martes, 13 de octubre de 2015

Crítica: COBRA, EL BRAZO FUERTE DE LA LEY (1986) -Última Parte-

GEORGE PAN COSMATOS










Aunque nos lo muestran perspicaz, Cobra no destaca por su sutileza ni agudeza de ingenio. Su filosofía es más de aplastar y abarcar con amplitud de miras en la destrucción que la de la deducción policía. Es por ello que cuando más le veremos sudar, porque suda profusamente en la escena, es cuando se ponga a revisar papeles y archivos, sin que sepamos muy bien qué leches hace, actividad para la que no se quita ni los guantes… En cambio, en trabajo de campo, disparando y aporreando, nuestro protagonista está como pez en el agua, ni siente ni padece.


Esta escena de la esforzada búsqueda de información entre papeles, la que más costó a Cobra en toda la película con esas incómodas letras y números, será en montaje paralelo con la escena de suspense del hospital donde el asesino trata de matar a Ingrid.

Hablando de asilvestrados, destacar la cara de mulo que tiene el jefe de Cobra, el capitán Sears (Art LaFleur).

No, la elocuencia no es una de las virtudes de Cobra. Este es uno de los aspectos que más me saca de quicio de la película, ¿por qué no habla? ¿por qué no da argumentos? Es posible que Cobra piense que es una pérdida de tiempo intentar hablar con sus compañeros policías porque son muy borregos, pero esto se viene abajo cuando le ves charlar en otras ocasiones… no se le da bien. El problema es que son sus críticos los que más y mejor hablan, aunque suelten chorradas y nunca tengan razón, porque hacen constar sus tesis “filosóficas”…


-Policía: ¿Cómo lo sabe?

-Cobra: Lo se, ¿no le basta?

Es que, en ocasiones, no logro convencerles de lo que pienso”. Hombre, amigo Cobretti, tampoco es que te esmeres mucho. Lo raro es que sólo sea “en ocasiones”.

Curiosamente Cobra sí se explayará algo más en contra de los jueces. Se le ve tímido, necesita estar en confianza para que se le suelte la lengua, y esa confianza se la da la voluptuosa Brigitte Nielsen, por algo era su mujer.

Dígaselo a los jueces”. “Los detenemos y ellos los sueltan”. “Eso debería decírselo usted a los jueces”. No sé como no se presenta para alcalde con esa labia.

Justicia contra legalidad.

El otro gran conflicto de Cobra, tesis principal de la cinta que ya he comentado con anterioridad, es el del teniente con el cuerpo de policía en general, sus reglas y las leyes.

A Cobra le saca de quicio tener que regirse por unas leyes que considera benefician a los criminales y atan a los policías de pies y manos, por lo que luchan en inferioridad y tienen las de perder, ya que esos criminales no tienen escrúpulos ni se rigen por ninguna ley ni tienen filtros morales. Es el argumento principal que usa el agente para pasarse por el forro todo y aplicar sus métodos sin rendir cuentas. Un héroe algo anacrónico, pero infalible… Son, precisamente, estos conceptos lo que llevan a algunos a tachar este tipo de películas como “fascitoides”.

Porque mientras tengamos que atenernos a esas mierdas de reglas y el asesino no, perderemos”.



El caso es que a la policía no le gusta trabajar. Dos serán los agentes que le tocarán la moral a Cobra, su jefe y un burócrata que sólo sabe quejarse y tocarle las narices a nuestro protagonista, el típico acomplejado que sólo se siente bien metiéndose con alguien, como si adquiriera cierta superioridad. Cobra, por supuesto, no le aguanta, lo sufrirá en silencio como a las hemorroides, hasta la escena final.

En cuanto necesitan algún tipo de resultado llamarán a Cobra. A vagos no les gana nadie.

Encontraremos alguna pista”. “Llame a ese hijo de puta”…

Este policía, llamado Monte (Andrew Robinson), el que fue villano de “Harry el sucio” (Don Siegel, 1971), es de una lucidez deslumbrante y nunca estará contento con lo que hace Cobra. Si no dice la última palabra revienta, así que se deleita con el momento de su comentario hiriente.

