lunes, 13 de octubre de 2014

Crítica: CON LA MUERTE EN LOS TALONES (1959) -Parte 1/7-

ALFRED HITCHCOCK













Hay películas eternas, pero no hay películas más eternas que las que te marcan en la infancia o la juventud. Yo vi muchas películas en mi infancia, muchas obras maestras seguro, pero mi primer recuerdo cinéfilo de nivel es “Arsénico por compasión” (1944), esa obra de arte del humor negro que dirigió Frank Capra, que por alguna circunstancia me marcó. Luego seguí viendo muchas excepcionales películas, pero otra de las que me marcaron significativamente fue “Con la muerte en los talones”.


Pasados los años y después de haberla visto tal número de veces que es imposible recordar, me sigue apasionando en la misma medida, me siguen haciendo gracia sus diálogos y alucinando la inteligencia y brillantez de la trama, del guión, de la dirección y de las actuaciones… Y no sólo eso, es que cada vez que la ponen me quedo viéndola y en el futuro me seguirá pasando lo mismo con completa seguridad, porque es, posiblemente, la película más entretenida de la historia.


Con la muerte en los talones” resulta apasionante cuando eres niño, cuando eres adolescente, cuando te haces adulto y al final de tus días. Es una de esas películas universales en todos los sentidos, para “todos los públicos”, en el más amplio sentido del término. Cuando eres niño es la sublimación de la aventura, del suspense, del héroe, del cine de espías, del ingenio y la inteligencia, pero cuando vas creciendo, y sin perder ni un ápice de la pasión que todo eso transmite, se va abriendo ante nuestros ojos el universo inabarcable, soterrado, complejo, de un maestro infinito, de uno de los más grandes cineastas de todos los tiempos, uno de los cinco mejores directores de la historia y, posiblemente, el mejor realizador.



Para HitchcockCon la muerte en los talones” resume toda su filmografía americana, de igual modo que el antecedente de ella, “39 escalones” (1935), un serial extraordinario que sienta las bases de la que nos ocupa, resumiría su filmografía británica… Siempre siguiendo la opinión de Hitchcock, eso sí, sugerida por Truffaut.

Esta es una de esas películas que despierta vocaciones, no ya sólo cinéfilas sino heroicas. Todos queremos ser Cary Grant y convertirnos en un salvador de bellísimas damas en apuros, salir de cualquier problema con una solvencia insultante y terminar con los malos sin que parezca que nos cuesta, sin sudar y con un traje que nos siente tan bien que nos den ganas de besarnos a nosotros mismos al mirarnos al espejo. Cary Grant está tan cómodo con el traje, se mueve con tanta agilidad y ligereza con él, como el resto de los mortales con el chándal, y si se ensucia ligeramente al revolcarse por el suelo, da igual, le sigue sentando tan bien que todos querríamos ese mismo traje con sus manchas de polvo… aunque la percha no sea la misma. Se dice que Cary Grant no usó nunca una servilleta porque las manchas evitaban profanar su ropa, desviando su trayectoria según caían para evitarlo.

La modernidad de Cary Grant, gracias a su estilo clásico, sigue dejando anonadado. Es sencillamente eterno y gran culpable de la actualidad y permanencia de la película. Icono de moda.

Ver por primera vez “Con la muerte en los talones” es una de las mejores experiencias cinéfilas que se pueden tener, y poder disfrutarla tantas veces como queramos sin que nos canse jamás es el deleite supremo del cinéfilo y la demostración de la categoría de obra de arte que tiene esta película.




No es raro que tras ver “Con la muere en los talones” mis pasos se dirigieran raudos a películas de James Bond o Indiana Jones, seriales apasionantes que tienen en esta obra maestra que protagoniza Cary Grant su principal referente. Acción, intriga, suspense, situaciones ilógicas que van iluminándose, escapadas repletas de ingenio, humor… Lo tiene todo. Una película que sigue tan actual y adictiva como el primer día.

Roger O. Thornhill/George Kaplan/Cary Grant es el primer James Bond, el serial de acción puro y duro elevado al máximo exponente, con un héroe que no es agente especial ni espía, pero da igual, de extrema elegancia, ingenio, inteligencia, recursos ilimitados… Un personaje tipo que luego veríamos en otros seriales, sagas, trilogías y demás, cambiando entornos por otros más exóticos, añadiendo medios y efectos especiales etc. Ahí llegan el mencionado Bond, Indiana Jones, Ethan Hunt de “Misión Imposible”, Jason Bourne de la saga BourneHitchcock se anticipó a todo, conocía al público mejor que ellos mismos, hizo Bond antes que los Bond, el serial de acción y suspense. Maestro del serial, como lo era Fritz Lang, uno de sus referentes ineludibles.




