martes, 10 de diciembre de 2013

Crítica: ASALTO AL PODER (2013)

ROLAND EMMERICH











La gran apuesta en cine de acción sobre catástrofes terroristas, una superproducción en toda regla liderada por el experimentado en estas lides Ronald Emmerich y que compite de forma directa con otra de calcado argumento y planteamiento, “Objetivo: la Casa Blanca”. Una lujosa producción donde el director da rienda suelta a su gusto destructivo de símbolos americanos y su aliento patriótico e irónico.

Asalto al poder” pierde en la comparativa con “Objetivo: La Casa Blanca”. La que nos ocupa es una película más inocente, pura pirotecnia de acción inane, de violencia muy light y calculada, aquí los personajes se manchan pero sangrar sangran poco, y lo que primara son las explosiones, pelas y choques con aviones, helicópteros y coches de todo tipo. Una película que apuesta por el tono de humor, la nula trascendencia y una ironía y socarronería que acaba siendo el mayor acierto de la cinta. Por lo demás llega a aburrir en algunos momentos en su desfase, giros y vacuidades varias, como la excesiva importancia que se le da a algunos personajes y al tour turístico por la Casa Blanca dándonos datos...


Un grupo de terroristas decide atacar la Casa Blanca, secuestrar al presidente para conseguir las claves que permita lanzar los misiles nucleares y poner en jaque al mundo. Un aspirante al servicio secreto y el propio presidente de los Estados Unidos son lo único que se interpone en el plan.

El inicio se dedicará a presentar los personajes fugazmente, sus situaciones y un par de rasgos de su personalidad que no se desarrollarán posteriormente, no es algo que importe en demasía en la cinta. Así tenemos una niña friki y obsesionada con la Casa Blanca, Emily (Joey King), que entre sus juguetes preferidos tiene una bola de nieve con el edificio, y posee un vlog donde deleita al mundo con su brillante cerebro. El presidente es juguetón y caprichoso, con un toque infantil y divertido que lo hace muy campechano, un Obama con el rostro de Jamie Foxx. Además es un hombre que no ha olvidado sus raíces, de donde venía, los momentos de pobreza, su humildad, por lo que luchará contra ella, contra las drogas y... retirará las tropas de Oriente Medio. Casi nada. Es lógico que una de las influencias de este hombre sea Nelson Mandela... veremos un libro sobre él en su mesilla.

Al presidente le gustaría hacer eso…



El protagonista, Channing Tatum, habla con las ardillas, es despistado, está separado y se lleva regular con su hija. Aspira a entrar en el servicio secreto del presidente y trata de ganarse a su empollona hija con un pase para ver su deseada Casa Blanca. James Woods interpreta al veterano jefe de seguridad del presidente, a punto de jubilarse, otro tópico, al que vemos reflejado en espejos, símbolo de falsedad o doblez, abandonando el patriótico pin con la bandera americana y despidiéndose con solemnidad de su mujer, con lo que caben pocas dudas de que este hombre va a hacer algo "importante"…


Maggie Gyllenhaal interpreta a Finnerty, una mujer firme, también divorciada, responsable y obsesa del trabajo.

Como es habitual en este tipo de películas el protagonista arreglará sus problemas familiares o del tipo que sea, se redimirá, con una gran aventura, al igual que ocurría en “Jungla de Cristal” (John McTiernan, 1988).

Lincoln también estará muy presente en esta cinta, muy admirado por el presidente Jamie Foxx, lo sabe todo de él. Veremos su estatua, manifestaciones de Foxx sobre la admiración que profesa al gran presidente, menciones contantes a él y su mujer Mary Todd

El tono que pretende darle Emmerich a su cinta queda definido desde este mismo comienzo, falsa solemnidad y mucha ironía y socarronería, suave mala leche con humor. Así la llegada solemne del helicóptero presidencial tendrá una broma sexual con la parejita que se dedica, distraída, a las artes amatorias avistada por un miembro de seguridad.


Asalto al poder” es una comedia de acción que presente equilibrar ambos géneros, aunque no resulta brillante en ninguna de las dos ambiciones. Lo más sangrante queda para la acción, ya que se presupone un espectáculo impresionante, pero no convence la dirección de Emmerich en absoluto. Los elementos cómicos, constantes, funcionan de aquella manera y sólo para el público juvenil. Un nuevo ejemplo lo tenemos en la entrevista de trabajo que Maggie Gyllenhaal hace a su ex novio Channing Tatum, que es un seductor. Hay ahí cierto triángulo amoroso confuso que no lleva a ninguna parte, ni siquiera termina de plantearse, pero que lo mismo en “Asalto a la Casa Blanca 2” se acaba por desarrollar… Esperemos que no. La ex mujer es Melanie (Rachelle Lefevre).


