martes, 2 de junio de 2015

Crítica: HUBO UNA LUNA DE MIEL (1942) -Última Parte-

LEO McCAREY














La evolución de Kathie.

La evolución de Kathie, el personaje femenino, es la clave dramática de la cinta, el único personaje que verdaderamente evoluciona, la verdadera clave de la tesis de la cinta. Esta evolución es básicamente una toma de conciencia, de la ignorancia y frivolidad ante lo que acontece a su alrededor a esa toma de conciencia y compromiso. Kathie es una pretendida representante del pueblo americano, inconsciente ante lo que se gestaba en Europa y toda la Guerra Mundial.




Los cambios de tono de la película parecen vincularse a la propia evolución de este personaje, así de la comedia loca inicial con la inconsciencia y frivolidad de Kathie pasado al dramatismo con la paulatina toma de conciencia de ésta. El problema estriba en que si bien la evolución del personaje está bien tratada, con sucesos y hechos que sirven para la misma tratados y mostrados de forma efectiva y satisfactoria, su vinculación a los distintos tonos de la película no funcionan porque estos resultan bruscos, radicales, sin evolución ni elaboración, siendo desconcertantes y restando mucha cohesión a la película y a su concepción dramática. Es decir, el gran defecto de la película, que nos lleva de la comedia loca al dramatismo extremo sin solución de continuidad ni aparente justificación.



En la Polonia invadida será donde la evolución del personaje comience a avanzar más rápidamente, de igual forma que su enamoramiento por Pat (Cary Grant). No nos cabe duda de que Kathie (Ginger Rogers) está entregadísima al periodista, que quiere que la haga orgasmizar, pero se controla por guardar las formas. Un ejemplo lo tenemos en ese gesto que amaga con acariciarle la cabeza.

Ginger Rogers también tendrá sus momentos de actuación de espaldas, como cuando Cary Grant llama al servicio de habitaciones.

Esta evolución tiene los pasos muy marcados y muy bien definidos, vimos a la frívola e inconsciente Kathie del inicio, que pasaba de todo lo que no tuviera que ver con el lujo y ella misma hasta conocer a Pat. Posteriormente a la negación y a no querer saber nada empezará a escuchar con interés y a hacer caso al periodista, lo que marca un primer paso. Su compromiso y asunción de la realidad se constatará con su ayuda a la doncella judía y sus hijos, mirando por primera vez por alguien que no es ella misma y entendiendo una situación injusta. Por último vivirá esa injusticia en sus carnes y verá la realidad junto a Pat cuando los encarcelen.

Así, pasados los primeros tres cuartos de hora, el drama se hace con el control de la narración con más episodios alejados de la comedia, oscuros (el asesinato del general, el bombardeo que sufre Pat, el conflicto con la doncella judía y sus hijos…).


Otro bombardeo hará huir a los dos protagonistas por las ruinas de Varsovia a un lugar seguro, y supuestamente secreto. Aquí tendremos una nueva escena para mostrar los progresos de Kathie, su duro sacrificio de desprenderse de sus adoradas joyas, lo eran todo para ella, ya comenté que al inicio el lujo era lo más importante en su vida, para convencer a su marido de que se encontró su cadáver enseñando algo personal de ella. Asistiremos, tras este acto de sacrificio, a una nueva conversación de la pareja, de nuevo los dos en un encuadre frontal y sostenido que tan solo tendrá un corte para pasar a un plano más corto, justo cuando Kathie confiese la falsificación de su pasaporte para ayudar a la doncella judía, para así resaltar su confianza, afinidad e intimidad con Pat.


Momentos comprometidos e insinuaciones de comedia romántica hasta la llegada de dos soldados, que intentarán devolver ciertos elementos de la comedia más loca a la narración sin mucho éxito. El supuesto sitio secreto se ve que no lo era tanto…

Estos soldados los confundirán con judíos y los arrestarán, para dar paso a los momentos más dramáticos de la cinta, en una clara demostración de la poca cohesión y rigor en el tono que tiene la película, que parece vagar sin rumbo fijo sin saber a qué carta apostar. Un contraste muy brusco para mostrar el sufrimiento de los judíos y tratar el tema de la esterilización. Esta parte al menos deja un bello momento con el lamento del judío ante la enamorada mirada de Cary Grant a Ginger Rogers.



Un cónsul salvador iniciará un nuevo giro en la trama, que del drama judío pasa a la intriga con la historia del fotógrafo espía. Pasaremos por Noruega, Dinamarca, Holanda, Bélgica, Francia… En el plano de Cary Grant en el barco que saca a la pareja de Noruega no se puede estar más elegante, sencillamente no se puede… Es de una modernidad absoluta. Es lo que tiene el clasicismo.








La comedia parece haber cesado casi por completo, no tenemos atisbo de ella en esta parte central, que parece entregarse a la intriga con la misión que el fotógrafo espía encomienda a Kathie en secreto. Thriller. Aquí incluso tendremos momentos de nostalgia y añoranza estadounidense.