Estamos ante el mejor thriller de todos los tiempos, el referente, imitado hasta la saciedad, que sublima un estilo que el propio Hitchcock frecuentó apasionadamente con anterioridad, pero que jamás se elevó tan alto. 

Además, “Con la muerte en los talones” es una película tremendamente técnica, donde cada plano está justificado y puesto con una intención expresiva muy definida, lo que es un deleite para el análisis cinematográfico.

 Con la muerte en los talones” triunfa por encima de otras del mismo corte por su impecable equilibrio, es fácil que esa mezcla de acción, suspense y comedia, quede desproporcionada con un exceso en alguno de sus ingredientes, que resulte excesivamente paródica por sus elementos de comedia, que esos elementos de humor sólo sean apuntes dentro de una trama de thriller… “Con la muerte en los talones” es un thriller completo, una de suspense completa y tiene el punto justo de comedia para que sea también uno de los ingredientes más destacados, sin que se merme o se desluzca ningún otro. Esto, por supuesto, sin contar con el universo soterrado e infinito de Hitchcock, que es el principal rasgo diferencial de calidad con respecto al resto de cintas denominadas “hitchcockianas”.

No puedo decir cuál es la mejor película de Hitchcock, es imposible con el número de obras maestras y títulos indiscutibles que tiene a lo largo de su filmografía, por lo que elijas la que elijas como tu favorita acertarás siempre. Tampoco puedo decir que “Con la muerte en los talones” sea la mejor, pero sí una obra maestra incontestable, la más entretenida y a la que personalmente quizá tenga más cariño, aunque no la más compleja y sugerente. Lo que es indiscutible es que cualquier cinéfilo que ame el cine clásico sabe que “Con la muerte en los talones” es de esas películas que se ven al borde del sillón, inclinado hacia delante o incluso de pie en muchas ocasiones, porque es lo que pide el cuerpo…

Un thriller nodriza que lleva en su vientre todos los seriales que han sido y serán, una de las películas más absorbentes, subyugantes, divertidas, entretenidas y apasionantes que ha dado el Séptimo Arte, puro cine, poderío visual y talento narrativo llevado al cénit, jamás superado.


Todo esto sería difícil sin la participación del más elegante, sofisticado, canalla, atractivo y embaucador de los héroes, el héroe universal, eterno, perfecto, Cary Grant. La quintaesencia del héroe, modelo absoluto de tantos que vinieron luego y al que incluso los actuales antihéroes rinden tributo de una u otra forma.

 Con la muerte en los talones” fue un tremendo éxito de taquilla, como muchas del maestro Hitchcock, aunque su inmensidad pasó inadvertida, como también buena parte de la obra del genio, e infravalorada. Como el tiempo pone a casi todo en su sitio, ahora podemos decir que “Con la muerte en los talones” es un monumento al cine, una de las grandes obras maestras del Séptimo Arte que ha influido en géneros enteros, en sagas y en la misma esencia del thriller. Una de esas películas que puedes recomendar a cualquiera sin temor a equivocarte. Puro cine.




Alfred Hitchcock nos hace bailar un rock frenético, trepidante, sin descanso, siendo completamente personal y fiel a sus postulados, sus temas predilectos, su estilo visual y sus obsesiones temáticas. Detrás de un espectáculo de entretenimiento de primer nivel hay un universo único y profundo, complejo, de una trascendencia indiscutible y de reminiscencias kafkianas. Ese universo inabarcable es el que vamos a intentar desentrañar en cierta medida analizando todas las claves, secretos y obsesiones temáticas, estilísticas y conceptuales del gran maestro.

El infinito y soterrado universo hitchcockiano.

