miércoles, 19 de febrero de 2014

Crítica: EL LOBO DE WALL STREET (2013) -Parte 4/5-

MARTIN SCORSESE











Hacia el desenfreno.

Una vez la empresa de Jordan Belfort empieza a dar sus frutos, los elementos excéntricos, los desfases, los excesos grotescos y pintorescos se irán haciendo con al protagonismo de la narración. Retos que pagan 10 mil dólares para ponerse unas tetas nuevas a cambio de un rapado completo de pelo, enanos lanzados a dianas, animales que comparten puesto de trabajo con los empleados… Son muchos los animales de aparecen en la cinta, el león que se usa como símbolo de la empresa, un mono que acompaña a Jordan, el perro que molesta en los primeros polvos entre Jordan y Naomi, siempre un elemento excéntrico en todo, osos, el pez que se come Donnie… 28,7 millones en comisiones es el número del éxito.





Es en esta fase donde la digresión, el exceso y el frenesí de drogas y alcohol toma el completo protagonismo, por lo que la voz over se centrará en las anécdotas (la brillante mamadora de técnica perfecta que se casa con uno de los empleados, la conversación sobre los derechos y obligaciones de los enanos, los tres tipos de prostitutas que se contratan en Stratton Oakmont, las de 300 a 500 dólares, las de 200 a 300 y las de 100 para abajo…). La escena de las stripers nos recuerda a un grotesco “Ciudadano Kane” (Orson Welles, 1941).





Con el éxito surgen la fama y las investigaciones, el desmesurado beneficio no pasa desapercibido para la policía, mencionada por Belfort de pasada en un principio, como una vaga amenaza, que poco a poco va generando en nuestro protagonista angustia y psicosis. Una presencia policial que ira cogiendo peso y que tendrá una escena cumbre en la conversación entre Jordan y el policía encargado del caso, Patrick Denham (Kyle Chandler), en el súper yate del primero. Tampoco pasa desapercibido este éxito para la revista Forbes, que hará un artículo negativo sobre Belfort y lo bautizará, precisamente, como “El lobo de Wall Street”, mejor publicidad imposible, como le explica su mujer ante el enfado de Jordan en la cima de un rascacielos, la cima del éxito, como James Cagney en “Al rojo vivo” (Raoul Walsh, 1949). El mal artículo de Forbes impulsa aún más la empresa de Belfort, todos quieren trabajar para él.



Un nuevo personaje entra en escena, el padre de Jordan, “Mad MaxMax Belfort (Rob Reiner). El brillante director Rob Reiner hace una encarnación francamente divertida, con arranques de ira que quedan como anillo al dedo en el cine de Scorsese y una comprensión y apoyo hacia su hijo sin matices. Trabajará para Jordan y lo veremos en la empresa por primera vez mientras su hijo y amigos hablan de enanos y hacen un homenaje a grito pelado a una de las grandes obras del cineasta, “Uno de los nuestros” (1990). La conversación que Jordan mantiene con su padre acerca de depilaciones termina de forma seria, con el padre haciendo un comentario moral a su hijo, calificando toda su forma de proceder de obscena. Ese final de la escena cambiará el plano-contraplano que hasta ese momento la había gobernado, cogiendo a los dos de perfil en vez de en plano frontal como hasta ese momento.





Un mundo burbuja. Con mucho sexo.

Muchas películas han retratado muy bien el mundo de las finanzas como un mundo burbuja, una de las últimas “Margin Call” (J, C. Chandor ,2011) con una excelente puesta en escena en este sentido. Aquí Scorsese, fiel a sus obsesiones, muestra otro mundo burbuja, el que se crea el propio Belfort, ajeno a la sociedad. Él mismo lo definirá a la perfección:

Y sí, era obsceno, en el mundo real, ¿pero quién coño quería vivir en él?

La infidelidad de Jordan a Teresa con Naomi, a la que intenta resistirse por un instante, también es una escena con momentos realmente divertidos. Tras no lograr retenerla en la fiesta la invitará a cenar y será ella la que lo lleve a la cama a él, aunque él crea lo contrario. Ejemplo de la sutil presencia de Scorsese. DiCaprio, que está espectacular desde que empieza hasta que acaba la cinta en su histriónica incorporación, tiene un momento absolutamente deslumbrante y sutil de actor de talento mayúsculo. Es cuando Naomi comenta que es diseñadora de lencería… La cara de salido que se le pone repentinamente al actor al ver la que lleva puesta la chica es un momento hilarante y magnífico.



