lunes, 12 de octubre de 2015

Crítica: COBRA, EL BRAZO FUERTE DE LA LEY (1986) -Parte 1/2-

GEORGE PAN COSMATOS











Cuando la mítica productora independiente Cannon empezó a tener serios problemas financieros debido a los fracasos de muchas de sus producciones, no querían que pareciera que los tenían, así que se les ocurrió la idea de contratar a la mayor estrella del cine de acción del momento, Sylvester Stallone, y pagarle el mejor sueldo que hubiera en Hollywood, ¡con dos coj…! Así resolvían los problemas los amigos Menahem Golan y Yoran Goblus de Cannon Entertainment. O mejor dicho, no los resolvían.

Cuando el representante de Stallone le dijo que su cliente no trabajaría con ellos ni por 10 millones de dólares, Menahem contestó: ¿y por 14? Sí, por 14 se ve que sí… Su sueldo reventó el mercado.

El caso es que “Cobra” fue un éxito de taquilla, uno de los mayores de la productora, lo que alivió en cierta medida la situación, aunque duró poco, porque se dedicaron a hacer cosas como “Yo, el halcón” (1986), con su recién adquirida estrella, mítica película de…pulsos. Sí, de pulsos, algo que fue y sigue siendo un pitorreo en Hollywood. Hasta los guionistas renegaban de ella.




Pero de Cannon Entertainment y los primos israelíes Menahem y Yoran hablaré en otra ocasión, porque la verdad es que no tiene desperdicio y merece la pena.

Cobra” entronca de lleno con la tradición del cine de vengador justiciero con poco apego por la ley y mucho por la justicia, justicia que mide por sus propios patrones éticos, lo que lleva a muchos a calificarlas de “fascistoides”. Una figura, la del vengador justiciero descreído de la ley, que tiene su germen en “Los sobornados” (1953) de Fritz Lang, pero que se desarrollaría especialmente en los 70 con las figuras de Charles Bronson, Chuck Norris o Clint Eastwood, con personajes que se identificaban directamente con la justicia. Lo cierto es que muchas de estas películas se cebaban con la gente de raza negra, de hecho Charles Bronson se hartó de matar a negros en algunos de sus films.

Yo, ciertamente, no me fijé nunca mucho en la raza de los muertos, pero es que yo nunca me he fijado en la raza para nada…

En los 80, toda esta tendencia se hizo más lúdica y accesible, “más guay”, en consonancia con los tiempos.

Cobra” es un thriller mediocre, con guión tópico y convencional, que obtuvo un gran éxito de taquilla en su época. Una cinta muy discreta de la que sólo puede salvarse el retrato del protagonista y el primer cuarto de hora de metraje con su presentación. Estuvo nominada a 6 premios Razzie.

Stallone, autor del guión, ha participado en varias películas de esta índole. Aquí cobró más de 13 millones de dólares por su trabajo.

El teniente Marion Cobretti es un agente poco convencional. Cuando la cosa se pone difícil sólo él con sus particulares y criticados procedimientos es capaz de solucionarlo. A "Cobra", por el contrario, le desesperan las reglas y leyes policiales, porque les limitan en la lucha contra el crimen, por ello se las salta a la torera cuando lo considera oportuno. Cuando una secta de fanáticos asesinos tiene atemorizada a la ciudad, de nuevo “Cobra” parece el único remedio posible para combatirlos.

En América se produce un robo cada 11 segundos, un asalto a mano armada cada 65 segundos, un delito con violencia cada 25 segundos, un asesinato cada 24 minutos y 250 violaciones al día”… Voz over de ultratumba.

La introducción tiene ciertos tintes míticos, un retrato abstracto de la secta siniestra que extenderá el terror por la ciudad, con un motorista sin rostro, tatuajes y una fotografía saturada de rojos. Una introducción que sólo sirve para marcar tono.

