miércoles, 18 de noviembre de 2015

Crítica: CENICIENTA (2015) -Parte 2/3-

KENNETH BRANAGH











Un autor artesano.

Branagh se difumina renunciando en general a su estilo, poniéndose al servicio del relato, pero no puede esconder su virtuosismo ni talento visual. Son muchos los detalles de calidad que nos deja la dirección del irlandés.

-Los encadenados sin corte, simulando un gran plano secuencia, están siendo muy socorridos en su cine cuando le da por usar los avances tecnológicos. El plano secuencia siempre ha sido una de las señas de identidad del director, ya sea recurriendo a la extrema sobriedad de un plano fijo o a virtuosos y espectaculares movimientos de cámara, donde el dinamismo dentro del encuadre con el movimiento de los actores perfectamente coreografiados o improvisados son un deleite.


Aquí el montaje, como ya viéramos en “La flauta mágica” (2006), deja muchos de esos bellos momentos visuales en encadenados preciosistas y eficaces. Y es que la imaginería de la película es una virguería.



Estos montajes encadenados además le sirven al director para representar eficazmente el paso del tiempo.

El tiempo pasó y el dolor se transformó en recuerdo”.

Adoro los finales felices. ¿Tú no?


-Branagh retrata los momentos más íntimos y emotivos con un aire oriental. Pura discreción y sobriedad, por ejemplo alejando la cámara en travellings o desde encuadres a distancia. Branagh, manteniendo siempre un estilo reconocible, adapta sus direcciones al relato en función de las necesidades, planificando con grandes movimientos de cámara relatos más dramáticos o barrocos desde lo emocional o por la trama, pasando a una sobriedad extrema cuando dicho relato lo precisa.


En la despedida dolorosa de la familia por la enfermedad de la madre, tendremos un ejemplo de esto. Un travelling de alejamiento.

Otro ejemplo perfecto lo tenemos cuando Ella llora la muerte de su padre. La cámara se aleja pudorosa y compasivamente. Otro más, magnífico, tras la cruel humillación a Ella destrozándole el vestido para que no pueda ir al baile, ante el llanto de la pobre chica. Un momento especialmente doloroso porque el vestido que le destrozan era uno de su madre, y ya sabemos el vínculo e influencia que ella tenía sobre Ella.




También hay cierta discreción en la escena del coqueteo de la pareja, cuando el príncipe pase junto a Ella por las estancias enseñándole gigantescos y ególatras retratos, que también vimos en la película animada. Espectaculares grúas retratan esas estancias mientras la pareja se cuenta confidencias y se sincera… sobre todo él. La discreción viene de que la cámara se mantendrá lejana, respetuosa con ese momento, nada invasiva.


-Curiosamente se hará el movimiento inverso para noticias o aspectos positivos, un travelling de acercamiento, por ejemplo cuando Ella llega a casa para dar la noticia del baile a sus sobrevenidos familiares.




-Las angulaciones y el estilo barroco, que han confirmado a Branagh en el gran heredero de Orson Welles, aparecen en estos títulos mainstream de encargo con cuentagotas, aunque la imaginería de los decorados y vestuario en esta “Cenicienta” sí tienen mucho de eso. Las angulaciones, los espectaculares movimientos de cámara, quedan minimizados, pero siempre hay algunos reseñables. Un ejemplo, la estupenda presentación de la madrastra y sus horteras hijas junto a su gato Lucifer con un picado a su llegada a la casa de la familia.


Picados y contrapicados escenifican el desván donde Ella se verá recluida en su propia casa. Especialmente en su acceso. En esas escenas, con el suplicio de Ella, las angulaciones (picados y contrapicados) se acentúan. Será en esas secuencias donde la veremos dormir ante la chimenea, el bautismo con sus cenizas, sus manchas en la cara que inspirarán su nombre… Cenicienta.




En la transformación de Cenicienta gracias a su Hada Madrina, en el baile y en palacio el barroquismo colorista estalla con fuerza. Toda esa noche mágica. También deja buenos momentos visuales en los efectos especiales cuando cesa el hechizo y todo vuelve a su forma original, con espectaculares grúas.




-Hay algunos encuadres pictoricistas absolutamente extraordinarios, barrocos, especialmente en el interior de la casa (De Velázquez a Vermeer, de Caravaggio a Rembrandt…), aunque también e exteriores, en homenaje a los paisajistas ingleses (John Constable, J. M. W. Turner…).






-El círculo es una figura bastante significativa en la filmografía de Branagh, unas veces expuesta en movimientos de cámara, con travellings circulares de diversa significación, y otras con objetos o el movimiento de los personajes, como ocurre aquí. El círculo en el cine de Branagh siempre tiene sentido y en “Cenicienta” sella vínculos, por ejemplo entre Ella y el príncipe, que en su primer encuentro a caballo se seducirán mutuamente dibujando esa figura. Cuando paren sus movimientos circulares, se estabilicen, su complicidad aumentará.




Ella se descubre aquí como una impenitente ecologista. Es divertido el momento donde el príncipe se las ve y se las desea para no ver delatada su categoría, ya que prefiere mostrarse como alguien normal ante esa bella dama. Se gustaron.