Hay muchas películas denominadas hitchcockianas, muchos imitadores de su estilo, muchos títulos similares que intentan calcar el funcionamiento y los resortes utilizados para el thriller por el maestro, pero ninguno se le acerca porque sólo rascan en la superficie. Lo que marca la diferencia entre Hitchcock y el resto, no sólo sus imitadores, es su infinito e inabarcable universo soterrado, oculto, riquísimo, lleno de fetichismo, oscuridad, lascivia, turbiedad… Fascinante. Su mirada sucia, desviada, perversa, oblicua, donde siempre hay dos o tres lecturas más de las que el espectador cree descubrir. Hitchcock era un autor de pies a cabeza con un universo conceptual y visual reconocible por cualquiera, con tal cantidad de constantes y detalles que por muchos libros que se escriban quedarán cortos porque lo más grande del maestro inglés es su misterio, un genio insondable del que siempre pensaremos que se nos escapa algo de ese mundo escondido entre imágenes irrepetibles y suspense perfectamente calculado. Un universo tan rico y perturbador, tan misterioso, que sólo se podía digerir a través de sus películas, sus mecanismos de suspense…




Casi nadie se percató de la sexualidad, la perversión, el morbo, el lado oscuro, el perturbador subconsciente, el límite con la monstruosidad en la que se movían sus personajes y cómo jugaba con ellos Hitchcock, haciendo cómplices a los espectadores sin que se dieran cuenta… Sólo se quedaban con “el suspense”… Hitchcock era tan absolutamente genial que los académicos no lo entendieron, tuvo que ser reivindicado por los franceses y Cahiers du Cinema. De cineasta de puro entretenimiento a autor de referencia en un pispás.



Existen universos enteros en algunas miradas y gestos de personajes de Alfred Hitchcock. Un mundo inescrutable que nos podemos entretener y divertir en observar y analizar, en interpretar, pero que solamente conoce a ciencia cierta el propio director. Personajes turbios, llenos de perversiones, fetichismos, desviaciones, obsesiones que nunca entenderemos del todo al verlas, ni por qué aparecen, ni con qué intención y cuál es el verdadero contenido de las mismas verdaderamente. Una gozada tras otra para todo cinéfilo las que nos deja Sir Alfred en cada mirada y en cada plano.



-De hecho, la mirada es la piedra angular del cine de Hitchcock, el punto de vista. Era un obseso del cine y sus resortes, sus elementos técnicos para generar emociones. En todas sus cintas se intuye que nos habla de cine y él mismo lo decía en muchas ocasiones. La mirada como concepción global, no sólo con respecto a los personajes, voyeurs, observadores, sino en el más amplio sentido de la palabra. Pocos han jugado con el punto de vista como él, el punto de vista subjetivo, realzando la obsesión, turbiedad o perversión de los personajes, o el objetivo según le conviniera, algo imitado por grandes maestros como Brian De Palma, Steven Spielberg o Roman Polanski por poner algún ejemplo. Por eso el cine de Hitchcock está trufado de cotillas, curiosos, voyeurs, gente normal que se convierte en detective… La mirada, la piedra filosofal de todo director y que Hitchcock comprendía a la perfección.


-Este juego con el punto de vista se vertebra en la mirada de los personajes, aspecto que, como he comentado, es clave para Hitchcock. Un personaje que mira hacia algo, que veremos a continuación, para terminar el ciclo viendo a ese mismo personaje reaccionar. El maestro llevó esto, columna vertebral de su estilo, a la depuración más absoluta con esa obra maestra indescriptible que es “La ventana indiscreta” (1954), ejemplo de puro cine para estudiar en todas las academias y paradigma de punto de vista subjetivo.

-Una mirada morbosa, escrutadora y lasciva, que oculta el deseo a duras penas, excitada, incontenible, que lleva al crimen cuando no se sacia, como en “Psicosis” (1960), como la de cualquier espectador ante su cine.

-El absurdo, lo gratuito, como motor vital, iniciador, vertebra las narraciones hitchcockianas. Un absurdo hermanado con el azar, el destino, la coincidencia… que obliga a sus personajes a reivindicarse, defenderse, vivir una aventura. El absurdo no sólo es iniciador, es catalizador, así como causa y fin en sí mismo, estando en la base de muchas escenas, por ejemplo la célebre de la avioneta en la cinta que nos ocupa. 

-Los elementos surrealistas ("Recuerda", 1945) también están presentes en Hitchcock, pero muy filtrados en una trama en apariencia coherente.