Nuestro protagonista, Cale, apelará al pasado y la sensiblería para que su ex novia, Finnerty, lo contrate, pero no colará y tendrá que demostrar su valía, ya se sabe, salvando la vida al presidente y al mundo mundial en general.

El caso es que toda esta frivolidad juega en contra de la tensión del film, no hay sensación de amenaza ni verdadero suspense ni nada por el estilo, no hay tensión porque todo parece tratado en broma, con chistes malos aquí y allá constantes. Emmerich paseará unos técnicos sospechosos por la Casa Blanca para generar esa tensión, anunciados con anterioridad en el repaso a las actividades del día del servicio secreto. Son los terroristas y se cruzarán con nuestro protagonista, con lo que la tensión debería crecer, pero no se siente. Toda esta parte queda algo lastrada con los excesos informativos acerca de la Casa Blanca, viaje didáctico desde 1792, interesantes pero donde no se acaba de atrapar al espectador ni con los elementos de tensión ni con los de humor.

6 plantas, 132 habitaciones, 412 puertas, 35 cuartos de baño, 147 ventanas, 28 chimeneas…


¿En el cole se meten contigo?

Gyllenhaal y Woods tendrán una conversación tras unas cortinillas, el retrato del traidor está bien cuidado visualmente, otro nuevo objeto desvirtuando su imagen. Él es un padre para ella, dará consejos y procurará protegerla. Así comienzan a dibujarse, vagamente como es de suponer, las relaciones entre el nutrido grupo de personajes. La niña groupie del presidente James W. Sawyer se quedará embobada con su admirado y poderoso objeto de deseo; el presidente, que es tremendamente sociable y simpático, accederá a dedicarle unas palabras a la niña para su vlog y llamará la atención del padre por mentir a su hija sobre su incorporación al servicio secreto. Nuestro héroe, como todo buen héroe que se precie, le devolverá la pulla en cuanto tenga ocasión… Antes del encuentro veremos bajar al presidente a través de un espejo, mero recurso esteticista. El presidente y su jefe de los servicios secretos también tendrán su momento, donde intuiremos que hay algo en el pasado de Woods que le perturba, algo oscuro, por ello parece reticente a las muestras de cariño del presidente, como si no quisiera su acercamiento. Más de esto no podemos destacar en cuanto a las relaciones, se planta aquí el cebo, primeros contactos, que luego se afianzarán y definirán.

No mienta a los niños”.

Varios objetos serán usados de forma simbólica o narrativa, patrióticos ellos, el cuadro de 1814 de Tom Freeman sobre el incendio de la Casa Blanca en 1812 a cargo de los ingleses, que sirve de premonición; el cuadro de Lincoln junto al presidente interpretado por Jamie Foxx o el disparo al cuadro de Washington, simbólico de la amenaza que se cierne sobre la nación…

Hay cierto aspecto interesante en la conversación telefónica del presidente con el presidente de la cámara una vez se saben las claves y secretos de la película. La conversación comienza con un plano de Foxx, orgulloso, junto al cuadro de Lincoln, el presidente americano de referencia, para contrastarlo con el de Raphelson (Richard Jenkins), que habla de perfil y mirando hacia abajo… el retrato de un traidor.



He comentado el pitorreo con que se toma todo el bueno de Emmerich, la gran virtud de la película y que ya apreciamos en “Independence Day” de forma más brillante. Aquí tendremos muchos ejemplos de esa ironía y socarronería patriótica y en otros muchos sentidos, por ejemplo y para empezar el director tiene las santas narices de autohomenajearse mencionando “Independence Day” (1996), película donde ya destruyó la Casa Blanca, precisamente. Un divertido detalle.




¡Acción!



