miércoles, 30 de septiembre de 2015

Crítica: ALIEN, EL OCTAVO PASAJERO (1979) -Parte 3/5-

RIDLEY SCOTT











El sonido y la imagen.

Si el inicio con la cámara vagando por la nave es uno de los momentos que más recuerdo y más me impactaron, el maravilloso juego de Scott con los efectos de sonido, por ejemplo en ese mismo inicio, me pone los pelos de punta. Sensacional. Es pura atmósfera. Una de las grandes virtudes del film es ese uso del sonido y la banda sonora.





Una nave que es un personaje más, de la que sentimos sus sonidos y ruidos como pálpitos de vida, aunque adormilada. La ventilación, el viento que se nos anticipa con el ruido de un folio mecido mientras la cámara escruta la solitaria nave en busca de un monitor, la ambientación con el ruido sordo de los motores, objetos que se golpean en la soledad… y el estruendoso pitido de la computadora para lanzar el mensaje que lo cambiará todo.







Esto es poesía visual, esto es atmósfera…

-Panorámicas y travellings desérticos en el inicio de la búsqueda del monstruo. La atmósfera que se recrea en sí misma. Túneles oscuros, luces filtradas desde exteriores a lóbregos interiores, el sonido ambiente, la cautela, el pulso y la tensión estirada en cada plano. La fusión perfecta de imagen y sonido.

-El clímax de la fusión entre la imagen y el sonido lo tendremos al final de la película, con esas alarmas sonando, las luces intermitentes que van ocultando rostros, los pasillos inundados de humo, sin que apenas se vea nada, pasillos estrechos y oscuros, y los jadeos de Ripley… Majestuoso.




-Es maravilloso como Scott logra impactar con el manejo del sonido. En el descenso al planeta desconocido tenemos varios ejemplos. El agudo sonido en el exterior de la nave contrasta con la calma del interior, y retrata el desapacible, escabroso, intrincado y rudo entorno, perfecto para que germine el Alien que protagonizará la película. Acabamos sintiendo esa nave que se convertirá en tumba, como un lugar apacible y acogedor en comparación con la ira de ese ambiente exterior.




-Y es que los efectos de sonido son los que crean esa atmósfera en todo momento, aunque pasen casi desapercibidos. El permanente zumbido de la ventilación, la palpitante nave y sus ruidos y quejidos… su latente vida queda perfectamente retratada por Scott a través del sonido.











La tecnología ochentera, esos monitores. “Madre” será el ordenador central que guarda las claves y secretos de toda la misión. Despertados a mitad de su viaje de regreso a la Tierra por recibir una señal no conocida que tienen obligación de responder.



-Uno de los sustos más efectivos de la película, que me hizo pegar un respingo como recuerdo, tiene en el sonido una de sus claves esenciales. La escena donde Ripley, Ash y Dallas buscan al organismo una vez ha liberado el rostro de Kane. La repentina caída del mueble en el cauteloso registro de la estancia y su silencio, resulta escalofriante.


La fotografía y su uso son la clave estética de la película, de esencia expresionista, y que logra una atmósfera tan asfixiante, agobiante y claustrofóbica como nunca antes se había visto en el cine. El impacto fue sensacional. Pasillos tenebrosos, húmedos y sucios con luces que rasgan esa oscuridad de forma irregular, fogonazos sobre los rostros, sobre los pasillos, intermitentemente, discontinuos, entrecortados… En un recurso tan sencillo, sumado a otros que iré mencionado, se creó una de las estéticas más influyentes en la cinematografía moderna.



Sobre los personajes.

Scott plantea varias escenas cotidianas con distinta intención, unas veces para convertirlas en un golpe de efecto más eficaz y sorprendente, como el parto del Alien, y otras para presentar y desarrollar personajes, explicar la jerarquía en la nave y las bases de la aventura que viviremos, como por ejemplo en las escenas iniciales con el despertar de la nave.



Un montaje discontinuo y encadenado con el despertar de Kane (John Hurt), el primero en aparecer -también vemos a Parker (Yaphet Kotto) y Ash (Ian Holm)- sigue marcando el tempo de la narración, definiendo su atmósfera. Un parsimonioso despertar que poco después, en el desayuno, se convertirá en vital cotidianeidad.