Naomi acabará con las posibles reticencias de Jordan mostrando su escultural y depilado desnudo…



“Como ya os habréis imaginado me la follé como una bestia… durante 11 segundos”.

Y como os habréis imaginado el desfase sexual y de la tarjeta de crédito se disparó. Así tendremos la escena digresiva del mayordomo gay, que no aporta nada a la narración salvo demostrar dos cosas, la poco importancia real que tiene para Jordan perder un poco de dinero, pero también su obsesión por el mismo, capaz de cualquier cosa por recuperar lo robado. Descripción del personaje. Otro momento divertido.




La bacanal en el avión y su posterior continuación en el hotel es otro momento de digresión que nos enseña a un Jordan sin ningún principio ni valor de fidelidad o lealtad con su pareja, la sublimación del libertinaje amoral, desfasando sexualmente y consumiendo drogas como si no hubiera mañana como paso previo a su matrimonio, una "pequeña" canita al aire antes de confirmar el compromiso. Eso sí, después del compromiso tampoco cambiará mucho la cosa. Estas escenas dejan momentos divertidos, detalles de puro humor, entre orgías y polvos, por ejemplo ese tocamiento al pecho de una chica en la habitación del hotel mientras avanza para asomarse desnudo a la ventana, rodada desde un gran picado que muestra las consecuencias de la orgía.





La boda invita a más fiesta, disfrutaremos de un baile tan surrealista como divertido de DiCaprio y conoceremos un nuevo personaje, la tía de Naomi, Emma, que es pura comprensión incluso con las adicciones en forma de polvo blanco del novio.


La familia.

Como he mencionado las estampas familiares y la vida cotidiana, donde los personajes scorsesianos se manejan con dificultad, suelen estar muy presentes en el cine de Scorsese. Aquí conoceremos a los padres de Jordan, el padre incluso trabajará con él, a la tía de Naomi, y también veremos pequeñas escenas de su vida conyugal. Estas escenas casi siempre serán de peleas, como también expliqué con anterioridad, peleas en esa lujosa y carísima casa que vimos al inicio de la narración, la más grande y la más cara… 18 meses después de la boda y una niña en la familia.


Como bien demuestra la humorística escena del intento de reconciliación de Jordan con su mujer, Scorsese y su guionista se han gustado en esto del ingenio y el humor que recorre toda la película, dando siempre un poco más. Cuando parece que ha terminado, que el gag ha sido suficiente, siempre hay un nuevo aliciente, un nuevo giro, haciéndoles más tronchantes aún. Esta escena con Naomi mostrando su tentador sexo a su marido y también a la cámara para regocijo de los de seguridad es un buen ejemplo, como lo es la ya célebre de los Lemmon 714.



He comentado que lo que interesa retratar a Scorsese en la película es una forma de vida, una forma de vida que le fascina, con personajes que le atraen y que se parecen en muchos aspectos a otros que le han atraído con anterioridad, una forma de vida que apuesta por la diversión, el desenfado, el hedonismo y que aplica un sentido lúdico a todo cuando hacen. Una forma de vida que fue lo que le atrajo en títulos como “Uno de los nuestros” o “Casino”, el propio cineasta lo explica a colación de la segunda: “Lo que me interesaba de Las Vegas era la idea del exceso sin límites”. En “El lobo de Wall Street” la cantidad de ejemplos es infinita, hemos visto muchos (los enanos, las fiestas, las excentricidades en la oficina…), pero habrá otro estupendo ejemplo, por el contraste, el día de la OPV de Steve Madden, la más importante de la compañía, cuando un despistado empleado dedica un momento de relax a limpiar su pecera… Cuando el habitualmente relajado Jordan vea eso montará en cólera y será su amigo Donnie quien se encargará del asunto, pero no con formalismo, sino haciendo de ello un espectáculo, recreándose en el despido, haciéndolo divertido, hasta el punto de comerse el pez montado en una mesa para el entusiasmo de los allí presentes. En otra ocasión veremos al propio Donnie orinar para mostrar su desprecio a las investigaciones sobre ellos… A Donnie le gusta hacer las cosas montado en una mesa…


Otro ejemplo, los interrogatorios a todos los empleados, donde las evasivas son siempre con humor y se cerrará la escena con mención al peluquín de Rugrat (P. J. Byrne).

