domingo, 24 de abril de 2016

Crítica EQUILIBRIUM (2002) -Última Parte-

KURT WIMMER











Influencias.

Las referencias a clásicos de la ciencia ficción, más allá de “Matrix” (hermanas Wachowski, 1999), “Blade Runner” (Ridley Scott, 1982) o “Metropolis” (Fritz Lang, 1927), son numerosas, por ejemplo en esa quema de libros y cuadros, de obras de arte, como la Mona Lisa, La Gioconda, que nos remiten a cualquier sistema totalitario y tienen un evidente toque a “451 Fahrenheit”, la obra maestra de la ciencia ficción de Ray Bradbury. El uso de la droga anestesiante, como en “Un mundo feliz” (Aldous Huxley), otra influencia evidente de la película (Soma en la novela de Huxley, Prozium aquí). El estado opresor y el sometimiento de “1984” (George Orwell) aparece claramente en los postulados del film, otra referencia literaria imprescindible. El polígrafo usado para confirmar la humanidad nos remite claramente a “Blade Runner” y el voigh-kampff, con la misma utilidad pero valorando sus resultados de forma opuesta, aquí el que demuestra humanidad es condenado.




Hay una interesante reflexión de uno de los personajes, Brandt, acerca de su trabajo quemando cosas:

¿Sabe, Preston? Si seguimos quemando el contrabando, al final no quedará nada que quemar… ¿Qué será entonces de los hombres como nosotros?

La mitología de “Equilibrium” está bien definida y es rica, aunque en general bastante manida. Un líder intelectual, que en realidad es como un “Mago de Oz”; una división social; los mecanismos de control del estado, con la droga Prozium para eliminar la propia naturaleza y los sentimientos así como evitar la depresión, y la policía liderada por los Clérigos; las luchas contra los rebeldes; los entrenamientos de los Clérigos; los interrogatorios y el extermino al rebelde o sensible; la delación como una de las columnas vertebrales de la sociedad... Fuera de “Libria”, del centro neurálgico de la ciudad, se extiende un agujero de sentimientos y sensibilidades arrebatadas, de desorden, llamado "El Abismo", que los Clérigos deben controlar, someter, extirpar. El arte es la mayor expresión del pecado, por lo que toda obra artística: discos, cuadros, libros… debe ser eliminada. Una mitología bien cuidada.





Las enseñanzas y entrenamientos de los Clérigos, que son convertidos en auténticos robots, relojes, incluso en sus geométricos movimientos, expertos en el arte de la guerra y la pistola, son algunos de los aspectos más llamativos de la mitología de la película.







Gran evolución.


La evolución del protagonista es uno de los aspectos mejor llevados desde el guión. Desarrollada con pausa y profundidad vamos observando sus pequeños y sutiles avances hacia la recuperación de su humanidad de una manera realmente brillante. John Preston (Christian Bale) es un ser robótico, el mejor de los Clérigos, alguien sin escrúpulos ni sentimientos, que obedece sin plantearse conflictos morales, alguien perfectamente integrado en el sistema, pieza fundamental del mismo, completamente absorbido. Poco a poco descubriremos aspectos de su pasado que lo hacen susceptible de sospecha, de cambio, aspectos que hacen posible que ese robótico protagonista, fiel siervo del sistema, en realidad sea capaz del cambio. Es el más competente en su trabajo, el Clérigo más brillante, un prodigio de intuición y empatía con dos hijos y una mujer muerta que fue delatada por una infracción que otro descubrió. Ese hecho, no ser capaz de descubrir que su mujer no era lo aséptica que el sistema requería, que era sensible, generó ciertas sospechas, algo que Preston trata de suplir con un celo máximo en su trabajo, demostrando una competencia sin fisuras, algo que se irá descubriendo que más que por creencia, tiene que ver con una mala conciencia o con la misión de eliminar esas sospechas. Su compañero, Partridge (Sean Bean), sospecha que en el interior de Preston puede albergarse la humanidad que en él ya ha brotado, incluso aceptará su personal sacrificio a manos de su compañero.