En los 80 se cuidaban bastante los looks, con una fotografía muy esteticista, incluso en los thrillers. “Cobra”, por ejemplo, podría pasar por icono gay siderúrgico. Las pistolas reflejadas en las carrocerías de los coches también son un recurso esteticista, que busca cierta abstracción en el cuerpo policial.






La dirección de George Pan Cosmatos está repleta de tics, tópicos y torpezas, aunque también tiene sus aciertos como artesano en este tipo de productos. Los flashes impactantes, con cuchillos y hachas, el montaje de videoclip típicamente ochentero; los planos de botas, especialmente bajando de coches; las escenas de suspense artificiosas, como esa donde una enfermera parece estar jugando al escondite y comportándose en su lugar de trabajo como si, efectivamente, pensara que hay un asesino en serie cerca, sin motivo que lo justifique, muerta de miedo y con un guarda de seguridad cerca… dan un acabado desfasado, resulta antiguo, además de denotar falta de imaginación en la puesta en escena, muy manida. Los planos oblicuos en alguna escena de suspense, como la mencionada con la enfermera y el ataque del villano a Ingrid (Brigitte Nielsen), son efectivos en ese retrato de la amenaza, aunque rompen en cierta medida con el conjunto. En otros momentos los planos oblicuos o las angulaciones marcadas son utilizadas sin motivo…







Usa mucho el plano detalle para objetos, como armas, o para enfatizar, como esa boca del asesino que aparece en primer plano para decir: “Liquidadla”.

La mencionada escena en el hospital, con la enfermera y los intentos del asesino por matar a la protagonista, tienen una evidente influencia hitchcockiana, que deja buenos momentos, manieristas. Pies, pasos, reflejos, sombras, un guiño a la escena de la ducha de “Psicosis” (1960), incluso a “El resplandor” (Stanley Kubrick, 1980)…

También hay tonterías en esta secuencia, como la pregunta de Ingrid al asesino: “¿Por qué quieres asesinarme?” Por un momento pensé que se sentarían a debatirlo… La pobre Ingrid no gana para sustos.






El montaje paralelo es un recurso narrativo muy usado en la película, generalmente para crear suspense.

El clásico héroe duro.

La fase de exposición, el primer cuarto del film, es lo mejor del mismo, con la presentación del personaje principal, sus valores y su forma de actuar. Un ataque a un supermercado, misión del motero que vimos en la introducción enviado de la banda criminal.




El ataque al supermercado estará salpicado de flashes con los símbolos y hachas que vimos en el clandestino lugar de reunión de la secta criminal, para que los más despistados relacionen los hechos, el ataque con la banda…



Llama a Cobra”.

La presentación y look del héroe es excelente, muy cuidado, carismático. Botas, barba de tres días, cerilla en los labios –que todos sabemos utilizará en algún momento-, Colt 45 al cinto de los vaqueros, guantes y unas gafas de sol que no se quitará ni en la penumbra del supermercado cuando entre a resolver el pequeño problemilla del pirado asesino. Unas gafas que no lo petaron tanto como las Ray-ban de Tom Crusie en “Top gun” (Tony Scott, 1986), que batieron récords de ventas, pero que molan.




Su gestito tras hacer cada disparo queda algo ridículo, pero en los 80 eso era guay e imitado por los chavales en los recreos de los colegios.

Escucha, gilipollas. Eres un mal tirador, y no me gustan los malos tiradores (esta valoración seguro que le interesó mucho al asesino…). Has liquidado a un chaval ¡para nada! Ha llegado el momento de liquidarte a ti".



El señor Cobretti no puede ser más chulo, literalmente no puede, porque entonces se replegaría sobre sí mismo. Hasta se tomará una cervecita Coors en la zona de las Pepsis… para refrescarse un poco.

-Malote: Tengo una bomba. Mataré a estos y luego volaré todo el local.

-Cobra: Adelante. Yo nunca compro aquí.