-El sexo, el deseo, el crimen y la violencia son parte esencial del cine de Hitchcock, savia para sus tramas, puro alimento para el cine del maestro. La sexualidad vista desde todos los puntos de vista, en muchos casos de forma perturbadora, voyerismo (“Psicosis”, 1960), necrofilia (“Vértigo”, 1958), homosexualidad (“La soga”, 1948), lesbianismo (“Rebeca”, 1940), frigidez (“Marnie, la ladrona”, 1964), obsesión, sexo furtivo (“Psicosis”)…


-Las imágenes de Hitchcock, de hecho, supuran sexo, tienen más sexualidad y provocación que todos los desnudos y escenas de sexo explícito de un Bigas Lunas cualquiera, por ejemplo.


-El mejor ejemplo de lo dicho lo tenemos con los besos. Los besos de Hitchcock son posiblemente los besos más fascinantes, perturbadores, mágicos y sublimes de la historia del cine. No son simples besos, son algo más, son especiales, con significaciones que desbordan. Incluso su forma de rodarlos es increíble, distintos, espectaculares, íntimos, con toda una gama de recursos inagotable. El interminable beso de “Encadenados” (1946), haciendo explícito en imágenes el título de la película; el travelling circular sobre el beso de James Stewart y Kim Novak en “Vértigo” (1958), el mismo que podemos disfrutar en “Con la muerte en los talones” (1959) de Cary Grant y Eva Marie Saint de pie girando pegados a la pared del compartimiento…



-Los personajes hitchcockianos siempre van hacia delante, son decididos y hacen actos que van contra las convenciones o lo que se considera normal, incluso aunque parezcan obligados por las circunstancias en ocasiones. Atrevidos, lanzados… (Tippi Hedern en “Los pájaros”, Cary Grant en “Con la muerte en los talones”, Ingrid Bergman en “Encadenados”, James Stewart y Grace Kelly en “La ventana indiscreta”…) y hasta el infinito. Son personajes que buscan o se encuentran una aventura, por reticentes que parezcan, aventura que les llevará a una madurez (“Con la muerte en los talones”, “Encadenados”) o redención (“Vértigo”)… Esta aventura puede ir bien encaminada (“Con la muerte en los talones”) o mal (“La soga”, “Frenesí”…).

-Los hombres suelen ser obsesivos u obstinados.

-La mujer es pieza clave en el cine de Hitchcock, personifica el objeto de la obsesión, de la perversión, de la fatalidad, del fetichismo (“Vertigo”, “Frenesí”, “El enemigo de las rubias”, “Atormentada”, “Rebeca”, “Psicosis”…).



-Esta obsesión que se vincula a las mujeres es metalingüística, ya que Hitchcock, como todo el mundo sabe, amaba a las rubias, y si estaban bien dotadas pues mejor. Rubias y con un punto, o dos, de frialdad (Grace Kelly, su paradigma y con la que se enfadó muchísimo y no le perdonó jamás que dejara el cine; Tippi Hedren, a la que le hizo la vida imposible, Kim Novak, Doris Day, Eva Marie Saint, Ingrid Bergman, Janet Leigh, Vera Miles…). Si no eran rubias ya las haría teñirse nuestro amado director, como a Joan Fontaine.


-Del mismo modo, las mujeres, habitualmente rubias, como digo, son el vehículo para la madurez del personaje. La atracción del hombre hacia la mujer hitchcockiana es irrefrenable, casi idealizada, venerada (“La ventana indiscreta”, “Vértigo”, “Con la muerte en los talones”…). Ella es el contrapeso y el contrapunto para la otra mujer hitchcockiana por antonomasia, las madres. Las rubias de Hitchcock alejan a los hombres de sus madres, de su inmadurez e infantilismo, viviendo una aventura, en todos los sentidos, juntos. Les cortan el cordón umbilical por el que están unidos a sus madres al iniciarse la película, ellas son las que luchan contra las madres de Hitchcock y su influencia en sus hijos, son sus grandes rivales. Sustituyen a la madre.



-La mujer no suele ser motivadora de la acción para los personajes hitchcockianos (hay excepciones como en “Vértigo”), pero sí acaban necesitando su comprensión y apoyo para seguir en su obsesiva aventura (“La ventana indiscreta”, “El hombre que sabía demasiado”, “Con la muerte en los talones”…).

