lunes, 10 de febrero de 2014

Crítica: 12 AÑOS DE ESCLAVITUD (2013) -Parte 2/3-

STEVE MCQUEEN












Institucionalizados.

Es notable la evolución y desarrollo de los personajes interpretado por Benedict Cumberbatch y Paul Dano, Ford y Tibeats.

El momento donde Ford regala un violín a Solomon es muy significativo. Recordemos que Solomon siente que en la música puede cobijar su verdadera esencia. Este detalle en apariencia bonito en realidad es tremendamente ambiguo y más profundo de lo que parece. La mención a los años venideros” es un matiz más que importante al regalo y al gesto, implica su aceptación, su buena sintonía, su simpatía y agradecimiento hacia Solomon, pero también su mantenimiento como esclavo, algo que Ford no se cuestiona en ningún momento.


He comentado la institucionalización que padece Ford, en relación a ello tendremos un magnífico diálogo entre Solomon y Eliza (Adepero Oduye), donde él se deja llevar por el buen trato y maneras de Ford mientras la mujer le advierte de los matices que hay detrás. Solomon padece en este caso una especie de síndrome de Estocolmo, asumiendo la bondad de su dueño, cogiéndole cariño por un buen trato sin plantearse la situación de forma global.



Una conversación donde se reflexiona sobre los hijos, los límites de la dignidad, los hechos vergonzosos, deshonrosos, que se ven obligados a hacer y que en ningún caso definirán dicha dignidad aunque pueda sentirse así… Aquí McQueen volverá a usar el recurso de un llanto en over, el de Eliza mientras oímos el sermón de Ford, encadenándose posteriormente con la presencia de Eliza, llorando, en dicho sermón.




Con respecto al otro personaje en cuestión, Tibeats (Paul Dano), tendremos perfectamente expuesto ese complejo de inferioridad que sólo tiene como contestación la violencia que define al personaje. Una inseguridad provocada por el pensamiento establecido de que los negros son inferiores, por lo que sentirse superado por uno, como hace sentirse Solomon a Tibeats, especialmente con los halagos de su dueño Ford, es la mayor de las vergüenzas y deshonras, algo que no entiende, que no puede aceptar. La única forma que tiene de suplir esto es imponiendo su autoridad, sometiéndolo, intentando sentirse superior por la fuerza, buscando el miedo del otro para imponerse. La única forma de suplir, compensar y ocultar su verdad, su esencia, sus complejos, sus miedos. La escena donde Tibeats quiere mostrar su poder a Solomon concluye con dos hombres llevándose a Eliza. Sin tregua.


La historia de Eliza y sus planteamientos, la historia que cuenta, es una cruda reflexión sobre lo que implica la esclavitud institucionalizada, asumida en el ADN de la gente, donde los buenos modos y la humanidad no logra ocultar la verdad, donde aunque uno pueda sentirse libre o ser bien tratado en realidad no lo es, está sometido y su posición siempre será de sometimiento, donde aunque todo tenga una apariencia de normalidad si está al abrigo de esa institución la situación siempre consistirá en un esclavo que tiene un dueño y nunca dejará de ser un dueño que tiene una propiedad… con todo lo que eso supone.








Esto llega a su clímax con la rebelión de Solomon ante Tibeats, confiado en su fuerza, en su unión con su jefe, se defiende de los ataques del esclavista. Lo cierto es que Paul Dano siempre es muy “apalizable” (“Pozos de ambición”, “Prisioneros”, “12 años de esclavitud”…). Es evidente que en la situación de Solomon su poder es nulo, la venganza de Tibeats no se hará esperar y sólo la semi ayuda del capataz de Ford le salvará de morir ahorcado en un árbol. Esto dejará momentos realmente insufribles al ver a Solomon sujetándose de puntillas a duras penas ya que el capataz no se digna a ayudarlo, colgado y solo. McQueen lo rueda con silencios, planos sostenidos, algunos crueles e irónicos, como el de los críos jugando inconscientes detrás del drama y el sufrimiento que está viviendo Solomon (Chiwetel Ejiofor) en ese instante. Ni dueños ni amigos le ayudarán, sólo recibirá agua de una chica casi de forma furtiva hasta la llegada apresurada de su dueño. Ford (Benedict Cumberbatch). Escalofriantes planos largos siendo ignorado, solo, agarrándose a la vida de puntillas.





La reacción de Ford ante esto le descubrirá finalmente a los ojos de Solomon, confirmando lo dicho por Eliza y aquí explicado, la esencia institucionalizada del personaje. Aunque le ayuda e incluso protege, salva su vida, no lo libera y lo tratará como mercancía, quizá no siendo consciente en el fondo de su contradicción interna. Creerá hacer lo mejor para todos, pero siempre considerando esclavo a Solomon, para él no es otra cosa, tiene inculcado y asumido ese orden de cosas que no es capaz de cuestionar, tan solo de flexibilizar. Cuando Solomon le hable de su pasado libre Ford no querrá saber nada, su única solución será protegerle hasta que pueda venderlo. Un bondadoso institucionalizado.



El esclavista de pura cepa.