No tardará mucho la policía en dar luz verde a Cobra para que haga lo que quiera, justamente una escena después de decir que no debía salir de “El pelotón de los zombies”…

Eres demasiado violento”. Cobra es un cachondo.




Sobre este aspecto tendremos una escena peculiar, una reunión de Cobra con sus superiores donde tras el intento de asesinato a Ingrid en el hospital se abroncará a nuestro protagonista sin mucho sentido ni causa. ¿Por qué le echan la bronca? ¿Qué métodos censurables utilizó en esa misión de protección? Y teniendo en cuenta que su jefe, el capitán Sears, le dio luz verde para hacer lo que creyese conveniente, ¿cuál es el motivo de esta agitación y reproches si además el pobre Cobra esta vez no hizo nada, salvo defenderse de un ataque en su casa?




En la escena final habrá más reflexiones sobre el conflicto entre legalidad y justicia, con el villano reivindicando la civilizada ley de una manera que más que un alegato a favor de la misma parece una provocación para que Cobra lo mate, porque sino no se entiende. Una legalidad que posiblemente le deje libre. Estas ideas y conflictos ha sido mostrados y tratados en muchas películas, casi todas con más brillantez, incluidas muchas de las que protagonizan “vengadores justicieros” de los que hablaba al inicio del análisis.


Las categóricas frases de Stallone y sus poses casi nos recuerdan a Terminator o Robocop. La magnífica voz del gran Ricardo Solans, habitual doblador del actor (también de gigantes como Al Pacino, Robert De Niro o Dustin Hoffman) hace el resto. Que Cobra hable como el mismísimo Terminator me lleva a hacer paralelismos, ya que la estructura de “Cobra” es similar a la de las cintas de Cameron: Una víctima acosada y un protector.

Sí, Cobra parece un robot lo mismo que su forma de hablar. Frases lapidarias y a ser posible no muy largas.

Aquí es donde acaba la ley y empiezo yo”. “Voy a terminar contigo”. “No trato con psicópatas, yo me los cargo”. “El crimen es una plaga y yo soy el remedio”…

El mal. Los villanos.
Todo el tratamiento de los villanos es muy mediocre, uno de los peores puntos del guión. Ellos son una secta, una banda criminal, unos fanáticos que encubren sus crímenes en cierta ideología o filosofía, como todas, aquí de tintes nietzscheanos. "El nuevo mundo".

El problema es que la exposición de esas ideas brilla por su ausencia, son torpes y se descubren con una mera excusa para la sucesión de escenas de acción.

En un principio se sospechará que es un asesino en serie, apodado “El Carnicero Nocturno”, nombres guays clásicos en el género, autor de 16 crímenes, pero Cobra, sagazmente, deducirá que no se trata de un solo hombre, sino de una banda organizada.



Y es que nunca queda clara la motivación de los villanos. El caos, la anarquía, la ilógica o la locura, puede ser lo que motive a una persona, pero un grupo organizado siempre se basa en ciertas ideas, aunque resulten absurdas, que fundamenten el carácter gregario, fanático. Aquí, la banda de “El Nuevo Mundo”, se supone que quiere cambiar el mundo, y para ello comete crímenes, pero sin sentido ni lógica alguna. Sus son víctimas de toda condición, con lo que su supuesto mensaje queda diluido, absurdo, superficial y carente de peso. Se supone que su idea es llamar la atención por algo, pero los policías ni siquiera son conscientes de que sean una banda, por lo que acabas preguntándote “¿en qué leches va a cambiar el mundo matar a gente inocente como una camarera, una conductora nocturna, una modelo, un hombre de negocios o un cliente de supermercado...?".