Esas jerarquías mencionadas se marcan desde el encuadre. Dallas (Tom Skerritt) en primer lugar, es el líder. En cambio, la pareja formada por Parker y Brett (Harry Dean Stanton) tienen menor rango que el resto, lo que les llevará a protestar por sus emolumentos. La tripulación la completan dos mujeres, Ripley (Sigourney Weaver) y Lambert (Veronika Cartwright), además del oficial médico, Ash (Iam Holm). Las jerarquías y el cumplimiento de las normas y las órdenes es una idea que subyace en la película, ya que su vulneración acabará generando el caos. Ripley es su estricta cumplidora, será la superviviente y la que hubiera evitado el desastre. Dallas, Kane y Ripley son los oficiales de mayor rango, por ese orden.



"Me siento como muerto".

-Parker y Brett están obsesionados con el dinero, reiteran sus protestas de clase, ya que serían el escalón más bajo de la jerarquía de la nave. Una lucha de clases que quedará interrumpida antes el terror. Brett es un mero acompañante de Parker, su escudero, ya que es el segundo el que lleva la voz cantante. De hecho, Parker suele llevar razón en sus aseveraciones acerca de cómo gestionar el problema con el Alien. Primero querrá hibernar a Kane; defenderá a Ripley por negarse a abrir la compuerta por el riesgo que suponía; abroncará a Brett por dejar escapar el gato porque podría volver a confundirles en la búsqueda; analizará el ácido que el organismo tiene como sangre con un mecanismo de defensa perfecto…

Es curiosa la escena donde localizan el planeta del que procede la señal, ya que tiene un doblaje distinto, como si fuera una escena censurada o que hubiera quedado fuera en un inicio. Hay otra escena donde pasa lo mismo, es con los reproches a Ripley por no abrir la compuerta, de hecho esta escena parece mal montada en la versión del director, ya que el corte no es nada limpio, poco depurado.

-Ash, el oficial médico, va dejando detalles de su frío y extraño comportamiento desde casi el principio. Un personaje serio, estricto, independiente, frío y extraño. Le veremos haciendo unos ejercicios y bastante entusiasmado dentro de su sobriedad, cuando los miembros de la tripulación que inician la expedición en el desconocido planeta ponen rumbo al origen de la señal. Poco después sonreirá, de las pocas veces que lo hará a lo largo de la película. No puede contener su emoción ante la perspectiva que se avecina, aunque sea un robot. También veremos un gesto de alivio en Ash cuando logra que no se interrumpa la misión. Otro gesto extraño lo tenemos cuando investiga en sus monitores al organismo y cómo actúa en Kane, ya que los apagará al aparecer Ripley, como si no quisiera que los viera con detalle… Cuando Dallas desaparezca tras el ataque del Alien, su fría mirada delatará su inhumanidad.




Él tiene normas propias e intereses personales. Desobedecerá las órdenes de su superior en la nave, Ripley, por puro interés y conveniencia. Él desencadenará todo y luego sabremos por qué.

Ash representa la figura del traidor, el impostor, una figura muy querida en el cine de Ridley Scott. La mentira, la fachada y la apariencia (falsa) son temas que se aprecian muy a menudo en la filmografía de Scott y que tiene en Ash uno de sus exponentes más importantes. La inteligencia artificial también es un aspecto muy tocado por Scott, sobre todo en este inicio de su filmografía.

Resulta extraña, retorcida y algo absurda la forma que tiene de intentar matar a Ripley, metiendo una revista enrollada por la boca… Su muerte es uno de los momentos más impactantes y desagradables de la cinta. Recuerda a la de Pris en “Blade Runner” (1982).




Es divertido ese momento con la cabeza de Ash y el corte que se aprecia porque los efectos especiales no habían evolucionado lo suficiente, pasando de la cabeza de un muñeco a la cara real de Ian Holm. Scott realizará un travelling de retroceso distanciándose de él en su despedida.



Un perfecto organismo. Su perfección estructural sólo es igualada por su hostilidad”.

-Lambert: Tú lo admiras.

-Ash: Admiro su pureza. Es un superviviente al que no afectan la conciencia, los remordimientos ni las fantasías de moralidad.

No tenéis ninguna posibilidad, pero… contáis con mi simpatía”.



Ian Holm está impecable en su encarnación. Sus gestos, su sudor y sangre blanca, sus tics incontrolados, su frialdad… Un robot cínico e irónico que volverá a sonreír en su despedida.