Michael Fassbender hace una soberbia interpretación encarnando al despiadado esclavista Edwin Epps. El puro esclavista sin matices que considera a los negros y esclavos seres inferiores, ni siquiera humanos. Su propiedad, con derecho a disponer y hacer con ellos lo que le venga en gana…Sorprende ver de dónde venimos, de tratar a otros seres humanos como animales, ultrajarles, maltratarles, matarles, despreciables, humillarles hasta límites inconcebibles… de ahí venimos, y no hace mucho.



Un nuevo amo muy duro.

Lo dice la Biblia”.

Con el personaje de Fassbender se rubrica el cúmulo de contradicciones de los esclavistas y la esclavitud como tal. Ya hemos ido viéndolas con otros personajes, pero con Epps se harán especialmente patentes porque esas contradicciones generan en él un conflicto interno por el que llega a sufrir.



Epps se recrea en sadismo, gusta de la violencia, de su superioridad, de su dominio, del sometimiento que ejerce. Gozará humillando, viendo sufrir a sus esclavos, haciéndoles sudar atemorizándolos. Hará competiciones para ver quién es el que más algodón recoge y no podrá contener su lascivia con la joven Patsey (magnífica Lupita Nyong’o). Por supuesto Solomon estará por debajo de la media recolectora.




La historia y relación de Epps con Patsey desnuda todas las contradicciones mencionadas. Los celos de su mujer ante la evidente atracción que él siente por su esclava será el detonante del conflicto interno del personaje. La escena de la fiesta nocturna es un primer adelanto.





Sarah Paulson interpreta a la mujer de Epps, racista y esclavista al máximo, confirma lo que le dijeron a Solomon, es mejor parece ignorante. Un papel bastante atractivo como una especie de Lady Macbeth sureña y esclavista consumida por los celos. Es aquí donde nuestro protagonista dará un paso más en su despersonalización, teniendo que inventarse una vida, una historia que niegue la verdadera, pasando por inculto e ignorante, fingiendo un pasado que no existió, renunciando a su ser. Una vez más la adaptación es supervivencia.





“…saber más te costaría 100 latigazos”.

Las circunstancias obligan, como es lógico, a actuar en contra de los propios principios, actuar contra nosotros mismos, para protegernos, para sobrevivir. En la frustrada huida de Solomon a través del bosque se encontrará con la muerte, la ejecución de dos personas negras a manos de sus dueños. Todo rodado en un largo, tortuoso y angustioso travelling.





12 años de esclavitud” trata de tocar todos los aspectos posibles de la esclavitud, de las actitudes ante la misma. Hemos visto rebeldes antes ella, sumisos, dueños bondadosos pero institucionalizados, esclavistas de pura cepa… Ahora veremos cómo actúan algunos esclavos cuando Solomon acuda a una plantación vecina y se entreviste con la favorita del dueño… Ella explicará su método de supervivencia, aprovechando las circunstancias ante esa cárcel de esclavitud que no tiene escapatoria, pasar del látigo a la cama, de esclava a señora. Esta conversación será ante la favorita de Epps, Patsey, por lo que la instará a aprovechar esa posición… aunque no cuentan con la mujer de éste.





La fe en Dios, sus creencias, serán un agarradero indispensable para soportar los peores momentos. Tendrán a Dios tremendamente presente en todo momento y especialmente cuando vengan peor dadas. Un momento especialmente significativo al respecto lo tenemos en el “creyente” Epps, que interpreta la Biblia a su manera y como le conviene, cuando sus cosechas salen mal. Lo achacará a una plaga bíblica, culpará a los negros de conspirar contra él y decidirá que Dios les ha hecho caso. Se deshará de ellos, incluso, durante un tiempo, hasta ese punto llega su fanática locura… Lo mejor de todo es que parece tener razón, ya que las cosechas prosperarán en la ausencia de sus esclavos.



Si bien la señora Epps es celosa también lo será el propio Epps, que ve con reticencias los viajes de Patsey a la plantación vecina. Frente a la casa de Epps hay una porquera, que será escenario de las escenas más violentas de la cinta, de los enfrentamientos por celos y las recriminaciones de Epps a su esclava Patsey. La primera tendrá lugar a la vuelta de la mencionada visita a la plantación vecina, donde McQueen relacionará a Epps con los cerdos que allí retozan, de hecho caerá junto a ellos en su persecución a Solomon, que se pone entre él y Patsey para evitar males mayores.




Epps no se resistirá a la tentación. El crudo y frío encuentro con Patsey pone al descubierto todas las contradicciones del personaje, que mencioné con anterioridad, haciéndose patentes ante él mismo. La desea, sabe de su valía, desea incluso ser deseado y correspondido por ella, pero al mismo tiempo no puede permitirse esa dependencia, esa flaqueza, ante un ser inferior, le hace sentirse débil y contradice los prejuicios que tiene inculcados… De ahí que de la pasión pase a la violencia, sexo y golpes, cambios bruscos de humor sin sentido, exorcizando y exteriorizando sus contradicciones internas en el acto sexual. Su frustración.








 






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