Las explosiones, los disparos, las peleas y las persecuciones tardan poco más de media hora en aparecer y no cesarán hasta el final. Pirotecnia, con una violencia neutra y nada sangrienta, y muchas tonterías, comportamientos y tácticas cuestionables, uno de los grandes peros a la cinta, que le restan potencia en el entretenimiento por lo artificial que resulta. Los modus operandi de los malos son bastante cutres, cuando no chapuceros; la intrépida niña, que tiene una capacidad de camuflaje y una valentía sorprendente, que logra escabullirse de todo terrorista que le sale al paso y tiene un teléfono con una cobertura “muy cuestionable”, es muy torpe, ya que parece que apaga el móvil también, vamos, que el teléfono sonará en el momento más inoportuno o que menos ayude a su devoto padre a encontrarla… Trucos absurdos e ingenuos como el primer acto heroico del protagonista haciéndose pasar por turista. Un padre en busca de su hija como mecha para acabar salvando al presidente.

La forma en la que descubren a la niña también es de traca, ya vimos como repentinamente le sonaba el teléfono, lo cual ya es una torpeza si pretendes que no te oigan, ¡pon el vibrador hija mía o quítale el sonido! Pero curiosamente en ese momento no la descubrirán, no procede, será poco después cuando un mensaje de texto, que también suena, alerte a uno de los malvados terroristas… Aquí son todos muy brillantes.



La puesta en escena es indudablemente ágil, pero indudablemente artificiosa, rebuscada, tramposa incluso, donde se nota en exceso que el director coloca las piezas para favorecer las huidas de los protagonistas de la forma más sencilla. Una buena e imaginativa puesta en escena hace y busca lo contrario, complicar lo más posible cada paso de los protagonistas para que su escapatoria resulte brillante, entretenga y entusiasme.


Woods apesta a traidor, y cuando propone ir al búnker no nos cabe duda... No sorprende pero no engaña.

El jefe de los terroristas, subordinado de Woods, es un terrorista muy sensible y con un gran sentido de la amistad y la camaradería, se pone como una fiera cuando matan a uno de los de su grupo… Siguiendo el tópico los villanos querrán los protocolos nucleares, que parece lo único importante que tienen los presidentes estadounidenses… Además el planteamiento queda definido, clásico en este tipo de películas, con los  buenos ocultos y escondidos, el protagonista, su hija, el presidente… intentando recomponer la situación.




Los grandes secretos de la cinta se desvelan con prontitud, las intenciones de los terroristas y de donde procede la perturbación del jefe de los servicios secretos, Walker (James Woods)... perdió un hijo marine en una misión ordenada por el presidente Sawyer (Jamie Foxx)… En fin, cada uno se vuelve loco por una cosa. Lo que ocurre es que su móvil no será la venganza, sino el plan de paz que pretende emprender el presidente.


La búsqueda constante de humor deja algún detalle simpático, evidentemente, como ver a James Woods comerse con indiferencia la tarta que le regalaron por su jubilación o la cara de vicioso del informático al ver la sala de ordenadores… Ya sabemos que un informático es imprescindible en todo grupo terrorista actual, si además es aficionado a la música clásica, a Schubert, redondeamos el dibujo y el tópico.


Nicolas Wright interpreta al guía de la Casa Blanca, un personaje que sirve para distender e introducir toques de humor que pretenden reducir los momentos de tensión, aunque en realidad no hacía falta porque la apuesta por el humor está en todas partes y la tensión nunca llega a necesitar de un contrapunto. Su amor por el edificio presidencial y su relación con los protagonistas son simpáticos. Su relación con Emily (Joey King) es cómplice, comparten pasión. Un amable muchacho.



La escena del ascensor también nos deja grandes gemas de coherencia, planos entre rejas para ver a un terrorista que dice haber “oído algo”… o bien es sordo o bien tiene tal capacidad de concentración que cuando dos personas saltan sobre el ascensor y se hablan a gritos quizá sea otra cosa y no que efectivamente hay alguien allí arriba… Entre estos trucos para generar un supuesto suspense tendremos a Walker (James Woods), contando sus peticiones por fin. Un poco de dinero y esas cosas. Se oculta lo de los protocolos nucleares. El bueno de Woods, por si tiene pocos problemas, tiene cáncer y le quedan 3 meses de vida.


La idea de un traidor para facilitar la entrada en la Casa Blanca la tienen las dos películas dedicadas al tema estrenadas casi al mismo tiempo, aunque en esta se hace de forma más específica al ser el traidor miembro del propio servicio secreto.

El ascensor más bien parece un confesionario, allí el presidente y el protagonista se enterarán casi de todo… Una vez salgan seguirán recibiendo confidencias en secreto. 