-Ripley es tremendamente disciplinada, curiosa, escrupulosa con su deber y tenaz. Es firme y decidida, con un apego a las normas y a la legalidad muy estricto. De haberla hecho caso no hubieran ocurrido según qué cosas. Ella es muy curiosa, cerebral, metódica y lógica. Se descubrirá como una auténtica superviviente, aún más que el alien, al que Ash definirá así.



-Kane es intrépido, siempre la punta de lanza, el voluntario, el que encabeza la aventura… la víctima propiciatoria.



-Dallas es el líder, pero no será estricto con las normas, lo que terminará condenándole. No delega y también es intrépido y valeroso, lo que también terminará condenándole.



-Lambert, la otra chica de la tripulación, es timorata e indecisa, perderá los nervios y no tiene la capacidad del autocontrol, superada por la situación y el pánico. Acaba siendo un lastre y su aportación es nula, histérica.



El otro decorado. H. R. Giger.

La película se ambienta en dos lugares, la nave, con el grueso de la narración, y el planeta inhóspito desde donde se envía la señal que intercepta la nave Nostromo obligando a su tripulación a investigarla. En ambos sitios la estética de esencia expresionista es sublime, haciendo, en algunos casos, como en el planeta que visitan, de la necesidad virtud.



El retrato expresionista del desconocido planeta es realmente maravilloso. Desde el aterrizaje Scott apuesta por el minimalismo y el juego lumínico para disimular las limitaciones presupuestarias. Además recurre a texturas de vídeo con nieve, planos cortos y juegos lumínicos con luces intermitentes y una cámara que vibra. Incluso se recurre a lo virtual para mostrar el descenso al planeta. La textura de vídeo también la usará Scott en “Blade Runner” (1982). Un lugar amenazante del que apenas vemos nada, huyendo, casi siempre, del plano general.



Oscuridad, una nave averiada (aunque el impacto que vimos no parecía para tanto), luces, linternas, vídeo, cámara al hombro y el potente sonido del viento tempestuoso en el exterior. Un lugar poco recomendable.

Una expedición a pie de tres personas camino de lo desconocido. Tres siluetas, todo sombras en este magnífico retrato expresionista del planeta. Un camino atravesando una ventisca, una tempestad en ese poco hospitalario lugar. Una espectacular y extraña estructura, la oscuridad rasgada por luces de linterna, la cámara al hombro siguiéndolos, sus pasos, el sonido de sus voces a través de las escafandras, sus cautelosos movimientos, los terroríficos, sombríos y opacos túneles, la rítmica música… Pura atmósfera. Tétrica, amenazante.

Larguémonos ya de aquí”. Si hubieran hecho caso a Lambert… Claro, que no disfrutaríamos tanto de la película…

La imaginería de H. R. Giger es fascinante, clave en la estética y éxito de “Alien”. Sus estructuras, esa mezcla entre orgánico y metálico de sus formas, fueron revolucionarias y han sido imitadas hasta la saciedad. Un ejemplo: el lugar donde un extraño ser aparece sentado y muerto. Un alien, un extraño ser momificado, del que parece haber salido algo del interior, explotando en sus entrañas. Sobre esto habrá una rima posterior, cuando veamos a Dallas sentado de una manera similar (escuchando civilizadamente música clásica, a Mozart), a como vemos aquí a esta criatura, en lo que acaba siendo un presagio trágico.



Esa cueva, ese descenso con cable de Kane… La niebla también será un elemento intrigante y estético, una niebla que parece proteger unos extraños huevos. Los huevos del terror. Scott huye del susto fácil. Un ruido antecede a la apertura del huevo, que es posible haga pegar un respingo al espectador, para acto seguido llevar al impacto, el ataque al desventurado Kane del organismo que surge del interior del huevo. Cabe decir que Kane (John Hurt) se lo busca en su exceso de intrepidez, bastante temeraria, especialmente cuando se abre el huevo. Gran uso, aquí sí, de los planos generales.



Es escalofriante ver esa cantidad de huevos dispuestos a eclosionar rodeando a Kane, del mismo modo que ese plano silencioso del exterior justo después del ataque en ese infierno secreto. Sin música.





Una vez en la nave, tras la desobediencia de Ash, toca analizar cómo quitar a ese organismo adherido a la cabeza de Kane, que le estrangula al mínimo intento de separarle. Ash no será partidario de tocar nada, pero Dallas ve imprescindible intervenir asumiendo la responsabilidad. Esta conversación se planifica con enfocados y desenfocados según intervienen los personajes, estando ambos en plano.











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