-Las mujeres sufrientes, torturadas psicológicamente, perturbadas incluso, sumidas en la duda, la sospecha… son habituales en el cine de Hitchcock. Ahí tenemos “Atormentada" (1949), “Sospecha” (1941), “Marnie, la ladrona” (1964)…

-Las madres hitchcockianas merecen capítulo especial. Controladoras, obsesivas, perturbadoras, dominantes… la relación con sus hijos pasa del desprecio absoluto (“Marnie, la ladrona”) o vertebrarse en la turbiedad más extraña (“Psicosis”), al mimo excesivo hacia sus criaturas, que viven infantilizadas (la madre de Claude Rains en “Encadenados” es terrorífica). Hay madres inquietantes y siempre interesantes en la gran mayoría de películas de Hitchcock. En “Con la muerte en los talones” tenemos un ejemplo perfecto de madre hitchcockiana, pero en su vertiente más ligera.





-Una escisión o variación de la madre obsesiva lo tenemos con las amas de llaves, que no sé qué tipo de morbo especial producían en Hitchcock. Hay dos especialmente llamativas, la de “Rebeca” (1940) y su poco disimulada atracción lésbica por la difunta, y la de “Atormentada” (1949), otra maquiavélica sirvienta que hará la vida imposible a Ingrid Bergman.


-Los vestuarios en Hitchcock no son nada baladís y están encaminados a la seducción o el hipnotismo del hombre por parte de las mujeres.

-La idea, estructura y planteamiento del falso culpable o la confusión de identidad es una de las más conocidas del cine de Hitchcock, su elemento temático más referenciado y famoso, el que casi todo el mundo menciona al referirse al maestro. Un elemento que ya vimos en Fritz Lang y que Hitchcock recoge, como tantas otras cosas aunque le costara reconocerlo. En “Con la muerte en los talones” hay un falso acusado, Cary Grant, al que se confunde con un agente secreto. No es una culpabilidad estricta, pero si se le confunde en la “acusación” y la identidad. Será posteriormente, en el edificio de las Naciones Unidas, cuando nuestro protagonista se convierta en falso culpable puro y duro. “Frenesí” (1972), “Falso culpable” (1956), “Atrapa a un ladrón” (1955), “Yo confieso” (1953), “Recuerda” (1945), “Sospecha” (1941), “Sabotaje” (1942), “39 escalones” (1935), “Inocencia y juventud” (1937)… son algunas de las múltiples películas hitchcockianas con la idea del falso culpable en su historia.

- Los entornos asfixiantes y opresivos para los personajes son usados en muchas ocasiones por Hitchcock, un tipo de película que al director le gustaba realizar ocasionalmente, de espíritu teatral pero dotándolas de todo su poder cinematográfico. Ahí tenemos “Náufragos” (1944), “Crimen perfecto” (1954) o “La Soga” (1948), que se suceden en un escenario único y opresivo. Algunos de estos entornos y escenarios incluso adquieren una presencia esencial, convirtiéndose en un personaje más, podríamos citar “Rebeca” (1940) o “Psicosis” (1960) por añadir más ejemplos.

-Los individuos hitchcockianos viven ajenos a los entornos amenazantes que les rodean, no les molestan, hasta que el azar, el error, el destino o la confusión, un fallo en el sistema, en el orden del caos, los une. Desde ese momento ese entorno, una asociación criminal, espías, una casa, unos pájaros… se convierte en el principal enemigo del individuo, al que perseguirá hasta la extenuación.

-Los cuchillos o instrumentos análogos dedicados a apuñalar, suelen ser muy del gusto de Hitchcock. Muchos de ellos como símbolo fálico de poder o manifestación de un complejo. ¿Cómo olvidar “Psicosis” o “Crimen perfecto”?  En “Con la muerte en los talones” tendremos un lanzador de cuchillos, que mata a Townsend en las Naciones Unidas, nada menos… El estrangulamiento (“Frenesí”) y el envenenamiento (“Encadenados”, “Sospecha”, “Atormentada”…), también son formas de asesinato muy frecuentes en el cine del maestro.



-La normalidad perturbada es uno de los planteamientos predilectos del director. Los personajes viven en completa tranquilidad, con vidas rutinarias incluso, hasta que algo o alguien viene a romper esa dinámica (“Los pájaros”, “La sombra de una duda”…).

-El juego con los objetos, generalmente pequeños (llaves, colgantes, cuchillos, joyas…), son muy del gusto de Hitchcock, piezas con valor narrativo y de suspense. 