Y es que no es hasta la escena final cuando el villano interpretado por Brian Thompson se digna a explicar algunos de los postulados de su organización. Es él el que explica que matan a los “débiles” para que sobrevivan los fuertes, esa concepción nietzscheana de la que hablaba antes y que no se ve plasmada nunca, ya que no sé entiende muy bien la fortaleza o el sentido de un pretendido mundo sin camareras, clientes de supermercados, modelos u hombres de negocios… Un desastre ideológico…

La primera vez que veamos el rostro de los villanos principales, interpretados por Brian Thompson y Lee Garlington, será cuando se nos presente al otro gran personaje de la película, interpretado por la neumática Brigitte Nielsen. Una tenebrosa escena donde asesinarán a una desdichada conductora justo antes de que pase la rubia protagonista. La villana, Nancy Stalk (Lee Garlington), es un topo infiltrado en la policía.

Estos dos villanos tienen una relación ambigua, con ella como una especie lady Macbeth psicopática, controlando y manejando los movimientos del hombre. Los veremos retratados en un espejo que remarca su perturbación y trastorno.

El retrato de los villanos es bastante estereotipado, poco desarrollado y mal mostrado. Los tics de dirección, con flashes de armas blancas, multitud de planos de cuchillos y hachas sin más, han quedado bastante desfasados.

Su obsesión por acabar con Nielsen resulta enfermiza, más que nada por lo poco sutil que es y lo que implica si pretenden mantenerse ocultos. Matarla para que no declare, pero en plan pandillero y destrozando cuanto encuentran a su alrededor… Lo curioso es que no será hasta que intenten matarla cuando nuestra protagonista ate cabos, ya que su primer encuentro en la carretera con los asesinos no la perturbó en exceso. Torpeza villana.





La aparición de Ingrid (Brigette Nielsen) no puede ser mejor, al ritmo de un estupendo tema AOR, “Hold On To Your Vision” de Gary Wright. Acto seguido tendremos otro tema de Rock melódico, un temazo, de hecho, “Angel of the city” de Robert Tepper, que nos deleitó con muchos grandes temas que fueron bandas sonoras ochenteras, por ejemplo en “Rocky” (John G. Avildsen, 1976). Con ese tema se hace un montaje paralelo donde vemos a Ingrid (Brigitte Nielsen) en su trabajo de modelo, a Cobra recorriendo la ciudad y al asesino husmeando. Una escena que es un videoclip puro y duro.


El retrato de la ciudad es efectivo: Sin techo, garitos, tatuajes, neones, prostitutas…

Poco después tendremos otro tema AOR, nada más y nada menos que de Jean Beauvoir, cantante de los estupendos Crown of Thorns, un magnífico grupo apadrinado por los Bon Jovi, en un relajado viaje en coche. “Feel The Heat”.


Para el final tendremos otro tema aorero, que tiene en la melodía de teclado un toque al “I fought the law” de The Clash, llamado “Voice of America’s son” de John Cafferty & the Beaver Brown Band.



La película, en esta parte central, deja aseados momentos de suspense con la persecución del asesino a Brigitte Nielsen en su lugar de trabajo y luego en el hospital, y aunque sabremos que no la matará porque debe conocer a Cobra y tener su relación amorosa, algunos cadáveres irán cayendo…




La persecución de coches, sin estar mal rodada, deja muchos momentos hilarantes o torpes. Un villano con una ametralladora que no se sabe muy bien hacia donde dispara, parece bizco o algo; planos cortos para que comprobemos que las balas impactan en el coche, que la cosa no fue tan desviada como pensaríamos en un montaje mejorable; memorables frases como el “¡Cuidado!” que un villano le espeta a otro en medio de la persecución; el total desprecio de Cobra por la seguridad de su acompañante, aunque le pedirá que se ponga el cinturón en un detalle muy galante; unos coches que dan más saltos que Kitt, “El coche fantástico”…




A partir de aquí, el último tercio, la película se vuelve completamente convencional, la persecución de una banda a su objetivo para matarlo. En el viaje en coche que emprende Cobra con Ingrid, su compañero y la villana infiltrada, observaremos la aparición de motoristas estacionados en medio de la carretera, de la nada, y en sentido contrario a su paso… procurando pasar desapercibidos, supongo.