Jamie Foxx está muy simpático y divertido en su papel de presidente, aunque no hay quien se lo crea como tal. Su química con Channing Tatum es excelente.





En la figura del presidente deja Emmerich sus detalles más irónicos y socarrones. Si alguien cree que nuestro monarca es campechano es que no ha visto a este presidente con sus zapatillas apaleando terroristas. Ahí radica una de las grandes genialidades irónicas de Emmerich, convertir a este pacífico presidente que nos ha retratado en un héroe de acción, casi como el Bill Pullman de “Independence Day” (1996). Un presidente guerrero que ajusticia terroristas y tiene una relación de “colegueo” con su guardaespaldas (Tatum) que es puro cachondeo. Incluso tendrán conversaciones íntimas, “desarrollando personajes”…  Conversaciones de piercings e hijos. Una amistad forjándose, con abrazos sinceros incluso.



El simpático de Emmerich nos dedicará escenas de acción con tiroteos grandilocuentes y donde las metralletas nunca dan en el blanco aunque estén a dos metros de nuestros protagonistas... pitorreo generalizado.

Cale (Channing Tatum), que contactará con una amiga del exterior, la que le consiguió los pases para la Casa Blanca, para pedir ayuda, está bien en su rol. Su reacción al ver el video de su hija es un buen ejemplo de esto. Eso sí, el hecho de que pongan el rostro de la cría en televisión es cuanto menos cuestionable, ¡un poco de por favor!




Que además estando rodeados de terroristas se pongan a ver la tele a todo volumen y luego se les olvide apagarla no sé como describirlo… Esos trucos de guión también hay que cuidarlos un poco. Un nuevo ejemplo de la torpeza de la puesta en escena y la falta de imaginación es el manido y reiterado recurso de los inoportunos ruidos delatores.




La escena de las carreritas de coches por el jardín de la Casa Blanca se inicia con un acto valeroso del presidente, dispuesto a quedarse para rescatar a la hija de Cale, y una huida interrumpida. Lo cierto es que los personajes no paran de hablar, generalmente para decir tonterías, incluso durante los momentos de más acción. Aquí el presidente se mostrará incluso más eficaz que su guardaespaldas, en una escena que no está bien rodada, ya que no sabemos nunca por donde van, cómo están situados ni dónde están. Se forzarán las cosas hasta el paroxismo, lo que no estararía mal si no fuera todo tan confuso y retorcido, con un misil volcando la limusina justo cuando Cale ve a su hija de rehén y hay explosiones evasivas varias…



Al contrario que en “Objetivo: La Casa Blanca”, aquí no hay sensación de amenaza ni crueldad ni crudeza, ni lo pretende, estamos más ante un cómic, una farsa, una parodia del estilo, una irónica cinta al estilo Emmerich.

El presidente Sawyer resucitará hasta en dos ocasiones, la primera cuando tras la explosión en el jardín todos crean que ha muerto, y posteriormente cuando el reloj de Lincoln para una bala dirigida a su corazón. De hecho se mencionarán varios presidentes, Washington y Jefferson por ejemplo, y algunos incluso serán salvadores, como si sus espíritus protegieran la nación, por ejemplo Lincoln y Gerald Ford

En este juego paródico veremos hasta tres cambios de presidente sucediéndose tras las supuestas muertes de los que van alcanzando el cargo de forma sucesiva. El segundo de ellos, el vicepresidente, jurará el cargo tras un cristal donde no se le ve el rostro y tendrá una mano vendada sobre la Biblia… el pobre está condenado. El tercero será el traidor, que diseñó así el plan para llegar hasta ese puesto. Todo esto es evidentemente tramposo, pero llegado este punto estas cuestiones de guión ya dan un poco igual.



Aunque Emmerich se lo pasa pipa y se ríe a conciencia no faltará ni un solo cliché ni un solo tópico, así la inteligencia militar será siempre beligerante, parece actuar siempre en contra del protagonista y se da una imagen de ella de subnormales profundos, nada más alejado de la realidad, por supuesto. A estos les dará igual que el protagonista explique las cosas con sensatez y claridad, ellos irán a su bola contra toda lógica. Ataque militar y helicópteros. Otro cliché imprescindible, un tópico eterno, la caída de la bandera americana tras el ataque de los helicópteros… Resultan bastante desquiciantes los artificios, como el hecho de que los helicópteros no comiencen a disparar hasta que nuestro protagonista se ponga a tiro. Por supuesto tendremos helicópteros estrellados y explosiones varias.