En todo se encuentra diversión y risas, en las grandes orgías y en los pequeños momentos.

Scorsese mantendrá el tono lúdico, burbujeante, frívolo incluso, en todo momento, una intrascendencia sólo aparente, sin apenas interrupciones dramáticas ni coartadas morales o moralistas de ningún tipo. Una película que no baja el ritmo en ningún momento, como si su única forma de subsistencia fuera ir a todo ritmo. Es muy difícil mantener ese tono, pero Scorsese es experto en ello, su estilo nervioso le beneficia. Es un ejemplo de su talento y maestría.

El éxito de la OPV con Steve Madden volverá loco de entusiasmo a Jordan, que saldrá a defenderlo de las burlas de sus empleados dando uno de sus memorables discursos. Un entusiasmo lógico ya que se convertía, junto a Donnie, en el dueño del 85% de las participaciones de la empresa de Madden en secreto, lo que colocaba a Stratton en la cima. Son los Willy Wonka de Wall Street.


No hay nobleza en la pobreza”.

He sido un hombre rico y he sido un hombre pobre y prefiero ser rico todas las veces”.

El chulesco y simbólico gesto de lanzar su reloj de 40 mil dólares a sus empleados es significativo, ya que Scorsese le dedica una cámara lenta a su vuelo mientras suenan sus manecillas. Ese tiempo que es oro manejado y disfrutado en todo momento.


Jordan reflexionará sobre la superficialidad y el materialismo del que pueden ser acusados despreciándolos, renegando de eso, definiendo una filosofía de vida y de enfrentarse a la misma que reduce, precisamente, a superficiales tales acusaciones. DiCaprio acaba convertido en brillante representante de algunas de las virtudes nietzscheanas, de la “voluntad de poder”… aunque acaba focalizándolas de forma ilegal.
Y si alguien de aquí cree que eso es superficial o materialista, que busque trabajo en un puto McDonalds porque ese, joder, es su sitio”.

Quiero que solucionéis vuestros problemas haciéndoos ricos”.

Es una nueva perversión del sueño americano, como lo era “Uno de los nuestros” y “Casino”, donde la riqueza acaba definiéndolo todo, su búsqueda es la única obsesión, es ahí donde la nietzscheana “voluntad de poder” de la que hace gala Jordan se viene abajo, esclavo de esa adicción. En varias ocasiones se le aconsejará que abandone, que si quiere evitar ir a la cárcel debe renunciar, pero aunque Jordan sabe que es cierto se muestra incapaz de hacerlo, es capaz de quitarse de sus otras adicciones pero de esta tendrá que ser a la fuerza. La escena donde su abogado y su padre le hacen ver la realidad, sorprendidos porque no vea la situación y lo que puede perder, es significativa. El dinero y ese trabajo están por encima de todo lo demás, de absolutamente todo lo demás.

Es una arenga espectacular, un momento para la completa exhibición del actor, donde DiCaprio vuelve a demostrar su talento una vez más. Una arenga que se convierte en una de las grandes tesis de la película. Discursos violentos, agresivos, que apelan al instinto.

La grúa “musical” que va y viene por encima de los enfervorizados empleados tras la arenga de Jordan describe ese submundo de soldados millonarios insaciables, felices y hedonistas que hacen lo que creen oportuno para ganar dinero sin condicionamientos morales, en un magnífico detalle de dirección al contrastarlo Scorsese acto seguido con planos del siempre silencioso policía, Patrick Denham (Kyle Chandler), paciente y metódico. Scorsese sigue modulando la amenaza que se cierne sobre Jordan.




Otro personaje entra en acción, Jean Jacques Saurel (Jean Dujardin). Él será la salida para conservar el dinero, el paraíso fiscal… El plan consistirá en enganchar europeos para llevar el dinero a Suiza y salvarlo de las garras de la policía.



 







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