En lo que sí se fijará Cobra es en el extraño comportamiento de la agente Stalk (Lee Garlington), eso sí, para nada, ya que caerá en la trampa de ésta. El director dedica más planos angulados y oblicuos para las escenas con la traidora.


El plan de los villanos no puede ser más torpe y “regulero” teniéndolo todo a favor, y su ejecución no puede resultar más lastimosa. Otros a los que la sutileza y la inteligencia les son ajenas.





¿Por qué los malotes no les sorprenden de madrugada, al amparo de la oscuridad, porqué no rodean la casa y así se aseguran un resultado eficaz? ¿Por qué los protagonistas no se montan rápidamente en la furgoneta si es lo que finalmente acaban haciendo?

El tiroteo, además, está muy mal rodado, un montaje convencional con alguien disparando a un lugar indeterminado y otro cayendo en un lugar también indeterminado. Nunca se sabe por donde anda nadie porque se evitan los planos generales, lo que suele ser sinónimo de mal rodaje, especialmente en estas escenas.




La persecución de las motos a la furgoneta de Cobra tiene algo más de sabor, pero si la comparamos con las de “Mad Max” y escenas similares, palidece. Y eso que la cinta de George Miller, la primera, se hizo con cuatro duros, pero es un director de más talento que Pan Cosmatos.

En el clímax todo es bastante torpe y predecible. Cosas raras como que Ingrid pida ayuda a un policía y la villana Stalk mate… al policía… Lo achacaremos a la mala puntería, a pesar de ser policía también…




Cobra nos deleitará con ingeniosas artimañas para ir eliminando uno a uno, o de dos en dos, al ejército que les persigue. Vamos, que se basta y se sobra él solito.

El final es un duelo con el villano, como era de suponer, con todos los tópicos de este tipo de cintas. Cobra utilizará su cerilla, que sabíamos debía usarla en algún momento, la lleva consigo siempre… Con ella corre, salta, brinca, posiblemente hasta… Del mismo modo sabemos que el villano va a terminar colgado de unos de los ganchos que cruzan la fundición nada más verlos. Esto es así.





Voy a terminar contigo”. Otro clásico tópico en este tipo de films: la perorata del villano. Una verborrea incontenible, que además en este caso resulta forzada y sin sentido. En justa correspondencia Cobra responderá categóricamente.

Aquí es donde acaba la ley y empiezo yo”.

Es una escena con ciertos paralelismos con la inicial, repleta de rojos, con Cobra intentado la distracción, el villano hablando mucho y el policía resolviendo la situación de forma violenta.


La coreografía de la pelea es mediocre, agarrones, amagos, saltitos, un par de puñetazos, más agarrones… hasta la resolución final. Cobra, por supuesto, no recibirá ayuda alguna de Ingrid, que prefiere ver la jugada desde lejos.



El diálogo de Cobra con el amigo policía que sobrevivió a la banda de asesinos –afortunado muchacho- no tiene desperdicio. El típico colegueo de las películas ochenteras de pareja de policías pero llevado al ridículo. Eso sí, para nuestra satisfacción y la del propio Cobra, el agente Monte (Andrew Robinson) abrirá nuevamente la boca, lo que permitirá a nuestro protagonista partírsela.







Es mejor no plantearse concepciones ideológicas ni cosas por el estilo, sino como un navideño –está ambientado en unas navidades- thriller de buenos contra malos, sin más. El problema es que en este sentido la película también es mediocre.








Dedicada a Samu, esperando que aunque no compartamos valoración no haya sufrido mucho.

2 comentarios:

  1. Me lo he pasado bien leyendo la crítica... jajaj...

    Cinta icónica de los 80, en plan producto de consumo, tengo conocidos que adoptaron, ridículamente, las poses de Cobretti... XD

    Vamos que, no hay que pedirle mucha seriedad a esto, para echar unas risas la peli está cojonuda.. ;-)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Has entendido a la perfección el tono del análisis y el de la película. Lúcido como siempre, mi admirado, Eddie.

      Eliminar