No trato con psicópatas. Yo me los cargo”. “El crimen es una plaga y yo soy el remedio”.


No se quitará ni las gafas ni la cerilla de la boca para acabar con el asesino, ni falta que hace…

Cobra no sólo acometerá contra los criminales, también repartirá a la prensa “progre” y al propio cuerpo de policía. Ridiculizará a un periodista tras preguntarle éste por sus métodos, recriminando su celo en la protección de criminales. Todo ello resulta bastante simplista y trasnochado.

-Periodista: ¿Usó usted de toda su fuerza mortal? (Sí, yo también me quedé perplejo con la preguntita).

-Cobra: He usado la que tenía.




Lo cierto es que Cobra es genuino, su comportamiento es plano pero honesto y fiel a sus principios, ya sea en acción o fuera de ella. Parece obsesivo, más bien bruto, perspicaz, poco culto… Es solitario, taciturno, parco en palabras, categórico, come poco y mal, no tiene libros en casa, ve la televisión y sólo parece pensar en su trabajo. El plano donde sale reflejado en un cristal denota cierta perturbación en él. Allí se quitará las gafas de sol para escuchar bien las noticias… También se las quitará de noche, como es lógico.





¡Nando, dale!

-Cobra: Es malo para tu salud.

-Macarrilla: ¿El qué, pinche?

-Cobra: Yo… Vístete bien (Antes de arrancarle la camisa de un tirón). Así se las gasta Cobra. Tan pancho.

Eres un buen ciudadano”.

Y es que en esta película todos son medios tontos o tontos completos menos Cobra y, en menor medida, la chica protagonista que interpreta Brigitte Nielsen. Un ejemplo, los forenses que estudian los cuerpos de los asesinados por la banda de “El Nuevo Mundo”. En su desconcierto por la arbitrariedad y distintos rasgos y procedimientos de los crímenes, necesitarán de una pequeña ayuda del amigo Cobra para ver la luz. Les dirá: “Quizá haya más de un asesino”. Y todo cobrará sentido…



Hay otro momento memorable que exuda inteligencia en el cuerpo policial. Es cuando plantean sus dudas, tras ver como los villanos sabían sus planes, la dirección de los policías encargados del caso y que se efectuase una llamada desde la jefatura para distraer la vigilancia del hospital, sobre que los malos tengan a alguien infiltrado en el cuerpo… Por si fuera poco asignarán a la villana, precisamente, al caso en cuestión… Ya es mala suerte.







Las cuestiones amorosas no se le dan tan bien a Cobra, aunque el resultado es igual de eficaz. Cobra es más bruto que un arado, asilvestrado, no tiene en la labia precisamente un arma cautivadora. Sus dotes seductoras no están especialmente desarrolladas, pero con Brigitte Nielsen no le hacen falta. A nuestro vigilante y dedicado agente de la ley le basta y le sobra con dos chistes malos, enseñar músculo y acariciar su arma sensualmente. La buena de Brigitte Nielsen ve estas cosas y no puede resistirse, se derrite inmediatamente, así que, claro, a Cobra no le queda otra que… disparar.



Marion Cobretti no es muy salado, no. Sus frases y bromas para ligar son lamentables. De hecho, la buena de Ingrid debe ir bastante salida, no tener excesiva vida social, estar muy necesitada o ser una mujer muy caliente, porque por las dotes de seducción de nuestro protagonista no es seguro…

-Cobra: ¿No tienes un salvavidas?

-Ingrid: ¿Para qué?

-Cobra: Porque se le van a ahogar las patatas.

Un galán, el tío…


Tampoco debemos censurar del todo a Cobra por su falta de locuacidad, ya que los diálogos a lo largo de toda la película son de traca. Están escritos por el propio Stallone, que adapta una novela de Paula Gosling, pero esto es un detalle sin importancia.








Dedicada a un gran fan de esta película, el Cobra de TAB, Samu.




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