Su vida familiar también queda muy bien expuesta. Un apartamento aséptico, sin decoración, donde sólo se ve el panfleto del líder en la televisión; un hijo que no dice “papá”, buen detalle, y habla de delatar a compañeros de colegio que lloran...Un niño que da pavor y parece haber asumido las enseñanzas del nuevo orden por completo. Parece salido de “Los chicos del maíz” (Fritz Kiersch, 1984) o “El pueblo de los malditos” (Wolf Rilla, 1960). Un niño siniestro. La hija, en cambio, es más expresiva, desordenada, sonriente, lo que crea tensión e incertidumbre en el entorno familiar, ya que empezamos a vislumbrar a un Preston integrado en el sistema pero sin ser parte de él, ajeno. La escena de los cereales en el desayuno familiar, es el mejor ejemplo de esto. En la parte final veremos a Preston intentando humanizar a su hijo, de forma sutil y cuidadosa, porque el niño tiene tela. El giro con respecto al personaje del siniestro niño es excelente, satisfactorio, cuando descubrimos que las dosis que Preston guardaba tras el espejo de su baño han sido robadas para que no fueran descubiertas por los agentes por su hijo, que fingía una devoción al sistema que en realidad no tenía.






Los versos de Yeats, leit motiv de la película, que le recitó Partridge antes de morir, una semilla que sembró en el cerebro de Preston, irán haciendo su efecto, los recordará constantemente. La primera ocasión en que lo hará será con una grúa que se eleva sobre su cama como introducción al flashback del día donde se llevaron a su mujer para matarla. La imagen de la mujer en dicho flashback es casi onírica, idealizada.




El personaje de Emily Watson será clave en la evolución de Preston. En casa de la mujer le perturbará su reflejo y empezará a sentir curiosidad sobre lo que atrae a la gente, el arte que guardan y acumulan, incluso le salvará la vida. Ella le pondrá en jaque filosófico cuando le plantee la cuestión sobre cuál es el propósito de vivir. La curiosidad innata es el germen de la humanidad con la que se reencontrará Bale. Se produce un vínculo entre Bale y Watson, que lleva al primero a prescindir de su dosis de Prozium. En la primera ocasión donde Bale se salta su dosis, cabe preguntarse si fue un accidente o una manifestación de su subconsciente.




Ese vínculo ira desarrollándose hasta un trágico final, de redención para Preston y muerte irremediable para ella, pero que los une y lleva a una comprensión mutua total. Un picado y un contacto manual con ella lo certifican.

Al no tomar su dosis tendrá pesadillas, sentirá, se acelerará, algo incómodo, pero también sentirá la necesidad de observar el amanecer, la lluvia, y sentir y valorar su belleza, lo que atemoriza a Bale, pero que acaba siendo una sensación, una droga, aún más fuerte que el Prozium, ya que cuando va a inocularse su dosis rectificará…




Hay un interesante gesto simbólico en esta primera renuncia a su dosis de Prozium. Bale puede deshacerse de ella de cualquier manera, pero lo hará oyendo una apología de dicha droga mientras espera que se abran las puertas de su lugar de trabajo, pisando las cápsulas. Es la decisión definitiva, un camino de no retorno que ha decidido emprender para descubrirse a sí mismo.




En el tiroteo con la banda que atacó una fábrica de Prozium, Preston mirará a los ojos a la muerte por primera vez. Acto seguido tendrá un impacto emocional tremendo en otra cálida y artística habitación, y esta parte se finiquitará con el golpe que sufre con la muerte de unos perros, aunque logrará salvar a uno… Un perro que acabará llevándole a la perdición con el seguimiento del Clérigo Brandt, aunque hubiera sido fácil seguir el rastro de ese perro y lo que pasó con él… Esto desembocará en una espectacular escena posterior, quizá de las más espectaculares, que además termina con un magnífico picado en el que el Clérigo acaba con 8 agentes.





Lo cierto es que el comportamiento de Preston se hace cada vez más sospechoso y poco disimulado, cada vez más falto de control. Esto podría justificarse por el impacto emocional de los sucesos tras tanto tiempo sin sentir nada, pero es que llega a embotarle la cabeza... También extraña que nadie parezca encontrar extraño ese comportamiento…


Una nueva redada muestra un paso más en Preston, Es una redada sin arrestos, disparos a matar a todo rebelde. Preston, cada vez más atrevido, salvará a un grupo de ellos. Esto plantea ciertas paradojas, ya que para proteger a unos acaba matando a otros muchos.


El duelo entre Preston y Brandt, excesivamente estirado, nos dejará un montón de sospechas e indirectas, como mayor el ejemplo la peleíta de entrenamiento donde no paran de lanzarse pullitas… De hecho, Brandt se comporta de una forma aún más extraña que Preston, adoptando una posición predominante y chulesca ante éste cuando en realidad debería ser sumiso como novato y principiante. Esto se aclarará en cierta medida, pero este antagonismo por esa incoherencia no acaba de funcionar del todo. No será hasta que Preston llore en público tras ver morir a Mary O’Brien cuando Brandt (Taye Diggs) parezca descubrir a nuestro protagonista, y encima orgulloso… En esa tesitura no hacía falta un Clérigo



En la escena del fusilamiento, Brandt probará a Preston, que le cederá el dudoso honor de apretar el gatillo logrando una breve e infausta complicidad con los que van a ser ejecutados.



