una madre que viene a quejarse de la poca ayuda que recibe de él a pesar de los millones que tiene, una madre que descuida a la chica y vive del cuento.



-Jobs: El universo se creó en un tercio de ese tiempo.

-Hertzfeld: Pues tendrás que contarnos cómo lo hiciste.

Lisa ha hecho un dibujo en el Mac”.

En la segunda presentación constatamos que sigue teniendo relación con su hija, aunque manteniendo la distancia, petulante y prepotente, ante las preguntas curiosas de la niña, que pretende llamar su atención. Escena ante espejos, como en la primera presentación. La barrera de cinismo y ego que ha creado se va derrumbando.





Se produce aquí un interesante vuelco, una evolución, cuando recrimine a la madre, que cada vez parece más una caradura, su comportamiento irresponsable con Lisa, su hija. La amenazará de muerte, incluso, si asusta a la niña. Una hija que aparece pululando constantemente por los alrededores. El interés de Jobs por Lisa es creciente en este segundo acto, preguntando a Joanna por los comportamientos de la cría. Eso sí, aún es timorato, como si no quisiera reconocerlo plenamente.


Ella es una cría y la asustas. Yo soy un hombre adulto y me asustas”. “Tendrás más dinero en la cuenta al final del día”.

No hay razón alguna en este mundo para que sea buena persona… pero lo es”.


Un Jobs más moderado, más maduro, algo resignado en cierta medida en esa presentación, más comedido y precavido que en la primera, donde era una tempestad andante… pero sin merma alguna en los grandes y más destacados activos de su personalidad.



En la última presentación asistiremos a la redención personal plena, retratada bellamente. De la negación a pagar la universidad para castigar a la madre de Lisa y la intromisión de Hertzfeld, al derrumbamiento de las defensas del genio ante su hija.






Las prioridades de Jobs han cambiado en esta última parte. Su hija se filtra con más intensidad (recursos de montaje que analizaré posteriormente), está más presente y le da más importancia que a lo profesional, incluso estará dispuesto a empezar con retraso por ella, lo que era una “línea roja” en las anteriores presentaciones. Su hija se impone finalmente a todo lo demás… quizá porque el éxito ya está en la mano…



Sí, la figura de su hija, que se va abriendo camino en sus pensamientos según avanza el film, acaba por eclipsarlo todo en la última presentación, con el Jobs más maduro y menos impetuoso, sin perder su fuerza jamás. Un hombre orgulloso pero tradicional en el fondo, que se expresa con lo que mejor sabe hacer.


Y es que lo interesante del personaje son sus matices, su complejidad, sus grises, cómo desde su exigencia y obstinación siempre es capaz de escuchar, rectificar, asumir errores. Así lo hará al ver el dibujo que su hija hará en el Mac, cuando enternecido acceda a ingresar dinero en la cuenta de la madre y comprarle una casa cerca de un buen colegio. Un ordenador que se ve constantemente en plano.

Jobs se presenta como un orgulloso egocéntrico, pero que en el fondo es más tradicional, humano y responsable de lo que deja ver en la batalla profesional.



Su hija acabará definiéndose como lo más importante. Siempre lo fue, como demuestra el bellísimo final, pero él se resistía a asumirlo, reconocerlo o expresarlo. Cuando caigan sus orgullosas y egocéntricas barreras, madure, todo se clarificará.

Joanna Hoffman, interpretada estupendamente por Kate Winslet, será la voz de la conciencia y guía personal del genio. Ella encauzará su desorientación, sobre todo en lo personal, recriminando y reprendiendo su actitud con su hija cuando es menester, dando las claves para entenderla mejor cuando se encuentre perdido. Se acercará a su hija siguiendo los consejos de Joanna. Una fidelidad a prueba de bombas.




Es un personaje encantador, y desprende inteligencia y sensibilidad, la que le falta a Jobs, pero de alguna manera la forma en que incluye a la hija en determinadas conversaciones, cómo la introduce, se antoja forzada. Le afecta de una forma extrañamente intensa la relación de Jobs con su hija y no elige los mejores momentos para tratar el tema (antes de una presentación). Insistirá en que haga las paces con ella en sus enfados y dará continuos consejos, hasta llegar a un clímax donde lo zarandeará para que reaccione. ¿Instinto maternal?

Soy tu esposa en el trabajo... a tiempo completo”.

Ella es la que mejor conoce a Jobs, sus virtudes y defectos, lo que se esconde tras su pose, sabe que es capaz de rectificar, recapacitar y reconocer un error.

Me gusta que no te importe nada lo que gana una persona, que te importe más lo que logra”.


Si discutes con Lisa no intentes ganar. Admite que te equivocaste”.









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