París será testigo de la consumación del amor de la pareja protagonista, declaración y primer beso, con la Torre Eiffel de testigo, como no podría ser de otra manera. El romanticismo insertándose en todo momento entre los bandazos de la trama y el tono. 



McCarey usará también los fenómenos climatológicos como elemento dramático y simbólico, como la lluvia premonitoria después de que Kathie lea la romántica carta escrita por Pat. Marsellesas siniestras recalcan la llegada nazi a Francia y el estado de ánimo de Pat (Cary Grant), al que encontramos mediante un travelling tomando algo en una terraza. Aquí se recurrirá a una improbable coincidencia, un afortunado encuentro con el barón, que desvelará que Kathie volvió con él, es la misión encomendada por el fotógrafo espía… La magia parisina, supongo. El resto de confidencias del barón a Pat resultan aún más forzadas, resulta ilógico que le cuente todas esas cosas a un desconocido que además es periodista y además americano, con proposición de trabajo y amenaza de asesinato a Kathie incluidas. El barón habla como si lo supiera todo. Además, el traidor hasta ese momento oculto ya no se oculta, mostrará orgulloso su traje nazi. La idea de que tan solo Pat y el barón sepan que Kathie está viva tampoco se sostiene excesivamente bien. En esta conversación McCarey usará más el plano-contraplano para recalcar las diferencias de los dos personajes, puro clasicismo en la puesta en escena. Mostrará a los dos en el encuadre cuando haya proposiciones esencialmente.



El tema de la mujer que debe sacrificarse acostándose con el enemigo para desolación del protagonista es habitual en el cine donde hay nazis por medio, de hecho Cary Grant protagonizó algunas inolvidables con este tipo de enredo amoroso, con Hitchcock, “Encadenados” (1946) o “Con la muerte en los talones” (1959)…

Seguimos con las coincidencias en esta parte de la película, coincidencias de comedia en una trama de thriller. El fotógrafo-espía-militar también estará en el café donde se encuentran Pat y el barón... Al menos aquí podremos suponer que el espía tenía controlado a Pat. Es otra negociación, otra propuesta, como la que le vimos hacer al propio espía a Kathie o la del barón a Pat. Patriotismo y sentimientos personales serán la baza para convencer al periodista. La conversación será en plano frontal sostenido, los dos en encuadre, la forma habitual mencionada que usa McCarey, salvo un salto a plano más corto al inicio de la escena. Pat acabará aceptando la proposición de trabajo del barón para sabotearle desde dentro… Lo del esencial código en un crucigrama también está cogido con alfileres. Debilidades en la trama de thriller. Las conversaciones y negociaciones sobre cómo plantear las noticias entre Pat y el barón serán dando la espalda a la cámara, lo que implica la falsedad y el truco que prepara nuestro protagonista.


Tras el repentino asesinato del fotógrafo espía, Gaston Le Blanc (Albert Dekker), encaramos el último tercio de la cinta con más artificiosas y forzadas coincidencias, como la oportuna reaparición de la doncella judía a la que Kathie ayudó. Son excesivas las coincidencias y convenientes reapariciones durante el metraje, especialmente las relacionadas con la trama de thriller. Además, el maniqueísmo es excesivamente paródico, que sería adecuado para una comedia pero que al hacerse el tono difuso resulta chocante, forzado o inadecuado. De hecho, la trama de thriller funciona deficientemente.



Disfraces.

La escena con el cambio de vestuario entre la doncella y Ginger es simpática en su ejecución, a pesar de la forzada coincidencia. Es necesario destacar una de las ideas básicas de la película, que retrata a la perfección la época que recrea, son los disfraces y las falsas identidades, una sociedad y una época donde nadie podía confiar en nadie, donde todos tenían disfraces para intentar no ser descubiertos, delatados o señalados. Así McCarey recurre a multitud de disfraces o falsas identidades para la mayor parte de sus personajes, Pat haciéndose pasar por modisto, el espía fotógrafo, la doncella y su pasaporte falso, el barón infiltrado nazi, Kathie haciéndose pasar por muerta primero y disfrazándose de doncella después…




La escena final en el barco es muy brillante, con un muy bien modulado suspense, picados sobre el mar para crear crispación y tensión y una perfecta resolución que altera el tópico, al ser la mujer la que acaba con el villano cuando creíamos que Cary Grant subiría a tiempo para esas lides… Además el juego con el segundo plano en esa resolución es tremendamente eficaz y divertido.

El pensamiento individual puede ser muy peligroso… especialmente para el individuo”.









Repentinamente la comedia retorna con fuerza para despedir la película, que aunque aparece ocasionalmente durante la narración cede casi por completo el protagonismo tras el primer tercio al drama y el thriller. Una escena final que contiene un pequeño homenaje al mudo donde McCarey parece querer recordar sus tiempos con los hermanos Marx, una agradable resolución que además nos recuerda a otro de sus clásicos, “Tú y yo”, que rodó en 1939 y repetiría en 1957, en su primera parte con las escenas en el barco.

Una cinta irregular, falta de cohesión, deslavazada, bien dirigida, muy bien interpretada, agradable pero incómodamente insatisfactoria.



 




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