Es vínculo se escenifica posteriormente cuando el príncipe cite las palabras de Ella… Nuestra protagonista, en cambio, citará a su madre. De hecho, es el príncipe el que se nos muestra más subyugado que ella, ya que citará las palabras de su amada en varias ocasiones (reivindicará la generosidad y el valor, los dos conceptos sobre los que se hace más hincapié en la cinta, personificados en Ella, que ella misma cita), a pesar de que es una persona acostumbrada a salirse siempre con la suya y dar órdenes, como le veremos hacer con su padre o la propia Ella: “Debes, debes, debes...”

Este primer encuentro vuelve a reforzar esa idea de guión que busca perfeccionar y dar coherencia al relato, ya que da más verosimilitud a la relación de la pareja con este encuentro previo y no entregándolo todo a un encuentro causal y afortunado en el baile. Esta conversación siembra la semilla de la atracción y el amor que se desarrollará después. Además, en otras líneas de guión se reflexionará sobre la idea de un precipitado casamiento.




-Cenicienta: ¿No os gustaría conocerlo un poco antes de casaros con él?

-Hermanastra: No, podría hacerme cambiar de idea.


Otro círculo vuelve a unir a la pareja en su segundo encuentro, esta vez en travelling en el baile. Gran momento, gran movimiento de cámara y gran dirección y planificación, demostrando un estilo y concepción coherente y perfectamente calculado y meditado. Una estupenda escena con un toque de sensualidad. Un vínculo que los aísla de su entorno y las miradas ajenas. La cámara encerrándolos en una intimidad amorosa. El retrato de una comunión y unión perfectas.


También tendremos la figura del círculo en el momento de la transformación del vestido de Cenicienta a manos de su Hada Madrina.




-Branagh parece moverse como pez en el agua en la corte. Así las escenas en palacio nos recordarán a su magistral “Hamlet” (1996) y todas las que allí acontecían. Además, Derek Jacobi vuelve a hacer de rey, aunque en esta ocasión bondadoso, y la esgrima, fetiche del director, volverá a tener presencia. Nonso Anozie, que interpreta a un capitán de la corte, parece haberse abonado al cine de Branagh, ya que también le vimos en “Jack Ryan: Operación Sombra” (2014). También hay mucho de “Mucho ruido y pocas nueces” (1993) o “Trabajos de amor perdidos” (2000) en la imaginería visual y el carácter lúdico, jovial y mágico de esta “Cenicienta”.



También disfrutaremos de Helena Bonham Carter, que vuelve a coincidir con Branagh tras “Frankenstein” (1994), con dirección del propio Branagh, y “Extraña petición” (Paul Greengrass, 1998). Además Branagh y Bonham Carter fueron pareja durante 5 años. Se ve que no hay rencores.

Bonham Carter interpreta al Hada Madrina de Cenicienta, que irá observando sus evoluciones una vez se anuncie el baile. La actriz está muy divertida. Su gran aparición será cuando Cenicienta diga: “Ya no creo en nada”, y nos llevará de lleno a la versión animada, a la que se homenajea con gusto.




-Un ejemplo paradigmático del talento de Branagh lo tenemos en los contrastes, en cómo planifica las escenas en palacio, con grandes grúas, voluptuosos movimientos de cámara… y en cómo retrata la intimidad de Ella en su casa una vez ha quedado sola, con una cámara que parece acariciarla, consolarla, acercándose y acurrucándose junto a ella. Un ejemplo de esto último lo tenemos cuando Ella llega a su casa tras el baile y recibir una simbólica y depuradora, a la par que romántica, lluvia, mientras escribe en su diario la experiencia que acaba de vivir.




-Muchos temas habituales en Branagh se dan cita en el relato. Desde la ambición y la lucha de poder a la familia, su importancia y cómo afecta su pérdida. También la pérdida, la debilidad, la madurez…



Además tenemos una gran riqueza de temas e ideas sobre los que poder reflexionar. Por ejemplo ese conflicto entre lo sentimental y humano contra lo material e interesado, que queda simbolizado en las peticiones que las hijas hacen al padre para que les traiga a su vuelta: Mientras que Ella pide una rama que invite a su padre a recordarla y le obligue a volver, su verdadero premio, las hijastras pedirán sombrillas y encajes… Además, con la pérdida del padre, Ella mostrará su pesar por el amor que le profesa, mientras que su madrastra sólo se preocupará por lo que supone para su economía, por su “ruina”.





Es un relato sobre la fortaleza, la madurez, la bondad y la generosidad. Además se logra que el azar se convierta en un tema y adquiera coherencia, no es un mero recurso narrativo más o menos arbitrario para provocar situaciones, sino que tiene cierto sentido moral, de destino justo.






-Es obligado mencionar el look y la imaginería de la película, citada ya. El trabajo en los decorados y el vestuario de Dante Ferretti y Sandy Powell son soberbios, hacen un dúo fantástico. El colorido marca la excentricidad de esos nuevos personajes que llegan a la vida de Ella, la madrastra y sus hijas. Del mismo modo marca la disonancia con respecto a Ella, que es abrigada por colores suaves, incluso fríos, como el azul. Una madrastra y unas hermanastras que parecen la madame y sus inútiles regentes de burdel.



La presencia de las hermanastras en el baile resalta su vulgaridad, haciendo un evidente ridículo en un retrato casi paródico.






2 comentarios:

  1. Gracias por los videos y fotos, apoyan magnificamente tus explicaciones dobre técnicas y tics de Branagh.
    Ay.
    Courage, faith and perhaps a little bit of magic.
    (Sight!!! :-))))
    Bss,

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