-Hitchcock siempre tiene al público presente, para manipularle, sabe ponerse en su lugar para asustarle, generarle emociones, ir siempre delante para lograr sorprenderle.

-Cary Grant y James Stewart son los héroes hitchcockianos por excelencia. Uno el idealizado, el puro héroe, el otro, el hombre de la calle reconvertido, cotidiano. Uno busca, mira, persigue, James Stewart; el otro es perseguido, le observan, le buscan o sospechan de él, Cary Grant.


-Las cintas de Hitchcock son profundamente psicológicas, entroncando con ese universo viciado y perturbado que esconden sus tramas (“Recuerda”, “Marnie, la ladrona”…). En muchas esto sale a la luz explícitamente, personajes traumatizados, obsesivos, perturbados, psicópatas…El color rojo es esencial en el mundo de Hitchcock.

-Existe en los personajes una necesaria dualidad, la de buscador y perseguido, la de inocente considerado culpable, la del que tiene que fingir otras identidades para subsistir…

-Los trenes son uno de los elementos predilectos de Hitchcock. En ellos resolverá películas (“El número 17”, “La sombra de una duda”…), escenificará el paso a la madurez (“Con la muerte en los talones”) o desarrollará toda la trama (“Alarma en el expreso”, 1938), sin contar las muchas escenas donde aparecen (“Extraños en un tren”, 1951)…





-Los vasos son uno de esos objetos que en manos de Hitchcock adquieren un morbo especial, no hay más que recordar los siniestros ascensos por unas escaleras con uno de Cary Grant (“Sospecha”) o Claude Rains (“Encadenados”) con intenciones, cuanto menos, poco claras. En ”Encadenados”, de hecho, habrá varios vasos y tazas envenenadores. También vemos vasos asesinos en “Con la muerte en los talones”, cuando se pretende emborrachar a Cary Grant para tirarlo por un barranco en un coche, o en “Atormentada”, con el ama de llaves dándoselo a Ingrid Bergman, por ejemplo.





-Las escaleras siempre denotan tensión, amenaza, crispación o muerte. Un elemento del decorado muy usado por Hitchcock. La mortal escalera para el detective que busca a Marion Crane en “Psicosis”, las socorridas de “El número 17” ((1932) o “Atormentada” (1949), las siniestras de “Encadenados” (1946) y “Sospecha” (1941)… Aquí, en “Con la muerte en los talones”, tenemos alguna significativa, como en casa de Vandamm.

-El matrimonio no es algo que entusiasme a Hitchcock. Su cine está repleto de infidelidades, engaños, mentiras, desconfianzas… en sus relaciones de pareja. Las reticencias al compromiso de James Stewart en “La ventana indiscreta”, la relación en “Vértigo” con James Stewart pensando que Kim Novak es la mujer de su amigo, la infidelidad de Grace Kelly en “Crimen perfecto” (1954) y el intento de asesinato de su marido… son algunos de los ejemplos que demuestran esa mirada desconfiada hacia las relaciones de pareja del maestro Hitchcock. “Con la muerte en los talones” es una de las visiones más positivas hacia el matrimonio, acaba con la pareja casada, aunque el protagonista lleva dos divorcios en su cuenta. "Matrimonio original" (1941) es un título sobre el tema que también lo ve positivamente, no en balde es una comedia.

-La mentira es la columna vertebral del thriller hitchcockiano, mentiras, apariencias, engaños… La cinta que nos ocupa es una sublimación de todo esto.

-El giro imprevisto de guión es otra característica habitual del cine de Hitchcock. Pueden aparecer en cualquier momento de la trama y no expresamente en los finales, salvo excepciones como “Pánico en la escena” (1950) o “Psicosis” (1960), algo de radical influencia en el cine moderno, el final imprevisto o con giro argumental. De hecho, “Con la muerte en los talones” está repleta de giros y sorpresas argumentales, pero ninguno situado al final de la cinta, y “Vértigo” (1958) tiene, acertadamente, su gran sorpresa en la parte central del metraje, aunque alguno cuestione tal decisión. Hitchcock era extremadamente inteligente y sabía que abusar del final sorpresa lo hacía previsible y además le hacía perder fuerza a la película para un segundo visionado.