Emmerich hará planos sostenidos para el vuelo de los helicópteros y usará planos generales para el ataque, contradiciendo el estilo general del film. Esta escena está mucho mejor rodada. También sostendrá el plano en el ataque al avión del vicepresidente, ahora presidente. Da penica que se carguen a la simpática y complaciente amiga de Cale.







¡Alto el fuego, alto el fuego! Creo que es amigo”. Manda narices…




Esta parte final sí tiene pulso y fuerza, acción buena y trepidante en el último tercio, un buen clímax. Tendremos de todo, un helicóptero haciendo un ”Misión imposible” con su hélice en la corbata del simpático guía (Nicolas Wright), pelea entre Cale y el terrorista jefe (Jason Clarke), el protagonista atravesando cristales como si no costara, como en “Jungla de Cristal”, además le veremos con una camiseta blanca, como Bruce Willis, porque como todos sabemos en este tipo de películas el héroe tiene que ponerse en algún momento una camiseta blanca para mancharla… Los terroristas enterándose del parentesco de la niña con Cale… algo irremediable… en otro truco de guión consistente en que al protagonista se le caen las entradas para la Casa Blanca justo cuando se enfrenta con Stenz, el terrorista líder.




Cuenta atrás, chantaje, intercambios, ataques con misiles a la Casa Blanca, la idea de acabar con Oriente Medio como se pretende acabar con la casa presidencial… a lo burro. Los clásicos ingredientes.

La película presenta un divertido juego de ecos, algunos casi surrealistas. Así multitud de cosas mencionadas al inicio tendrán su plasmación en la misión. Veremos escenas de acción en uno de los 35 baños; Cale prenderá fuego a la casa inspirándose en el cuadro de 1814; tendrán una persecución en la blindadísima limusina mencionada al inicio; Cale se convertirá en el principal miembro del servicio secreto del presidente; Emily hará de abanderada, demostrando el talento que se perdió su padre, para salvarle a él y al edificio de sus amores; Cale tendrá el ansiado abrazo de su hija… La cinta se cierra de forma circular, con el presidente “haciendo eso” junto a sus nuevos amigos una vez el plan de paz sigue adelante…





Un clímax que tiene tantas escenas espectaculares como absurdas. Absurdas son las muertes de varios de los malos, como la del informático (Jimmi Simpson), la de uno de los terroristas por un repentino ataque de conciencia social, la del terrorista macarra a manos del entrañable guía…



Siguiendo con el derroche de absurdeces en la parte final vemos como tras 5 minutos de interminables conversaciones para que el presidente abra el maletín y ponga su mano para activar los misiles, todo se resuelve en 3 segundos cuando la cosa se pone tensa… Además siempre habrá alguien que llame en el momento más inoportuno… Y los malos nunca matarán al bueno aunque lo tengan a tiro y te entren ganas de decir ¿pero por qué no disparas?


Pelas dobles, el guerrero presidente y su ex jefe de los servicios secretos, el terrorista y Cale. Cale haciendo estallar a Stenz y evitando el lanzamiento de misiles y como traca final pilotos incumpliendo órdenes por ver a una niña abanderada en el jardín de la Casa Blanca, como si de la abanderada del cuadro de Delacroix (“La libertad guiando al pueblo”) se tratara. La mayor parte de esto presidido por el cuadro de Lincoln en el Despacho Oval.


Un final que vuelve a parecerse más a una parodia que a otra cosa. Emmerich es el director más irónico de la industria mainstream, pero se marca una película horrenda. En definitiva, una evasión pura y dura que puede ser disfrutable para los seguidores de la acción pura y dura, que con Emmerich esconde una ironía y socarronería francamente simpática, aunque la película sea mala. No la tomen muy en serio, así irá mejor.




5 comentarios:

  1. Lo peor que ha rodado Emmerich. Un telefilme, si no fuera por el presupuesto y los efectos especiales. Hasta las narices de los tópicos sobre la familia de Roland. Más vale que se saque de la manga algo extraordinario la próxima vez porque yo ya le he puesto la cruz.

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    1. Jajajaja me gusta cuando te pones guerrero. Tiene usted razón.

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  3. alguien me puede decir cual es el sonido de Richard Jenkins en el telefono

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    1. Hola Jesús, es una musiquita muy conocida, pero no sé cómo se llama, intentaré enterarme.

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