Cuando Brandt crea que tiene cogido a Preston, nuestro protagonista dará la vuelta a la tortilla, cosa poco lógica con la cantidad de evidencias mostradas, pero que adquirirá sentido con el giro final, un giro que linda entre lo tramposo y lo artificioso. Un giro que supone que todos los pasos fueron calculados y dirigidos a que Preston se infiltrara en la Resistencia sin ser consciente de que era controlado por el líder. Su aparente éxito le llevará a la ansiada audiencia con el “Padre”, un padre que no existe, como era de esperar, un mero títere, un “Mago de Oz”.





Preston emprende la investigación para dar con la Resistencia, pero no con la intención de acabar con ella, sino de comprenderla y unirse, algo que aprovechará el gobierno y el líder de la Clerecía, que se valdrán de Preston para infiltrarse en ella. Descubriremos que todo era un plan consistente en servirse de nuestro protagonista.

El líder de la Resistencia es Jurgen (William Fichtner), al que vimos en la escena inicial en Libria, un hombre incapaz de sentir, pero que focaliza cerebralmente sus movimientos a favor de la humanidad y los sentimientos, lo que plantea un complejo e interesante concepto y reflexión. Renunciar a sentir para que otros puedan, el sacrificio.



Si no se contiene, si no se controla, la emoción es el caos”.

Se define la misión: matar al “Padre”. Un golpe de estado. En la escena donde el líder de los Clérigos llama a Preston para pedirle cuentas e informarle de que hay un traidor en sus filas, veremos un “Hércules" sosteniendo el mundo en el decorado, una gran estatua que resulta simbólica con respecto a la misión de nuestro protagonista y que Wimmer se encarga de enfatizar desde el encuadre, incluyendo a ambos en él. Lo que resulta más extraño es que el líder de los Clérigos sí demuestra emociones: enfado, ira…


Preston entregará a la Resistencia como parte de un plan que el gobierno intuyó. En cualquier caso, todo esto resulta muy forzado, algo artificial, quizá incluso tramposo, pero resulta eficaz. Se debe entender así la facilidad que encuentra Preston y la torpeza de Brandt. Resulta raro que no aplicaran un comprobante para desechar mentiras, esa especie de polígrafo que utilizan justo antes de la supuesta audiencia con el “Padre”.





Los videos, o sea, la lejanía, lo virtual, llevarán a Preston a la verdad y a romperse. El video del camino de Mary O’Brien (Emily Watson) a la muerte y el de la condena a su mujer, donde se ve él mismo. Un nuevo zoom sobre su ojo, que de la nada ve y siente ahora la pérdida de esa mujer, su rostro y su incineración.





Una vez descubierto, a Preston no le queda otra que enfrentarse contra todo el sistema, como el Hércules de la estatua. Primero a pistola y metralleta, luego a espada, luego contra Brandt, al que mata de una manera bastante divertida, y un cuerpo a cuerpo contra el líder de los Clérigos, que resiste algo más. Un buen clímax, variado.




La rebelión, la destrucción regeneradora de ese sistema, la revolución consumándose ante el ojo atento de Preston, el líder, junto a sus humanizados hijos. Una cinta redentora.



La interpretación de Christian Bale es magnífica, sutil, sobria, con una economía de gestos muy medida, que logra transmitir su evolución y creciente emotividad. Otro gran trabajo del actor.







Equilibrium” es una cinta interesante, muy digna, inteligente, pero que queda algo lastrada por su excesiva dependencia de sus prestigiosos y excesivamente conocidos referentes, además de faltarle algo de garra en su ritmo pausado. Las escenas de acción tienen demasiados planos cortos, pero el resultado de las mismas es efectivo. Sus efectos especiales son discretos. Una cinta con buenos giros e ideas bien desarrolladas, gracias al apego a esos referentes de prestigio, con una mitología bien definida. Un título de ciencia ficción apreciable. Jan de Bont está en la producción.




Pero yo, siendo pobre, sólo tengo mis sueños. He esparcido mis sueños bajo tus pies, camina suavemente, porque pisas mis sueños”. William Butler Yeats.






2 comentarios:

  1. Yeats…q bonitos versos. Hacía tiempo q no m encontraba con sus palabras…
    Estupendo análisis. Y grandes referencias.
    Gracias por tu trabajo!!!
    Bss

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    1. Sí que lo son! Los versos y las referencias jaja.

      Un beso!

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