-Si justamente elogiados son los besos hitchcockianos no deben serlo menos los viajes en coches o automóviles, la forma que tiene el maestro de rodarlos no tiene paragón y cualquier cinéfilo tendrá esas escenas en coches como inolvidables. ¿Cómo olvidar los seguimientos a Kim Novak por las calles de San Francisco junto a James Stewart dentro de su coche en “Vértigo”? ¿Y el tenso paseo en coche de Janet Leight tras robar el dinero camino del Motel Bates en “Psicosis”? ¿Qué me decís de la persecución al autobús donde van Paul Newman y Julie Andrews en “Cortina Rasgada”? ¿Cómo olvidar el final de “Sospecha”? ¿Y el tranquilo paseo junto a sus periquitos de Tippi Hedren para ver a Rod Taylor en “Los pájaros”? Los románticos viajes de “Atrapa a un ladrón” o su uso en “Encadenados”… En “Con la muerte en los talones” tenemos otro momento excelso con Cary Grant conduciendo borracho para huir de la muerte.



 
 


-Los movimientos de cámara de Hitchcock son siempre magistrales y tienen siempre una intención muy definida y concreta. Hitchcock, al contrario que Ford, no pretendía un estilo invisible, sino que gustaba de hacerse notar con la cámara y producir emociones con ella. Es un director bisagra del cine clásico al cine moderno. Sus imponentes grúas, los travellings de acercamiento para desvelar una clave (el plano sobre la llave en “Encadenados”, la grúa hasta primer plano sobre el músico en “Inocencia y juventud”…) o realzar, destacar un elemento significativo, subrayarlo o simplemente perturbar, lograr esa segunda y tercera lectura en algo aparentemente inofensivo, como cuando Vandamm (James Mason), pasa la mano sobre el hombro de Eve (Eva Marie Saint) en “Con la muerte en los talones”. Los travelling circulares o semicirculares también eran un recurso habitual del maestro, sobre todo en gestos de amor.

-Los travellings subjetivos y frontales sobre un personaje que se acerca a algo que sabe peligroso y que a la vez no puede evitar (“Encadenados” y el descenso por la escalera; “Con la muerte en los talones” y el paseo de Eva Marie Saint hacia el avión…), son muy habituales, así como el travelling subjetivo de acercamiento hacia una casa, que el maestro cuida como si de un personaje más se tratara (“Atormentada”, “Psicosis”, “Rebeca”, “Con la muerte en los talones”...).




-El magistral uso de las panorámicas para crear suspense incluyendo nuevos elementos en el encuadre según avanza el movimiento, es un rasgo imprescindible de su estilo.

-El plano secuencia, con o sin movimientos de cámara, también es un rasgo estilístico clásico de Hitchcock, incluso rodó películas donde era la columna vertebral de la planificación, “La soga”, “Atormentada”…

-Los planos que se centran en un objeto, en ese juego magistral de macguffins que tanto le gustaba, para dotarlo de importancia vital, como preparación de una escena, por ejemplo encuadrando el maletín que porta algún personaje para posteriormente explicar su importancia y mostrar la lucha que por él mantendrán los antagonistas, es un rasgo de estilo clásico de Hitchcock.

-Las pantallas divididas con elementos de la escena, la escisión del encuadre, el uso del montaje para generar el suspense, tienen en Hitchcock a su principal maestro y referente. Hitchcock siempre era partidario que provocar emociones y sensaciones con su cámara, usando planos cortos de objetos, miradas... Por ello no le gustaban los actores del método, prefería actores espontáneos, sencillos, que no dieran problemas con preguntas sobre la psicología del personaje, algo que no le interesaba, y que entendieran que la emoción y el suspense lo ponía él con su cámara.

-Esto también es utilizado mediante el encuadre, donde Hitchcock sitúa un elemento clave en primer plano mientras mantiene en segundo a los personajes para generar suspense, un elemento que posiblemente oculte algo, como el baúl en “La soga” (1948), por ejemplo.

-Hitchcock fue un visionario, un innovador, director bisagra del clásico al moderno. Su manera de encuadrar, de manejar el montaje, de estirar los tiempos, de filtrar un universo repleto de matices entre sus historias, su capacidad para inventar resortes dramáticos y elementos de eficacia en el thriller, por ejemplo el famoso macguffin al que puso nombre, son algunas de las claves que lo distinguen como uno de los 5 más grandes directores cinematográficos de todos los tiempos, que elevó el lenguaje del cine a cotas nunca antes exploradas.



 


Dedicada a todos los fans de la película, que son legión, y de Hitchcock, que son más aún









10 comentarios:

  1. Muy esperada la serie de artículos (gran comienzo) sobre esta grandísima película, mi favorita de Hitchcock.

    Pole... ;-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Espero que te satisfagan todos, mi admirado Eddie. Una de mi pelis de infancia, de mis referencias!!

      Un abrazo jejeje

      Eliminar
  2. Un grandísimo honor el poder leerte esta enorme lección de cine de tu 1a parte. Era difícil que te superases porque habías dejado el listón extraordinariamente alto en otras ocasiones pero, aún hoy, a mi has logrado sorprenderme. Que magnífica descripción de tu adorado Cary y que geniales referencias a mi añorado e incomparable James. Puedes estar tremendamente orgulloso de tu trabajo y tu esfuerzo, porque el resultado, al menos de esta 1a parte introductoria es sensacional. Eternamente agradecida por poder disfrutar de tu sabiduría. Feliz día. Un beso fuerte

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Muchísimas gracias, Sara, me ruborizas. La verdad es que ha sido un esfuerzo grande, Hitchcock no es fácil y lo hice sin apenas referencias. No puedo negar que estoy muy satisfecho con el resultado y me alegra sobremanera que también lo hayas apreciado.

      Un beso.

      Eliminar
  3. Desde que anunciaste su elaboración, ha sido muy esperada.
    Me encanta esta peli. Me encanta tu blog. Y estoy muy contenta de poder leer esta serie de posts con los q tus fans y los fans de Hitch y el GRAN Cary nos deleitaremos estos días.
    Excelente 1ª.
    Enhorabuena por tu trabajo y muchas gracias como siempre.
    Bss

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a ti siempre Reina, me alegra que te haya gustado la entrada, la verdad es que sí que tiene trabajo, pero ya está hecho, al menos lo escrito jaja.

      Un beso.

      Eliminar
  4. Nos puede gustar el cine, nos puede gustar Hitchcock, pero esta película no es una más en la historia del cine. Esta es LA PELÍCULA, con mayúsculas. Hitch tenía muchas virtudes y algún que otro defectillo, pero en esta película se nota que disfrutó, que lo dió todo. Es una mezcla de todas sus obsesiones, sus manías y quería que lo supiéramos. Todo el mundo ha visto esta película, no me creo que nadie diga que no la ha visto, quizás los más jóvenes. La 1ª vez que la vi, fué en un cine de barrio, de esos con los asientos de madera, en compañia de mi abuela. Nos bajábamos con la merienda y pasábamos la tarde, cinco pesetas por dos películas, era cine de re-estreno, como se decía en aquella época. A mí me dejó marcado, es la primera película que recuerdo, no quería que se acabase nunca. Como dice @MrSambo92, es la película más entretenida de la historia y así siempre la recordaré. Todos queremos ser Cary Grant. (continuará...)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Qué bello recuerdo, una primera vez con Cary Grant y tu abuela!!! Inolvidable. Tuviste una abuela estupenda y con buen gusto jeje.

      Es curioso que nos pase a tantos, que cuando vimos esta película siendo niños nos marcó especialmente, son esos pequeños detalles que definen cuando una película es especial, tiene esa magia casi intangible que aunque se intente repetir en otros momentos jamás se alcanza.

      Muchísimas gracias por el aporte y el recuerdo, Anónimo.

      Eliminar
  5. Es sumamente difícil comentar algo original o nuevo tras lo expuesto de manera magistral. Además, tienes la virtud de explicar las claves del cine de Hitchcock de forma didáctica, clara y fácil de comprender, lo que supone un disfrute y gozo tremendo su lectura. Decir también que es una de mis películas favoritas y que considero imposible que haya alguien a quien no le guste semejante obra maestra. Mi más sincera felicitación por tu análisis insuperable. Un abrazo, amigo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Me enorgullece que te lo parezca José, y más que lo digas de forma tan efusiva. Es una de las pelis de mi infancia, hay verdadera devoción por ella porque hoy me sigue haciendo disfrutar como el primer día, por lo que comparto tu sentimiento. Haberlo transmitido de forma efectiva es un orgullo.

      Muchísimas gracias por tus palabras, son las que merecen que valga la pena. Un abrazo fuerte.

      Eliminar